Globalización Económica: La Era de la Norma Corporativa

por Jerry Mander


Jerry Mander es miembro principal del Public Media Center, director de Programas de la Foundation for Deep Ecology y director del Foro Internacional sobre Globalización, lo que nos concierne particularmente para nuestra discusión de hoy.
También es autor de algunos libros. Four Arguments for the Elimination of Television [Cuatro Argumentos para Eliminar la Televisión] discute el efecto del lavado de cerebro de la televisión y su efecto de homogenizador de conciencias en todos los rincones del mundo. Yo no tuve televisión en casa cuando criaba a mis hijos y, aunque cometí muchos errores como madre, estoy contenta de que ese no fue uno. Una amiga mía que enseña en la escuela de Waldorf, asevera que ella, en apenas diez minutos, puede decir si un niño pasa o no mucho tiempo frente a la televisión.
El segundo libro de Jerry Mander, In the Absence of the Sacred [En Ausencia de lo Sagrado] puede resumirse en la alienación de nuestra cultura tecnológica respecto al mundo natural - la famosa frase de Woody Allen, ``La naturaleza y yo somos dos.'' Esto vale para la mayoría de nosotros, en parte por todos los medios de comunicación y aparatos tecnológicos que nos han separado del mundo natural. Jerry Mander también escribió The Case Against the Global Economy [El Caso Contra la Economía Global], en donde nuevamente habla sobre la homogeneización, no solamente de la cultura, sino también del estilo de vida, de la práctica económica y de la ideología, a expensas de las tradiciones, valores, artes, y economías locales.
En sus tres libros, [Jerry Mander] ha documentado el constante deterioro de temas fundamentales en pos de abstracciones que nos alejan cada vez más de las culturas de salubridad económica y ecológica y equidad social.
Aquí aplica una historia sobre C. G. Jung. Mientras viajaba por África siendo aún bastante jóven, Jung conoció un shaman - un zulu, creo, y líder de su pueblo. Para su deleite, se embarcaron en una discusión sobre los sueños y se dieron cuenta de que habían tenido muchas experiencias similares asociadas a los sueños. ``Creo que muchos de nuestros sueños tratan acerca de las actividades y los detalles de nuestras vidas,'' comentó Jung. Y sí, el hombre lo entendió, él también tenía esos sueños. ``Pero,'' continuó Jung, ``también hay los grandes sueños, aquellos acerca del destino, el significado y el rol de la humanidad en el más grande esquema de las cosas.'' El hombre comentó, ``Ah, sí, de hecho, nosotros solíamos tener esos sueños. Pero ahora, ¡ay!, nos los guarda el comisario del distrito.''
Nosotros también tuvimos nuestros grandes sueños, pero ahora los medios de comunicación controlados por el sector privado, el mundo corporativo, los guardan por nosotros. Parte de la cruzada que Jerry Mander está conduciendo está dirigida a alentarnos a recuperar nuestros grandes sueños.
Un asunto más: el artículo central de la revista Nation de esta semana trata acerca del rol que tuvieron, tanto los ciudadanos diplomáticos como ciudadanos activistas y científicos con conciencia, en aplacar la proliferación de armas nucleares durante la década de 1980. Muchos de nosotros estamos recibiendo gran crédito por lo que hicimos para contribuir, cuando un sábado lluvioso tres o cuatro amigos empuñamos un destartalado estandarte, mientras que los conductores que pasaban a lado nuestro hacían sona la bocina y con sus gestos nos indicaban su aprobación o desaprobación. Creo que el monstruo nuclear es más fácil de definir que el enemigo que describe Jerry Mander. Deberíamos escucharlo atentamente y luego actuar en forma consecuente. Funcionó antes; podría funcionar de nuevo. - Nancy Jack Todd

JERRY MANDER es miembro de Public Media Center, una compañía publicitaria sin fines de lucro dedicada exclusivamente a causas ambientales y sociales, y director de programas de la Foundation for Deep Ecology. Es además director del International Forum on Globalization, una alianza internacional sin fines de lucro formada por conocidos activistas, académicos, economistas, investigadores y escritores, organizada para promover nuevas maneras de pensar, actividades conjuntas y la educación pública sobre la economía global. Es autor de afamados libros: Four Arguments for the Elimination of Television (1977), In the Absence of the Sacred (1991) y The Case Against the Global Economy: And For a Turn Toward the Local (1996), coeditado con Edward Goldsmith. Se graduó en economía en la Business School de la Universidad de Columbia y en la Wharton School of Business.


Todos me conocen como el que se opone a todo: contra la televisión, contra los computadores y ahora en contra de la globalización económica. Hoy no va a haber excepción. Parece que hay tantas cosas a las cuales oponerse, que apenas puedo mantenerme al día. Pero soy un convencido de que la verdad es revolucionaria y empoderadora.
Ciertamente, la Schumacher Society se dedica a proporcionar modelos comunitarios y descentralizados a pequeña escala y se opone a la masificación. Pienso que es importante conocer los efectos de la masificación, por que es responsable de las nefastas tendencias que tendemos a no escuchar. Si realmente creemos en los ideales de independencia, sanidad ecológica y justicia social, entonces es crucial que nos familiaricemos con las megafuerzas que trabajan en contra de estas metas. Es por ello que he escrito tanto sobre la tecnología; es uno de los principales problemas que nos afectan y que no hemos enfrentado. Otro problema grave que no hemos enfrentado es la globalización económica, tema que enfocaré hoy.
No seré completamente negativo. Al final de mi charla, destacaré ciertos hechos recientes que, creo, están cambiando la dinámica de nuestra situación actual y nos dan motivos para ser optimistas.

A los defensores de la globalización económica les gusta describirla como un proceso inevitable, resultado de fuerzas económicas y tecnológicas que evolucionaron a través de los siglos hasta llegar a su forma actual, casi como si fueran fuerzas de la naturaleza. A pesar de que la actividad comercial global y los conceptos de libre mercado han existido por muchos siglos, sus formas anteriores eran completamente diferentes a sus versiones modernas en escala, velocidad, impacto e intención. La versión moderna de la globalización económica no surgió de la naturaleza como algún tipo de curioso animal o planta dominante; no es un accidente de la evolución, sino que, más bien, surgió directamente de un conjunto de normas e instituciones creadas a propósito por seres humanos y con un objetivo específico: dar primacía a los valores económicos - debería decir corporativos - por sobre todos los demás.
De hecho, la era de la globalización moderna tiene fecha y lugar de nacimiento: las funestas reuniones de Bretton Woods, New Hampshire, en julio de 1944. Fue allí que se reunieron los principales economistas, políticos, banqueros y figuras empresariales del mundo se riunieron para averiguar qué hacer para mitigar la terrible devastación causada por la Segunda Guerra Mundial. Decidieron que, para acelerar el desarrollo económico mundial, era necesario un nuevo sistema económico global y centralizado. En teoría, no habría más guerras horrendas y la gente estaría bien alimentada y gozaría de los frutos de las revoluciones tecnológicas y consumistas.
Seguramente, los participantes en la conferencia se consideraban a sí mismos bien intencionados y altruistas, a pesar de su obvio interés personal en el resultado. En su sabiduría, decidieron que el instrumento ideal para mantener todas las piezas juntas sería la empresa global, amparada en nuevas reglas globales de libre comercio que solidificarían su dominio. Recuerdo bien desde mis días en la Columbia Business School en la década de 1950, que la empresa global era elogiada como el único instrumento capaz de garantizar la paz y estabilidad a largo plazo. De las reuniones en Bretton Woods salieron el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y, luego, el General Agreement on Tariffs and Trade [GATT, Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio], la North American Free Trade Association [NAFTA, Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos, Canadá y México] y ahora la World Trade Organization [WTO, Organización Mundial de Comercio u OMC]. Como se lo propusieron, es por medio de estos instrumentos que las corporaciones han ganado nuevos y extraordinarios poderes.
Los instrumentos de la globalización económica están provocando lo que posiblemente es la reestructuración más importante de los ordenamientos sociales, políticos y económicos del planeta, por lo menos desde la Revolución Industrial. Están causando un cambio de poder de proporciones gigantescas, desplazando el poder económico y político real de los gobiernos nacionales, estatales y locales y de las comunidades a las empresas globales, bancos y burocracias globales que han creado. Esto conlleva desastrosas consecuencias para el control comunitario, la democracia, la soberanía nacional, la cultura y la economía indígena y el mundo natural.
La globalización económica fomentada por las corporaciones tiene sus raíces en una filosofía económica y ahora también en un proceso, cuya intención es tratar de integrar y unificar toda la actividad económica del planeta bajo un supersistema centralizado único. Se espera que países con tradiciones económicas y culturas tan diferentes como, por ejemplo, India, Brasil, Portugal, Costa Rica, Suecia, Canadá, Kenya, China y los Estados Unidos, fusionen sus actividades económicas dentro de un solo marco conceptual que, en última instancia, no es solamente económico, sino también político y cultural. El resultado neto es lo que muchos de mis colegas llaman la ``monocultura'' - la homogeneización global de la cultura, estilo de vida, práctica económica e ideología, con el correspondiente sacrificio de las tradiciones, valores, artes locales y las prácticas económicas tradicionales de pequeña escala. Los días en que era divertido viajar a lugares llamados exóticos en el globo, están acercándose a su fin. Pronto todo lugar se parecerá exactamente a cualquier otro, con las mismas franquicias de restaurantes, las mismas cadenas hoteleras, las mismas vestimentas y centros comerciales y superalmacenes, las mismas calles repletas de los mismos autos, las mismas expresiones arquitectónicas elevadas y, cada vez más, los mismos programas televisivos, la misma música y el mismo arte. Y ya que todos los lugares serán iguales, dificilmente habrá una razón para salir de casa. Nuestras vidas habrán sido despojadas para siempre.
La globalización económica quebranta activamente todos los valores, excepto los económicos. Venera al libre mercado y a sus principales actores - las corporaciones globales - como los motores y benefactores del proceso. Concede importancia primordial a la consecución de un crecimiento económico siempre más rápido y a la búsqueda constante de nuevos mercados, nuevos recursos y mano de obra barata - que es la razón de tanta emoción por la idea de que China participe en este experimento. Para conseguir un crecimiento tan rápido, la globalización necesita un libre mercado sin ninguna restricción, la privatización de las empresas y desregulaciones de la actividad empresarial que, juntos, eliminen la mayoría de impedimentos que podrían bloquear el camino de la actividad empresarial en expansión. En la práctica, estos impedimentos generalmente son las leyes ambientales, leyes de salud pública, leyes de seguridad alimentaria, leyes relacionadas con los derechos y las oportunidades de los trabajadores, leyes que permiten a las naciones controlar las inversiones en sus territorios y leyes que intentan retener el control nacional sobre la cultura local. En la actualidad, todos estos son considerados obstáculos al libre comercio corporativo y están siendo rápidamente declarados ilegales por los grandes nuevos acuerdos comerciales. Y mientras las empresas están siendo desreguladas y liberadas, los estados, las naciones y los gobiernos locales están siendo severamente reglamentados y restringidos, con lo que se hace más difícil proteger el empleo, la identidad y tradición locales, al igual que la soberanía nacional y el mundo natural.
Ahora bien, estoy consciente de que muchos en esta sala podrán tener ciertas reservas acerca de los poderes de las naciones-estado, y no les preocupa que están siendo reducidos. Pero consideramos lo que los está sustituyendo: burocracias globales eficazmente administradas por compañías según sus propios intereses, corporaciones que ni siquiera pretenden actuar en beneficio de los seres humanos ni de la naturaleza ni del medio ambiente.
Las verdaderas instancias gobernantes de la economía global son las grandes burocracias comerciales creadas por el GATT, NAFTA, el Acuerdo de Maastricht, la OMC y - recientemente propuesto por la Organization for Economic Cooperation and Development [OECD, Organización para el Desarrollo y la Cooperación Económica] en París - el Multilateral Agreement on Investment [MAI, Acuerdo Multilateral de Inversiones]. Los poderes que las naciones han sacrificado están siendo usurpados por estos organismos. Estamos entrando en una era que algunos llaman la era de la norma corporativa.
La aprobación de la Ronda Uruguay del GATT, el Acuerdo de Maastricht, NAFTA y la creación de la OMC - con apenas dos años de diferencia cada uno - fueron celebrados por los defensores de la globalización económica, que afirmaron que estos acuerdos originarían un orden económico global que rápidamente produciría una expansión de la actividad económica mundial de 250 mil millones de dólares, con beneficios que brotarían para todos nosotros. El sermón dominante es, ``La marea subirá y elevará todos los botes.''
Pero, ¿lo hará? ¿Funcionará este arreglo económico aún bajo sus propios términos? ¿Ocurrirá realmente tan colosal expansión económica? Si así fuera, ¿por cuánto tiempo podrá sustentarse antes de que deba enfrentar los límites de un planeta finito? ¿De dónde procederán los recursos - los minerales, la madera, el agua - para alimentar un crecimiento económico exponencial? ¿En dónde se verterán los effluentes, los sólidos, los desperdicios tóxicos de tan ambiciosa iniciativa? ¿Quién se beneficia de todo esto en la práctica? ¿Serán los trabajadores que ya están perdiendo sus empleos en todo el mundo a causa de las máquinas de alta tecnología y de la fuga de empresas y que han sido forzados en una competencia de salarios a la baja con los trabajadores de todos los demás países? (En Inglaterra se publicita en la comunidad global de negocios de que los trabajadores ingleses reciben los salarios más bajos de Europa. Este tipo de publicidad ha existido por algunos años en Asia y en algunos países del Caribe y Suramérica). Se trata de una competencia por el salario más bajo.
¿Serán los agricultores quienes se beneficien? En Asia, África, Europa o Estados Unidos, están siendo ahuyentados de sus tierras por el modelo de desarrollo de exportación del Banco Mundial. Estos nuevos esquemas destruyen la producción agrícola diversa y el comercio locales que promueven el autoabastecimiento, y los sustituyen con gigantescas granjas corporativas y monocultivos, en donde se ha dejado de cultivar alimentos que la gente puede comer y, en su lugar, se cultiva café, se cría ganado vacuno o se cultivan flores para exportar a la economía global. Este proceso está convirtiendo a millones de pequeños agricultores autosuficientes del mundo en refugiados sin casa y sin tierra. Y las consecuencias ecológicas son desastrosas.
¿O serán los habitantes de las ciudades quienes se beneficien? Ahora se enfrentan a millones de refugiados sin tierra que vagan por el globo en busca de un lugar donde vivir y del escaso y mal pagado empleo.
¿Es ecológicamente sostenible el avasallante consumo de mercancías, en permanente ascenso? ¿Cuántos autos pueden fabricarse y comprarse? ¿Cuántas carreteras pueden cubrir el territorio? ¿Cuándo desaparecerán los bosques? ¿Es mejor la vida con todo esto? ¿Es que - como individuos, familias, comunidades - estamos más seguros, somos menos ansiosos, controlamos mejor nuestros destinos? ¿Cómo es posible beneficiarnos de un sistema que destruye las economías y los gobiernos locales, regionales y nacionales mientras entregamos el poder real a burócratas corporativos sin rostro en Ginebra? El famoso ecologista alemán Wolfgang Sachs dice que lo único peor que el fracaso de este masivo experimento global sería su éxito, ya que, aun en su nivel óptimo, los beneficios de una economía global solo pueden ir a una pequeña minoría de gente que está sentada en el centro, mientras al resto de la humanidad, cada vez con menos tierra y casas, se le deja luchando por puestos de trabajo cada vez más escasos y viviendo en sociedades violentas en un planeta devastado.
Aquí, en Estados Unidos, hemos comenzado a ver cómo funciona el sistema realmente. Mientras el nivel de utilidades corporativas es el más alto de la historia - muchos ejecutivos de alto nivel ganan salarios de millones de dólares y algunos alcanzan entre los 80.000.000 y 100.000.000 de dólares anuales -, los salarios reales de la mayoría de trabajadores comunes están cayendo y los empleos buenos están siendo sustituidos por trabajos a medio tiempo o temporarios en los sectores de servicios. Ustedes conocen el chiste sobre el presidente Clinton que decía que ahora tenemos más empleos que nunca en Estados Unidos y un trabajador responde, ``Cierto, yo tengo tres de esos empleos.'' Mientras tanto, los servicios sociales decaen en todos los países.
La brecha entre ricos y pobres en cada país y entre los países, está extendiéndose rápidamente, y la globalización acelera el problema al apartar a la gente de sus medios tradicionales de sustento y al crear una terrible presión que reduce los salarios en todo el mundo, incluso en los países del Tercer Mundo, en donde los salarios bajos constituyen la única ventaja comparativa, lo que quiere decir que si los salarios no se mantienen bajos, simplemente podría no haber ningún empleo. Un estudio de las Naciones Unidas difundido el mes pasado, inculpa directamente de esta brecha creciente a las injusticias del sistema de comercio global.
Sin embargo, lo que está creciendo es el poder de las corporaciones más grandes y de las personas más ricas. El grado de concentración es tal que, al momento, la riqueza conjunta de los 475 multimillonarios del mundo representa la totalidad de ingresos del 50 por ciento de la humanidad más indigente. Y de las cien economías más grandes del mundo, actualmente cincuenta son corporaciones. La Mitsubishi es la vigésima segunda economía más grande del mundo, la General Motors la vigésimo sexta, la Ford la trigésimo primera. Todas estas son mayores que las economías de Dinamarca, Tailandia, Turquía, Sudáfrica, Arabia Saudita, Noruega, Finlandia, Malasia, Chile y Nueva Zelanda, para nombrar solo unas pocas.
Mientras tanto, en los Estados Unidos, donde supuestamente estamos cosechando los mayores beneficios del sistema económico global, las cifras son por el estilo. Un informe reciente del Institute for Policy Studies [Instituto para Estudios Políticos] en Washington, D.C., señala que en la actualidad los altos ejecutivos norteamericanos reciben salarios que, en promedio, son 419 veces mayores que aquellos de los obreros de las cadenas de ensamblaje. Es el razón más alto del mundo. El informe de 1999 del Economic Policy Institute [Instituto de Política Económica] señala que, en los últimos 25 años, los salarios por hora han caído un 10 por ciento. La Reserva Federal de Estados Unidos informa que el 20 por ciento de la población estadounidense posee el 84,6 por ciento de la riqueza del país. Esto hace de la autosuficiencia local algo muy difícil de lograr.
Si hay alguien que aún se aferra a la idea de que es más probable que sean las grandes compañías las que empleen la mano de obra del mundo, a la idea de que el tamaño engendra empleo, he aquí otra estadística espeluznante del Institute for Policy Studies: las doscientas corporaciones más grandes del mundo - que cada vez son menos en número y mayores en poderío - dan cuenta de aproximadamente el 30 por ciento de la actividad económica global, pero emplean menos del 0,5% de la mano de obra mundial. ¡Economías de escala! Con esto quiero decir que a medida que las compañías crecen, se les vuelve más económico reemplazar miles de trabajadores con robotes y otras máquinas. Y esto ocurre incluso en el contexto de los bajos salarios del Tercer Mundo. A medida que las grandes compañías comienzan a dominar sus industrias, expulsan a los pequeños competidores que habrían duplicado ciertas tareas, creando empleos duplicados. Estas economías de escala son intrínsecas a la globalización. Incluyen fusiones y consolidaciones, e inevitablemente traen como resultado menos puestos de trabajo, no más. Hasta aquí llegó la marea que eleva todos los botes. ¡En realidad solamente eleva a los yates!

Por todas partes son evidentes las señales de la inestabilidad e injusticia del experimento de la globalización. Sin embargo, tristemente, los medios de comunicación las muestran muy rara vez. Y cuando sí muestran unas pocas crisis causadas por globalización, no las relacionan ni nos hacen comprender que todas esas crisis tienen su raíz en el mismo problema: la globalización de por sí.
Los medios de comunicación tienden a ocuparse de los grandes protagonistas - los Iacocca o los Morita - esencialmente como sujetos glamorosos para el chisme, como las estrellas de cine o los atletas. Y las páginas de negocios respetuosamente escriben en el nuevo lenguaje de la reducción de tamaño y de la eficiencia, sin revelar que tal terminología es eufemística. Generalmente, ``eficiencia'' usualmente significa sustituir a los trabajadores con máquinas; ``competitividad'' significa mantener bajos los salarios; ``estructura corporativa nivelada'' significa eliminar los cargos administrativos intermedios, propagando así la ansiedad de las ciudades a los barrios residenciales periféricos.
Leemos acerca de los problemas medio ambientales, como los cambios en el clima global, la disolución de los hielos polares o la destrucción de hábitats. Leemos acerca de la reducción de la capa de ozono, de la contaminación de los océanos o de las guerras por el petróleo - y pronto estaremos leyendo acerca de guerras por las provisiones de agua dulce. Sin embargo, rara vez se asocian tan graves cuestiones con los imperativos de la expansión económica global, ahora acelerada por el libre comercio, la sobreexplotación de recursos y el estilo de vida consumista que se está promocionando en todo el mundo por la televisión y su matriz, la publicidad.
Pensemos en la reciente crisis financiera de Asia. Los medios informaron que esta fue provocada por países asiáticos incompetentes, ineficientes y guiados por la corrupción y el favoritismo. Al titánico salvataje por parte del Fondo Monetario Internacional - es decir, por parte nuestra, como contribuyentes - se le hizo aparecer como un acto benéfico de caridad hacia estos amigos asiáticos disfuncionales y desfavorecidos. Raras veces se reconoce que el dinero en realidad, más que a estos países, fue a los banqueros norteamericanos, europeos y japoneses que originaron el problema en primer lugar, al estimular la sobreexpansión y la ultraespecialización en áreas económicas que tradicionalmente no estaban orientadas a la exportación.
Estos banqueros, que habían hecho préstamos a condiciones muy malas, pronto se encontraron en un pánico desesperado. Su salida, en efecto, fue hacer que los contribuyentes pagasen sus horribles errores. Se rescató a los banqueros, no a los países. Hasta aquí llegó la ideología del libre mercado. Lo que en realidad tenemos aquí es mercado libre para los contribuyentes, los trabajadores y los consumidores de clase media, pero proteccionismo, socialismo y favoritismo para los bancos y las corporaciones. (¿Es o no favoritismo, al estilo de Estados Unidos, el que un ex banquero y Secretario del Tesoro de aquel momento, Robert Rubin, condujera la operación de rescate de sus colegas banqueros? Yo creo que sí.) Lo que ahora comenzamos a entender es que la globalización económica tiene más similitud con la planificación centralizada de los regímenes comunistas que con cualquier sistema de mercado libre, excepto que ahora la planificación centralizada no la realizan los gobiernos, sino las burocracias corporativas globales.
Los medios de comunicación jamás han explicado el rol de los especuladores de divisas en la crisis asiática. Bajo las nuevas reglas del libre comercio global y de la desregulación, no existe control sobre el masivo movimiento de fondos que cruzan fronteras y entran y salen de los países. Con las tecnologías de las redes globales computarizadas, los especuladores de divisas ahora pueden mover cantidades inimaginables de dinero, en forma instantánea e invisible, de una parte del globo a otra, con lo cual desestabilizan y países, y constriñen a las naciones a buscar soluciones radicales como el salvataje del FMI. John Cavanagh la denomina una ``economía de casino'', cuando los países no pueden conllamatrolar las veloces entradas y salidas de miles de millones de dólares de los especuladores. Y cuando los países crean reglas para desacelerar el proceso - como se hizo en Malasia, Chile, China y Rusia - son ridiculizados por el establishment económico, como por los medios de comunicación.
Pero los medios de comunicación nos cuentan un poco acerca de la crisis migratoria, cuando la gente huye por las fronteras en busca de trabajo, a veces sólo para tparse con la xenofobia, la violencia y la demagogia, ya sea de parte de un Pat Buchanan en Estados Unidos o de un Jean-Marie Le Pen en Francia. Pero jamás se habla sobre el papel de los acuerdos comerciales internacionales en hacer imposible la vida de los emigrantes en su tierra. El NAFTA, por ejemplo, fue un golpe terrible para lo que quedaba de la economía autosuficiente agrícola de maiz de los pueblos maya de México, lo que hizo que las tierras nativas se tornaran súbitamente vulnerables a la venta a las corporaciones y a la competencia extranjera. Mientras tanto, en India, África y Sudamérica, los esquemas de megadesarrollo continúan desplazando a millones de indígenas y pequeños agricultores para dar paso a gigantescas represas y otros proyectos de desarrollo. El resultado son mayores masas urbanas de gente sin tierra y sin empleo.
Vemos informes acerca de la escasez alimenticia, pero rara vez se hace la conexión entre el hambre y el control centralizado de gran parte de la reserva mundial de alimentos o de semillas por parte de corporaciones gigantes, como Cargill, que determinan efectivamente quién cultivará los alimentos y dónde, y qué precio pagarán los consumidores finales. Los alimentos, que antes eran consumidos por la gente que los cultivaban, ahora se embarcan para exportación a distancia de miles de kilómetros a través de los océanos, con grandes costos ambientales, para ser consumidos por gente que ya está bien alimentada.
Hemos leído sobre los cientos de miles de trabajadores franceses y alemanes que van a la huelga. Los medios de comunicación los calificaron como ``proteccionistas,'' que egoísticamente intentaban salvaguardar sus priviliegios, beneficios y puestos de trabajo. Lo que las noticias no señalaban es que los trabajadores están intentando evitar ser sacrificados por los esfuerzos de Francia y Alemania (y de otros países) por mantener las duras condiciones impuestas a los trabajadores por el acuerdo de moneda única cuyo objetivo es allanar el camino a las compañías transnacionales. Según mis últimos datos, el porcentaje de desempleados en Francia y Alemania ya superaba el 12 por ciento.
Nuestra prensa profundiza minuziosamente sobre brotes de nuevas enfermedades horribles, como el ébola, la enfermedad de la vaca loca, la e-coli y, recientemente, el virus del Nilo del Este en Nueva York, pero ni siquiera menciona la conexión entre esos brotes y la nueva movilidad de los vectores de las enfermedades a través del sistema del transporte y el desarrollo globales. En el caso de la e-coli y de la enfermedad de la vaca loca, los noticieros dejan fuera el rol de la industrialización de la agricultura para la producción masiva de productos de exportación al servicio de las economías globales.
También leemos historias tristes sobre los asaltos a los últimos pueblos indígenas de la Amazonía, Borneo o Filipinas. Lo que se reporta de manera insuficiente son las causas: la necesidad del proceso de globalización de más agua o bosques o recursos genéticos en las áreas donde los indígenas han vivido por milenios y necesidad igualmente desesperada de convertir pueblos autosuficientes en consumidores. Esto también es parte del proceso de globalización: la homogeneización de los marcos conceptuales, la monocultura de pueblos y tierras, la absoluta uniformidad del modelo desarrollista en todos los rincones de la Tierra.
Quizá el año pasado escucharon ustedes sobre los 200.000 manifestantes en Inglaterra que marcharon a favor de la preservación de la ``vida rural.'' ¡La mayoría de las noticias engañosamente destacaron como móvil fundamental de los manifestantes la preservación de la cacería del zorro! Sucede a que conozco personalmente a algunos de los organizadores de ese evento. A pesar de que algunos cazadores de zorro se unieron a la manifestación, al enfocarlos solo a ellos lo que se logró fue ignorar a personas que venían trabajando durante años para difundir las tremendas presiones negativas que ahora se ejercen sobre la Inglaterra rural con los nuevos grandes planes de construcción y ampliación de carreteras y la extensión de la infraestructura de transporte con más tráfico de alta velocidad. Todo esto, a su vez, está causado por el creciente énfasis en la importación y exportación como parte del nuevo sistema global. En Inglaterra, el movimiento en contra de la construcción de carreteras, de hecho, es muy poderoso y se opone totalmente a los impulsos homogeneizadores, tanto del esquema de divisa única en Europa, como de los excesos del comercio global. Están luchando para preservar una calidad de vida rural que está desapareciendo rápidamente en Inglaterra, Francia, Alemania y en toda Europa. Es una desgracia que los medios de comunicación no hayan reportado esto adecuadamente.
El punto es éste: los medios de comunicación tratan estos asuntos como si no tuvieran relación entre sí. De ninguna manera están brindando un servicio a un público inseguro que intenta averiguar lo que está ocurriendo. No nos están ayudando a comprender que todos estos asuntos - ciudades superpobladas, nuevos e inusuales patrones climáticos, expansión de la pobreza global, propagación de nuevas enfermedades, reducción de salarios mientras las utilidades y precios de la bolsa se disparan, eliminación de los servicios sociales, destrucción del medio ambiente - forman parte del mismo proceso global. Son integrantes de una sola pieza, un tejido de conexiones producto del nuevo arreglo económico mundial, todo a favor de una ideología económica que no puede estar al servicio de la sostenibilidad social o ecológica, como ya lo ha mostrado la evidencia.

Aquí está la anomalía. Ante los crecientes problemas y los obvios defectos del experimento, los defensores siguen hablando de globalización como si fuera inevitable - como una fuerza de la naturaleza, como la gravedad o la evolución. Y a la oposición a todo esto le llaman utopía. Hasta ahora, este factor llamado inevitabilidad ha tenido el efecto deseado, esto es, evitar que la mayoría de personas piensen siquiera en él o se opongan a él y, más bien, que intenten buscar algún nicho de supervivencia. Pero es necesario desafiar el aura de inevitabilidad.
La primera cosa obvia a decir, es que algo se vuelve inevitable cuando todo el mundo lo acepta como tal. Esto produce pasividad. Pero si en su lugar decidimos, con lo que queda de nuestros instintos democráticos, no seguir esta dirección que está causando mucho más daño que beneficio, sino optar, digamos, por economías locales diversas que utilicen los recursos locales para el consumo local cuando sea posible y, con ello, mantengan arraigado el capital, entonces la globalización se vuelve menos inevitable de lo que parecía hace un momento. Las opciones comienzan a aparecer. Sin embargo, ese crucial paso mental es solamente el primero.
El segundo paso es el siguiente: Nunca dejen que alguien se salga con la suya al decir que la globalización de alguna manera es un proceso natural - como la gravedad. Ya hemos visto que definitivamente no es un proceso racional porque no actúa como se lo anuncia, excepto para los perpetradores, pero tampoco es inevitable como la evolución. La globalización económica es un sistema que ha sido elaborado por seres humanos. Es un sistema diseñado, un experimento, una creación de miembros de empresas que se benefician de él - pero que destruye las comunidades y la democracia. Sobre todo, es un sistema de reglas que establece ciertos mecanismos reguladores y trata de sostenerlos. No es una misteriosa fuerza espiritual. Tiene estructuras, instancias reguladoras, poderes políticos y económicos. Todos estos pueden ser cambiados.
Si creen que todo lo que he dicho hasta el momento es abstracto o simplemente teórico, permítanme ofrecerles un ejemplo relevante en nuestros días. Apenas el año pasado, en París, las 29 naciones industriales más ricas que conforman la Organization for Economic Cooperation and Development [OECD, Organización para el Desarrollo y la Cooperación Económica] intentaron concluir el trabajo del llamado Multilateral Agreement on Investment [MAI, Acuerdo Multilateral de Inversiones]. Tengo el placer de informarles la OECD finalmente retiró el MAI el año pasado, luego de que 50.000 manifestantes aparecieron en las calles de París y cientos de organizaciones - incluyendo la mía, el International Forum on Globalization [Foro Internacional sobre Globalización] - logramos denunciar a través de los medios de comunicación algunos de los detalles de este acuerdo a un público que nada sabía sobre él. Al igual que muchos acuerdos comerciales, sus elementos eran tan increiblemente draconianos, como ustedes podrán ver, que la mínima ranura de luz que se abrió al público horrorizó a tantas personas y obligó a sus creadores en la OECD a escabullirse por la puerta trasera, como cuatreros en la noche.
David Brower dijo alguna vez que cuando luchamos contra corporaciones no hay victorias claras - sino solo acciones de resistencia. Al igual que Dracula, esta cosa nuevamente está levantándose de su tumba. Hay demasiado dinero por lucrar como para que las corporaciones globales simplemente la dejen morir. Reaparece bajo un disfraz, tallada en elementos más pequeños con nombres nuevos, como parte de la propuesta nueva ``Millennium Round'' [Ronda del Milenio] de la Organización Mundial del Comercio. La discutirán ampliamente en los encuentros ministeriales de Seattle que comenzarán el 30 de noviembre [de 1999]. Si estos elementos resuscitados del MAI - permítanme llamarles Hijo del MAI - entran en vigencia, tendrán un impacto devastador sobre la capacidad de cada país del mundo de controlar el tipo o la calidad de la inversión extranjera en sus territorios; socavarán la mayoría de las protecciones sociales y medioambientales que quedan, y será el golpe más grande de la historia a la soberanía y la democracia constitucional. El MAI es, posiblemente, el más trascendental de todos los que lo antecedieron y, aún así, estoy seguro de que no todos en esta sala, quizá solo algunos de ustedes, lo conocen. ¿Y por qué? Bueno, por un lado los medios de comunicación no han escrito sobre él. De hecho, cuando hace poco el nuevo editor de asuntos internacionales de The New York Times dio una charla en la New School de New York, alguien del público le preguntó su opinión del MAI. Se vio obligado a decir, ``Disculpe, no he oído de eso.'' Tal es el grado de desconocimiento en los medios estadounidenses. Al igual que la mayoría de acuerdos sobre el comercio global, las discusiones sobre el MAI se llevan a cabo en secreto, y únicamente la habilidad de unas pocas personas de sacar a hurtadillas algún borrador ocasional nos permite conocer el contenido del documento.
Permítanme describir unas pocas características del propuesto MAI. Se pondría severas restricciones a la facultad de todo nivel gubernamental - nacional, estatal, provincial, regional, urbano y local - al alter las reglas por las que estas jurisdicciones reglamentan la inversión extranjera. ¡Esencialmente lo que haría es eliminar las regulaciones de las corporaciones e imponer nuevas regulaciones y controles sobre los gobiernos! Según Renato Ruggiero, director general de la OMC, el nuevo Acuerdo Multilateral de Inversiones está diseñado para ``convertirse en la constitución que gobierne una sola economía global.'' Y nosotros pensábamos que ya teníamos una constitución en Estados Unidos. En poco tiempo podríamos descrubrir que ha sido reemplazada por el Acuerdo Multilateral de Inversiones.
Bajo el Acuerdo Multilateral de Inversiones, ya no se les permitiría a los gobiernos tomar decisiones sobre quién puede invertir o comerciar por sus fronteras. Por ejemplo, ningún gobierno, nacional o local, podrá decir, ``Ustedes pueden invertir acá, pero únicamente si contratan trabajadores locales o si suscriben joint ventures con socios locales, para preservar ciertas características nacionales o regionales.'' Esto incluso se aplica a campos tan cruciales como la educación, el cuidad de la salud, el cine, la radio, la televisión, las artes y la difusión radiotelevisiva pública. Bajo el MAI, ningún país ni comunidad podrá favorecer la empresa local para un contrato, ya sea construcción de carreteras, edificación de estadios, provisión de almuerzos en las escuelas o gestión de servicios médicos. Y, por ende, podría suceder que la Mitsubishi administre nuestro sistema nacional de salud.
Ningún país ni ciudad podrá reclamar que los permisos de pesca, cultivos, silvicultura, actividad maderera deben ser emitidos primero a los residentes nacionales o locales. O que se deben cumplir las leyes de zonificación sobre el tipo de operaciones comerciales. Los países europeos ya han perdido el derecho de control sobre la emisión de licencias agrícolas o pesqueras con el fin de mantenerlas bajo supervisión local. Actualmente, el Estado del Maine tiene una regla que dice que las licencias para la pesca de langosta solo pueden ser otorgadas a los residentes de Maine; y algunos estados del oeste medio de Estados Unidos tienen reglas que estipulan que solo los residentes del estado pueden poseer granjas. Estas reglas sería eliminadas por el Hijo del MAI, permitiendo la entrada a las corporaciones extranjeras.
Ningún país podría imponer nuevas restricciones sobre la actividad minera o la silvicultura para proteger recursos menguantes o para preservar el medio ambiente. Los inversionistas extranjeros podrán desafiar tales normas porque favorables para las compañías locales, que anteriormente no tenían restricción. En otras palabras, ¡estos inversionistas lo considerarían una discriminación, ya que las empresas locales habían tenido la libertad de talar los bosques antes de que las compañías extranjeras pensaran siquiera en entrar a ese mercado! Ayer, en el avión, leí en The New York Times una propuesta de la alcaldía de New York de detener las importaciones de madera proveniente de la Columbia Británica para evitar la deagradación de una de las últimas grandes áreas de selvas prístinas del planeta. Esta restricción sería ilegal bajo el Hijo del MAI. De hecho, podría ya ser ilegal bajo las reglas actuales de la OMC que impiden la discriminación contra las naciones.
Ningún país podría abligar a los inversionistas extranjeros a usar un cierto porcentaje de bienes y servicios locales para fabricar sus productos, con el fin de mantener empleada a la gente de ese país o de que una parte de las utilidades sea reinvertida en la comunidad antes de ser retiradas del país. El Community Re-investment Act [Ley de Reinversión Comunitaria] seguramente sería ilegal.
Ningún país podría hacer reglas que controlen el ingreso y egreso de los enormes fondos especulativos o que coloquen frenos a las inversiones. Los frenos son reglas que obligan a los inversionistas a mantener su inversión por períodos mínimos de tiempo, en lugar de comprar y comerciar por días, minutos o segundos a través de las conexiones instantáneas computarizadas. Estos frenos contribuirían en gran medida a diferir futuras crisis de divisas y fugas de capital.
Otra característica importante del MAI es que ningún país podrá discriminar a los inversores extranjeros con base a sus derechos ambientales o humanos o prácticas políticas. Las corporaciones podrán entablar juicios para recuperar el llamado lucro cesante por causa de manifestaciones públicas, boicots o huelgas. Si el MAI hubiese estado en vigencia durante el apartheid de Sudáfrica, todo boicot y sanción gubernamental en contra de Sudáfrica habría sido ilegal. El apartheid habría podido mantenerse hasta la fecha y Nelson Mandela áun estaría preso.
Curiosamente, bajo el MAI las reglas de expropiación se extenderían hasta lo absurdo. Las corporaciones tendrían derecho a demandar a los estados naciones para recuperar el lucro cesante de las inversiones que pudieron haber realizado si alguna ley nueva no las hubiese tornado poco rentables. ¡A esto se le llama expropiación! Por ejemplo, si una ciudad o un país hubiese aprobado una nueva ley de salud pública para proteger a las personas de la contaminación o de los desechos tóxicos, los nuevos inversionistas podrán entablar un pleito en jurisdicciones extranjeras - no en las cortes nacionales - y reclamar que la nueva ley los privó de las utilidades futuras. Estas decisiones tomadas en jurisdicciones extranjeras serían obligatorias para los países. Los contribuyentes podrían tener que pagar por potenciales utilidades sobre inversiones que nunca se realizaron. Esta norma será presentada por la OMC en Seattle ahora, como parte de las reformas del MAI. Luego se convertiría en una regla global, proporcionando a los gobiernos amplios incentivos para restringir la libre expresión.
Uno de estos juicios ya ha sido presentado en Canadá, donde Ethyl Corporation demandó al gobierno bajo el North American Free Trade Agreement [NAFTA, Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos, Canadá y México], que ya contenía esta regla, por prohibir el MMT, un conocido carcinógeno, como aditivo en la gasolina que Ethyl producía. La Ethyl afirmó que, ``Esa prohibición no estaba en vigencia antes; es una nueva restricción a nuestra capacidad de obtener ganancias.'' Canadá investigó el caso y descubrió que, bajo el NAFTA, la Ethyl tenía razón; entonces Canadá retiró la prohibición y tuvo que pagar a la Ethyl algo así como 20 millones de dólares. Ahora otra compañía, no creo que sea la Ethyl, acaba de demandar al Estado de California sobre los mismos argumentos. California tiene una nueva ley que prohíbe el uso del carcinógeno MBTE en la gasolina y el productor está demandando a California por una suma extraordinaria con base el argumento de que ya no puede lucrar con su inversión.
Es aún más sorprendente que algunos defensores del MAI tengan las agallas para argumentar que su objetivo es ayudar los pobres en los países del Tercer Mundo, ayudar a ``alimentar un mundo hambriento.'' Acabamos de escucharlo de boca de Michael Moore, el director de la OMC. Es algo completamente cínico, porque sucede exactamente lo contrario. El MAI santifica la capacidad de los inversionistas ricos de dominar a los países pobres. Sin embargo, estos países necesitan tener control sobre las inversiones en sus propios territorios para poder estimular a los negocios y trabajadores locales y construir una base autosuficiente para el futuro. Deben ser capaces de reglamentar el ingreso de las inversiones que podrían subyugar y destruir los negocios locales. Los países pequeños usan instrumentos como exenciones fiscales para la industria doméstica, preferencias a los bancos locales frente a los bancos extranjeros o a los agricultores locales frente a la agroindustria, y requisitos sobre socios locales que los inversionistas extranjeros están obligados a aceptar. Todos estos controles se terminarán bajo el MAI, y los países individuales deberán asumir el impacto de las nuevas libertades del capital internacional. Entonces, ¿cómo alimenta el MAI a un mundo hambriento? ¿A quién exactamente se alimenta? Las únicas personas que en última instancia serán alimentadas son los banqueros hambrientos de inversiones.
Las reglas del nuevo MAI que acabo de describir - muchas de las cuales ya existen en el NAFTA y en el GATT, así como en otros tratados comerciales - no se instauraron por ninguna fuerza de la naturaleza. Fueron creadas por que las personas que están en el poder (las corporaciones, los banqueros y los funcionarios de gobierno elegidos y cuyas campañas financian ellos) se reunen en secreto - llamámoslas reuniones conspiradoras - y rediseñan el funcionamiento de los sistemas económicos y el ejercicio del poder político según les convenga mejor a ellos. Quieren sustituir el poder de la nación-estado y el poder local con el poder corporativo, y lo logran creando reglas que establecen políticas que a duras penas escuchamos hasta que es demasiado tarde. Ralph Nader me dijo alguna vez, mientras hablábamos sobre el NAFTA o el GATT, que si las corporaciones estuvieran seguras de que nadie las observa y pensaran que retornar a la esclavitud las haría más competitivas, lo harían.
Al final la cosa se reduce a lo siguiente: ¿Quién debería hacer las reglas según las cuales vivimos? ¿Deberían ser gobiernos democráticos, influenciados por las comunidades locales preocupadas de lo que es bueno para la gente y el medio ambiente? ¿O debería ser la comunidad global de banqueros, corporaciones y especuladores transnacionales? Las nuevas reglas de la globalización están socavando activamente nuestra capacidad de controlar nuestro propio destino. Solo cuando entendamos este hecho y exijamos la recuperación de nuestros poderes, las cosas podrán cambiar.

Ahora me gustaría referirme al rol de la tecnología en esta historia y, en particular, al rol de los computadores en la globalización.
En mayo pasado, durante el seminario del Foro Internacional sobre Globalización realizado en Washington, D.C., auspiciamos un debate sobre la economía global. De nuestro lado estaban Maude Barlow, John Cavanagh y Vandana Shiva, quienes se enfrentaban a algunos de los defensores del libre comercio de la élite de este país. Entre ellos se encontraba el Dr. Joe Cobb, de Heritage Foundation. Nuestro grupo ganó el debate, pero Cobb hizo una observación significativa. Decía que la globalización era inevitable, específicamente dijo que ``La globalización pudo haber sido detenida, pero ahora las nuevas tecnologías la tornaron inevitable.'' Lo mismo escuché por radio del Dr. Claude Smadja, director del World Economic Forum [Foro Económico Mundial] en Davos, Suiza, que dijo, ``La globalización es inevitable por causa de la tecnología.'' En otras palabras, aunque la globalización en sí no es inevitable, la evolución de la tecnología, que adquiere fuerza de la evolución natural, es inevitable y conduce directamente a la globalización. Cuando a la evolución tecnológica se le asigna el carácter de la evolución natural, a nosotros nos resta únicamente permanecer sentados, hipnotizados por la televisión y los demás juguetes que ``ellos'' nos proporcionan, y dejar que todo ocurra. No tenemos nada que hacer o decir sobre ello, y seguramente no hay foros ni sistemas públicos que nos ayuden a comenzar a dar vueltas a las cosas.
Joe Cobb y Claude Smadja hablaron en particular sobre de las nuevas tecnologías: los enlaces satelitales globales, el internet, la capacidad de movilizar recursos financieros por todo el globo con solo un toque de tecla, y la globalización de las imágenes televisivas, que actualmente coloca a 75 por ciento de la población mundial directamente bajo la influencia de las imágenes corporativas occidentales, desde las de los noticieros de CNN a una serie como `Dallas'. Dicho sea de paso, los intereses corporativos occidentales se difunden por tan sólo cuatro o cinco gigantescas compañías de medios de comunicación, lideradas por gente como Rupert Murdoch, Conrad Black y Ted Turner.
Cobb y Smadja también podrían haber incluido viajes y transporte de alta velocidad, nuevas infraestructuras técnicas de represas y carreteras, nuevas formas técnicas de agricultura, desde la Revolución Verde al monocultivo, la automatización, la robótica y la biotecnología, todo lo cual ha cambiado la naturaleza del trabajo y la producción y aquellos los controlan. Podrían también haber hablado del auto privado, que ha tenido el efecto de pavimentar los paisajes del mundo y homogeneizar los estilos de vida - ya sea en Asia, Sudamérica o Norteamérica - al servicio de las necesidades del automóvil, con lo que las corporaciones globales se concentran en su desesperada necesidad de más y más recursos para producir más y más automóviles. Mientras tanto, al resto de nosotros se nos dejan los problemas de la consiguiente contaminación y disposición de desechos y la violencia de las carreteras. A causa de los autos, ahora también tenemos guerras por el petróleo y una búsqueda sin fin para expandir mercados y justificar la producción de más autos todavía. De ahí el creciente interés de las corporaciones en China.
La evolución de la tecnología conduce a un cambio revolucionario en los ordenamientos sociales, políticos, económicos y culturales que, por casualidad, benefician los intereses corporativos. Ese sí que es un proceso político, político en el sentido de que las consecuencias de la tecnología afectan directamente a la estructura global del poder. ¿Por qué la mayoría de nosotros no lo entiende? ¿Por qué Joe Cobb, Claude Smadja y las más grandes corporaciones del mundo sí han comprendido las ramificaciones políticas de la tecnología, pero nosotros no? ¿Será porque nosotros amamos demasiado nuestros juguetes?

En el tiempo que queda, quiero hablar sobre la cuestión de la revolución informática más detalladamente. Casi todos concuerdan en que es una Buena Cosa. ¡A todos les gusta! A las corporaciones y a los activistas, a los artistas y a los ingenieros, a conservadores y a liberales - a los Al Gores, Newt Gingriches, Bill Bradleys y a los George W. Bushes - todos están llenos de visiones utópicas acerca de los fabulosos beneficios de los computadores. La mayoría de mis amigos concuerda; entre ellos, unos escritores se preguntan cómo es posible que yo escriba libros sin utilizar un computador, aunque yo puedo pensar en algunos que, a través de la historia, lo han hecho, desde Shakespeare a Molière e Ivan Illich. Algunas personas, hasta hoy, todavía escriben a mano. No olvidemos que 400.000 generaciones de humanos de alguna forma se las arreglaron sin computadores. Es factible.
``No entiendes,'' me dicen mis amigos y me explican cuán empoderadoras son los computadores; cómo nos ayudan a organizarnos en contra de las mismas corporaciones que atacamos. Los computadores le devuelven el poder real al individuo, dicen, y por medio del cibernet nos ayudan a encontrar nuevas alianzas con otros radicales de las mismas ideas que están sentados frente a su computador, usando los emails para movilizar las batallas.
A Kevin Kelly, director de la revista Wired, la biblia de la era computerizada, le gusta argumentar que la revolución informática ha creado una estructura política enteramente nueva en el planeta. El símbolo del presente ya no debería ser el átomo, dice; es la web o la red. Desde su visión, el centro político ha sido eliminado y ha surgido toda una nueva estructura de redes que ``eleva el poder del pequeño jugador'' mientras promueve la heterogeneidad y un nuevo tipo de democracia pura en la que podemos ser jugadores iguales en el juego de la información global. También traerá un nuevo ``tecno-espiritualismo incipiente.''
Kelly tiene razón en el último punto, el tecno-espiritualismo, a pesar de que yo prefiero el tipo más antiguo de espiritualismo, que no requería la mediación a través de máquinas. Pero, con respecto a que el antiguo centro político en la actualidad ha sido eliminado por nuestros computadores personales, el e-mail, los sitios internet y que nuestra nueva política en la red nos ha traído una democracia realzada por el computador a través del ciberespacio, permítanme hacer la siguiente pregunta: ¿No deberíamos llamarla ``democracia virtual''? Yo creería que sí, porque a alguien se le olvidó decirles a las compañías transnacionales en Tokyo, New York, Bruselas y Ginebra que el poder real ya no estaba en el centro, que ahora estaba fuera de su control. Ellas piensan que aún lo tienen bajo su control.
A juzgar por toda la evidencia, el poder centralizado político y corporativo nunca se ha acelerado tan rápidamente como ahora, y el computador ha jugado un papel clave en ello, al igual que los acuerdos comerciales, que han levantado todos los controles sobre la banca internacional y las inversiones globales. Como resultado, las corporaciones, los bancos y los especuladores de divisas ahora tienen la libertad de usar las nuevas tecnologías para movilizar sus activos alrededor del mundo sin ningún control externo. Por causa de las redes computerizadas globales, estas instituciones pueden mover cantidades inconmensurables de miles de millónes de dólares alrededor del globo con solo aplastar una tecla. Y lo hacen a diario - comprando y vendiendo recursos y divisas en cuestión de segundos. Esa ha sido la raíz de muchas de las terribles crisis financieras que vemos hoy en día en Asia y en otras partes. No existe ningún tipo de control sobre estas actividades basadas en el uso de computadores, y esto ha dejado el mundo entero a merced de los caprichos de los mercaderes de divisas y productos.
De manera que, ¿qué clase de revolución entonces tenemos aquí? Usar términos como ``empoderamiento'' para resumir los beneficios que nos proporcionan los computadores es no comprender en lo absoluto de qué se trata el poder en un contexto político y económico real. Los computadores pueden ayudar a los individuos a sentirse poderosos y competentes, y no niego que sean útiles de muchas maneras. Pero no contribuyen en nada para equilibrar la centralización corporativa de poder a través de estos mismos instrumentos. Sucede, más bien, lo opuesto. En mi opinión, la tecnología informática resultará la tecnología más centralizadora jamás inventada. Porque, mientras estamos sentados frente a nuestros computadores personales editando nuestra copia y enviando nuestros emails, las corporaciones transnacionales, los banqueros y los especuladores están usando sus redes globales, extendidas por todo el planeta, usándolas las veinticuatro horas del día con recursos mucho más grandes y con máquinas mejores y más veloces, a una escala y una velocidad que hace que nuestro nivel de empoderamiento sea patético.
De hecho, las gigantescas corporaciones transnacionales de hoy simplemente no existirían sin las redes informáticas globales que mantienen en contacto a sus empresas armadas de miles de tentáculos y sus miríadas de partes trabajando juntas. Y cuando ellos presionan las teclas de sus computadores, no están simplemente enviando cartas o información. El resultado de sus mensajes son cientos de miles de millones de dólares en recursos transferidos instantáneamente de bancos en Ginebra a Delhi o Sarawak, con resultados concretos: bosques talados, represas construidas, países desestabilizados.
La información es para los desempoderados. Así que, de veras, ¿qué clase de revolución es ésta? ¿Por qué no logramos ver quiénes son los grandes ganadores? A pesar del considerable beneficio de la revolución electrónica para nosostros como individuos y activistas, tiene mucho más que ofrecer a las empresas multinacionales de lo que nunca nos ofrecerá a ustedes o a mí. De manera que, mientras ustedes usen sus computadores para sus buenos trabajos - y no estoy sugiriendo que dejen de hacerlo - no se olviden de quiénes más las están usando. Y dejemos de llamarlos ``empoderadores.''
Hay muchos más puntos que señalar acerca de los efectos sistémicos de los computadores, las nuevas tecnologías que estos hacen posible, su uso en la vigilancia y la tecnología militar, que está introduciendo toda una nueva generación de horripilantes armas, pero ustedes pueden leer acerca de todo eso en mis libros.
El aspecto final sobre los computadores que mencionaré hoy es la manera cómo estos se combinan con otras tecnologías para crear algo enteramente nuevo - la megatecnología: la red global de tecnologías, la tecnosfera, que está intentando de sustituir la antigua biosfera. Muchas tecnologías individuales cumplen roles específicos en este nuevo ordenamiento global, en donde las corporaciones son los filósofos, los cerebros y los controladores. Los computadores son el sistema nervioso que mantiene en contacto a todas las partes globales y permite la aceleración de la explotación de los recursos globales. La televisión sirve como sistema de distribución de la visión corporativa global, transfiriendo sus imágenes en los cerebros de todos en todas partes. Es el medio por el cual la cabeza comunica con el cuerpo, como si fuese, y a través del cual homogeneiza, la conscienza anteriormente diversa. Los acuerdos comerciales, también una manifestación de la alta tecnología, se diseñan para sofocar la resistencia y cualquier intento de usurpar el control por parte de los trabajadores, los ambientalistas o organizaciones de base. La genética y las tecnologías espaciales expanden los mercados del mundo al abrir áreas de estructuras genéticas y espaciales antiguamente inexploradas. Esta nueva tecnosfera es, desde luego, un anatema para la democracia, la diversidad, el control comunitario y la supervivencia ecológica.

Hasta aquí las malas noticias. Les prometí buenas noticias también y creo que son importantes. Incluso me atrevo a decir que en los próximos tres o cinco años veremos un poderoso trastorno de muchas de las tendencias que he señalado hoy.
Hay acontecimientos importantes en el campo tecnológico. El primero es la amenaza del virus Y2K, el potencial caos que podría desatarse debido a la incapacidad de los computadores de ajustarse al cambio al año 2000, interpretando erroneamente `00' como `1900.' En mi opinión, al margen de si esto resulta en catástrofe global o en inconveniencias menores, habremos aprendido una lección: la dependencia de sistemas tecnológicos globales - y los computadores son uno de estos sistemas - para nuestra supervivencia y sustento es precaria, poco confiable y peligrosa. Nos hemos convertido en algo así como astronautas a la deriva en el espacio, flotando en un universo artificial y dependientes de sistemas tecnológicos distantes; y si estos sistemas no funcionan a la perfección en todo momento, asoma la catástrofe. Lo que sí creo es que un número suficiente de personas ha recibido este mensaje y es capaz de crear un tipo de virus tecnológico enteramente nuevo y que cambiará lentamente el comportamiento como ha comenzado ya a cambiar las conciencias.
Otro acontecimiento importante es un nuevo movimiento de masa contra la biotecnología que, en mi opinión, se asemeja al movimiento antinuclear de las décadas de 1960 y 1970 y que, en última instancia, podría ser más eficaz - ya que, a medida que vamos educándonos acerca de la biotecnología, debemos argumentar con temas aún más profundos y filosóficos de los que argumentamos en el movimiento antinuclear.
La biotecnología está por invadir los últimos territorios naturales de la Tierra, los últimos territorios que aún no han sido integramente convertidos en mercancía: las estructuras genéticas de la vida - humana, animal y vegetal, incluyendo nuestros alimentos. La consecución por las empresas globales de patentes para formas de vida y semillas nativas, está afectando profundamente la agricultura, la ecología y los derechos humanos del Tercer Mundo. En la India, medio millón de agricultores se han movilizado para luchar contra de las leyes de propiedad intelectual al estilo estadounidense. Por todas partes, la gente está perturbada por los alimentos biotecnológicos y comienza a darse cuenta de que mucho de lo que comemos ha sido adulterado genéticamente, que no son alimentos de la naturaleza sino alimentos de las corporaciones y que pueden causar graves daños. Las posibilidades de que el resultado de la biotecnología sea un apocalipsis - especialmente de la ruleta genética que ahora jugamos al mezclar genes, virus y bacterias para crear nuevas formas de vida que no podemos controlar - son las mismas que las de la amenaza nuclear. En Europa y Asia ya se han visto a menudo protestas masivas de 50.000 ó 100.000 personas que se han tomado las calles en ambos continentes y han logrado la prohibición de muchas actividades biotecnológicas. Y aquí pronto sucederá lo mismo. Nunca antes, en ningún movimiento, había visto una explosión de actividad y energía tan rápida y encauzada.
Y, por lo tanto, también hay buenas noticias en el frente de la globalización. Desconozco cuántos de ustedes han seguido los acontecimientos que se han adelantado a los encuentros ministeriales de la OMC en Seattle, a finales de noviembre y comienzos de diciembre [de 1999]. La OMC, como la describí, es la organización que dará albergue al MAI bajo otro nombre. A la fecha es la principal instancia de creación de reglas del proceso de globalización. Sus 134 países miembros le han cedido amplias facultades, poderes y capacidad de hacer cumplir [las reglas], autoridad que, alguna vez, les perteneció a las instancias políticas de esos países. En apenas cinco años de vida, la OMC ha llegado a competir con el Fondo Monetario Internacional como el organismo internacional más poderoso, hermético y antidemocrático del mundo. Rápidamente está asumiendo el manto de bona fide. ¡Pero la cosa más increible está ocurriendo! Está viniendo gente está de todas partes del mundo para protestar contra este evento. Y, sin ser un movimiento organizado, se prevé que 50.000 personas pisarán las calles: agricultores de la India, activistas europeos por los derechos de los inmigrantes, indígenas de Chiapas y de Chile, sindicalistas de todas partes, ambientalistas de todas partes, grupos de microempresarios, grupos religiosos e incluso conservadores - todos iracundos por la globalización. Serán siete días ininterrumpidos de actividades educativas y de protesta. Mi organización dirigirá un seminario de dos días. La protesta ha recibido amplia cobertura en Europa y Asia, y está comenzando a divulgarse incluso en este país.
Lo importante de esta protesta es que, hace apenas cinco años, el término `globalización' era desconocido y ahora, de pronto, surgen gritos espontáneos de dolor y rabia. La resistencia está creciendo y los medios de comunicación han empezado a notarlo. Las actividades de la OMC dejarán de consumarse en la oscuridad en la que han prosperado hasta la fecha. Ahora bien, no sé cuántos manifestantes están planteando la localización como antídoto para la globalización y el dominio de los sistemas centralizados, pero todos han notado que este sistema está a punto de despeñarse, en cuyo caso lo primero que debemos hacer es detener el auto y buscar un camino alternativo.
Desde luego, los defensores de la globalización y de la sociedad tecnológica argumentan que no existe una alternativa viable, que es utópico hablar de regresar a modelos descentralizados e independientes. Pero lo que en realidad es utópico, la utopía corporativa, es creer que un sistema que margina a tantos millones de personas y asume que puede crecer infinitamente en un planeta finito, llevándolo al borde de una catástrofe ecológica, tenga la posibilidad de sostenerse por mucho tiempo.
Mucho mejor resulta hacer exactamente lo opuesto de lo que nos ha llevado al borde del precipicio. Hay pruebas de que miles - quizás millones - han comenzado a entenderlo. Y con seguridad Schumacher Society está en la delantera.

Extractos de las Preguntas

Pregunta: Hay ciertas buenas nuevas acerca de los computadores que no mencionaste. Requieren cantidades inmoderadas de energía. En términos de fabricación, hardware, procesamiento y mantenimiento de los sistemas, los computadores representan el 13 por ciento del consumo de electricidad en los Estados Unidos, y este porcentaje está aumentando rápidamente. Dentro de una o dos décadas, el sistema informático del mundo usará los mismos niveles de electricidad que actualmente son consumidos en los Estados Unidos. Claramente, esto no es viable. Pienso que, incluso sin un cambio en la actitud del público, el resultado será que el uso del computador será autolimitante.

Respuesta: Pienso que los computadores han sido sobrevaluados en términos de sus prestaciones. Y, además del efecto crucial que mencionaste, existen otros efectos negativos de los computadores que no tuve tiempo de analizar. La vigilancia es un área que no ha recibido la atención que merece, pero la gente está empezando a darse cuenta y está reaccionando. Los sistemas informáticos han incrementado el nivel de vigilancia policial y hay nuevas y sofisticadas formas de rastrearnos como consumidores. Por ejemplo, una compañía como TRW sabe todo lo que compraste este año, sabe cuál es tu salario, cuáles son los artefactos que aprecias, etcétera - y sabe cómo procesarlo todo.
Hace apenas unas pocas semanas, me enteré que la industria informática es uno de los mayores consumidores de agua dulce del mundo, lo que está ocasionando la globalización del agua dulce. Las corporaciones quieren tomarse el agua dulce de los ríos y lagos de Canadá y Estados Unidos y embarcarla en gigantescos contenedores remolcados por supertanqueros a través del océano - y las nuevas reglas de comercio están comenzando a permitirlo. Pueden venderla porque no hay suficiente agua dulce en el mundo, pero muy poco de la que venden va a la gente que necesita beberla. El agua está siendo usada por la agricultura industrial y los fabricantes de alta tecnología para mantener limpios los chips de los computadores.
Y luego están los desechos tóxicos. La mayoría de los gigantescos depósitos en Estados Unidos son resultado de los fabricantes de computadores. También hay prueba de que trabajar con computadores es peligroso para la salud a causa de la radiación.
Computadores en las escuelas. ¿Qué efecto tienen en el desarrollo de los niños? ¿Cuál es el efecto en el proceso mental de la gente al ser entrenada a usar el computador como la principal fuente de información y qué clase de sociedad se está creando con ello? [Es] Un tema extremadamente importante que no ha recibido mucha atención. Sin embargo, hace cinco o seis meses, una organización de médicos (puede haber sido la Sociedad Americana de Pediatras) recomendó - únicamente en función del desarrollo mental de los niños, aparte del contenido de programas - que no se permita mirar la televisión a niños menores de dos años porque afecta negativamente el desarrollo de las sinapsis en el cerebro. A pesar de que las pruebas mostraron que el desarrollo de las sinapsis continúa hasta los once años de edad y se ve afectado adversamente por la televisión, las películas y los computadores por igual, estos médicos llegaron a un acuerdo y restringieron su recomendación solo a la televisión y a los dos primeros años de vida.

P.: En tu libro In the Absence of the Sacred relatas una historia acerca del ejecutivo principal de Union Carbide, quien descubrió que, si quería permanecer en su cargo, no podría hacer nada para remediar la tragedia de Bhopal en la India. The Future Does Not Compute [El Futuro No Calcula], un libro de Stephen Talbott - quien ha estado en la industria informática durante quince años -, describe la tecnología de computadores como `autómata'. Talbott nos advierte sobre nuestra incapacidad de controlar a nuestras máquinas al decir que los computadores parecen haber tomado vida propia y que las compañías han perdido la capacidad de controlar su trayecto. Creo que fue un alto ejecutivo de Shell quien comparó la gestión de una corporación con cabalgar a un brontosauro. Quisiera preguntarte sobre este aspecto de que las corporaciones son autómatas.

R.: A las corporaciones les gusta decir que es la tecnología la que impulsa sus decisiones; no voy a decir que esto no se aplica a muchas de esas decisiones, pero lo que realmente impulsa una decisión corporativa son las reglas estructurales de la actividad corporativa en las sociedades capitalistas, y cada vez más en otras también, en la medida que estas tengan corporaciones.
La explosión de la Union Carbide en Bhopal causó tremendos daños, mató e hirió a muchas personas. En la misma serie de historias en mi libro, también hablo acerca del derrame de petróleo de Exxon Valdez en Alaska, que causó una inmensa contaminación y mató a muchos animales. En ambos casos, los altos mandos de esas corporaciones hicieron declaraciones públicas el día siguiente de ocurridos los desastres; dijeron que se sentían horrorizados por lo ocurrido. Uno de ellos dijo que dedicaría el resto de su vida a corregir el daño que su compañía había causado y que se asumía la responsabilidad de lo ocurrido. En dos semanas le comunicaron que no repitiera lo dicho. El directorio señaló que asumir la responsabilidad de lo ocurrido afectaría los préstamos bancarios de la compañía, sus acciones en la bolsa y les colocaría en desventaja ya que se verían obligados a compensar las pérdidas, etcétera. A ambas personas se les obligó a defender su compañía sin responsabilizarlas por lo ocurrido. No les tocaba más que hacerlo o dimitir, lo cual, por supuesto, habría sido lo correcto. Lo que ocurrió fue que entraron en juego las reglas básicas del comportamiento corporativo.
En particular, una corporación que se cotiza en la bolsa es una criatura con un formato tecnológico que debe respetar ciertas reglas: debe crecer y ganar dinero. Si no logra esas dos cosas, sus accionistas pueden tomar medidas, los banqueros no le hará préstamos y los precios de las acciones caerán. Esto es lo que les puede suceder a las corporaciones que de vez en cuando tratan de hacer algo con bases puramente altruistas. No es que una corporación nunca pueda hacerlo, pero las reglas fundamentales que debe seguir son las de preservar el rol de la compañía en la economía y en la competencia. Las corporaciones que no se cotizan en la bolsa pueden hacer las cosas de una manera ligeramente diferente; no dependen tanto de la banca ni de los precios de las acciones. Tienen más libertad. Una compañía que sí se cotiza en la bolsa, en cambio, está inmediatamente atrapada por un conjunto de reglas que no puede evitar: o sigue esas reglas o es expulsada del mecanismo - o del brontosauro. No lo van a admitir, pero creo que la verdad es que las corporaciones tienen un formato tecnológico que sigue un sistema de reglas que la gente de las propias corporaciones no puede revertir.

P.: Algunas personas argumentan que la globalización económica y el movimiento de capitales por medio del computador mejoran el acceso al capital en las comunidades pobres en todo el mundo y por ello los bancos están haciendo cosas buenas con su dinero. ¿Podrías por favor comentar esto?

R.: El rol de los bancos en la mayor parte del trabajo realizado con comunidades pobres no se ha basado en el uso de computadores. Tenemos el ejemplo del Grameen Bank en Bangladesh, y hay una serie de otros bancos que prestan cantidades pequeñas de dinero para ayudar a la gente con el fin de que preserven sus medios de sustento o incluso que comienzen pequeños negocios locales. En ocasiones, estos bancos prestan sumas tan pequeñas como 500 dólares, sin hacer uso de los parámetros usuales para calificar la factibilidad del préstamo. Han logrado resultados muy buenos, incluso una excelente tasa de reembolso de los préstamos. No veo cómo el movimiento financiero global, que es intrínsecamente parte del proceso de globalización y centralización y que, por definición, no está en contacto con la situación en las comunidades locales, pueda hacer mucho para mejorar las cosas en este nivel. Probablemente lo que obtendrá será el resultado opuesto.

P.: Un ejemplo de injusticia en el sistema internacional es que mientras nosotros, como consumidores, pagamos impuestos al comprar gasolina, las grandes corporaciones no pagan impuestos al combustible. Pensemos en la cantidad de combustible que usan los aviones al atravesar el país y los océanos. Una fuente aún mayor de impuestos perdidos para la sociedad son las agencias de cambio de monedas internacionales, a las que no se les grava impuestos. Me pregunto si habrá alguien en la comunidad antiglobalización que haya pensado en una manera de cambiar esto.

R.: De hecho, existe un movimiento que está estudiando esa situación. ¿Alguien de ustedes ha leído el trabajo de David Korten? Él y otros, como Herman Daly, Hazel Henderson, Michael Shuman y, creo, Amory Lovins, han venido recomendando un impuesto - llamado a veces tasa Tobin en honor a la persona que la propuso - que se gravaría sobre cada transacción de inversiones. Sería una tasa muy pequeña, pero acumulada sumaría a una gran cantidad. Cada vez que un inversionista extranjero transfiera dinero extranjero en Brasil, digamos, un porcentaje minúsculo se depositaría en un fondo para fines ambientales o sociales. El principio es que el modo actual de practicar actividades económicas globalizadas orientadas a la exportación, exime a la mayoría de las corporaciones extranjeras que están invadiendo el país de los costos sociales y ambientales de sus actividades. Bajo las nuevas reglas globales de las que he hablado, no están obligadas a pagar la reparación de los daños ambientales que causan y tienen la libertad de partir cuando les conviene.
Un punto final que quiero mencionar acerca de los impuestos, es que las corporaciones informáticas globales, lideradas por Bill Gates entre otros, están luchando por incorporar en la OMC las nuevas reglas que ellos quieren que consten allí. Quieren reglas globales que excluyan a las naciones-estado de la regulación de las transacciones e-comerciales. Una de las reglas prohibiría gravar las actividades e-comerciales: si uno comprara un libro de amazon.com, no cabría impuesto sobre tal compra. En la actualidad no hay impuesto sobre eso, pero ellos quieren un acuerdo internacional global de manera que no se pueda introducir ningún impuesto en el futuro. Esta regla será negociada en la Ronda del Milenio en Seattle y pienso que hay grandes probabilidades de que sea aprobada, debido al gran poderío económico detrás de aquel deseo. El gobierno de Clinton está claramente influenciado por las industrias de alta tecnología, biotecnológicas e informáticas, y está muy deseoso por hacer todo lo que estas quieran. De manera que yo creo que Estados Unidos estará muy a favor de esa regla, al igual que la mayoría de naciones industriales occidentales.
Lo que una regla como esa hace, es crear un gigantesco handicap para la independencia comunitaria, porque favorece las ventas de las megacorporaciones a través de internet. Esto afecta directamente a las pequeñas librerías locales, minoristas locales y a cualquier empresa local que sí paga los impuestos, y dificultará su supervivencia en un momento en que ya están sufriendo a causa de toda esta actividad e-comercial.

Observaciones Finales

Espero haber logrado mostrar que no hay manera de manejar los microproblemas sin manejar los megaproblemas. Todos debemos operar en ambos niveles en forma simultánea. Estoy de acuerdo que debemos trabajar en donde estamos, y esa es posiblemente la manera más efectiva de tornarse activos aquí y ahora, pero la metáfora de David que enfrenta a Goliat, a la que hacen referencia Chellis Glendinning y Bill Schambra [el Autor comparte el foro con ellos], no funcionará como solución. No si decimos que es a la gente a quien le corresponde organizarse sin tener las herramientas adecuadas y salir de su situación, cuando sabemos que los megasistemas están estrujándolos hacia abajo con todas sus fuerzas, haciendo que sus planes sean extremadamente difíciles de cumplir y negándoles el tipo de apoyo a los que otros ya tienen acceso. De manera que es esencial enfrentar a los megasistemas. ¿Cómo desmantelar un proceso económico global localizado en otra parte? Es un reto enorme, pero podemos encontrar maneras de encararlo.
Chellis me habló de una ciudad en New Mexico que intentó detener el establecimiento de un Wal-Mart. Ustedes saben que Wal-Mart rápidamente provocará la quiebra de los minoristas locales, destruirá el área del centro de la ciudad, y cambiará toda la estructura económica comunitaria de las pequeñas ciudades. Sin embargo, existen varios casos de gente que ha logrado mantenerlos fuera. Cuando Graham Davidson me condujo hasta aquí desde el aeropuerto ayer en la noche, yo tenía hambre y buscaba una franquicia para comer algo. Solo había un McDonald's en todo el camino, solo esa franquicia, pero estaba cerrada. Para mis adentros pensé, estoy dispuesto a seguir hambriento a cambio de que no hayan franquicias aquí.
El señor Davidson me dijo que preside el Berkshire Litchfield Environmental Council [Consejo Ambiental Berkshire Litchfield]. A la primera señal de que una franquicia quiere establecerse, de un esquema de desarrollo que vaya a destruir el medio ambiente, de un plan de desviacíon de agua o de nuevas líneas de alta tensión, ellos están listos. Están preparados para manejar una situación local. Este es un gran modelo de por sí.
El próximo mes estaré en Seattle junto con otras 50.000 personas para oponernos a la Organización Mundial de Comercio. Realizaremos eventos públicos para educar a la gente sobre el tema y, creenme, si circula una sola palabra acerca del Acuerdo Multilateral de Inversiones y de lo que haría, no pasará. En Europa se propusieron las mismas condiciones y, cuando la gente se enteró, hubo suficiente oposición como para detenerlo.
Desde luego, otra cosa es desmantelar todo un sistema económico cuando hay cantidades enormes de dinero en juego e inmensas ganancias económicas por conseguir. En este respecto, hemos visto que el proceso político no es muy efectivo, debido a que la mayoría de políticos son parte de ese sistema. Pero antender a la criatura ayuda. Una vez que se reconoce qué está llevando a la gente de los barrios urbanos marginales a situaciones tan difíciles y se entiende que eso es parte de un problema mayor que se está manifestando en todo el mundo, a todo momento y en muchas formas diferentes, entonces se puede empezar a manejarlo. Es mucho más fácil y más efectivo tratar el problema a nivel local - en las áreas urbanas marginales, en los Berkshires - pero también es importante intentar encararlo a un nivel macro, en cualquier forma nos sea posible.
Estoy de acuerdo con Bill Schambra en el sentido de que debemos enfocarnos en la realidad concreta. El macrosistema, del que he hablado hoy, sí tiene manifestaciones concretas. Mencioné los enormes cambios que han ocurrido en la agricultura y que se reflejan en las zonas urbanas deprimidas; por ejemplo, el nuevo énfasis en las economías orientadas hacia la exportación. Todas las reglas comerciales están orientadas al modelo ideológico del libre comercio. Antes, en Sudamérica, Asia, África y en Estados Unidos, la gente trabajaba en la agricultura comunitaria. Cultivaban sus propios alimentos, alimentaban a sus comunidades, intercambiaban comida, cultivaban los alimentos básicos para su subsistencia. La nueva economía enfatiza en los ingresos gran escala por la agroindustria corporativa transnacional, que convierte lo que solía ser agricoltura local y diversa para consumo local, para las comunidades locales, en monocultivos a gran escala que producen bienes de lujo para enviarlos a los países que ya son ricos.
Mientras tanto, estas corporaciones globales adquieren inmensas extensiones de tierra a pesar de que la gente que cultivaba tradicionalmente sus propios alimentos ya no poseen tierra. No encuentra trabajo porque se trata de una agricultura altamente mecanizada y basada en un uso intensivo de químicos, con muy pocas personas realmente ocupadas en esas tierras. No hay tierra, no hay trabajo, no hay dinero. Esa es la realidad concreta. Ya no tienen nada, así es que tienen que partir. Se convierten en refugiados y, cuando cruzan las fronteras, los llamamos inmigrantes e intentamos mantenerlos afuera. O también se mudan a las ciudades y de alguna manera tratan de sobrevivir, compitiendo con otros que también fueron expulsados de sus tierras. Toda la conversión a ese nuevo modelo ha incrementado la pobreza, ha hecho que la comida ya no sea saludable debido a las grandes cantidades de pesticidas que se usan y ha originado problemas terribles en las ciudades porque no hay capacidad suficiente para cuidar a todas esas personas.
El punto es que causa y efecto se entremezclan. No se trata de algo que los pequeños agricultores desplazados decidieron por su propia cuenta. La fuerzas económicas que surgieron con las nuevas reglas comerciales y los acuerdos globales, los afectaron concretamente en los lugares donde vivían y demolieron un sistema agrícola anteriormente independiente, diverso y comunitario. Lo que deriva de todo eso es pobreza y, a veces, violencia y desorientación. Muchos nos quejamos sobre cada mexicano que cruza la frontera hacia Estados Unidos, pero muchos están llegando porque las corporaciones norteamericanas han comprado tierras de agricultores que antes eran autosuficientes. Esa gente tiene que ir a algún lugar. Y, entonces, nos enfureceremos con ellos por venir acá.

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Última revisión Junio 1, 2004. Traducción de Paolo Catelan. Edición de Maricruz González Cárdenas. El material publicado en PanNatura está protegido por la Ley de Derechos de Autores y Editores y © Fundación Sangay: El uso indiscriminado del mismo no está permitido, pero puede ser libremente circulado para fines personales, educacionales y no comerciales. PanNatura y Fundación Sangay son marcas y logos registrados. © PanNatura 2004. © Fundación Sangay 2004.


Original title, ``Economic Globalization: The Era of Corporate Rule''. Nineteenth Annual E. F. Schumacher Lectures. October 1999, Salisbury Congregational Church, Salisbury, Connecticut. Edited by Hildegarde Hannum. Copyright © by the E. F. Schumacher Society and Jerry Mander. Translated and reproduced by agreement with the Author. PanNature warmly thanks the personal support and recommendation of Joe Kane (Olympia, WA) for the successful acceptance of this initiative.


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