¿Adivina quién viene a cenar? 10.000 millones para el 2030,
proclama un titular de la pagina Web de Monsanto. La compañía previene
de las ``presiones crecientes sobre los recursos naturales de la
Tierra para poder alimentar más población.'' Según este gigante de la
agroindustria, la agricultura de bajos insumos ``no producirá aumentos
de rendimiento ni mejoras que puedan alimentar a la creciente
población del planeta.''[1]
Sin embargo, no hay motivos para
preocuparse, porque, según Monsanto ``la actual agricultura de alto
rendimiento es un gran éxito,... .'' Además la compañía manifiesta que
``las innovaciones tecnológicas triplicarán los rendimientos de las
cosechas sin necesidad de aumentar la superficie agrícola, salvando
así valiosas selvas tropicales y hábitats de animales.'' Más aún, la
revolución biotecnológica supondrá ``una disminución en el uso de los
productos químicos en la actividad agraria.''[2] La conclusión es
obvia y será difundida a los cuatro vientos en la campaña de Monsanto
``La biotecnología puede alimentar al planeta..., que comience la
cosecha.''[3]
La propaganda de Monsanto se alimenta
de numerosos mitos de la agricultura moderna en torno al hambre, la
producción de alimentos y la propia agricultura. Desgraciadamente
estos mitos han sido y continúan siendo repetidos tan a menudo, que se
toman como ciertos. Proporcionan una cobertura conveniente a Monsanto
y otras multinacionales de la biotecnología y la agroindustria, las
cuales son responsables directos del aumento del hambre en el
mundo. Desenmascarar estos mitos es un objetivo necesario para
aquellos que buscamos llegar a una agricultura sostenible. Comencemos
pues a examinar cuatro de los mitos principales, que están
interrelacionados, y que Monsanto utiliza en sus campañas de
información pública y en la publicidad.
* El hambre en el mundo está causada principalmente por la
falta de alimentos suficientes para abastecer a una población
creciente.
No existe ninguna leyenda sobre el hambre. Se estima que en la
actualidad 786 millones de personan pasan hambre. Y este número sigue
aumentando. De 1970 a 1990, con la excepción de China, el número de
personas hambrientas ha aumentado en un 11%.[4]
La leyenda creada no se refiere al
hambre sino a la causa principal que la genera. Monsanto nos hace
creer que la producción agrícola no está aumentando al mismo ritmo
con el cual crece la población. Hasta ahora numerosos estudios y
estadísticas refutan esta afirmación. De hecho aunque el hambre en el
mundo aumentó desde 1970, también lo ha hecho en la misma proporción
la producción alimentaria per capita. En Sudamérica el número de
hambrientos aumentó en un 19%, y los suministros per capita a en casi
un 8%. En el Sur de Asia el hambre y los alimentos per capita han
crecido en un 9%.[5]
Estas estadísticas y muchas otras
indican que el crecimiento demográfico no ha sido, por lo menos
actualmente, la razón principal del aumento del hambre desde 1970. En
teoría el volumen total de alimentos disponibles por individuo ha
aumentado de manera significativa. ¿Entonces cuál es la razón
principal del hambre en el mundo? Básicamente la dependencia
alimentaria. El sistema industrial, desde hace siglos, y prácticamente
en todas las partes del planeta, ha expulsado a las comunidades
indígenas o campesinas de sus tierras apropiándoselas para instalar
allí cultivos de exportación. Los beneficios obtenidos a partir de
esta exportaciones constituyen la ``acumulación primitiva de capital''
fundamental que requiere el desarrollo industrial en cualquier
sociedad. Las consecuencias: millones de campesinos han perdido sus
tierras, tradiciones y comunidades, y de forma más inmediata su
autosuficiencia alimentaria. Expulsados de sus tierras, emigran a las
nuevas ciudades industriales donde rápidamente pasan a formar parte de
las clases urbanas empobrecidas que compiten por trabajos mal pagados
en los complejos industriales urbanos. Actualmente más de 500 millones
de habitantes de zonas rurales del Tercer Mundo no poseen tierra, o
por lo menos no la suficiente para auto-abastecerse.[6]
Así comienza la dependencia
alimentaria. Adquirir alimentos es posible únicamente mediante pago, y
si perdieran su poder adquisitivo se verían privados del
alimento. Incrementar la producción agrícola no es el remedio para
solucionar el hambre, ya que está causada fundamentalmente por la
imposibilidad de acceder a la tierra y/o a mantener el poder
adquisitivo. Como queda reflejado en el próximo informe de Food
First: ``Si no accedes a la tierra donde poder cultivar tus
alimentos y no puedes comprarlos, pasarás hambre aunque la tecnología
incremente los rendimientos.''[7]
* Las grandes explotaciones agrarias y una utilización de las
tecnologías son más eficientes a la hora de producir alimentos.
El mito sobre los mayores rendimientos obtenidos en las grandes
explotaciones es corolario de la presunción de que un aumento de
producción resolverá el problema del hambre. Para erradicar el hambre
necesitamos aumentar la producción, y por lo tanto aumentar la
dimensión de las explotaciones y tecnología más avanzada. Esta carrera
para aumentar el tamaño de las explotaciones e intensificar la
producción tiende a expulsar de la actividad agrícola a los pequeños
propietarios. Desde la II Guerra Mundial, en Estados Unidos el tamaño
medio de las explotaciones ha aumentado en más del doble.[8] Durante
ese mismo periodo el número de explotaciones ha disminuido dos tercios
y el número de agricultores duplica este último porcentaje. Es el
proceso usual: destrucción de las comunidades rurales y éxodo de miles
de campesinos desarraigados y empobrecidos. Como resultado aumenta el
desempleo, el crimen, la dependencia alimentaria, y el hambre. Las
consecuencias que conlleva para el Tercer Mundo, la proliferación de
grandes explotaciones y la tecnificación de estas serán aún más
catastróficas que las esperadas.
La aplicación de nuevas tecnologías
también arrasa a las comunidades campesinas y su autosuficiencia
alimentaria. El avance de las nuevas tecnologías desplaza a los
trabajadores agrícolas y representa un desastre para todos, menos para
las explotaciones más grandes. Lo investigadores que analizan los
efectos de la biotecnología constatan que la mayor parte de los
agricultores no se beneficia del cambio tecnológico. Los beneficiarios
sólo son aquellos que primero adoptan las nuevas tecnologías, que
normalmente son los que operan a gran escala. ``Estos últimos tienen
capacidad de aportar rápidamente capital para invertir en la nueva
tecnología. Mantendrán sus beneficios incluso cuando los precios por
unidad caigan. Al mismo tiempo la caída de precios boicotea los
esfuerzos de aquellos que adoptaron la novedad tecnológica para
mantenerse en un mercado en continua fluctuación.''[9]
Monsanto, entre otros, reconoce los
efectos que las nuevas tecnologías causan a las comunidades rurales,
pero insisten que es el precio a pagar para aumentar la eficiencia en
la producción agrícola. Sin embargo, un estudio realizado por la
escritora y activista Marty Strange prueba que las grandes fincas no
son las más eficientes. El estudio demuestra de forma convincente que
incluso utilizando los métodos de valoración convencionales se obtiene
una mayor eficiencia en explotaciones de tamaño medio.[10] Más aún,
los cálculos que basan en, incluso, las visiones más moderadas de la
``economía de escala,'' según el cual lo más grande es lo mejor,
presentan una gran grieta estructural. Los análisis convencionales
ignoran los costes ambientales y sociales de la agricultura industrial
a gran escala. No contabilizan los costes por contaminación de aguas o
de la atmósfera, pérdida de suelos o de biodiversidad. Distintos
estudios han demostrado que las grandes explotaciones provocan mayores
impactos ambientales, produciendo por ejemplo, un 40% más de erosión
que las pequeñas. Estas consecuencias negativas suelen enmascararse
aumentando el uso de fertilizantes de síntesis, pero a largo plazo
acaban afectando las producciones.
También se ignora los costes para la
salud humana de aquellos alimentos contaminados por pesticidas,
hormonas y otros agentes tóxicos. Tampoco aparece valorado el
descalabro, desde hace décadas, de millones de agricultores y miles de
comunidades rurales. Todas estas ``externalidades'' no son
consideradas por la contabilidad agrícola. Al no internalizar estos
costes no se informa del precio ``real'' de los alimentos producidos
por la agricultura moderna.
Además este análisis no considera el
carácter único de las pequeñas explotaciones. En ello sólo se
cuantifican los productos finales, pero esta economía de escala ignora
las significativas ventajas que incorpora el modelo de pequeñas
explotaciones para reducir las necesidades de recursos. Por ejemplo,
la diversificación incrementa los rendimientos al permitir un uso más
completo y complementario de los recursos, como la posibilidad de
desarrollar múltiples cultivos, según la época del año. Como resume
Strange, ``En economía agraria, persiste un prejuicio contra la
diversificación que se refleja en la siguiente convicción: es más
importante realizar una única producción a gran escala que producir
muchas en pequeña escala. Refleja nuestra fijación por los máximos y
nuestra indiferencia por los óptimos.''[11]
En 1989 se pidió al US National
Research Council [Consejo Nacional de Investigación de los Estados
Unidos] que comparara la eficiencia productiva que proporcionan las
grandes explotaciones industriales y las que utilizan métodos de
producción alternativos. Su conclusión contradice la mitificación
actual sobre los beneficios productivos que aportan las grandes
explotaciones: ``Los sistemas de producción alternativa si están bien
manejados en casi todos los casos utilizan menos pesticidas de
síntesis, fertilizantes, y antibióticos por unidad producida que los
sistemas de producción convencional. Reducir el uso de estos
insumos disminuye los costes de producción y minimiza los
potenciales efectos negativos que la agricultura puede ocasionar al
medio ambiente y a la salud humana. Además lo hace sin reducir los
rendimientos por hectárea o la productividad de los sistemas de
producción ganadera (incluso en algunos casos los incrementa).''[12]
* La agricultura biológica propuesta como alternativa a los
cultivos industriales de alto rendimiento requiere más superficie para
alcanzar las mismas producciones, poniendo así en peligro humedales,
bosques y otros ecosistemas únicos.
Monsanto y otras compañías del sector observan el nacimiento y
desarrollo de un nuevo competidor en los EEUU y Europa: la producción
de alimentos biológicos. Ésta ha dejado de ser un mercado estanco: en
EEUU el mercado de estos productos ha alcanzado los cuatro mil
millones de dólares a mediados de los 90, con un incremento anual del
20%. Más de 2 millones de familias americanas se abastecen hoy de
productos biológicos, y unos 14 millones de americanos demandan
alimentos ``naturales.'' Sin embargo la mayor preocupación de Monsanto
es la resistencia creciente a la entrada de sus productos, y las
críticas a sus tácticas empresariales y sus mensajes que está
surgiendo en países del Sur, como la India. Las protestas públicas han
obligado a la compañía a echar marcha atrás y olvidar numerosas
iniciativas empresariales. La mitificación que existe sobre el
paradigma productivo actual - para que todos podamos vivir es
necesario que unos pocos acumulen capital, tierra y recursos -
comienza a perder poder.
La respuesta de Monsanto no se ha
hecho esperar, y está realizando una campaña en los medios en contra
de la agricultura biológica. Monsanto insiste en estas críticas, y se
basa en su supuesta conciencia ambiental, aunque esta postura no es
muy creíble, debido a la reputación de la empresa en materia medio
ambiental. Su argumentación principal intenta hacernos creer que para
``alimentar al mundo'' la agricultura biológica (unida a supuestos
bajos rendimientos) necesitará aumentar masivamente la superficie
agrícola, y se destruirán importantes hábitats para la fauna salvaje y
otros ecosistemas singulares.
Sin embargo, como ya se ha comentado,
numerosos estudios indican que las alternativas son al menos tan
eficientes en la producción como aquellas basadas en un uso intensivo
de agroquímicos; siempre que las estimaciones se realicen
correctamente.[13] Además el argumento de Monsanto no incluye la
disminución actual de rendimientos en el Tercer Mundo, asociada a la
transferencia de tecnologías y a la utilización intensiva de insumos
químicos propia de la ``Revolución Verde.'' En países como Filipinas,
India o Nepal las investigaciones indican pérdidas significativas de
rendimiento después de alcanzar valores máximos en los años 80.[14] Y
es más que probable que se deba a la degradación del suelo y al
desarrollo de resistencias a plagas asociadas a monocultivos a gran
escala.[15]
Investigadores del Instituto Wallace
señalan que la agricultura industrial además de destruir la
productividad de los suelos de la propia explotación, también
compromete otras fuentes de alimento. La contaminación química y la
eutrofización ocasionada mayoritariamente por la lixiviación de
nitrógeno y fósforo [proceso por el cual durante su descomposición los
residuos orgánicos exudan unas sustancias líquidas muy ácidas,
amoniacales y ricas en nitrógeno y fósforo, dependiendo de la materia
original. NdT] desde los suelos cultivados amenaza la productividad de
los ecosistemas marinos y acuáticos, que proporcionan parte de los
suministros alimentarios. El 60% de la población mundial se abastece
de pescado y marisco para obtener el 40% de la proteína consumida.[16]
La contaminación química ha provocado la desaparición de la fauna
salvaje que Monsanto proclama proteger.
* La biotecnología alimentará al mundo, utilizando menos
recursos naturales y contaminando menos porque reduce el uso de
químicos.
El objetivo de las campañas publicitarias recientes de Monsanto ha
sido de forma prácticamente exclusiva entender el mito de que la
biotecnología puede alimentar a las generaciones futuras, y además
sustituirá a la agricultura basada en el uso intensivo de
agroquímicos. Aunque Monsanto ha construido su éxito financiero
vendiendo el herbicida Roundup, líder de ventas a nivel mundial, ahora
pretende rechazar el modelo químico-industrial. ``Aumentar el número
de cultivos obtenidos por biotecnología supone disminuir los cultivos
producidos con agroquímicos,'' proclama el titular del anuncio
publicitario. ``El mundo produce sus alimentos con enormes costes para
el medio ambiente,'' continúa, para luego lamentarse del impacto
ambiental causado por ``insecticidas, fertilizantes y herbicidas.''
Concluye diciendo, ``En Monsanto creemos que la biotecnología puede
reducir el impacto de los químicos sobre el suelo. Por ejemplo, hemos
desarrollado cultivos resistentes a los insectos, que en algunos casos
eliminan totalmente la necesidad de aplicar insecticidas.''[17]
En realidad, gran parte del trabajo
que realiza Monsanto en biotecnología está dirigido directa o
indirectamente a aumentar el uso de agroquímicos. Casi todos los
cultivos obtenidos por ingeniería genética, en los que Monsanto tiene
12 patentes, han sido modificados para proporcionar resistencia al
herbicida Roundup.[18] Ahora los agricultores pueden aplicar mayores
dosis de este herbicida, pudiendo provocar la contaminación de aire,
agua y alimentos. Además, como anuncia su propia publicidad, ha
introducido, gracias a ingeniería genética un gen del pesticida
natural Bt en diferentes cultivos, confiando hacerlos resistentes a
plagas. Esta tecnología no ha demostrado todavía su eficacia en
combatir plagas y muy probablemente extenderá la resistencia al Bt
sobre las poblaciones de plagas. Esta supondrá un duro golpe para los
agricultores biológicos que utilizan el Bt como una herramienta
esencial para el control de plagas. Si aumentan las resistencias al
Bt, la única alternativa será incrementar el uso de pesticidas.
Sin embargo Monsanto es culpable de
una mentira mayor, en su intento de vendernos el mito de la
biotecnología. Monsanto sabe que gran parte de los habitantes del
planeta está familiarizado y sensibilizado por la problemática de la
contaminación química e industrial. Esta forma de contaminación es
perjudicial, pero la contaminación biológica supone riesgos aún
mayores, como se ha puesto de manifiesto con la liberación de
animales, plantas y otros organismos exóticos en los ecosistemas. En
EEUU, este tipo de contaminación biológica, incluyendo la invasión del
país por la mariposa kudzu de la vid, y los organismos
responsables de la roya del castaño y la enfermedad del olmo, ha hecho
estragos en el medio natural. Monsanto junto a otras compañías
pretende liberar a gran escala miles de microorganismos, plantas y
animales modificados genéticamente. Estos son potencialmente
``exóticos'' y pueden dañar los ecosistemas. El impacto a largo plazo
de esta liberación masiva de organismos modificados genéticamente
podría eclipsar los impactos provocados por los productos de la
petroquímica.
La contaminación química, aunque
pueda expandirse, no tiene capacidad de reproducción y poco a poco se
irá diluyendo. Por lo tanto este impacto a menudo es localizado y se
disipa con el tiempo. Pero en el caso de contaminación biológica, y
consiguientemente con la liberación de organismos biotecnológicos, el
impacto ocasionado al ecosistema aumenta y se intensifica cuando los
organismos se multiplican, extienden y mutan. El área afectada no
queda localizada y potencialmente puede extenderse de forma
irreversible. Por ejemplo, si la resistencia se transfiere desde los
cultivos a las malas hierbas, las resistentes se multiplicarán, y
controlarlas puede llegar a ser prácticamente imposible, incluso con
el uso masivo e indiscriminado de herbicidas. Cada liberación de un
organismo modificado genéticamente supone una ruleta rusa ecológica a
la que Monsanto y otras compañías están jugando. Y el perdedor seguro
es el ecosistema. La contaminación biológica puede ser el problema más
serio al que nos enfrentemos en el próximo siglo XXI.
Además de causar problemas por
contaminación biológica, la biotecnología ayuda a completar el proceso
de acumulación, por parte de las multinacionales, de los recursos
necesarios para llevar a cabo la actividad agrícola. En la actualidad
Monsanto y otras multinacionales están patentando los genes, plantas y
animales importantes para la producción de alimentos. Monsanto ha
desarrollado la metodología necesaria para esterilizar genéticamente
las semillas, imposibilitando que éstas puedan ser utilizadas en
ulteriores cosechas. Estas compañías están arrebatando los recursos
agrobiológicos y alimentarios a agricultores y consumidores,
provocando una mayor dependencia de éstos respecto a estas compañías
agroquímicas.
REFERENCIAS
1. www.monsanto.com
2. Ibid.
3. Louise Jury, ``Anger at Monsanto's Claim to `Feed the World',''
The Independent, 25 de Julio de 1998.
4. Peter Urvin, ``The State of the World Hunger,'' en Ellen Messer
y Peter Urvin (eds.), The Hunger Report (Amsterdam: Gordon and
Breanch Publishers, 1996), tabla 1.6. Para una descripción más
profunda sobre el hambre y los mitos de la Revolución Verde, ver
Lappé, Collins y Esparza, World Hunger: 12 Myths, p. 3
(Grove/Atlantic and Food First Books, II edición, 1998).
5. Ibid.
6. Roy L. Prosterman, Mary N. Temple, y T.M. Hanastead (eds.),
Agrarian Reform and Grassroot Development: Ten Cases Studies
(Boulder: Lynne Ryenner Publishers, 1990), Introducción, p. 1.
7. Lappé, Collins y Esparza, ``The Latest on the Green Revolution
and Proposals for a New Green Revolution,'' en World Hunger: 12
Myths, p. 3.
8. Linda M. Labao, Locality and Inequality: Farm and Industry
Structure and Socioeconomic Conditions (Albany: State University
of New York Press, 1990).
9. J. Wojcik, The Arguments of Agriculture (West Lafayette,
Indiana, 1989), p. 88, citando el trabajo de F.H. Butell.
10. Véase M. Strange, Family Farming: A New Economic Vision
(Lincoln: University of Nebraska Press, 1988), pp. 78-103.
11. Ibid., p. 93.
12. National Research Council, Alternative Agriculture
(Washington DC: National Academy Press, 1989), p. 9.
13. Hewitt y Smith, ``Intensive Agriculture and Environmental
Quality: Examining the Newest Agriculture Myth,'' pp. 7-9.
14. Lappé, Collins y Esparza, p. 17.
15. Ibid.
16. Hewitt y Smith, p. 4.
17. www.monsanto.com
18. Mendelson, J., ``Roundup:
el herbicida más vendido del mundo''
Copyright © The Ecologist 1998
Ultima revisión Julio
1, 2003. Esta iniciativa no es fruto del trabajo
directo de PanNature y de Fundación Sangay, sino más bien del
esfuerzo enorme y desinteresado de un sinnúmero de
voluntarios y voluntarias que han traducido al castellano los
artículos de la revista original, ``The Ecologist'', decana
de la prensa ecologista mundial, después de que la primera
tirada de 14.000 ejemplares del Vol. 28, No 5, Sept/Oct 1998
original en inglés - conocido como THE MONSANTO FILES - fue
destruida por la imprenta Penwells antes el temor de
problemas con la multinacional, y con ello, igualmente
destruida la libertad de expresión, sin la cual no es
concebible la democracia. A todos ellos y ellas: GRACIAS.
PanNature y Fundación Sangay reiteran además aquí los
agradecimientos a Acció Ecologista-Agro, ACSUR-Las Segovias,
Alternativa Verda, Amigos de la Tierra, Asociación Vida Sana,
Bakeaz, CC.OO., Daphnia, Ecología Política, Ecologistas en
Acción, El Viejo Topo, Entrepueblos, Este de Madrid, Fondo
Patrimonio Natural Europeo, Gaia, Greenpeace, Grup de
Científics i Tècnics per un Futur No Nuclear, Icaria
Editorial, Integral, Izquierda Unida, Liberación, Los Verdes,
Página Abierta, Papeles de la FIM, Plataforma Rural, Viento
Sur, WorldWatch, Sodepaz y a todos los miembros del comité
editorial y consultivo de ``The Ecologist''. Todas estas
personas y organizaciones se aliaron e hicieron los esfuerzos
necesarios para que este número finalmente sí saliera a la
luz. Con ello la campaña anti-transgénicos en el Estado
Español cobró un nuevo impulso, que se mantiene hasta hoy, si
atendemos a las cuatro ediciones que suman 160.000
ejemplares publicados hasta la fecha, engendrando conciencia
crítica y el debate social. Desde PanNature tan sólo nos
conformaríamos con que la difusión de esta literatura además
de valiosa herramienta de campaña, reproduzca logros
similares en todo el mundo de habla hispana, Estados Unidos
inclusive. Un agradecimiento muy especial a Fernando García
Dory de Plataforma Rural, por su incondicionada asistencia,
gracias a la cual esta iniciativa ha sido posible.
www.sangay.org