ECOTURISMO Y METAMORFOSIS EN EL SANGAY

por Paolo Catelan

Soy la eterna armonía de la Tierra,
el bosque innumerable

- Federico García Lorca

Preludio - Miro desde mi ventana, hacia el este. La mirada acaricia las constelaciones de chacras indígenas que remontan las laderas de las cordilleras, hasta extinguirse en los altos páramos, más arriba de los límites arbóreos, de donde se disparan hacia mundos verticales las aristas rotas y las cumbres nevadas, las cabelleras heladas del Altar, monstruo de rocas y glaciares, perfecto entre las montañas del Ecuador. Pienso en sus estratos, en su culminación telúrica, desbordada de las entrañas de la Tierra, magmas resurrectos, preñados de lunas antiguas e ignotas. Y casi advierto el fluir lento de los ríos entre las selvas más abajo, las presencias metafísicas de los árboles, encantados y cautivos en sus raíces profundas, y las millones de muertes silvestres cuya síntesis es la esencia del elemento vital amazónico. Tierras nunca descubiertas por ningún Colón, tierras nunca fecundadas, cómo describir el mundo allá, a lo lejos - hasta donde mis ojos no logran llegar, hasta donde las estribaciones del Altar y del Sangay colapsan hacia los llanos orientales y cálidos. Pienso en la nada que conozco de aquellos mundos prehumanos, a pesar de tanto caminar, y me pesan las manos, mi mente es distraída por la memoria.

Roberto Caz está sentado a mi lado, me escucha y no habla, como siempre hace, mientras mira las fotos cautivantes de un libro que sacó de mi biblioteca. Sólo las fotos. Roberto es un Puruhá de las serranías de Alao, no sabe leer ni escribir. Pero conoce el Sangay como nadie más. Es de cepa antigua, la de los hombres que cruzan los mundos a golpes de estrellas, sin mapas ni brújulas. La de los que nunca se pierden. Y en el mundo globalizado que cada día más vamos construyendo todos, a menudo me pregunto cual es el lugar de hombres así, y que pueden aún ofrecer. No me debo distraer del tópico central del artículo, el Parque Sangay y el turismo en expansión. Roberto sigue mirando las fotos. Yo miro desde mi ventana, hacia las cordilleras...
"In wildness," Thoreau escribió, "is the preservation of the world." Frase misteriosa, que nunca logré definir en castellano. Wildness, en ese inglés tan universal aunque a veces arcano, describe un estado, una condición, de hecho una condición salvaje. Los de habla inglesa dicen wilderness cuando mencionan un lugar salvaje, un sitio prístino, de orígenes intactos. Así, mientras wildness alcanza rango de concepto abstracto y de gestalt primaria, wilderness es geografía. Thoreau es profundo entonces, porque según él es en el concepto que se preserva el mundo, no en su geografía. Wildness in nature is wilderness, la condición salvaje de la naturaleza constituye un lugar salvaje. En el esfuerzo positivista de conservar la wilderness, que se concreta en parques y en reservas naturales, en realidad se tendría que proteger la condición salvaje y prístina de la naturaleza, es decir su wildness - mientras podamos hacerlo subrayamos la distinción: Un parque es una unidad de manejo definible en términos cuantitativos y pragmáticos. La wilderness no es cuantificable, sus linderos son vagos o no existen, sus contenidos desconocidos, sus habitantes escurridizos.
Y que pueden ofrecer aún hombres como Roberto y geografías como el Parque Sangay. El Sangay constituye una enorme región esencialmente inexplorada. Esto se debe a su territorio muy escarpado, que rinde difícil viajar a través del inmenso despliegue de su ecosistemas.
PAVACANAL
Cascada de Pava Canal, Río San Diego, PN Sangay. Foto © Paolo Catelan 1993. © Fundación Sangay 2004.
El Sangay es auténtica wilderness. Puede ser que esto represente gran parte de su tremendo potencial atractivo, pero, pregunto, ¿Qué significa atracción? Seguramente nos afecta, a Roberto y a sus compañeros de Alao, a mí mismo, que practicamos desde años una exploración - que quiere ser de bajísimo impacto ecológico - del Parque Nacional Sangay. Esto obviamente implica una penetración de su uránica wilderness, de su territorio prístino. ¿Cómo y porqué moverse en tales territorios?
Se me ocurre pensar que no se trata de adoptar y fomentar el modelo industrial de turismo - por decir, actividades de recreación intensivas y comerciales que requieren de una trama de senderos, puentes, indicadores de distancia y dirección, guardaparques de respaldo y grupos de rescate. En el Sangay no hay absolutamente nada de eso, y no haría absolutamente nada para cambiar este estado de cosas, más bien me opondría. El Sangay es naturaleza en su estado prístino, salvaje e incontrolada, y la residencia en la naturaleza intacta y el conocimiento visceral de ella son quizás los medios más prácticos para preservarla, si Thoreau tiene razón. Viajar por el Sangay no es una oportunidad para alimentar las facetas de la ignorancia y la arrogancia de la diversión, más bien es para redescubrir nuestra pertenencia al orden biológico. El desafío, en última instancia, es comprender como los seres humanos pueden vivir mejor viviendo y estudiando en la naturaleza sin domesticarla o peor destruirla. Por bajísimo impacto ecológico quise decir muchas cosas. Hay que evitar arrojar basura, obvio. Pero no solamente. Hay que evitar cazar especies protegidas, obvio. Pero no solamente. El grado de impacto ecológico radica en la identificación emocional con la naturaleza. No estamos de hecho en la naturaleza hasta que, como nos dice Jack Turner, "nuestra mente está saturada de preocupaciones humanas y ciega a las preocupaciones del mundo natural."
Así que, entrando al Sangay, deberíamos estar dispuestos a entregarnos a "alteraciones en atención, percepción, lenguaje y química del cuerpo, y emoción," esencias de la identificación emocional con la otredad natural en todas sus formas, algo que se conoce como biodiversidad. Viajar por el Sangay es viajar entre la flora y la fauna de un mundo prehumano, para redescubrir en fin nuestra ontogenía, que involucra un irrenunciable enlace con la naturaleza salvaje. La reacción será emocionalmente e incluso intelectualmente metamórfica: simpatía hacia el mundo natural en su totalidad, y un sentimiento de identidad con todos los seres vivientes. Algo increíblemente importante, en estos tiempos de imposibles ecocidios.
Odocoileus virginianus
...por encima de la lava endurecida viene una venada... (Odocoileus virginianus)
Foto © Paolo Catelan 1993. © Fundación Sangay 2004.

Interludio - Las nubes bogan en los cielos. Gime el viento, y destruye las nubes como lo hacía hace millones de años. Las arañas amarran los juncos. La penumbra de la noche se hunde en las cuevas, de donde surgen los pumas. Los osos rasguñan con fuerza troncos caídos y lloran de amor bajo las gotas de nieblas ecuatoriales y demás vertientes del cielo, que mojan murciélagos y sapos nocturnos. Por encima de la lava endurecida viene una venada. Más arriba la lava tierna viene por las rubias laderas. El labio del cráter parece roto. Abajo, mucho más abajo, los reptiles abrazan las guirnaldas de los helechos. Bajo los planetas y los astros viven los búhos y los tucanes. Los hongos atavían las raíces y pudren los suelos. Los minerales alimentan las hojas. Las hormigas las transportan, cruzando el sendero, impecables.

¿Estoy proponiendo una idea de ecoturismo diferente de la percibida por la mayoría de eco-usuarios? Yo diría que sí, en la medida en que el ecoturismo está dedicado a la diversión. La diversión es lo que motivó el Negocio de la Eco-Recreación durante las últimas décadas. ``Cazamos por diversión, pescamos por diversión, escalamos por diversión, esquiamos por diversión y trepamos por diversión.'' Pero si las preocupaciones espirituales y filosóficas discutidas hasta ahora son de alguna relevancia, entonces necesariamente estoy defendiendo aquellas preocupaciones, que implican una técnica, un enfoque, algunas recomendaciones, y modos específicos de turismo y de visitas.
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... se privilegia la caminata pura, sin caballos ni mulas... Foto © Paolo Catelan 1993.
© Fundación Sangay 2004.

Qué decir. Que no pertenezco ni trabajo para ninguna agencia turística, peor Roberto y sus amigos. Que más bien la Asociación de Guías Nativos de Alao y la Fundación Sangay son sin fines de lucro, pero sí, nuestra residencia en la naturaleza del Sangay y nuestro conocimiento, por lo que es, son viscerales. Llega el momento en donde hay que cristalizar un enfoque en vez que otro, y el enfoque que adoptamos es el siguiente: 1) se incentivan salidas de grupos pequeños, cuatro o cinco personas - en vez de cuarenta o cincuenta (como según la última moda...), reduciendo de esta forma el impacto ecológico; por la misma razón se privilegia la caminata pura, sin caballos ni mulas, o al máximo se sale con llamas; 2) los integrantes de los grupos de visitantes son alentados a familiarizarse entre ellos antes de adentrarse al Parque (pequeñas visitas a mercados indígenas, por ejemplo, son perfectas para ese fin); sentirse entre amigos ayuda la identificación psico-emocional con la naturaleza prístina; 3) el viaje de acercamiento al Sangay es estructurado también con el fin de estimular el abandono de accesorios y objetos culturales y entregarse totalmente a la naturaleza; 4) la comida es escogida por su valor nutricional, pero "justo-suficiente"; cigarros y licores mejor que queden en las tiendas; 5) particular atención se pone al momento de acceder a los ambientes prístinos (cuyos linderos pueden asumir la forma de una arista, o de un río, o de un límite arbóreo); se supone que esto induce una metamorfosis comportamental - caminar por territorios absolutamente prístinos es diferente que caminar en las cercanías de un refugio de montaña; 6) si es necesario se imparten instrucciones sobre higiene, técnicas de caminata, construcción de reparos, prender y alimentar una fogata, alistar campamentos de "impacto nulo"; 7) el ritmo, la dirección, y muchas de las actividades comunes son decididas por el grupo, y no exclusivamente por los guías - es decir, el grupo defiende su unidad y fortaleza interna.
Y las recomendaciones? Es siempre un poco difícil hacer recomendaciones, sobre todo en el mundo de relativistas del que somos todos parte. Lo importante es no caer en cuestiones aburridas (quién recomienda qué, quién recomienda a quién). De los impactos devastadores, del choque de fuerzas y a menudo forzoso que representan el "encuentro" entre culturas diferentes se ha escrito mucho y a distintos niveles, y no hay que repetirlo en esta ocasión. En breve, no hay que olvidar que el Parque Nacional Sangay está rodeado por comunidades nativas, cruzándolas o entrandolas hay que mantener una actitud modesta y respetuosa; hay que controlar el deseo insaciable de tomar fotos a todo lo que se ve; soborno y regateo son éticamente patéticos bajo cualquier punto de vista.
Con respeto a las visitas, hay que distinguir siempre tres tipos fundamentales de visitas al Parque Sangay, turísticas, exploratorias, y científicas, y el visitante debe estar consciente de que justamente son de tipo diferente:
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Bosque nublado de Ira Loma, cabecera del Río Namaquimi, PN Sangay. Foto © Paolo Catelan 1996.
© Fundación Sangay 2004.

LAS VISITAS TURÍSTICAS - Tratase de giras, caminatas o ascensos a lo largo de caminos y rutas ya bien conocidas. El cronograma de la expedición es entonces previsible, los sitios de los campamentos ya ubicados, la cantidad de comida, utensilios y demás herramientas de trabajo son ya establecidos. No por eso la expedición será sin sorpresas, que siempre van a darse. Los caminos son siempre escogidos por sus vistas espectaculares de bosques, cascadas, ríos y montes, o por su cercanía a zonas de exuberante vida silvestre, en términos de flora y fauna. No necesariamente una visita turística al Sangay es suave a nivel atlético, quizá todo lo contrario, y recomiendo mantener una buena/excelente condición física. Si los visitantes nunca han estado antes en un país tropical o en el Sangay, éste es el tipo de caminata al que deberían afiliarse. Clásicas giras turísticas son visitas a los volcanes, a las lagunas y a las selvas más accesibles del Parque, como las Lagunas de Atillo-Osogoche, el valle superior del Río Alao y El Placer, o el Cono Sur-Oriental del Sangay, sin excluir a priori su cumbre de 5230 metros.
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Volcan Ayapungo (4900 m.), visto desde las Lagunas de Atillo, PN Sangay. Foto © Paolo Catelan 1996.
© Fundación Sangay 2004.

LAS EXPLORACIONES - En este caso las rutas no son preestablecidas. Si ustedes quieren integrarse a una exploración, entonces compartirán el gusto y el riesgo de tirarse por cerros y ríos desconocidos, de acampar donde coja la noche, y ojalá comer todos los días. La inversión emocional es más fuerte que en una normal gira turística, y una exploración no es recomendada a novatos o a personas que no tengan una excelente condición física. Una ruta en exploración puede sobreponerse a una ruta turística, pero no viceversa. La estrategia es de explorar las más espectaculares y desconocidas rutas que abarcan la mayoría de los ambientes, por lo menos en la parte de altura del Parque. De paso esto permitiría al mismo tiempo evaluar in situ el estado actual del Parque Sangay. Regiones o rutas que están por ser exploradas son, por ejemplo, las Lagunas de Shararumi, la Cordillera de Filo de Flautas, el Alto Namaquimi-Cono Occidental del Sangay o el Río Santa Ana. Son todas regiones de inmensa biodiversidad, y penetrandolas se observa la máxima atención, a cualquier nivel. Además son rutas que no están abiertas a la comercialización masiva, siendo cercanas a la zona nuclear del parque, peor a la cacería u otras ultrajantes actividades humanas.
LAS EXPEDICIONES CIENTÍFICAS - Roberto y sus compañeros de la Asociación de Guías de Alao ofrecen el servicio de guía y de apoyo logístico a todas la expediciones científicas que quieran adentrarse en el Parque Sangay. Por ejemplo, vastos segmentos de flora y fauna del Sangay son aún desconocidos y es una buena previsión que a futuro va a haber una intensa actividad de investigación en este sentido. Otros sectores de investigación son conservación, geografía, y geología, aunque no habrá asistencia a expediciones en búsqueda de petróleo o minerales - actividades de todas maneras prohibidas. La experiencia en este sentido ya es grande, aspecto fundamental, dado que una expedición científica se desenvuelve a una escala mucho más compleja y vasta de cualquier salida turística. Típicamente, los científicos van directamente al grano, son independientes en lo que hacen; pero necesitan notable apoyo logístico, estando su atención enfocada en coleópteros y helechos, más que en la cuestión de la supervivencia en territorios prístinos.
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Bosque nublado de Huapachi, cabecera del Río Upano, PN Sangay. Foto © Paolo Catelan 1996. © Fundación Sangay 2004.

Epílogo - Tierras de ríos en continuos nacimientos y de furiosas cascadas, tierras de ocelotes pardos y rápidos cóndores, tierras de intactos orígenes, nunca penetradas, para qué sirven. Quizás un día saludarán el vasto silencio de las estrellas una última vez. Y me estremecen entonces los bosques innumerables y la eterna armonía de la tierra que ya no es eterna, me oprime entonces la presencia de los árboles moribundos y asesinados. Pienso en las infinitas noches de lunas y vientos y lluvias entre los volcanes, pienso en los pueblos que pueblan esos montes, en Roberto. Hurgo entre los recuerdos que hace años escribí:

Van hombres
vestidos de luna y sudor
con arrugas leñosas
que tallan la cara
como el agua en los montes.

En las pozas profundas de los ojos
se ahogan miríadas de estrellas.

Lentamente la noche los lleva consigo
a morir en la penumbra
dejando un olor de menta
que cae en la hierba
a sembrar el infinito.
sangay
Volcan Sangay (5230 m.) al atardecer, visto desde Culebrillas, PN Sangay. Foto © Paolo Catelan 1989. © Fundación Sangay 2004.

La citación de apertura es tomada del poema "Ritmo de Otoño," Libro de Poemas (1921). Otras citaciones y más o menos indirectas inspiraciones provienen del ensayo de Henry David Thoreau "Walking"; Wayland Drew, "Killing Wilderness," Ontario Naturalist (Septiembre 1972); y especialmente Jack Turner, `` `In Wildness Is the Preservation of the World','' Northern Lights 6, No.4 (1991). A todos ellos, a quienes debo indefiniblemente tanto, este artículo es dedicado.

Paolo Catelan, Ph.D., ha sido investigador de las Universidades de Oxford y de Copenhagen, y Miembro de la Facultad de Ciencias del California Institute of Technology en Pasadena. Actualmente es Director de la Fundación Sangay y de la revista PanNature, cuyo objetivo es la difusión de la Ecología Profunda en los países de habla castellana.
Fundación Sangay es una institución sin fines de lucro dedicada a la conservación del Parque Nacional Sangay, declarado por la UNESCO Patrimonio Natural de la Humanidad, asumiendo un enfoque global y desde una perspectiva e involucración nativa y ecocéntrica.
Su mandato es amplio, abarcando proyectos de amortiguamiento del parque, reforestación, exploración, y conservación hasta definir la mejoría de infraestructuras y técnicas educativas, agrícolas, medicas y económicas en las comunidades indígenas aledañas al Parque Sangay.
Fundación Sangay además está comprometida en difundir, a través de su revista PanNature, el mensaje de la Ecología Profunda, expresado en el enfoque ecocéntrico desarrollado por activistas y pensadores de talla mundial, como Paul Shepard, Gary Snyder y Arne Naess.
Para mayores informaciones sobre Fundación Sangay, PanNature y la Asociación de Guías Nativas de los Volcanes Altar y Sangay: Argentinos 38-82 y Zambrano, Riobamba, Ecuador; Casilla 88; tel (593)32955141; fax (593) 32955142; email: paolo@tapir.caltech.edu; webpage: www.sangay.org

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