Todos me conocen como el que se opone a todo: contra la
televisión, contra los computadores y ahora en contra de la
globalización económica. Hoy no va a haber excepción. Parece que hay
tantas cosas a las cuales oponerse, que apenas puedo mantenerme al
día. Pero soy un convencido de que la verdad es revolucionaria y
empoderadora.
Ciertamente, la Schumacher Society se
dedica a proporcionar modelos comunitarios y descentralizados a
pequeña escala y se opone a la masificación. Pienso que es importante
conocer los efectos de la masificación, por que es responsable de las
nefastas tendencias que tendemos a no escuchar. Si realmente creemos
en los ideales de independencia, sanidad ecológica y justicia social,
entonces es crucial que nos familiaricemos con las megafuerzas que
trabajan en contra de estas metas. Es por ello que he escrito
tanto sobre la tecnología; es uno de los principales problemas que
nos afectan y que no hemos enfrentado. Otro problema grave que no hemos
enfrentado es la globalización económica, tema que enfocaré hoy.
No seré completamente negativo. Al
final de mi charla, destacaré ciertos hechos recientes que, creo,
están cambiando la dinámica de nuestra situación actual y nos dan
motivos para ser optimistas.
A los defensores de la globalización económica les gusta
describirla como un proceso inevitable, resultado de fuerzas
económicas y tecnológicas que evolucionaron a través de los siglos
hasta llegar a su forma actual, casi como si fueran fuerzas de la
naturaleza. A pesar de que la actividad comercial global y los
conceptos de libre mercado han existido por muchos siglos, sus formas
anteriores eran completamente diferentes a sus versiones modernas en
escala, velocidad, impacto e intención. La versión moderna de la
globalización económica no surgió de la naturaleza como algún tipo de
curioso animal o planta dominante; no es un accidente de la evolución,
sino que, más bien, surgió directamente de un conjunto de normas e
instituciones creadas a propósito por seres humanos y con un objetivo
específico: dar primacía a los valores económicos - debería decir
corporativos - por sobre todos los demás.
De hecho, la era de la globalización
moderna tiene fecha y lugar de nacimiento: las funestas reuniones de
Bretton Woods, New Hampshire, en julio de 1944. Fue allí que se
reunieron los principales economistas, políticos, banqueros y figuras
empresariales del mundo se riunieron para averiguar qué hacer para
mitigar la terrible devastación causada por la Segunda Guerra
Mundial. Decidieron que, para acelerar el desarrollo económico
mundial, era necesario un nuevo sistema económico global y
centralizado. En teoría, no habría más guerras horrendas y la
gente estaría bien alimentada y gozaría de los frutos de las
revoluciones tecnológicas y consumistas.
Seguramente, los participantes en la
conferencia se consideraban a sí mismos bien intencionados y
altruistas, a pesar de su obvio interés personal en el resultado. En
su sabiduría, decidieron que el instrumento ideal para mantener todas
las piezas juntas sería la empresa global, amparada en nuevas reglas
globales de libre comercio que solidificarían su dominio. Recuerdo
bien desde mis días en la Columbia Business School en la década de
1950, que la empresa global era elogiada como el único instrumento
capaz de garantizar la paz y estabilidad a largo plazo. De las
reuniones en Bretton Woods salieron el Banco Mundial, el Fondo Monetario
Internacional (FMI) y, luego, el General Agreement on Tariffs and
Trade [GATT, Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio], la North
American Free Trade Association [NAFTA, Tratado de Libre Comercio
entre Estados Unidos, Canadá y México] y ahora la World Trade
Organization [WTO, Organización Mundial de Comercio u OMC]. Como se lo
propusieron, es por medio de estos instrumentos que las corporaciones
han ganado nuevos y extraordinarios poderes.
Los instrumentos de la globalización
económica están provocando lo que posiblemente es la reestructuración
más importante de los ordenamientos sociales, políticos y económicos
del planeta, por lo menos desde la Revolución Industrial. Están
causando un cambio de poder de proporciones gigantescas, desplazando
el poder económico y político real de los gobiernos nacionales,
estatales y locales y de las comunidades a las empresas globales,
bancos y burocracias globales que han creado. Esto conlleva
desastrosas consecuencias para el control comunitario, la democracia,
la soberanía nacional, la cultura y la economía indígena y el mundo
natural.
La globalización económica fomentada
por las corporaciones tiene sus raíces en una filosofía económica y
ahora también en un proceso, cuya intención es tratar de integrar y
unificar toda la actividad económica del planeta bajo un supersistema
centralizado único. Se espera que países con tradiciones económicas y
culturas tan diferentes como, por ejemplo, India, Brasil, Portugal,
Costa Rica, Suecia, Canadá, Kenya, China y los Estados Unidos,
fusionen sus actividades económicas dentro de un solo marco conceptual
que, en última instancia, no es solamente económico, sino también
político y cultural. El resultado neto es lo que muchos de mis colegas
llaman la ``monocultura'' - la homogeneización global de la cultura,
estilo de vida, práctica económica e ideología, con el correspondiente
sacrificio de las tradiciones, valores, artes locales y las prácticas
económicas tradicionales de pequeña escala. Los días en que era
divertido viajar a lugares llamados exóticos en el globo, están
acercándose a su fin. Pronto todo lugar se parecerá exactamente a
cualquier otro, con las mismas franquicias de restaurantes, las mismas
cadenas hoteleras, las mismas vestimentas y centros comerciales y
superalmacenes, las mismas calles repletas de los mismos autos, las
mismas expresiones arquitectónicas elevadas y, cada vez más, los
mismos programas televisivos, la misma música y el mismo arte. Y ya
que todos los lugares serán iguales, dificilmente habrá una razón para
salir de casa. Nuestras vidas habrán sido despojadas para siempre.
La globalización económica quebranta
activamente todos los valores, excepto los económicos. Venera al libre
mercado y a sus principales actores - las corporaciones globales -
como los motores y benefactores del proceso. Concede importancia
primordial a la consecución de un crecimiento económico siempre más
rápido y a la búsqueda constante de nuevos mercados, nuevos recursos y
mano de obra barata - que es la razón de tanta emoción por la idea de
que China participe en este experimento. Para conseguir un crecimiento
tan rápido, la globalización necesita un libre mercado sin ninguna
restricción, la privatización de las empresas y desregulaciones de la
actividad empresarial que, juntos, eliminen la mayoría de impedimentos
que podrían bloquear el camino de la actividad empresarial en
expansión. En la práctica, estos impedimentos generalmente son las
leyes ambientales, leyes de salud pública, leyes de seguridad
alimentaria, leyes relacionadas con los derechos y las oportunidades
de los trabajadores, leyes que permiten a las naciones controlar las
inversiones en sus territorios y leyes que intentan retener el control
nacional sobre la cultura local. En la actualidad, todos estos son
considerados obstáculos al libre comercio corporativo y están siendo
rápidamente declarados ilegales por los grandes nuevos acuerdos
comerciales. Y mientras las empresas están siendo desreguladas y
liberadas, los estados, las naciones y los gobiernos locales están siendo
severamente reglamentados y restringidos, con lo que se hace
más difícil proteger el empleo, la identidad y tradición locales, al
igual que la soberanía nacional y el mundo natural.
Ahora bien, estoy consciente de que
muchos en esta sala podrán tener ciertas reservas acerca de los
poderes de las naciones-estado, y no les preocupa que están siendo
reducidos. Pero consideramos lo que los está sustituyendo: burocracias
globales eficazmente administradas por compañías según sus propios
intereses, corporaciones que ni siquiera pretenden actuar en beneficio
de los seres humanos ni de la naturaleza ni del medio ambiente.
Las verdaderas instancias gobernantes
de la economía global son las grandes burocracias comerciales creadas
por el GATT, NAFTA, el Acuerdo de Maastricht, la OMC y - recientemente
propuesto por la Organization for Economic Cooperation and Development
[OECD, Organización para el Desarrollo y la Cooperación Económica] en
París - el Multilateral Agreement on Investment [MAI, Acuerdo
Multilateral de Inversiones]. Los poderes que las naciones han
sacrificado están siendo usurpados por estos organismos. Estamos
entrando en una era que algunos llaman la era de la norma
corporativa.
La aprobación de la Ronda Uruguay del
GATT, el Acuerdo de Maastricht, NAFTA y la creación de la OMC - con
apenas dos años de diferencia cada uno - fueron celebrados por los
defensores de la globalización económica, que afirmaron que estos
acuerdos originarían un orden económico global que rápidamente
produciría una expansión de la actividad económica mundial de 250 mil
millones de dólares, con beneficios que brotarían para todos
nosotros. El sermón dominante es, ``La marea subirá y elevará todos
los botes.''
Pero, ¿lo hará? ¿Funcionará este
arreglo económico aún bajo sus propios términos? ¿Ocurrirá realmente
tan colosal expansión económica? Si así fuera, ¿por cuánto tiempo
podrá sustentarse antes de que deba enfrentar los límites de un
planeta finito? ¿De dónde procederán los recursos - los minerales, la
madera, el agua - para alimentar un crecimiento económico exponencial?
¿En dónde se verterán los effluentes, los sólidos, los desperdicios
tóxicos de tan ambiciosa iniciativa? ¿Quién se beneficia de todo esto
en la práctica? ¿Serán los trabajadores que ya están perdiendo sus
empleos en todo el mundo a causa de las máquinas de alta tecnología y
de la fuga de empresas y que han sido forzados en una competencia de
salarios a la baja con los trabajadores de todos los demás países? (En
Inglaterra se publicita en la comunidad global de negocios de
que los trabajadores ingleses reciben los salarios más bajos de
Europa. Este tipo de publicidad ha existido por algunos años en Asia y
en algunos países del Caribe y Suramérica). Se trata de una
competencia por el salario más bajo.
¿Serán los agricultores quienes se
beneficien? En Asia, África, Europa o Estados Unidos, están siendo
ahuyentados de sus tierras por el modelo de desarrollo de exportación
del Banco Mundial. Estos nuevos esquemas destruyen la producción
agrícola diversa y el comercio locales que promueven el
autoabastecimiento, y los sustituyen con gigantescas granjas
corporativas y monocultivos, en donde se ha dejado de cultivar
alimentos que la gente puede comer y, en su lugar, se cultiva café, se
cría ganado vacuno o se cultivan flores para exportar a la economía
global. Este proceso está convirtiendo a millones de pequeños
agricultores autosuficientes del mundo en refugiados sin casa y sin
tierra. Y las consecuencias ecológicas son desastrosas.
¿O serán los habitantes de las
ciudades quienes se beneficien? Ahora se enfrentan a millones de
refugiados sin tierra que vagan por el globo en busca de un lugar
donde vivir y del escaso y mal pagado empleo.
¿Es ecológicamente sostenible el
avasallante consumo de mercancías, en permanente ascenso? ¿Cuántos
autos pueden fabricarse y comprarse? ¿Cuántas carreteras pueden cubrir
el territorio? ¿Cuándo desaparecerán los bosques? ¿Es mejor la vida
con todo esto? ¿Es que - como individuos, familias, comunidades -
estamos más seguros, somos menos ansiosos, controlamos mejor nuestros
destinos? ¿Cómo es posible beneficiarnos de un sistema que destruye
las economías y los gobiernos locales, regionales y nacionales
mientras entregamos el poder real a burócratas corporativos sin rostro
en Ginebra? El famoso ecologista alemán Wolfgang Sachs dice que lo
único peor que el fracaso de este masivo experimento global sería su
éxito, ya que, aun en su nivel óptimo, los beneficios de una economía
global solo pueden ir a una pequeña minoría de gente que está sentada
en el centro, mientras al resto de la humanidad, cada vez con menos
tierra y casas, se le deja luchando por puestos de trabajo cada vez
más escasos y viviendo en sociedades violentas en un planeta
devastado.
Aquí, en Estados Unidos, hemos
comenzado a ver cómo funciona el sistema realmente. Mientras el nivel
de utilidades corporativas es el más alto de la historia - muchos
ejecutivos de alto nivel ganan salarios de millones de dólares y
algunos alcanzan entre los 80.000.000 y 100.000.000 de dólares anuales
-, los salarios reales de la mayoría de trabajadores comunes están
cayendo y los empleos buenos están siendo sustituidos por trabajos a
medio tiempo o temporarios en los sectores de servicios. Ustedes
conocen el chiste sobre el presidente Clinton que decía que ahora
tenemos más empleos que nunca en Estados Unidos y un trabajador
responde, ``Cierto, yo tengo tres de esos empleos.'' Mientras tanto,
los servicios sociales decaen en todos los países.
La brecha entre ricos y pobres en
cada país y entre los países, está extendiéndose rápidamente, y la
globalización acelera el problema al apartar a la gente de sus medios
tradicionales de sustento y al crear una terrible presión que reduce
los salarios en todo el mundo, incluso en los países del Tercer Mundo,
en donde los salarios bajos constituyen la única ventaja comparativa,
lo que quiere decir que si los salarios no se mantienen bajos,
simplemente podría no haber ningún empleo. Un estudio de las Naciones
Unidas difundido el mes pasado, inculpa directamente de esta brecha
creciente a las injusticias del sistema de comercio global.
Sin embargo, lo que está creciendo es
el poder de las corporaciones más grandes y de las personas más
ricas. El grado de concentración es tal que, al momento, la riqueza
conjunta de los 475 multimillonarios del mundo representa la totalidad
de ingresos del 50 por ciento de la humanidad más indigente. Y de las
cien economías más grandes del mundo, actualmente cincuenta son
corporaciones. La Mitsubishi es la vigésima segunda economía más
grande del mundo, la General Motors la vigésimo sexta, la Ford la
trigésimo primera. Todas estas son mayores que las economías de
Dinamarca, Tailandia, Turquía, Sudáfrica, Arabia Saudita, Noruega,
Finlandia, Malasia, Chile y Nueva Zelanda, para nombrar solo unas
pocas.
Mientras tanto, en los Estados
Unidos, donde supuestamente estamos cosechando los mayores beneficios
del sistema económico global, las cifras son por el estilo. Un
informe reciente del Institute for Policy Studies [Instituto para
Estudios Políticos] en Washington, D.C., señala que en la actualidad
los altos ejecutivos norteamericanos reciben salarios que, en
promedio, son 419 veces mayores que aquellos de los obreros de las
cadenas de ensamblaje. Es el razón más alto del mundo. El informe de
1999 del Economic Policy Institute [Instituto de Política Económica]
señala que, en los últimos 25 años, los salarios por hora han caído un
10 por ciento. La Reserva Federal de Estados Unidos informa que el 20
por ciento de la población estadounidense posee el 84,6 por ciento de
la riqueza del país. Esto hace de la autosuficiencia local algo muy
difícil de lograr.
Si hay alguien que aún se aferra a la
idea de que es más probable que sean las grandes compañías las que
empleen la mano de obra del mundo, a la idea de que el tamaño engendra
empleo, he aquí otra estadística espeluznante del Institute for Policy
Studies: las doscientas corporaciones más grandes del mundo - que cada
vez son menos en número y mayores en poderío - dan cuenta de
aproximadamente el 30 por ciento de la actividad económica global,
pero emplean menos del 0,5% de la mano de obra mundial. ¡Economías
de escala! Con esto quiero decir que a medida que las compañías
crecen, se les vuelve más económico reemplazar miles de trabajadores
con robotes y otras máquinas. Y esto ocurre incluso en el contexto de
los bajos salarios del Tercer Mundo. A medida que las grandes
compañías comienzan a dominar sus industrias, expulsan a los pequeños
competidores que habrían duplicado ciertas tareas, creando empleos
duplicados. Estas economías de escala son intrínsecas a la
globalización. Incluyen fusiones y consolidaciones, e inevitablemente
traen como resultado menos puestos de trabajo, no más. Hasta
aquí llegó la marea que eleva todos los botes. ¡En realidad solamente
eleva a los yates!
Por todas partes son evidentes las señales de la inestabilidad e
injusticia del experimento de la globalización. Sin embargo,
tristemente, los medios de comunicación las muestran muy rara vez. Y
cuando sí muestran unas pocas crisis causadas por globalización, no
las relacionan ni nos hacen comprender que todas esas crisis tienen su
raíz en el mismo problema: la globalización de por sí.
Los medios de comunicación tienden a
ocuparse de los grandes protagonistas - los Iacocca o los Morita -
esencialmente como sujetos glamorosos para el chisme, como las
estrellas de cine o los atletas. Y las páginas de negocios
respetuosamente escriben en el nuevo lenguaje de la reducción de
tamaño y de la eficiencia, sin revelar que tal terminología es
eufemística. Generalmente, ``eficiencia'' usualmente significa
sustituir a los trabajadores con máquinas; ``competitividad''
significa mantener bajos los salarios; ``estructura corporativa
nivelada'' significa eliminar los cargos administrativos intermedios,
propagando así la ansiedad de las ciudades a los barrios residenciales
periféricos.
Leemos acerca de los problemas medio
ambientales, como los cambios en el clima global, la disolución de los
hielos polares o la destrucción de hábitats. Leemos acerca de la
reducción de la capa de ozono, de la contaminación de los océanos o de
las guerras por el petróleo - y pronto estaremos leyendo acerca de
guerras por las provisiones de agua dulce. Sin embargo, rara vez se
asocian tan graves cuestiones con los imperativos de la expansión
económica global, ahora acelerada por el libre comercio, la
sobreexplotación de recursos y el estilo de vida consumista que se
está promocionando en todo el mundo por la televisión y su matriz, la
publicidad.
Pensemos en la reciente crisis
financiera de Asia. Los medios informaron que esta fue provocada por
países asiáticos incompetentes, ineficientes y guiados por la
corrupción y el favoritismo. Al titánico salvataje por parte del Fondo
Monetario Internacional - es decir, por parte nuestra, como
contribuyentes - se le hizo aparecer como un acto benéfico de
caridad hacia estos amigos asiáticos disfuncionales y desfavorecidos.
Raras veces se reconoce que el dinero en realidad, más que a estos
países, fue a los banqueros norteamericanos, europeos y japoneses que
originaron el problema en primer lugar, al estimular la sobreexpansión
y la ultraespecialización en áreas económicas que tradicionalmente no
estaban orientadas a la exportación.
Estos banqueros, que habían hecho
préstamos a condiciones muy malas, pronto se encontraron en un pánico
desesperado. Su salida, en efecto, fue hacer que los contribuyentes
pagasen sus horribles errores. Se rescató a los banqueros, no a
los países. Hasta aquí llegó la ideología del libre mercado. Lo
que en realidad tenemos aquí es mercado libre para los contribuyentes,
los trabajadores y los consumidores de clase media, pero
proteccionismo, socialismo y favoritismo para los bancos y las
corporaciones. (¿Es o no favoritismo, al estilo de Estados Unidos, el
que un ex banquero y Secretario del Tesoro de aquel momento, Robert
Rubin, condujera la operación de rescate de sus colegas banqueros? Yo
creo que sí.) Lo que ahora comenzamos a entender es que la
globalización económica tiene más similitud con la planificación
centralizada de los regímenes comunistas que con cualquier sistema de
mercado libre, excepto que ahora la planificación centralizada no la
realizan los gobiernos, sino las burocracias corporativas
globales.
Los medios de comunicación jamás han
explicado el rol de los especuladores de divisas en la crisis
asiática. Bajo las nuevas reglas del libre comercio global y de la
desregulación, no existe control sobre el masivo movimiento de fondos
que cruzan fronteras y entran y salen de los países. Con las
tecnologías de las redes globales computarizadas, los especuladores de
divisas ahora pueden mover cantidades inimaginables de dinero, en
forma instantánea e invisible, de una parte del globo a otra, con lo
cual desestabilizan y países, y constriñen a las naciones a buscar
soluciones radicales como el salvataje del FMI. John Cavanagh la
denomina una ``economía de casino'', cuando los países no pueden
conllamatrolar las veloces entradas y salidas de miles de millones de
dólares de los especuladores. Y cuando los países crean reglas para
desacelerar el proceso - como se hizo en Malasia, Chile, China y Rusia
- son ridiculizados por el establishment económico, como por los
medios de comunicación.
Pero los medios de comunicación
sí nos cuentan un poco acerca de la crisis migratoria, cuando
la gente huye por las fronteras en busca de trabajo, a veces sólo para
tparse con la xenofobia, la violencia y la demagogia, ya sea de parte
de un Pat Buchanan en Estados Unidos o de un Jean-Marie Le Pen en
Francia. Pero jamás se habla sobre el papel de los acuerdos
comerciales internacionales en hacer imposible la vida de los
emigrantes en su tierra. El NAFTA, por ejemplo, fue un golpe terrible
para lo que quedaba de la economía autosuficiente agrícola de maiz de
los pueblos maya de México, lo que hizo que las tierras nativas se
tornaran súbitamente vulnerables a la venta a las corporaciones y a la
competencia extranjera. Mientras tanto, en India, África y Sudamérica,
los esquemas de megadesarrollo continúan desplazando a millones de
indígenas y pequeños agricultores para dar paso a gigantescas represas
y otros proyectos de desarrollo. El resultado son mayores masas
urbanas de gente sin tierra y sin empleo.
Vemos informes acerca de la escasez
alimenticia, pero rara vez se hace la conexión entre el hambre y el
control centralizado de gran parte de la reserva mundial de alimentos
o de semillas por parte de corporaciones gigantes, como Cargill, que
determinan efectivamente quién cultivará los alimentos y dónde, y qué
precio pagarán los consumidores finales. Los alimentos, que antes eran
consumidos por la gente que los cultivaban, ahora se embarcan para
exportación a distancia de miles de kilómetros a través de los
océanos, con grandes costos ambientales, para ser consumidos por gente
que ya está bien alimentada.
Hemos leído sobre los cientos de
miles de trabajadores franceses y alemanes que van a la huelga. Los
medios de comunicación los calificaron como ``proteccionistas,'' que
egoísticamente intentaban salvaguardar sus priviliegios, beneficios y
puestos de trabajo. Lo que las noticias no señalaban es que los
trabajadores están intentando evitar ser sacrificados por los
esfuerzos de Francia y Alemania (y de otros países) por mantener las
duras condiciones impuestas a los trabajadores por el acuerdo de
moneda única cuyo objetivo es allanar el camino a las compañías
transnacionales. Según mis últimos datos, el porcentaje de
desempleados en Francia y Alemania ya superaba el 12 por ciento.
Nuestra prensa profundiza
minuziosamente sobre brotes de nuevas enfermedades horribles, como el
ébola, la enfermedad de la vaca loca, la e-coli y, recientemente, el
virus del Nilo del Este en Nueva York, pero ni siquiera menciona la
conexión entre esos brotes y la nueva movilidad de los vectores de las
enfermedades a través del sistema del transporte y el desarrollo
globales. En el caso de la e-coli y de la enfermedad de la vaca loca,
los noticieros dejan fuera el rol de la industrialización de la
agricultura para la producción masiva de productos de exportación al
servicio de las economías globales.
También leemos historias tristes
sobre los asaltos a los últimos pueblos indígenas de la Amazonía,
Borneo o Filipinas. Lo que se reporta de manera insuficiente son las
causas: la necesidad del proceso de globalización de más agua o
bosques o recursos genéticos en las áreas donde los indígenas han
vivido por milenios y necesidad igualmente desesperada de convertir
pueblos autosuficientes en consumidores. Esto también es parte del
proceso de globalización: la homogeneización de los marcos
conceptuales, la monocultura de pueblos y tierras, la absoluta
uniformidad del modelo desarrollista en todos los rincones de la
Tierra.
Quizá el año pasado escucharon
ustedes sobre los 200.000 manifestantes en Inglaterra que marcharon a
favor de la preservación de la ``vida rural.'' ¡La mayoría de las
noticias engañosamente destacaron como móvil fundamental de los
manifestantes la preservación de la cacería del zorro! Sucede a que
conozco personalmente a algunos de los organizadores de ese evento. A
pesar de que algunos cazadores de zorro se unieron a la manifestación,
al enfocarlos solo a ellos lo que se logró fue ignorar a personas que
venían trabajando durante años para difundir las tremendas presiones
negativas que ahora se ejercen sobre la Inglaterra rural con los
nuevos grandes planes de construcción y ampliación de carreteras y la
extensión de la infraestructura de transporte con más tráfico de alta
velocidad. Todo esto, a su vez, está causado por el creciente énfasis
en la importación y exportación como parte del nuevo sistema
global. En Inglaterra, el movimiento en contra de la construcción de
carreteras, de hecho, es muy poderoso y se opone totalmente a los
impulsos homogeneizadores, tanto del esquema de divisa única en
Europa, como de los excesos del comercio global. Están luchando para
preservar una calidad de vida rural que está desapareciendo
rápidamente en Inglaterra, Francia, Alemania y en toda Europa. Es una
desgracia que los medios de comunicación no hayan reportado esto
adecuadamente.
El punto es éste: los medios de
comunicación tratan estos asuntos como si no tuvieran relación entre
sí. De ninguna manera están brindando un servicio a un público
inseguro que intenta averiguar lo que está ocurriendo. No nos están
ayudando a comprender que todos estos asuntos - ciudades
superpobladas, nuevos e inusuales patrones climáticos, expansión de la
pobreza global, propagación de nuevas enfermedades, reducción de
salarios mientras las utilidades y precios de la bolsa se disparan,
eliminación de los servicios sociales, destrucción del medio ambiente
- forman parte del mismo proceso global. Son integrantes de una sola
pieza, un tejido de conexiones producto del nuevo arreglo económico
mundial, todo a favor de una ideología económica que no puede estar al
servicio de la sostenibilidad social o ecológica, como ya lo ha
mostrado la evidencia.
Aquí está la anomalía. Ante los crecientes problemas y los obvios
defectos del experimento, los defensores siguen hablando de
globalización como si fuera inevitable - como una fuerza de la
naturaleza, como la gravedad o la evolución. Y a la oposición a todo
esto le llaman utopía. Hasta ahora, este factor llamado inevitabilidad
ha tenido el efecto deseado, esto es, evitar que la mayoría de
personas piensen siquiera en él o se opongan a él y, más bien, que
intenten buscar algún nicho de supervivencia. Pero es necesario
desafiar el aura de inevitabilidad.
La primera cosa obvia a decir, es que
algo se vuelve inevitable cuando todo el mundo lo acepta como
tal. Esto produce pasividad. Pero si en su lugar decidimos, con lo que
queda de nuestros instintos democráticos, no seguir esta dirección que
está causando mucho más daño que beneficio, sino optar, digamos, por
economías locales diversas que utilicen los recursos locales para el
consumo local cuando sea posible y, con ello, mantengan arraigado el
capital, entonces la globalización se vuelve menos inevitable de lo
que parecía hace un momento. Las opciones comienzan a aparecer. Sin
embargo, ese crucial paso mental es solamente el primero.
El segundo paso es el siguiente:
Nunca dejen que alguien se salga con la suya al decir que la
globalización de alguna manera es un proceso natural - como la
gravedad. Ya hemos visto que definitivamente no es un proceso racional
porque no actúa como se lo anuncia, excepto para los perpetradores,
pero tampoco es inevitable como la evolución. La globalización
económica es un sistema que ha sido elaborado por seres humanos.
Es un sistema diseñado, un experimento, una creación de miembros de
empresas que se benefician de él - pero que destruye las comunidades y
la democracia. Sobre todo, es un sistema de reglas que establece
ciertos mecanismos reguladores y trata de sostenerlos. No es una
misteriosa fuerza espiritual. Tiene estructuras, instancias
reguladoras, poderes políticos y económicos. Todos estos pueden ser
cambiados.
Si creen que todo lo que he dicho
hasta el momento es abstracto o simplemente teórico, permítanme
ofrecerles un ejemplo relevante en nuestros días. Apenas el año
pasado, en París, las 29 naciones industriales más ricas que conforman
la Organization for Economic Cooperation and Development [OECD,
Organización para el Desarrollo y la Cooperación Económica] intentaron
concluir el trabajo del llamado Multilateral Agreement on Investment
[MAI, Acuerdo Multilateral de Inversiones]. Tengo el placer de
informarles la OECD finalmente retiró el MAI el año pasado, luego de
que 50.000 manifestantes aparecieron en las calles de París y cientos
de organizaciones - incluyendo la mía, el International Forum on
Globalization [Foro Internacional sobre Globalización] - logramos
denunciar a través de los medios de comunicación algunos de los
detalles de este acuerdo a un público que nada sabía sobre él. Al
igual que muchos acuerdos comerciales, sus elementos eran tan
increiblemente draconianos, como ustedes podrán ver, que la mínima
ranura de luz que se abrió al público horrorizó a tantas personas y
obligó a sus creadores en la OECD a escabullirse por la puerta
trasera, como cuatreros en la noche.
David Brower dijo alguna vez que
cuando luchamos contra corporaciones no hay victorias claras - sino
solo acciones de resistencia. Al igual que Dracula, esta cosa
nuevamente está levantándose de su tumba. Hay demasiado dinero por
lucrar como para que las corporaciones globales simplemente la dejen
morir. Reaparece bajo un disfraz, tallada en elementos más pequeños
con nombres nuevos, como parte de la propuesta nueva ``Millennium
Round'' [Ronda del Milenio] de la Organización Mundial del
Comercio. La discutirán ampliamente en los encuentros ministeriales de
Seattle que comenzarán el 30 de noviembre [de 1999]. Si estos
elementos resuscitados del MAI - permítanme llamarles Hijo del MAI -
entran en vigencia, tendrán un impacto devastador sobre la capacidad
de cada país del mundo de controlar el tipo o la calidad de la
inversión extranjera en sus territorios; socavarán la mayoría de las
protecciones sociales y medioambientales que quedan, y será el golpe
más grande de la historia a la soberanía y la democracia
constitucional. El MAI es, posiblemente, el más trascendental de todos
los que lo antecedieron y, aún así, estoy seguro de que no todos en
esta sala, quizá solo algunos de ustedes, lo conocen. ¿Y por qué?
Bueno, por un lado los medios de comunicación no han escrito sobre
él. De hecho, cuando hace poco el nuevo editor de asuntos
internacionales de The New York Times dio una charla en la New
School de New York, alguien del público le preguntó su opinión del
MAI. Se vio obligado a decir, ``Disculpe, no he oído de eso.'' Tal es
el grado de desconocimiento en los medios estadounidenses. Al igual
que la mayoría de acuerdos sobre el comercio global, las discusiones
sobre el MAI se llevan a cabo en secreto, y únicamente la habilidad de
unas pocas personas de sacar a hurtadillas algún borrador ocasional
nos permite conocer el contenido del documento.
Permítanme describir unas pocas
características del propuesto MAI. Se pondría severas restricciones a
la facultad de todo nivel gubernamental - nacional, estatal,
provincial, regional, urbano y local - al alter las reglas por las que
estas jurisdicciones reglamentan la inversión extranjera.
¡Esencialmente lo que haría es eliminar las regulaciones de las
corporaciones e imponer nuevas regulaciones y controles sobre los
gobiernos! Según Renato Ruggiero, director general de la OMC, el nuevo
Acuerdo Multilateral de Inversiones está diseñado para ``convertirse
en la constitución que gobierne una sola economía global.'' Y nosotros
pensábamos que ya teníamos una constitución en Estados Unidos. En poco
tiempo podríamos descrubrir que ha sido reemplazada por el Acuerdo
Multilateral de Inversiones.
Bajo el Acuerdo Multilateral de
Inversiones, ya no se les permitiría a los gobiernos tomar decisiones
sobre quién puede invertir o comerciar por sus fronteras. Por ejemplo,
ningún gobierno, nacional o local, podrá decir, ``Ustedes pueden
invertir acá, pero únicamente si contratan trabajadores locales o si
suscriben joint ventures con socios locales, para preservar ciertas
características nacionales o regionales.'' Esto incluso se aplica a
campos tan cruciales como la educación, el cuidad de la salud, el
cine, la radio, la televisión, las artes y la difusión radiotelevisiva
pública. Bajo el MAI, ningún país ni comunidad podrá favorecer la
empresa local para un contrato, ya sea construcción de carreteras,
edificación de estadios, provisión de almuerzos en las escuelas o
gestión de servicios médicos. Y, por ende, podría suceder que la
Mitsubishi administre nuestro sistema nacional de salud.
Ningún país ni ciudad podrá reclamar
que los permisos de pesca, cultivos, silvicultura, actividad maderera
deben ser emitidos primero a los residentes nacionales o locales. O
que se deben cumplir las leyes de zonificación sobre el tipo de
operaciones comerciales. Los países europeos ya han perdido el derecho
de control sobre la emisión de licencias agrícolas o pesqueras con el
fin de mantenerlas bajo supervisión local. Actualmente, el Estado del
Maine tiene una regla que dice que las licencias para la pesca de
langosta solo pueden ser otorgadas a los residentes de Maine; y
algunos estados del oeste medio de Estados Unidos tienen reglas que
estipulan que solo los residentes del estado pueden poseer granjas.
Estas reglas sería eliminadas por el Hijo del MAI, permitiendo la
entrada a las corporaciones extranjeras.
Ningún país podría imponer
nuevas restricciones sobre la actividad minera o la
silvicultura para proteger recursos menguantes o para preservar el
medio ambiente. Los inversionistas extranjeros podrán desafiar tales
normas porque favorables para las compañías locales, que anteriormente
no tenían restricción. En otras palabras, ¡estos inversionistas lo
considerarían una discriminación, ya que las empresas locales habían
tenido la libertad de talar los bosques antes de que las compañías
extranjeras pensaran siquiera en entrar a ese mercado! Ayer, en el
avión, leí en The New York Times una propuesta de la alcaldía
de New York de detener las importaciones de madera proveniente de la
Columbia Británica para evitar la deagradación de una de las últimas
grandes áreas de selvas prístinas del planeta. Esta restricción sería
ilegal bajo el Hijo del MAI. De hecho, podría ya ser ilegal bajo las
reglas actuales de la OMC que impiden la discriminación contra las
naciones.
Ningún país podría abligar a los
inversionistas extranjeros a usar un cierto porcentaje de bienes y
servicios locales para fabricar sus productos, con el fin de mantener
empleada a la gente de ese país o de que una parte de las utilidades
sea reinvertida en la comunidad antes de ser retiradas del país. El
Community Re-investment Act [Ley de Reinversión Comunitaria]
seguramente sería ilegal.
Ningún país podría hacer reglas que
controlen el ingreso y egreso de los enormes fondos especulativos o
que coloquen frenos a las inversiones. Los frenos son reglas que
obligan a los inversionistas a mantener su inversión por períodos
mínimos de tiempo, en lugar de comprar y comerciar por días, minutos o
segundos a través de las conexiones instantáneas computarizadas. Estos
frenos contribuirían en gran medida a diferir futuras crisis de
divisas y fugas de capital.
Otra característica importante del
MAI es que ningún país podrá discriminar a los inversores extranjeros
con base a sus derechos ambientales o humanos o prácticas políticas.
Las corporaciones podrán entablar juicios para recuperar el llamado
lucro cesante por causa de manifestaciones públicas, boicots o
huelgas. Si el MAI hubiese estado en vigencia durante el apartheid de
Sudáfrica, todo boicot y sanción gubernamental en contra de Sudáfrica
habría sido ilegal. El apartheid habría podido mantenerse hasta la
fecha y Nelson Mandela áun estaría preso.
Curiosamente, bajo el MAI las reglas
de expropiación se extenderían hasta lo absurdo. Las corporaciones
tendrían derecho a demandar a los estados naciones para recuperar el
lucro cesante de las inversiones que pudieron haber realizado si
alguna ley nueva no las hubiese tornado poco rentables. ¡A esto se le
llama expropiación! Por ejemplo, si una ciudad o un país hubiese
aprobado una nueva ley de salud pública para proteger a las personas
de la contaminación o de los desechos tóxicos, los nuevos
inversionistas podrán entablar un pleito en jurisdicciones
extranjeras - no en las cortes nacionales - y reclamar que la
nueva ley los privó de las utilidades futuras. Estas decisiones
tomadas en jurisdicciones extranjeras serían obligatorias para los
países. Los contribuyentes podrían tener que pagar por potenciales
utilidades sobre inversiones que nunca se realizaron. Esta norma será
presentada por la OMC en Seattle ahora, como parte de las reformas del
MAI. Luego se convertiría en una regla global, proporcionando a los
gobiernos amplios incentivos para restringir la libre expresión.
Uno de estos juicios ya ha sido
presentado en Canadá, donde Ethyl Corporation demandó al gobierno bajo
el North American Free Trade Agreement [NAFTA, Tratado de Libre
Comercio entre Estados Unidos, Canadá y México], que ya contenía esta
regla, por prohibir el MMT, un conocido carcinógeno, como aditivo en
la gasolina que Ethyl producía. La Ethyl afirmó que, ``Esa prohibición
no estaba en vigencia antes; es una nueva restricción a nuestra
capacidad de obtener ganancias.'' Canadá investigó el caso y descubrió
que, bajo el NAFTA, la Ethyl tenía razón; entonces Canadá retiró la
prohibición y tuvo que pagar a la Ethyl algo así como 20 millones de
dólares. Ahora otra compañía, no creo que sea la Ethyl, acaba de
demandar al Estado de California sobre los mismos argumentos.
California tiene una nueva ley que prohíbe el uso del carcinógeno MBTE
en la gasolina y el productor está demandando a California por una
suma extraordinaria con base el argumento de que ya no puede lucrar
con su inversión.
Es aún más sorprendente que algunos
defensores del MAI tengan las agallas para argumentar que su objetivo
es ayudar los pobres en los países del Tercer Mundo, ayudar a
``alimentar un mundo hambriento.'' Acabamos de escucharlo de boca de
Michael Moore, el director de la OMC. Es algo completamente cínico,
porque sucede exactamente lo contrario. El MAI santifica la capacidad
de los inversionistas ricos de dominar a los países pobres. Sin
embargo, estos países necesitan tener control sobre las inversiones en
sus propios territorios para poder estimular a los negocios y
trabajadores locales y construir una base autosuficiente para el
futuro. Deben ser capaces de reglamentar el ingreso de las inversiones
que podrían subyugar y destruir los negocios locales. Los países
pequeños usan instrumentos como exenciones fiscales para la industria
doméstica, preferencias a los bancos locales frente a los bancos
extranjeros o a los agricultores locales frente a la agroindustria, y
requisitos sobre socios locales que los inversionistas extranjeros
están obligados a aceptar. Todos estos controles se terminarán bajo el
MAI, y los países individuales deberán asumir el impacto de las nuevas
libertades del capital internacional. Entonces, ¿cómo alimenta el MAI
a un mundo hambriento? ¿A quién exactamente se alimenta? Las únicas
personas que en última instancia serán alimentadas son los banqueros
hambrientos de inversiones.
Las reglas del nuevo MAI que acabo de
describir - muchas de las cuales ya existen en el NAFTA y en el GATT,
así como en otros tratados comerciales - no se instauraron por ninguna
fuerza de la naturaleza. Fueron creadas por que las personas que están
en el poder (las corporaciones, los banqueros y los funcionarios de
gobierno elegidos y cuyas campañas financian ellos) se reunen en
secreto - llamámoslas reuniones conspiradoras - y rediseñan el
funcionamiento de los sistemas económicos y el ejercicio del poder
político según les convenga mejor a ellos. Quieren sustituir el poder
de la nación-estado y el poder local con el poder corporativo, y lo
logran creando reglas que establecen políticas que a duras penas
escuchamos hasta que es demasiado tarde. Ralph Nader me dijo alguna
vez, mientras hablábamos sobre el NAFTA o el GATT, que si las
corporaciones estuvieran seguras de que nadie las observa y pensaran
que retornar a la esclavitud las haría más competitivas, lo
harían.
Al final la cosa se reduce a lo
siguiente: ¿Quién debería hacer las reglas según las cuales vivimos?
¿Deberían ser gobiernos democráticos, influenciados por las
comunidades locales preocupadas de lo que es bueno para la gente y el
medio ambiente? ¿O debería ser la comunidad global de banqueros,
corporaciones y especuladores transnacionales? Las nuevas reglas de la
globalización están socavando activamente nuestra capacidad de
controlar nuestro propio destino. Solo cuando entendamos este hecho y
exijamos la recuperación de nuestros poderes, las cosas podrán
cambiar.
Ahora me gustaría referirme al rol de la tecnología en esta
historia y, en particular, al rol de los computadores en la
globalización.
En mayo pasado, durante el seminario
del Foro Internacional sobre Globalización realizado en Washington,
D.C., auspiciamos un debate sobre la economía global. De nuestro lado
estaban Maude Barlow, John Cavanagh y Vandana Shiva, quienes se
enfrentaban a algunos de los defensores del libre comercio de la élite
de este país. Entre ellos se encontraba el Dr. Joe Cobb, de Heritage
Foundation. Nuestro grupo ganó el debate, pero Cobb hizo una
observación significativa. Decía que la globalización era inevitable,
específicamente dijo que ``La globalización pudo haber sido detenida,
pero ahora las nuevas tecnologías la tornaron inevitable.'' Lo mismo
escuché por radio del Dr. Claude Smadja, director del World Economic
Forum [Foro Económico Mundial] en Davos, Suiza, que dijo, ``La
globalización es inevitable por causa de la tecnología.'' En otras
palabras, aunque la globalización en sí no es inevitable, la evolución
de la tecnología, que adquiere fuerza de la evolución natural, es
inevitable y conduce directamente a la globalización. Cuando a la
evolución tecnológica se le asigna el carácter de la evolución
natural, a nosotros nos resta únicamente permanecer sentados,
hipnotizados por la televisión y los demás juguetes que ``ellos'' nos
proporcionan, y dejar que todo ocurra. No tenemos nada que hacer o
decir sobre ello, y seguramente no hay foros ni sistemas públicos que
nos ayuden a comenzar a dar vueltas a las cosas.
Joe Cobb y Claude Smadja hablaron en
particular sobre de las nuevas tecnologías: los enlaces satelitales
globales, el internet, la capacidad de movilizar recursos financieros
por todo el globo con solo un toque de tecla, y la globalización de
las imágenes televisivas, que actualmente coloca a 75 por ciento de la
población mundial directamente bajo la influencia de las imágenes
corporativas occidentales, desde las de los noticieros de CNN a una
serie como `Dallas'. Dicho sea de paso, los intereses corporativos
occidentales se difunden por tan sólo cuatro o cinco gigantescas
compañías de medios de comunicación, lideradas por gente como Rupert
Murdoch, Conrad Black y Ted Turner.
Cobb y Smadja también podrían haber
incluido viajes y transporte de alta velocidad, nuevas
infraestructuras técnicas de represas y carreteras, nuevas formas
técnicas de agricultura, desde la Revolución Verde al monocultivo, la
automatización, la robótica y la biotecnología, todo lo cual ha
cambiado la naturaleza del trabajo y la producción y aquellos los
controlan. Podrían también haber hablado del auto privado, que ha
tenido el efecto de pavimentar los paisajes del mundo y homogeneizar
los estilos de vida - ya sea en Asia, Sudamérica o Norteamérica - al
servicio de las necesidades del automóvil, con lo que las
corporaciones globales se concentran en su desesperada necesidad de
más y más recursos para producir más y más automóviles. Mientras
tanto, al resto de nosotros se nos dejan los problemas de la
consiguiente contaminación y disposición de desechos y la violencia de
las carreteras. A causa de los autos, ahora también tenemos guerras
por el petróleo y una búsqueda sin fin para expandir mercados y
justificar la producción de más autos todavía. De ahí el creciente
interés de las corporaciones en China.
La evolución de la tecnología conduce
a un cambio revolucionario en los ordenamientos sociales, políticos,
económicos y culturales que, por casualidad, benefician los intereses
corporativos. Ese sí que es un proceso político, político en el
sentido de que las consecuencias de la tecnología afectan directamente
a la estructura global del poder. ¿Por qué la mayoría de nosotros no
lo entiende? ¿Por qué Joe Cobb, Claude Smadja y las más grandes
corporaciones del mundo sí han comprendido las ramificaciones
políticas de la tecnología, pero nosotros no? ¿Será porque nosotros
amamos demasiado nuestros juguetes?
En el tiempo que queda, quiero hablar sobre la cuestión de la
revolución informática más detalladamente. Casi todos concuerdan en
que es una Buena Cosa. ¡A todos les gusta! A las corporaciones y a los
activistas, a los artistas y a los ingenieros, a conservadores y a
liberales - a los Al Gores, Newt Gingriches, Bill Bradleys y a los
George W. Bushes - todos están llenos de visiones utópicas acerca de
los fabulosos beneficios de los computadores. La mayoría de mis amigos
concuerda; entre ellos, unos escritores se preguntan cómo es posible
que yo escriba libros sin utilizar un computador, aunque yo puedo
pensar en algunos que, a través de la historia, lo han hecho, desde
Shakespeare a Molière e Ivan Illich. Algunas personas, hasta hoy,
todavía escriben a mano. No olvidemos que 400.000 generaciones de
humanos de alguna forma se las arreglaron sin computadores. Es
factible.
``No entiendes,'' me dicen mis amigos
y me explican cuán empoderadoras son los computadores; cómo nos ayudan
a organizarnos en contra de las mismas corporaciones que atacamos. Los
computadores le devuelven el poder real al individuo, dicen, y por
medio del cibernet nos ayudan a encontrar nuevas alianzas con otros
radicales de las mismas ideas que están sentados frente a su
computador, usando los emails para movilizar las batallas.
A Kevin Kelly, director de la revista
Wired, la biblia de la era computerizada, le gusta argumentar
que la revolución informática ha creado una estructura política
enteramente nueva en el planeta. El símbolo del presente ya no debería
ser el átomo, dice; es la web o la red. Desde su visión, el centro
político ha sido eliminado y ha surgido toda una nueva estructura de
redes que ``eleva el poder del pequeño jugador'' mientras promueve la
heterogeneidad y un nuevo tipo de democracia pura en la que podemos
ser jugadores iguales en el juego de la información global. También
traerá un nuevo ``tecno-espiritualismo incipiente.''
Kelly tiene razón en el último punto,
el tecno-espiritualismo, a pesar de que yo prefiero el tipo más
antiguo de espiritualismo, que no requería la mediación a través de
máquinas. Pero, con respecto a que el antiguo centro político en la
actualidad ha sido eliminado por nuestros computadores personales, el
e-mail, los sitios internet y que nuestra nueva política en la red nos
ha traído una democracia realzada por el computador a través del
ciberespacio, permítanme hacer la siguiente pregunta: ¿No deberíamos
llamarla ``democracia virtual''? Yo creería que sí, porque a alguien
se le olvidó decirles a las compañías transnacionales en Tokyo, New
York, Bruselas y Ginebra que el poder real ya no estaba en el centro,
que ahora estaba fuera de su control. Ellas piensan que aún lo tienen
bajo su control.
A juzgar por toda la evidencia, el
poder centralizado político y corporativo nunca se ha acelerado tan
rápidamente como ahora, y el computador ha jugado un papel clave en
ello, al igual que los acuerdos comerciales, que han levantado todos
los controles sobre la banca internacional y las inversiones
globales. Como resultado, las corporaciones, los bancos y los
especuladores de divisas ahora tienen la libertad de usar las nuevas
tecnologías para movilizar sus activos alrededor del mundo sin ningún
control externo. Por causa de las redes computerizadas globales, estas
instituciones pueden mover cantidades inconmensurables de miles de
millónes de dólares alrededor del globo con solo aplastar una tecla. Y
lo hacen a diario - comprando y vendiendo recursos y divisas en
cuestión de segundos. Esa ha sido la raíz de muchas de las terribles
crisis financieras que vemos hoy en día en Asia y en otras partes. No
existe ningún tipo de control sobre estas actividades basadas en el
uso de computadores, y esto ha dejado el mundo entero a merced de los
caprichos de los mercaderes de divisas y productos.
De manera que, ¿qué clase de
revolución entonces tenemos aquí? Usar términos como
``empoderamiento'' para resumir los beneficios que nos proporcionan
los computadores es no comprender en lo absoluto de qué se trata el
poder en un contexto político y económico real. Los
computadores pueden ayudar a los individuos a sentirse
poderosos y competentes, y no niego que sean útiles de muchas
maneras. Pero no contribuyen en nada para equilibrar la centralización
corporativa de poder a través de estos mismos instrumentos. Sucede,
más bien, lo opuesto. En mi opinión, la tecnología informática
resultará la tecnología más centralizadora jamás inventada. Porque,
mientras estamos sentados frente a nuestros computadores personales
editando nuestra copia y enviando nuestros emails, las corporaciones
transnacionales, los banqueros y los especuladores están usando sus
redes globales, extendidas por todo el planeta, usándolas las
veinticuatro horas del día con recursos mucho más grandes y con
máquinas mejores y más veloces, a una escala y una velocidad que hace
que nuestro nivel de empoderamiento sea patético.
De hecho, las gigantescas
corporaciones transnacionales de hoy simplemente no existirían sin las
redes informáticas globales que mantienen en contacto a sus empresas
armadas de miles de tentáculos y sus miríadas de partes trabajando
juntas. Y cuando ellos presionan las teclas de sus
computadores, no están simplemente enviando cartas o información. El
resultado de sus mensajes son cientos de miles de millones de dólares
en recursos transferidos instantáneamente de bancos en Ginebra a Delhi
o Sarawak, con resultados concretos: bosques talados, represas
construidas, países desestabilizados.
La información es para los
desempoderados. Así que, de veras, ¿qué clase de revolución es
ésta? ¿Por qué no logramos ver quiénes son los grandes ganadores? A
pesar del considerable beneficio de la revolución electrónica para
nosostros como individuos y activistas, tiene mucho más que ofrecer a
las empresas multinacionales de lo que nunca nos ofrecerá a ustedes o
a mí. De manera que, mientras ustedes usen sus computadores para sus
buenos trabajos - y no estoy sugiriendo que dejen de hacerlo - no se
olviden de quiénes más las están usando. Y dejemos de llamarlos
``empoderadores.''
Hay muchos más puntos que señalar
acerca de los efectos sistémicos de los computadores, las nuevas
tecnologías que estos hacen posible, su uso en la vigilancia y la
tecnología militar, que está introduciendo toda una nueva generación
de horripilantes armas, pero ustedes pueden leer acerca de todo eso en
mis libros.
El aspecto final sobre los
computadores que mencionaré hoy es la manera cómo estos se combinan
con otras tecnologías para crear algo enteramente nuevo - la
megatecnología: la red global de tecnologías, la tecnosfera, que está
intentando de sustituir la antigua biosfera. Muchas tecnologías
individuales cumplen roles específicos en este nuevo ordenamiento
global, en donde las corporaciones son los filósofos, los cerebros y
los controladores. Los computadores son el sistema nervioso que
mantiene en contacto a todas las partes globales y permite la
aceleración de la explotación de los recursos globales. La televisión
sirve como sistema de distribución de la visión corporativa global,
transfiriendo sus imágenes en los cerebros de todos en todas
partes. Es el medio por el cual la cabeza comunica con el cuerpo, como
si fuese, y a través del cual homogeneiza, la conscienza anteriormente
diversa. Los acuerdos comerciales, también una manifestación de la
alta tecnología, se diseñan para sofocar la resistencia y cualquier
intento de usurpar el control por parte de los trabajadores, los
ambientalistas o organizaciones de base. La genética y las tecnologías
espaciales expanden los mercados del mundo al abrir áreas de
estructuras genéticas y espaciales antiguamente inexploradas. Esta
nueva tecnosfera es, desde luego, un anatema para la democracia, la
diversidad, el control comunitario y la supervivencia ecológica.
Hasta aquí las malas noticias. Les prometí buenas noticias también
y creo que son importantes. Incluso me atrevo a decir que en los
próximos tres o cinco años veremos un poderoso trastorno de muchas de
las tendencias que he señalado hoy.
Hay acontecimientos importantes en el
campo tecnológico. El primero es la amenaza del virus Y2K, el
potencial caos que podría desatarse debido a la incapacidad de los
computadores de ajustarse al cambio al año 2000, interpretando
erroneamente `00' como `1900.' En mi opinión, al margen de si esto
resulta en catástrofe global o en inconveniencias menores, habremos
aprendido una lección: la dependencia de sistemas tecnológicos
globales - y los computadores son uno de estos sistemas - para nuestra
supervivencia y sustento es precaria, poco confiable y peligrosa. Nos
hemos convertido en algo así como astronautas a la deriva en el
espacio, flotando en un universo artificial y dependientes de sistemas
tecnológicos distantes; y si estos sistemas no funcionan a la
perfección en todo momento, asoma la catástrofe. Lo que sí creo es que
un número suficiente de personas ha recibido este mensaje y es capaz
de crear un tipo de virus tecnológico enteramente nuevo y que cambiará
lentamente el comportamiento como ha comenzado ya a cambiar las
conciencias.
Otro acontecimiento importante es un
nuevo movimiento de masa contra la biotecnología que, en mi opinión,
se asemeja al movimiento antinuclear de las décadas de 1960 y 1970 y
que, en última instancia, podría ser más eficaz - ya que, a medida que
vamos educándonos acerca de la biotecnología, debemos argumentar con
temas aún más profundos y filosóficos de los que argumentamos en el
movimiento antinuclear.
La biotecnología está por invadir los
últimos territorios naturales de la Tierra, los últimos territorios
que aún no han sido integramente convertidos en mercancía: las
estructuras genéticas de la vida - humana, animal y vegetal,
incluyendo nuestros alimentos. La consecución por las empresas
globales de patentes para formas de vida y semillas nativas, está
afectando profundamente la agricultura, la ecología y los derechos
humanos del Tercer Mundo. En la India, medio millón de agricultores se
han movilizado para luchar contra de las leyes de propiedad
intelectual al estilo estadounidense. Por todas partes, la gente está
perturbada por los alimentos biotecnológicos y comienza a darse cuenta
de que mucho de lo que comemos ha sido adulterado genéticamente, que
no son alimentos de la naturaleza sino alimentos de las corporaciones
y que pueden causar graves daños. Las posibilidades de que el
resultado de la biotecnología sea un apocalipsis - especialmente de la
ruleta genética que ahora jugamos al mezclar genes, virus y bacterias
para crear nuevas formas de vida que no podemos controlar - son las
mismas que las de la amenaza nuclear. En Europa y Asia ya se han visto
a menudo protestas masivas de 50.000 ó 100.000 personas que se han
tomado las calles en ambos continentes y han logrado la prohibición de
muchas actividades biotecnológicas. Y aquí pronto sucederá lo
mismo. Nunca antes, en ningún movimiento, había visto una explosión de
actividad y energía tan rápida y encauzada.
Y, por lo tanto, también hay buenas
noticias en el frente de la globalización. Desconozco cuántos de
ustedes han seguido los acontecimientos que se han adelantado a los
encuentros ministeriales de la OMC en Seattle, a finales de noviembre
y comienzos de diciembre [de 1999]. La OMC, como la describí, es la
organización que dará albergue al MAI bajo otro nombre. A la fecha es
la principal instancia de creación de reglas del proceso de
globalización. Sus 134 países miembros le han cedido amplias
facultades, poderes y capacidad de hacer cumplir [las reglas],
autoridad que, alguna vez, les perteneció a las instancias políticas
de esos países. En apenas cinco años de vida, la OMC ha llegado a
competir con el Fondo Monetario Internacional como el organismo
internacional más poderoso, hermético y antidemocrático del
mundo. Rápidamente está asumiendo el manto de bona fide. ¡Pero
la cosa más increible está ocurriendo! Está viniendo gente está de
todas partes del mundo para protestar contra este evento. Y, sin ser
un movimiento organizado, se prevé que 50.000 personas pisarán las
calles: agricultores de la India, activistas europeos por los derechos
de los inmigrantes, indígenas de Chiapas y de Chile, sindicalistas de
todas partes, ambientalistas de todas partes, grupos de
microempresarios, grupos religiosos e incluso conservadores - todos
iracundos por la globalización. Serán siete días ininterrumpidos de
actividades educativas y de protesta. Mi organización dirigirá un
seminario de dos días. La protesta ha recibido amplia cobertura en
Europa y Asia, y está comenzando a divulgarse incluso en este
país.
Lo importante de esta protesta es
que, hace apenas cinco años, el término `globalización' era
desconocido y ahora, de pronto, surgen gritos espontáneos de dolor y
rabia. La resistencia está creciendo y los medios de comunicación han
empezado a notarlo. Las actividades de la OMC dejarán de consumarse en
la oscuridad en la que han prosperado hasta la fecha. Ahora bien, no
sé cuántos manifestantes están planteando la localización como
antídoto para la globalización y el dominio de los sistemas
centralizados, pero todos han notado que este sistema está a punto de
despeñarse, en cuyo caso lo primero que debemos hacer es detener el
auto y buscar un camino alternativo.
Desde luego, los defensores de la
globalización y de la sociedad tecnológica argumentan que no existe
una alternativa viable, que es utópico hablar de regresar a modelos
descentralizados e independientes. Pero lo que en realidad es utópico,
la utopía corporativa, es creer que un sistema que margina a tantos
millones de personas y asume que puede crecer infinitamente en un
planeta finito, llevándolo al borde de una catástrofe ecológica, tenga
la posibilidad de sostenerse por mucho tiempo.
Mucho mejor resulta hacer exactamente
lo opuesto de lo que nos ha llevado al borde del precipicio. Hay
pruebas de que miles - quizás millones - han comenzado a entenderlo. Y
con seguridad Schumacher Society está en la delantera.
Extractos de las Preguntas
Pregunta: Hay ciertas buenas nuevas acerca de los computadores que
no mencionaste. Requieren cantidades inmoderadas de energía. En
términos de fabricación, hardware, procesamiento y mantenimiento de
los sistemas, los computadores representan el 13 por ciento del
consumo de electricidad en los Estados Unidos, y este porcentaje está
aumentando rápidamente. Dentro de una o dos décadas, el sistema
informático del mundo usará los mismos niveles de electricidad que
actualmente son consumidos en los Estados Unidos. Claramente, esto no
es viable. Pienso que, incluso sin un cambio en la actitud del
público, el resultado será que el uso del computador será
autolimitante.
Respuesta: Pienso que los computadores han sido sobrevaluados en
términos de sus prestaciones. Y, además del efecto crucial que
mencionaste, existen otros efectos negativos de los computadores que
no tuve tiempo de analizar. La vigilancia es un área que no ha
recibido la atención que merece, pero la gente está empezando a darse
cuenta y está reaccionando. Los sistemas informáticos han incrementado
el nivel de vigilancia policial y hay nuevas y sofisticadas formas de
rastrearnos como consumidores. Por ejemplo, una compañía como TRW sabe
todo lo que compraste este año, sabe cuál es tu salario, cuáles son
los artefactos que aprecias, etcétera - y sabe cómo procesarlo
todo.
Hace apenas unas pocas semanas, me
enteré que la industria informática es uno de los mayores consumidores
de agua dulce del mundo, lo que está ocasionando la globalización del
agua dulce. Las corporaciones quieren tomarse el agua dulce de los
ríos y lagos de Canadá y Estados Unidos y embarcarla en gigantescos
contenedores remolcados por supertanqueros a través del océano - y las
nuevas reglas de comercio están comenzando a permitirlo. Pueden
venderla porque no hay suficiente agua dulce en el mundo, pero muy
poco de la que venden va a la gente que necesita beberla. El agua está
siendo usada por la agricultura industrial y los fabricantes de alta
tecnología para mantener limpios los chips de los computadores.
Y luego están los desechos
tóxicos. La mayoría de los gigantescos depósitos en Estados Unidos son
resultado de los fabricantes de computadores. También hay prueba de
que trabajar con computadores es peligroso para la salud a causa de la
radiación.
Computadores en las escuelas. ¿Qué
efecto tienen en el desarrollo de los niños? ¿Cuál es el efecto en el
proceso mental de la gente al ser entrenada a usar el computador como
la principal fuente de información y qué clase de sociedad se está
creando con ello? [Es] Un tema extremadamente importante que no ha
recibido mucha atención. Sin embargo, hace cinco o seis meses, una
organización de médicos (puede haber sido la Sociedad Americana de
Pediatras) recomendó - únicamente en función del desarrollo mental de
los niños, aparte del contenido de programas - que no se permita mirar
la televisión a niños menores de dos años porque afecta negativamente
el desarrollo de las sinapsis en el cerebro. A pesar de que las
pruebas mostraron que el desarrollo de las sinapsis continúa hasta los
once años de edad y se ve afectado adversamente por la televisión, las
películas y los computadores por igual, estos médicos llegaron a un
acuerdo y restringieron su recomendación solo a la televisión y a los
dos primeros años de vida.
P.: En tu libro In the Absence of the Sacred relatas una
historia acerca del ejecutivo principal de Union Carbide, quien
descubrió que, si quería permanecer en su cargo, no podría hacer nada
para remediar la tragedia de Bhopal en la India. The Future Does
Not Compute [El Futuro No Calcula], un libro de Stephen Talbott -
quien ha estado en la industria informática durante quince años -,
describe la tecnología de computadores como `autómata'. Talbott nos
advierte sobre nuestra incapacidad de controlar a nuestras máquinas al
decir que los computadores parecen haber tomado vida propia y que las
compañías han perdido la capacidad de controlar su trayecto. Creo que
fue un alto ejecutivo de Shell quien comparó la gestión de una
corporación con cabalgar a un brontosauro. Quisiera preguntarte sobre
este aspecto de que las corporaciones son autómatas.
R.: A las corporaciones les gusta decir que es la tecnología la que
impulsa sus decisiones; no voy a decir que esto no se aplica a muchas
de esas decisiones, pero lo que realmente impulsa una decisión
corporativa son las reglas estructurales de la actividad corporativa
en las sociedades capitalistas, y cada vez más en otras también, en la
medida que estas tengan corporaciones.
La explosión de la Union Carbide en
Bhopal causó tremendos daños, mató e hirió a muchas personas. En la
misma serie de historias en mi libro, también hablo acerca del derrame
de petróleo de Exxon Valdez en Alaska, que causó una inmensa
contaminación y mató a muchos animales. En ambos casos, los altos
mandos de esas corporaciones hicieron declaraciones públicas el día
siguiente de ocurridos los desastres; dijeron que se sentían
horrorizados por lo ocurrido. Uno de ellos dijo que dedicaría el resto
de su vida a corregir el daño que su compañía había causado y que se
asumía la responsabilidad de lo ocurrido. En dos semanas le
comunicaron que no repitiera lo dicho. El directorio señaló que asumir
la responsabilidad de lo ocurrido afectaría los préstamos bancarios de
la compañía, sus acciones en la bolsa y les colocaría en desventaja ya
que se verían obligados a compensar las pérdidas, etcétera. A ambas
personas se les obligó a defender su compañía sin responsabilizarlas
por lo ocurrido. No les tocaba más que hacerlo o dimitir, lo cual, por
supuesto, habría sido lo correcto. Lo que ocurrió fue que entraron en
juego las reglas básicas del comportamiento corporativo.
En particular, una corporación que se
cotiza en la bolsa es una criatura con un formato tecnológico que debe
respetar ciertas reglas: debe crecer y ganar dinero. Si no logra esas
dos cosas, sus accionistas pueden tomar medidas, los banqueros no le
hará préstamos y los precios de las acciones caerán. Esto es lo que
les puede suceder a las corporaciones que de vez en cuando tratan de
hacer algo con bases puramente altruistas. No es que una corporación
nunca pueda hacerlo, pero las reglas fundamentales que debe seguir son
las de preservar el rol de la compañía en la economía y en la
competencia. Las corporaciones que no se cotizan en la bolsa pueden
hacer las cosas de una manera ligeramente diferente; no dependen tanto
de la banca ni de los precios de las acciones. Tienen más libertad.
Una compañía que sí se cotiza en la bolsa, en cambio, está
inmediatamente atrapada por un conjunto de reglas que no puede evitar:
o sigue esas reglas o es expulsada del mecanismo - o del brontosauro.
No lo van a admitir, pero creo que la verdad es que las corporaciones
tienen un formato tecnológico que sigue un sistema de reglas que la
gente de las propias corporaciones no puede revertir.
P.: Algunas personas argumentan que la globalización económica y el
movimiento de capitales por medio del computador mejoran el acceso al
capital en las comunidades pobres en todo el mundo y por ello los
bancos están haciendo cosas buenas con su dinero. ¿Podrías por favor
comentar esto?
R.: El rol de los bancos en la mayor parte del trabajo realizado
con comunidades pobres no se ha basado en el uso de computadores.
Tenemos el ejemplo del Grameen Bank en Bangladesh, y hay una serie de
otros bancos que prestan cantidades pequeñas de dinero para ayudar a
la gente con el fin de que preserven sus medios de sustento o incluso
que comienzen pequeños negocios locales. En ocasiones, estos bancos
prestan sumas tan pequeñas como 500 dólares, sin hacer uso de los
parámetros usuales para calificar la factibilidad del préstamo. Han
logrado resultados muy buenos, incluso una excelente tasa de reembolso
de los préstamos. No veo cómo el movimiento financiero global, que es
intrínsecamente parte del proceso de globalización y centralización y
que, por definición, no está en contacto con la situación en las
comunidades locales, pueda hacer mucho para mejorar las cosas en este
nivel. Probablemente lo que obtendrá será el resultado opuesto.
P.: Un ejemplo de injusticia en el sistema internacional es que
mientras nosotros, como consumidores, pagamos impuestos al comprar
gasolina, las grandes corporaciones no pagan impuestos al
combustible. Pensemos en la cantidad de combustible que usan los
aviones al atravesar el país y los océanos. Una fuente aún mayor de
impuestos perdidos para la sociedad son las agencias de cambio de
monedas internacionales, a las que no se les grava impuestos. Me
pregunto si habrá alguien en la comunidad antiglobalización que haya
pensado en una manera de cambiar esto.
R.: De hecho, existe un movimiento que está estudiando esa
situación. ¿Alguien de ustedes ha leído el trabajo de David Korten? Él
y otros, como Herman Daly, Hazel Henderson, Michael Shuman y, creo,
Amory Lovins, han venido recomendando un impuesto - llamado a veces
tasa Tobin en honor a la persona que la propuso - que se gravaría
sobre cada transacción de inversiones. Sería una tasa muy pequeña,
pero acumulada sumaría a una gran cantidad. Cada vez que un
inversionista extranjero transfiera dinero extranjero en Brasil,
digamos, un porcentaje minúsculo se depositaría en un fondo para fines
ambientales o sociales. El principio es que el modo actual de
practicar actividades económicas globalizadas orientadas a la
exportación, exime a la mayoría de las corporaciones extranjeras que
están invadiendo el país de los costos sociales y ambientales de sus
actividades. Bajo las nuevas reglas globales de las que he hablado, no
están obligadas a pagar la reparación de los daños ambientales que
causan y tienen la libertad de partir cuando les conviene.
Un punto final que quiero mencionar
acerca de los impuestos, es que las corporaciones informáticas
globales, lideradas por Bill Gates entre otros, están luchando por
incorporar en la OMC las nuevas reglas que ellos quieren que consten
allí. Quieren reglas globales que excluyan a las naciones-estado de la
regulación de las transacciones e-comerciales. Una de las reglas
prohibiría gravar las actividades e-comerciales: si uno comprara un
libro de amazon.com, no cabría impuesto sobre tal compra. En la
actualidad no hay impuesto sobre eso, pero ellos quieren un acuerdo
internacional global de manera que no se pueda introducir ningún
impuesto en el futuro. Esta regla será negociada en la Ronda del
Milenio en Seattle y pienso que hay grandes probabilidades de que sea
aprobada, debido al gran poderío económico detrás de aquel deseo. El
gobierno de Clinton está claramente influenciado por las industrias de
alta tecnología, biotecnológicas e informáticas, y está muy deseoso
por hacer todo lo que estas quieran. De manera que yo creo que Estados
Unidos estará muy a favor de esa regla, al igual que la mayoría de
naciones industriales occidentales.
Lo que una regla como esa hace, es
crear un gigantesco handicap para la independencia comunitaria, porque
favorece las ventas de las megacorporaciones a través de internet.
Esto afecta directamente a las pequeñas librerías locales, minoristas
locales y a cualquier empresa local que sí paga los impuestos, y
dificultará su supervivencia en un momento en que ya están sufriendo a
causa de toda esta actividad e-comercial.
Observaciones Finales
Espero haber logrado mostrar que no hay manera de manejar los
microproblemas sin manejar los megaproblemas. Todos debemos operar en
ambos niveles en forma simultánea. Estoy de acuerdo que debemos
trabajar en donde estamos, y esa es posiblemente la manera más
efectiva de tornarse activos aquí y ahora, pero la metáfora de David
que enfrenta a Goliat, a la que hacen referencia Chellis Glendinning y
Bill Schambra [el Autor comparte el foro con ellos], no funcionará
como solución. No si decimos que es a la gente a quien le corresponde
organizarse sin tener las herramientas adecuadas y salir de su
situación, cuando sabemos que los megasistemas están estrujándolos
hacia abajo con todas sus fuerzas, haciendo que sus planes sean
extremadamente difíciles de cumplir y negándoles el tipo de apoyo a
los que otros ya tienen acceso. De manera que es esencial enfrentar a
los megasistemas. ¿Cómo desmantelar un proceso económico global
localizado en otra parte? Es un reto enorme, pero podemos encontrar
maneras de encararlo.
Chellis me habló de una ciudad en New
Mexico que intentó detener el establecimiento de un Wal-Mart. Ustedes
saben que Wal-Mart rápidamente provocará la quiebra de los minoristas
locales, destruirá el área del centro de la ciudad, y cambiará toda la
estructura económica comunitaria de las pequeñas ciudades. Sin
embargo, existen varios casos de gente que ha logrado mantenerlos
fuera. Cuando Graham Davidson me condujo hasta aquí desde el
aeropuerto ayer en la noche, yo tenía hambre y buscaba una franquicia
para comer algo. Solo había un McDonald's en todo el camino, solo esa
franquicia, pero estaba cerrada. Para mis adentros pensé, estoy
dispuesto a seguir hambriento a cambio de que no hayan franquicias
aquí.
El señor Davidson me dijo que preside
el Berkshire Litchfield Environmental Council [Consejo Ambiental
Berkshire Litchfield]. A la primera señal de que una franquicia quiere
establecerse, de un esquema de desarrollo que vaya a destruir el medio
ambiente, de un plan de desviacíon de agua o de nuevas líneas de alta
tensión, ellos están listos. Están preparados para manejar una
situación local. Este es un gran modelo de por sí.
El próximo mes estaré en Seattle
junto con otras 50.000 personas para oponernos a la Organización
Mundial de Comercio. Realizaremos eventos públicos para educar a la
gente sobre el tema y, creenme, si circula una sola palabra acerca del
Acuerdo Multilateral de Inversiones y de lo que haría, no pasará. En
Europa se propusieron las mismas condiciones y, cuando la gente se
enteró, hubo suficiente oposición como para detenerlo.
Desde luego, otra cosa es desmantelar
todo un sistema económico cuando hay cantidades enormes de dinero en
juego e inmensas ganancias económicas por conseguir. En este respecto,
hemos visto que el proceso político no es muy efectivo, debido a que
la mayoría de políticos son parte de ese sistema. Pero antender a la
criatura ayuda. Una vez que se reconoce qué está llevando a la gente
de los barrios urbanos marginales a situaciones tan difíciles y se
entiende que eso es parte de un problema mayor que se está
manifestando en todo el mundo, a todo momento y en muchas formas
diferentes, entonces se puede empezar a manejarlo. Es mucho más fácil
y más efectivo tratar el problema a nivel local - en las áreas urbanas
marginales, en los Berkshires - pero también es importante intentar
encararlo a un nivel macro, en cualquier forma nos sea posible.
Estoy de acuerdo con Bill Schambra en
el sentido de que debemos enfocarnos en la realidad concreta. El
macrosistema, del que he hablado hoy, sí tiene manifestaciones
concretas. Mencioné los enormes cambios que han ocurrido en la
agricultura y que se reflejan en las zonas urbanas deprimidas; por
ejemplo, el nuevo énfasis en las economías orientadas hacia la
exportación. Todas las reglas comerciales están orientadas al modelo
ideológico del libre comercio. Antes, en Sudamérica, Asia, África y en
Estados Unidos, la gente trabajaba en la agricultura comunitaria.
Cultivaban sus propios alimentos, alimentaban a sus comunidades,
intercambiaban comida, cultivaban los alimentos básicos para su
subsistencia. La nueva economía enfatiza en los ingresos gran escala
por la agroindustria corporativa transnacional, que convierte lo que
solía ser agricoltura local y diversa para consumo local, para las
comunidades locales, en monocultivos a gran escala que producen bienes
de lujo para enviarlos a los países que ya son ricos.
Mientras tanto, estas corporaciones
globales adquieren inmensas extensiones de tierra a pesar de que la
gente que cultivaba tradicionalmente sus propios alimentos ya no
poseen tierra. No encuentra trabajo porque se trata de una agricultura
altamente mecanizada y basada en un uso intensivo de químicos, con muy
pocas personas realmente ocupadas en esas tierras. No hay tierra, no
hay trabajo, no hay dinero. Esa es la realidad concreta. Ya no tienen
nada, así es que tienen que partir. Se convierten en refugiados y,
cuando cruzan las fronteras, los llamamos inmigrantes e intentamos
mantenerlos afuera. O también se mudan a las ciudades y de alguna
manera tratan de sobrevivir, compitiendo con otros que también fueron
expulsados de sus tierras. Toda la conversión a ese nuevo modelo ha
incrementado la pobreza, ha hecho que la comida ya no sea saludable
debido a las grandes cantidades de pesticidas que se usan y ha
originado problemas terribles en las ciudades porque no hay capacidad
suficiente para cuidar a todas esas personas.
El punto es que causa y efecto se
entremezclan. No se trata de algo que los pequeños agricultores
desplazados decidieron por su propia cuenta. La fuerzas económicas que
surgieron con las nuevas reglas comerciales y los acuerdos globales,
los afectaron concretamente en los lugares donde vivían y demolieron
un sistema agrícola anteriormente independiente, diverso y
comunitario. Lo que deriva de todo eso es pobreza y, a veces,
violencia y desorientación. Muchos nos quejamos sobre cada mexicano
que cruza la frontera hacia Estados Unidos, pero muchos están llegando
porque las corporaciones norteamericanas han comprado tierras de
agricultores que antes eran autosuficientes. Esa gente tiene que ir a
algún lugar. Y, entonces, nos enfureceremos con ellos por venir
acá.
Copyright © Jerry Mander 1999 - Copyright © PanNature 2004
Última revisión Junio
1, 2004. Traducción de Paolo Catelan. Edición de
Maricruz González Cárdenas. El material publicado en
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mismo no está permitido, pero puede ser libremente circulado
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Original title, ``Economic Globalization:
The Era of Corporate Rule''. Nineteenth Annual
E. F. Schumacher Lectures. October 1999, Salisbury
Congregational Church, Salisbury, Connecticut. Edited by
Hildegarde Hannum. Copyright © by the E. F. Schumacher
Society and Jerry Mander. Translated and reproduced by
agreement with the Author. PanNature warmly thanks the
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for the successful acceptance of this initiative.
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