Introducción
En 1992, según la FUNAI, la Fundación Indígena del Gobierno
Brasileño, la mayoría de la caoba brasileña que entraba a Gran
Bretaña provendría de reservas indígenas o biológicas.[16] A medida
que se habían agotado las fuentes de caoba más ricas y legalmente
disponibles, las compañías madereras habían penetrado en las áreas
destinadas a la protección de los indígenas y de la vida silvestre, en
las cuales la explotación es ilegal.[1]
La mayoría de las reservas donde
crecen significativas cantidades de caoba han sido invadidas y, como
resultado, la industria de la caoba hoy en día se ha convertido en una
de las amenazas más grandes para la supervivencia física de los
indígenas amazónicos. No sólo la selva que los sustenta y sus
tradiciones están por ser destruidas por los leñadores, sino también
las carreteras que abren permiten que los colonos invadan territorios
indígenas anteriormente inaccesibles.[2,3,4] Muchos de los nativos que
entran en contacto con los colonos o con los leñadores no poseen
resistencia a las enfermedades que introducen , y las epidemias se
difunden a lo largo de la frontera maderera.[5,6,7] En algunas
reservas los leñadores han enviado con anterioridad a pistoleros para
que maten a los indígenas que obstaculizan sus operaciones.[8,9,10] En
otras, han llegado a acuerdos con nativos individuales, comerciando
caoba a cambio de mercancía barata. Dichos acuerdos son típicamente
injustos, y han provocado fricciónes entre los beneficiarios y otros
miembros de la tribu.[12,13,14]
La industria brasilera, según altos
funcionarios del gobierno, está fuera de control.[14,15,16] Se cuenta
que las organizaciones formadas por la industria maderera en la
Amazonía oriental son más poderosas que cualquier agencia
gubernamental, y muchos de los funcionarios del Estado encargados de
la protección de los indígenas y de los bosques han sido o sobornados
o amenazados para obtener la aquiescencia al comercio ilegal. Este
problema se extiende a los miembros del sistema jurídico. Se sabe que
algunos funcionarios reciben regularmente salarios de los madereros.
José Lutzenberger, Secretario de Estado para el Medio Ambiente,
describió los puestos de avanzada de la agencia ambiental del
gobierno, IBAMA, como ``oficinas al ciento por ciento al servicio de
las compañías madereras.''[17] En marzo de 1992, cuando intentó
intervenir de alguna manera en esta situación, fue, por ésta entre
otras razones, botado de su trabajo (véase la Apendice 2).
Tanto él como Sydney Possuelo, la
actual presidente de la FUNAI, se quejan de que poco puede hacerse
para limitar el suministro de caoba ilegal: simplemente, los madereros
son demasiado poderosos. Gran Bretaña es el más grande comprador de
caoba aserrada brasileña, representando un 52 por ciento del
comercio.[119] Hacen un llamado a los consumidores británicos a que
detengan la demanda: es la única esperanza, dicen, para la
supervivencia de muchos de los indígenas de la Amazonia.
El Árbol
La caoba brasileña (Swietenia macrophylla) crece en una
amplia banda a través del sur de la Amazonía - desde las cercanías de
la costa oriental de Brazil hasta la frontera con Bolivia - a través
de la lejana Amazonía occidental, estrechandose a través de Ecuador y
Colombia hasta el centro de Venezuela, cruzando la Península de Darien
llegando finalmente a las costas atlánticas de America Central.[18]
Este estudio se concentra en Brasil, donde es extraída la mayoría de
la caoba adquirida en Gran Bretaña.
La faja de la caoba coincide con la
densidad más alta de reservas indígenas del sur de la Amazonía. Esto
se debe parcialmente porque la región en dónde crece se encuentra
lejos del Río Amazonas, cuyo caudal remontaron los primeros
colonos. Mientras las enfermedades, la esclavitud y las guerras
introducidas por los europeos provocaron dentro de dos siglos el
completo exterminio de muchos de los grupos en las cercanías del
mismo Río Amazonas, los grupos de las selvas sureñas fueron dejados
esencialmente tranquilos hasta la segunda mitad del siglo XX. Es en
estas selvas que crece la caoba.
Dada la fuerte explotación del árbol
de caoba, Brazil ha declarado esta especie como Vulnerable en el Anexo
de la Convención sobre la Protección de la Naturaleza y la
Preservación de la Vida Silvestre en el Emisferio Occidental. La
Swietenia macrophylla es clasificada como una especie de alta
prioridad para la conservación de los recursos genéticos por el
International Board for Plant Genetic Resources [Comité Internacional
para los Recursos Genéticos de las Plantas]. El informe de los Estados
Unidos ante la Convention on International Trade in Endangered Species
[Convención sobre el Comercio Internacional de Especies en Peligro de
Extinción] de 1992 señala que ``Las poblaciones naturales existentes
de la especie no incluida en la lista [Swietenia] están
sustancialmente reducidas por medio de la extracción.''[19]
Sin embargo, esto no sugiere que la
especie está cercana a la extinción. Una reciente investigación
conducida por de Barros et al. calcula que 16 millones de metros
cúbicos de caoba existen fuera de las reservas indígenas en la
Amazonia brasileña.[20] Si este cálculo es correcto (Verissimo et
al. señalan que ``es extremadamente difícil calcular la reserva
regional de caoba y todos los cálculos de este tipo deberían ser
considerados actualmente con escepticismo.''[21]), parecería sugerir
que la caoba sigue siendo abundante en la Amazonia brasileña.
Sin embargo, de Barros et
al. calculan una densidad media de estas reservas restantes en las
regiones en donde se sabe que todavía hay caoba de solamente un árbol
en diez hectáreas. Esta está debajo de la densidad mínima para que la
comercialización sea viable (conversaciones con los leñadores indican
que las regiones en donde se encuentra un árbol cada cuatro hectáreas
están justo dentro del intervalo de viabilidad comercial). Informes de
personas involucradas en el comercio obtenidos por este y otros
autores [22] durante los últimos tres años indican que la mayoría de
los árboles de caoba fuera de las reservas ya han sido explotados. Los
datos pueden corroborar con estos informes y confirmar las aseveraciones
de los funcionarios del gobierno que la caoba se encuentra cerca de la
extinción comercial en las áreas accesibles en donde puede ser
legalmente explotada.[15,16]
Los cálculos de de Barros et al. que
indican que las reservas indígenas en el cinturón de la caoba, que
cubren el 22.5 por ciento de su superficie, contienen 13.7 millones de
metros cúbicos de caoba indican, si fueran correctos, que la densidad
de caoba dentro de estas áreas es mucho más alta que la dendidad fuera
de ellas - probablemente porque la explotación es un fenómeno reciente
en la mayoría de las reservas. Esto, y el hecho de que los leñadores
fueran capaces de evitar pagar a los nativos su caoba, o de pagarles
unos precios mucho más bajos de aquellos impuestos por otros
terratenientes, hace que la explotación de las reservas sea
comercialmente viable.[23]
Efectos Ambientales de la Tala
La caoba ha sido descrita como ``un juego de mesa perfectamente
diseñado para la máxima destrucción ambiental.''[24] Como los árboles
son altamente valiosos aunque ampliamente dispersos a través de la
selva, los leñadores de caoba están preparados para atravesar grandes
regiones de selva para extraerla. Uhl et al. señalan: ``La tala de
caoba es llevada a cabo por compañías muy grandes, y cada una
construye cientos de kilómetros de carreteras de acceso durante cada
estación seca para alcanzar árboles de caoba cada vez más lejanos. Hoy
en día la distancia de transporte se acerca a los 400 kilómetros, pero
el precio de la caoba aserrada, de 600 a 800 dólares por metro cúbico,
es remunerativo.''[25]
El daño que la maquinaria ocasiona a
la selva donde se tala la caoba es desproporcionado en comparación con
la cantidad de madera cosechada. Un estudio en el sur de Pará muestra
que por cada árbol de caoba talado, 28 otros árboles fueron seriamente
dañados: la mayoría de ellos derribados o desarraigados. Por cada árbol
de caoba talado, 1450 metros cuadrados de selva fueron afectados.
Mientras en principio la selva podría
recuperarse del destrozo, la relación entre los taladores de caoba y
los colonos en la Amazonia brasileña (véase la sección que sigue) y la
concentración de taladores en las áreas protegidas de la selva implica
que en la práctica la industria maderera debe constar entre las causas
más importantes de la destrucción de la selva tropical del sur de la
Amazonía.
Algunos taladores brasileños afirman
que operan de una forma ecológicamente aceptable o incluso sostenible.
Señalan el establecimiento de sus plantaciones de caoba como evidencia
de producción sostenible. Sin embargo, éstas se encuentran
característicamente ubicadas lejos de las selvas donde la caoba es
talada. El establecimiento de plantaciones de apenas unas pocas
especies de árboles no restablece la diversidad de la selva
destruida. La superficie de la tierra que estas plantaciones cubren es
pequeña en comparación a la superficie abierta por las actividades de
los madereros. En las reservas indígenas y biológicas de donde se dice
que proviene la mayor parte de la caoba, no se han hecho intentos
registrados para reparar el daño infligido.
Para fundamentar sus aseveraciones de
que están extrayendo madera solamente de selvas sujetas a manejo, los
taladores de madera producen certificados de manejo otorgados por el
instituto federal de medio ambiente, IBAMA. Éstos han sido siempre
considerados un hazmerreír de todos los investigadores en la Amazonía.
En 1992, José Lutzenberger reveló que los corruptos oficiales de IBAMA
los repartían en blanco, para que los mismos madereros los
llenaran.
Verissimo et al. han mostrado que,
por un gran número de razones, la regeneración de la caoba en la selva
talada es débil. Sugieren que ``es posible que la población actual de
caoba se haya establecido luego de amplios destrozos, como incendios,
hace algunos cientos de años, y no haya podido reproducirse
eficazmente desde aquellos eventos destructivos.''[21] Ya que los
árboles de caoba más maduros son cortados por los madereros, y la tala
ocurre antes de la estación de los frutos de caoba, pocas semillas
quedan para la regeneración. La cepa de caoba no retoña de troncos
cortados. Sin embargo, señalan que en condiciones de luz abundante, la
caoba manifestaría una buena capacidad de regeneración. Dado que, en
las selvas taladas que analizaron, los árboles de caoba de tamaño
intermedio se encuentran a densidades de sólo 0.3 por hectárea,
concluyen que ``considerando la mortalidad natural, no es probable que
esta reserva pueda producir una segunda cosecha.''[21]
La mayor parte de la selva en donde
crece la caoba con toda probabilidad se quedaría sin ser explotada en
el futuro inmediato si no fuera por la extracción de la
caoba. Mientras los árboles de la especie están ampliamente dispersos,
pocos de otras especies en los bosques en donde la caoba crece poseen
un valor comercial.[21,26]
Mientras los comerciantes de caoba en
Gran Bretaña se preocupan por el lugar de dónde podría estar
proveniendo su madera en 30 o 40 años - asumiendo que las plantaciones
superen los problemas debidos a las plagas y alcancen la madurez -
parece que no pueden determinar de dónde proviene la madera en la
actualidad. El autor todavía no encuentra una operación maderera
comercialmente sostenible en la Amazonía brasileña.
Leñadores y Colonos
El daño inmediato infligido en la extracción de la caoba es el
menor de los problemas asociados con la industria. Hoy en día la tala
está entre los medios principales por medio de los cuales se
establecen las nuevas fronteras agrícolas en la Amazonia: colonos y
rancheros utilizan las carreteras abiertas a través de territorios
antes inaccesibles, y destruyen los bosques penetrados por los
madereros.[27,25,21] En muchos casos los fondos que necesitan para
despejar la selva provienen de la venta a los aserraderos de lo que
queda de la madera de valor en las tierras que invaden.[25]
Como los taladores de caoba deambulan
mucho más que todos los leñadores y son típicamente los primeros
invasores de las reservas, son ellos que proporcionan los medios con
los cuales los colonos pueden llegar a las partes más remotas de la
selva. En reservas como Guaporé, Uru Eu Wau Wau y Alto Turiaçu, los
madereros han alentado activamente a que los colonos los sigan, dado
que estas personas ofrecen mano de obra barata y protección de los
indígenas y de las autoridades. Afirmando que representan solamente
una pequeña parte de la invasión más grande, los madereros buscan
amparo detrás de las dificultades políticas involucradas en el
desalojo de los colonos de las reservas.
El daño ocasionado por lo colonos que
utilizan las carreteras de los madereros tiene efectos profundos sobre
las vidas de los indígenas. Los Arara que viven en la parte más
occidental de su reserva, por ejemplo, están totalmente aislados de
aquellos que viven al este por un cinturón ininterrumpido de
deforestación a lo largo de una carretera que lleva a un aserradero.
Hay temores por la viabilidad genética de la pequeña población
desamparada en el occidente (véanse los estudios de casos).
Las Consecuencias Humanas
El año 1992 fue un año de crisis para los indígenas de la Amazonía
oriental. Mientras continúan muchas de las invasiones de las reservas
existentes, los taladores ahora se están reuniendo para lo que los
antropólogos brasileños describen como ``una enorme ofensiva
planificada para la estación seca.''[28] En reservas de indígenas como
los Parakana, los Xikrin y los Kayapó - todos han resistido a algunos
de los intentos de explotación de los taladores - se denuncia que los
leñadores adoptan cualquier medio posible para restablecerse, incluso
la coima, las amenazas y la influencia política.[29]
Las invasiones de las reservas en el
cinturón de la caoba son sistemáticas. En muchos casos, son
planificadas entre los carteles de los madereros, con o sin la
participación de funcionarios gubernamentales corruptos (véase más
abajo). Es común que una compañía abra carreteras en una reserva, otra
explote la madera, y las dos vendan a una tercera.[30] La combinación
de su riqueza y poder implica que hay poco que el gobierno o las
instituciones no gubernamentales puedan hacer para deternerlos.
Como resultado, los leñadores han sido
capaces de pisotear los derechos fundamentales de los pueblos más
vulnerables de la región. La Constitución de Brasil establece que:
``Las tierras tradicionalmente ocupadas por los Indígenas son
reservadas para su posesión permanente, dejándoles el uso exclusivo de
los recursos del suelo, de los ríos y de las lagunas que ellas
albergan.''[1] Esta disposición - como otras en la Constitución; el
Estatuto Brasileño del Indígena; el Borrador de la Declaración de las
Naciones Unidas sobre el Derecho de los Pueblos Indígenas; y las
convenciones 107 y 169 de la Organización Internacional del Trabajo -
es violada en cada reserva donde los madereros están operando.
Los efectos sobre los indígenas
abarcan desde la desarticulación social y pérdida cultural hasta las
epidemias y la muerte. Los funcionarios de la FUNAI denuncian que hay
poca esperanza de prevenir la desintegración de las sociedades
indígenas en el sur de la Amazonía mientras el comercio de caoba siga
sin ser perturbado.[14,32,30]
Las monografías en el Apéndice A
(véase más abajo) presentan las matanzas de los pueblos de las tribus
Korubo, Flecheiros, Tikuna, Awá-guajá, Zoró, Mura-Piraha, Guaporé y
Uru Eu Wau Wau. Los grupos de derechos indígenas en la Amazonía
subrayan que la mayoría de las matanzas de indígenas no son ni
siquiera registradas. Los que se encuentran más en riesgo son los
grupos amazónicos aislados, que se han resistido al contacto con el
mundo de afuera. En algunos casos los primeros blancos con los que se
encuentran son los pistoleros de los madereros.
Entre los grupos que mantienen
contacto con los blancos, los problemas más evidentes asociados con la
actividad maderera son las enfermedades. El año pasado, el Consejo
Indígena de la Iglesia Católica informó que casi la totalidad de la
población adulta del pueblo Surui de la reserva Sete de Setembro había
contraído una u otra enfermedad venerea, y el 20 por ciento de la
población sufría de tuberculosis.[5] Se piensa que los Uru Eu Wau Wau
han perdido mitad de su población desde el primer contacto en 1981, a
causa de las enfermedades introducidas por los madereros y los
colonos.[33]
Madereros, Indígenas y Gobierno
Las tácticas de los madereros varían mucho. En algunos casos, se
introducen clandestinamente en las reservas, talando hasta cuando los
indígenas los descubren. Cuando ésto pasa o se van, o amenazan a los
nativos o intentan sobornarlos. En los territorios de tribus como los
Kayapó, famosos por su violenta resistencia a la tala ilegal, se sabe
que los madereros se infiltran rápidos, talan la mayor cantidad de
árboles de caoba que pueden, entonces buscan acercarse a los indígenas
a través de intermediarios, argumentando que, como los árboles ya han
sido tumbados, los indígenas pueden ser remunerados con una parte de
las utilidades solamente después que la madera haya sido sacada y
aserrada.[34]
En otros casos, los madereros llegan
a las aldeas indígenas para distribuir camionadas de mercancías
baratas: antorchas, radios, camisetas, biscochos y comida enlatada.
Luego de algunas semanas regresan, alegando que los productos han sido
vendidos a crédito a los indígenas y que han venido a cobrar las
deudas pagadas con la madera.[29]
Una vez dentro de las reservas, la
estrategia de los madereros es seleccionar a unos miembros de la tribu
e intentar convencerlos de los méritos de comerciar su madera. Si lo
logran, se estipulan contratos. Estos son ilegales y,
característicamente, con beneficios para una parte. Los indígenas son
pagados con dinero en efectivo, o con servicios o mercadería a precios
mucho más bajos de los que ofrecen los otros terratenientes.[35,36,37]
Aún así, algunos grupos de indígenas se han quejado de que los
leñadores con los que negocian roban más madera de la que pagan.
Cuando los individuos reciben
mercancías o servicios por su aquiesciencia en las operaciones
madereras, éstos típicamente resultan efímeros o dañinos. En la
mayoría de las reservas donde los indígenas tratan regularmente con
los madereros, el alcoholismo es un problema, dado que el ron blanco es
comerciado o repartido a cambio de caoba.[3,36] Los madereros ofrecen
prostitutas blancas a los indígenas con los que comercian, y algunos
gastan el dinero que ganan para pasar en hoteles y comer en
restaurantes, abandonando sus cultivos y a sus familias. Muy pocas
veces el dinero ganado es reinvertido: los nativos no reciben ninguna
clase de aritmética o finanzas.
Los contratos golpean duro a las
personas - en algunos casos a jóvenes sin ninguna reivindicación de
liderazgo[13] - y los madereros han provocado conflictos entre los
indígenas, porque los que no quieren que se talen los bosques se dan
cuenta de que no hay mucho que puedan hacer para impedirlo.[12]
Las dificultades que los indígenas
han enfrentado en la tentativa de mejorar los términos de estos
contractos anticonstitucionales han sido descritas por el portavoz de
los Kayapó, Paulinho Paiakan: ``Actualmente, muy pocos de nosotros
pueden hablar o leer portugués. Aún menos pueden contar el dinero o
analizar los acuerdos en términos económicos. Los números no son parte
de nuestra tradición. Siempre fuimos estafados.''[38]
Cuando se acaba la caoba - como ya
está ocurriendo en algunas reservas - los indígenas se quedan sin
dinero ni selva. Por haber usado la selva para satisfacer todas sus
necesidades, se vuelven dependientes de una economía basada en el
dinero, pero sin un centavo, y muchos son tentados a vender otros
derechos a sus tierras - como concesiones mineras - para poder
sobrevivir. Como señala Linda Greenbaum, los indígenas pierden sus
antiguas habilidades sin adquirir ninguna de las nuevas.[35]
A pesar de su ilegalidad, muchos de
los contratos han sido negociados por intermedio de los funcionarios
de la FUNAI. Este proceso comenzó durante la desastrosa administración
de Romero Jucá Filho, en 1986. Los contratos que firmó en nombre de
los indígenas le dieron enormes ganancias personales [39], gastos más
bajos para la FUNAI - dado que en algunas reservas sus edificios
administrativos los construían los madereros - y muy pocos beneficios
para los indígenas. Estos contratos provocaron un escándalo nacional y
fueron suspendidos por las cortes federales en 1988 [40], pero los
madereros continuaron usándolos en los intentos de legitimar su
presencia.
A Jucá le siguieron presidentes de la
FUNAI con varios compromisos a favor de los derechos de los indígenas,
hasta que, en 1991, fue nombrado Sydney Possuelo. Aunque está
determinado a detener los abusos, funcionarios de rango intermedio en
todos los niveles de la Fundación siguen presidiendo los contratos
entre madereros e indígenas, aceptando coimas sustanciales por parte
de los madereros a cambio de convencer a los indígenas de que no se les
está tratando deshonestamente.
Algunos grupos indígenas han
presionado a los funcionarios locales de la FUNAI o incluso han
viajado a la capital federal, Brasilia, para solicitar al gobierno el
fin de la tala [8,41], pero típicamente sin éxito: los indígenas de la
Amazonía no tienen peso económico ni tampoco representan una parte
importante del electorado. Dado que, durante los últimos cinco siglos,
su número ha disminuido de 5-10 millones a 230.000, en las votaciones
son sistemáticamente superados por los colonos esperanzados en
enriquecerse por el acceso a nuevas tierras que las carreteras de los
madereros posibilitan. Al fracasar en encontrar soluciones políticas,
algunos indígenas han acudido a la confiscación de la maquinaria
[13,42], toma de rehénes [43,44] y violencia [45,8] en sus intentos
para expulsar a los madereros. Estas medidas desesperadas son exitosas
ocasionalmente.
Entre otros grupos, algunos
individuos han presionado a la FUNAI o a las agencias ambientalistas
para que permitan que la tala continúe, ya que desean seguir
recibiendo la mercadería o el dinero que los madereros ofrecen.[46,47]
Esto ha ayudado a exacerbar los conflictos entre los que se oponen a
la tala y los que la apoyan.
La escala de la tala en las reservas
difícilmente puede ser exagerada. En 1987, la agencia brasileña de
exportación, CACEX, registró que el 69 por ciento de toda la caoba que
sale de Brasil provenía de las reservas de los Kayapó.[36] Desde
entonces, esta proporción ha disminuido debido al agotamiento. La
Comissao Pro-Indio informa que, en tan solo ocho reservas que ha
inspeccionado en el estado de Rondônia, 905.000 metros cúbicos de
maderas finas (principalemnte caoba, seguida por cedro y cerejeira)
han sido extraídos entre 1982 y 1990, y la mayor parte de la tala ha
ocurrido en los últimos cuatro años.[48] En 1991, se registró que
30.000 metros cúbicos de caoba fueron talados en la reserva Catete de
los indígenas Xikrin, y se estimó que se trataba sólo de una pequeña
parte de la cantidad total talada. En 1988, el ex-director de la
FUNAI, Ezequias Heringuer Filho, reportó que un estudio preliminar en
Rondônia, Mato Grosso, Amazonas y Pará mostraba que madera valorada en
al menos 1 billón de dólares había sido extraída de las reservas
indígenas.[49]
La tala ilegal de caoba ocurre
también en reservas biológicas y extractivas.[50]
Estudios de casos
LOS KORUBO
El Parque Javari, que ocupa la esquina más occidental del estado de
Amazonas, está habitado por tres mil indígenas de doce grupos, entre
los cuales cuatro no han tenido contactos pacíficos con el mundo de
afuera.[5] Según la FUNAI, ocho de los doce grupos están amenazados
por las operaciones madereras ilegales. Entre éstos, los Korubo, que
han elegido evitar el contacto con los foráneos (los intentos de la
FUNAI de contactarlos entre el 1972 y el 1975 fueron abandonados por
la hostilidad de los Korubo), son los que más se encuentran en
peligro.
Durante al menos seis años, las
invasiones del territorio korubo por parte de madereros provenientes
de Brasil y Perú han estado aumentando, y la tala de árboles en el
Parque Javari - según el Consejo Indígena de la Iglesia Católica -
representa ``una buena parte de la producción maderera del estado de
Amazonas.''[51] La situación se ha vuelto tan desesperada que algunos
Korubo han abandonado sus bosques y se han refugiado en los
latifundios cercanos.[52] Desde cuando comenzaron las invasiones, al
menos cuatro Korubo fueron asesinados por los pistoleros de los
madereros.
En 1986, un indígena fue asesinado y
otro herido al ser capturados por madereros en el Río Branco.[53] En
noviembre de 1989, en la confluencia entre los ríos Ituí e Itacoaí, la
policía federal rescató los cuerpos de tres Korubos que supuestamente
habían sido cazados y asesinados por los madereros - posiblemente los
primeros blancos que estos Korubos habían encontrado.[54,55] El
Consejo Indígena de la Iglesia Católica, CIMI, informó que los
asesinos de los tres indígenas eran bien conocidos, pero que no se
había hecho ningún intento serio para iniciar un procedimiento
criminal contra ellos.[56]
A finales de 1990, un equipo de
filmación de la Universidad de Brasilia encontró una cuadrilla de 11
madereros armados de fusiles penetrando en los bosques de los Korubo,
aparentemente para principiar una cacería de indígenas.[56] En
diciembre de 1991, desaparecieron dos hombres que trabajaban para una
compañía maderera en territorio korubo. La compañía envió 10 hombres
armados para encontrarlos y - según el CIMI - para castigar a los
indígenas que se creía eran los responsables de sus muertes.[57]
Tiempo después, los cadáveres de los desaparecidos fueron rescatados
[58] y se determinó que habían sido asesinados por los Korubo. Los
activistas de los derechos humanos temen que las incursiones de
venganza ocurran pronto. En octubre de 1987, la maloca (o casa
comunal) de un grupo cercano aislado, conocido como los Flecheiros,
fue arrasada luego de que los nativos hirieron a un leñador. Se
informó que muchos de los indígenas fueron matados durante el
ataque. Los madereros se quedaron en la región.[53]
Los efectos ecológicos de la tala en
territorio Korubo son graves. El antropólogo Delvair Montagner
escribe: ``Los taladores son los más grandes predadores del Parque,
debido a las inmensas carreteras que se abren en la selva para empujar
los troncos hacia los arroyos y los ríos.''[53] De los Korubo escribe:
``La situación de los indígenas aislados es terrible. La FUNAI debe
ser prudente y actuar rápidamente, antes de que los invasores y los
criminales los diezmen.''[53]
La caoba y el cedro del Parque Javarí
ahora se encuentran solamente en pocos valles, mientras se sospecha
que la sumaúma ya está agotada.[51] En los territorios Korubo y Matís,
en la cuenca del Río Ituí, la FUNAI calcula que hay entre 700 y 1000
madereros, que sacan entre 8000 y 10000 árboles durante cada estación
seca. Mientras muchos de éstos son pequeños operadores, una nueva
invasión del territorio korubo por parte de un gran aserradero basado
en la ciudad de Benjamin Constant fue lo suficientemente agresiva como
para que algunos de los indígenas abandonaran su territorio. La FUNAI
pidió que la policía expulsara a estos madereros, pero ésta se rehusó
a actuar sin una orden formal de las cortes.[59,60]
Ya que los Korubo evitan el contacto
pacífico, es imposible establecer los efectos de las enfermedades
introducidas entre ellos. Alguna indicación de lo que les podría estar
pasando puede encontrarse en la condición de dos de los otros pueblos
del Valle del Javarí, cuyas tierras han sido invadidas por los
madereros. En 1991, se supo de epidémias de tuberculosis y
leishmaniasis entre los Marubo, mientras se descubrió que los Matís
estaban sufriendo de sarampión y gripe, complicadas por la pulmonía
bronquial.[6] Potencialmente, todas estas enfermedades son letales
para los indígenas de la Amazonía.
LOS GUAPORÉ
Los indígenas que habitan en la Reserva Biológica Guaporé en el
estado de Rondônia se han resistido a cualquier contacto con el mundo
exterior. Han sido vistos sólo una vez por los funcionarios del
gobierno, aunque fueron encontrados muchos asentamientos abandonados.
La Reserva no es solamente el último refugio de este pueblo, es
también una de las áreas destinadas a la conservación de la naturaleza
más importantes de Brazil, cuyas 600.000 hectáreas albergan bosques
altamente diversos, cerrados (sabanas de matorrales) y
pantanales.[4]
En 1986, las compañías madereras, con
el apoyo del senador federal Olavo Pires [61] y de funcionarios
corruptos del Instituto del Ambiente del gobierno federal, IBDF,
empezaron la construcción de carreteras en la parte oriental de la
Reserva. En 1988, llegaron más taladores que habían abandonado
temporalmente las reservas indígenas mientras la FUNAI era enjuiciada
por el Ministerio Público Federal por haber firmado contratos
ilegales.[49] Para 1990, diez aserraderos estaban cortando madera en
la Reserva, y se estimaba que ya habían sido extraídos 40.000
árboles.[62] Sus carreteras se adentraban hasta 82 kilómetros en el
interior de la Reserva.[46]
Se reportó que un senador del estado
asociado con los madereros pidió al Presidente Sarney que se alterasen
los linderos de la reserva, de manera tal que la tala fuera legal. En
el intento de acelerar esta modificación, fomentó a los colonos a que
se asentaran a lo largo de las carreteras madereras, informándoles que
con toda probabilidad podrían obtener títulos legales de las tierras
que ellos reclamaran en la reserva.[46,63] Cincuenta familias de
colonos se asentaron en las cercanías de las carreteras, y 400
especuladores reclamaron las tierras de la reserva, poniendo letreros
a lo largo de las carreteras.[4]
La FUNAI informa que los indígenas de
la Reserva Guaporé están amenazados con la extinción si la tala de
árboles continúa. En 1989, una expedición de la FUNAI descubrió más de
veinte asentamientos Guaporé, abandonados a medida que los leñadores
se acercaban: la expedición concluyó que los indígenas casi vivían en
un constante estado de fuga. Cuando, por primera y única vez, estos
funcionarios los encontraron, los indígenas huyeron de pánico.[62]
Esta podría ser una reacción a las ampliamente difundidas matanzas de
miembros de los Guaporé por parte de los pistoleros de los madereros.
A mediados de los años 90, la FUNAI
alistó a cuatro expediciones - algunas con el apoyo de la Policía
Federal - para poner fin a las operaciones madereras en la reserva.
Luego de cada expedición, los leñadores empezaron de nuevo y casi
inmediatamente sus operaciones, confiados en el difundido apoyo de los
funcionarios corruptos. Pero, a finales de lo 90, el senador Olavo
Pires fue asesinado, y los funcionarios corruptos fueron despedidos de
las oficinas locales de la FUNAI y de la agencia estatal del medio
ambiente. Durante la estación seca de 1991 se lanzó una operación más
efectiva, que detuvo la tala en la reserva al menos hasta el fin de
ese año.[65] Los defensores de los derechos de los indígenas están
esperando ansiosamente la estación seca de 1992, preocupados de que
los leñadores regresen y expulsen a los Guaporé de los últimos bosques
intactos en la parte de la reserva donde habitan.
LOS ARARA
Los indígenas Arara de la cuenca del Xingú en el sur de Pará (que
no hay que confundirlos con los Arara de Rondônia y Mato Grosso)
fueron contactados por primera vez por el gobierno brasileño en
1981. Sin embargo, para ese entonces, ya habían sufrido terriblemente
por la división de sus tierras a causa de la Autopista Transamazónica
(construida en 1970) y el simultáneao bombardeo de sus aldeas, por los
lanzamientos de indumentaria contaminada desde avionetas y el
levantamiento de cercas letales con electricidad por parte de las
fuerzas armadas y una compañía agroindustrial. Se cree que, después
del contacto, su población ha disminuido en un 75 por ciento.[32]
En 1983, la agencia gubernamental de
colonización otorgó a un importante proveedor de caoba para los
importadores británicos el permiso de construcción de una carretera de
90 kilómetros, desde la Autopista Transamazónica hasta las orillas del
Río Iriri, a través del territorio de los Arara más al occidente, que
aún no habían sido contactados. Los Arara huyeron de las tierras
invadidas por la compañía, mudándose a la parte más occidental de su
territorio. En 1987 fueron contactados por primera vez por la FUNAI y,
en el esfuerzo de mantenerlos alejados del contacto con las compañías
madereras, reubicados en un asentamiento permanente.
La compañía construyó un aserradero
en la orilla del Río Iriri y comenzó a explotar caoba en las tierras
tradicionalmente de los Arara. Unas 1500 familias de colonos llegaron
tras la compañía maderera, asentándose a lo largo de la carretera
principal y de las secundarías que se estaban construyendo.
En 1985, la tierra que la firma
maderera había invadido fue declarada territorio Arara, y en 1991 la
FUNAI pidió al Fiscal General del Estado una orden de reposesión en
contra de la compañía. El Fiscal General acudió a las cortes en
Pará.[66] Inicialmente el juez concedió una medida preliminar contra
la compañía, pero inmediatamente después cambió de opinión, y la firma
maderera sigue en la reserva de los Arara.
En 1991, la compañía maderera
construyó una carretera de 95 kilómetros hacia el oeste, que llegó a
20 kilómetros de la nueva aldea occidental de los Arara.[14,29] La
FUNAI reporta que la compañía ha destruido la mayor parte de la selva
que los indígenas de allí estaban usando (dependen grandemente de la
cacería, pesca y recolección). Los animales salvajes ya habían
abandonado el área. Los funcionarios creen que si la carretera se
alargara aunque fuera un poco, los indígenas perderán sus medios de
sustento.
Como los colonos que siguen a la
compañía maderera han despejado una amplia área de selva que los Arara
no pueden cruzar, los 38 individuos que aún sobreviven en los
territorios occidentales no tienen ningún medio para ponerse en
contacto con las poblaciones más numerosas que se encuentran en el
este: la FUNAI teme que el tamaño de su población ya no sea
genéticamente viable.[14] También los Arara más orientales sufren
gravemente por la presencia de los madereros, y este año hubo informes
de graves epidemias de gripe tras los contactos entre ellos y los
empleados de muchas de las firmas que invaden sus tierras. Una de
estas compañías es propiedad de una agencia gubernamental, INCRA, que
está talando la caoba en beneficio de otra compañía maderera que
pertenece a uno de sus funcionarios de alto rango.[67]
LOS TIKUNA
El 28 de marzo de 1988, más de 100 Tikuna se reunieron para
encontrarse con los representantes de la FUNAI en una casa a orillas
del río en la aldea de Albacete, en la Amazonía occidental, para
discutir la tala ilegal de árboles que ocurría en su territorio. A
orillas del río llegó un bote que transportaba al maderero Oscar
Castello Branco acompañado por dieciseis pistoleros. Los hombres
desembarcaron, anunciaron que habían venido para matar a todos, y
abrieron fuego.[31] Mientras los Tikuna intentaban huir en canoas,
muchos fueron abatidos a balazos. Cuando la masacre terminó, 14
indígenas, entre ellos niños, habían sido asesinados y otros 22
heridos.[8,68]
Romeau Tuma, director general de la
Policía General de Brasil, acusó a Castello Branco de ser el
instigador de la masacre.[68] Once de los dieciseis pistoleros fueron
identificados. Cuatro años más tarde, aún no se ha interpuesto ningúna
acción judicial.[8,69,70] La región está bajo el dominio de los
madereros: en siete condados, las autoridades están autorizando o
fomentando la tala ilegal de madera dentro de las tierras tikuna.[8]
Muchos de los funcionarios de la región se benefician directamente de
las invasiones de la reserva. Políticamente, el juicio a Castello
Branco y a su pistoleros es imposible.
Lejos de investigar la masacre de
1988, las autoridades no han hecho nada para prevenir otras.
Repetidamente los Tikuna han pedido protección, pero nunca la han
recibido. En las aldeas tikuna, las amenazas de muerte llegan
regularmente: a un líder se le dijo que 15 cajas de municiones ya
están guardadas para él y su gente.[15] A medida que la presión sobre
las reservas tikuna aumenta, las posibilidades de ulteriores matanzas
aumentan.
LOS XIKRIN
Los Xikrin de la Reserva Catete en Pará expulsaron con la fuerza a
las compañías madereras que en 1997 invadieron sus tierras. Pero en
Julio de 1989, como reportan los antropólogos Lux Vidal e Isabelle
Giannini, dos jóvenes hombres de la comunidad, sin poseer ninguna
autoridad como representantes, fueron convencidos para que firmen un
contrato con una importante compañía maderera, una de las más grandes
abastecedoras del mercado británico. A la compañía se le aseguró el
derecho de extraer 20.000 metros cúbicos de caoba por año y durante
cinco años.[13]
Notablemente, la mitad de la madera
extraída era, según los términos del contrato, entregada gratuitamente
a la compañía maderera como compensación de los costos de extracción.
El Administrador Regional de la FUNAI, José Ferreira Campos Junior,
comentó: ``El cinismo de este contrato es tal que el 50% de la madera
extraída se va a la compañía como pago por la extracción misma de la
madera... Es la primera vez que he visto que se le pague a una
compañía maderera para que extraiga madera.'' Señaló que el contracto
contenía muchas otras aberraciones graves, poniendo bien en claro que
los Xikrin habían sido rotundamente engañados.[72]
Se suponía que los Xikrin hubieran
sido compensados por la madera remanente a un precio de 20 dólares por
árbol. En 1989, el precio de mercado por los árboles de caoba de la
región era de 80 dólares por metro cúbico, una media de 320 dólares
por árbol. De todas maneras, los antropólogos que trabajaban con los
Xikrin reportan que ni siquiera este dinero fue pagado. En el contrato
apareció una deuda de 7900 dólares, que los Xikrin debían a la
compañía, según la cual ese dinero habia sido gastado por ella misma
para comprar mercadería para los indígenas.
Para marzo de 1990, los Xikrin estaban
afectados por el alcoholismo, la prostitución, las enfermedades venereas
y el colapso social.[13] Enterándose de que no habían recibido nada a
cambio por su madera, los indígenas enviaron guerreros al área de
deforestación para expulsar a la compañía. Con la asistencia de los
antropólogos lograron anular el contrato y comenzaron a analizar
alternativas de desarrollo sostenible.
Sin embargo, para ese entonces, el
daño ambiental era grave. Lux Vidal e Isabelle Giannini señalan:
``Dado que la caoba de la región estaba ampliamente dispersa,
calculándose un árbol cada cuatro hectáreas, su explotación y
extracción dió como resultado la destrucción de una gran parte de la
selva alrededor. Para extraer 599 árboles de caoba, 130.5 kilómetros
de carretera principales y 173 kilómetros de carreteras secundarias
... fueron abiertas ... Se trata de una pura y simple pérdida de la
enorme riqueza de la selva. Los efectos sobre la flora y la fauna son
desastrosos, destruyendo las reservas alimentarias de los indígenas en
un lapso de un tiempo muy corto.''[13]
Sin embargo, en julio de 1990 la
compañía maderera persuadió a algunos individuos de la comunidad
Xikrin a que le permitan continuar la extracción de la madera de su
reserva a cambio de una avioneta bimotor y una carretera que una a su
aldea con la ciudad de Tucuma. La mayoría de la comunidad no fue
consultada sobre el contrato. Con el fin de acelerar sus operaciones,
la compañía subcontrató a otras cinco empresas, entre las cuales a dos
proveedoras de importantes importadoras de madera en Gran Bretaña.
Desde julio hasta octubre, 40
camiones diarios salían de la reserva, cada uno cargando cinco o seis
troncos. La avioneta no está registrada a nombre de los Xikrin.
Tampoco tienen dinero para comprar respuestos o para pagar un piloto.
Los madereros ahora aseveran que la Reserva Catete es el último lugar
de la región Redençao-Tucuma en donde todavía puede encontrarse caoba,
así que la presión económica y política para que la explotación
continúe es intensa. El Administrador Regional de la FUNAI informó que
en septiembre de 1990 fue abordado en el aeropuerto de Maraba por el
dueño de la compañía maderera, que le dijo: ``El dinero lo paga todo,
y la policía federal ni siquiera ingresará al área xikrin, y tú nunca
podrás iniciar una investigación sobre mi persona.''[72]
En enero de 1992, Isabelle Giannini
escribió: ``La deforestación en las áreas sureñas y occidentales,
desde las cabeceras del Río Seco y del Río Catete, y el incesante
contacto de los trabajadores de la compañía maderera con la aldea,
están provocando graves consecuencias para la salud de los
indígenas. Durante las dos primeras semanas de enero de 1992, seis
niños Xikrin murieron de disentería viral.''[7]
LOS SURUÍ
En 1991, casi la totalidad de la población de los Suruí (también
conocidos como los Paiter) de la Reserva Sete de Setembro en Rondônia
había contraído enfermedades venéreas. El veinte por ciento de la
gente sufría de tuberculosis.[5] Mientras que los 530 Suruí habían
padecido epidemias desde el primer contacto (el tamaño de la población
se había reducido en un 90% en veinte años), los mismos indígenas
culpaban a los madereros presentes en sus tierras por las epidemias
recientes.[73]
Las enfermedades sociales
relacionadas con la actividad maderera tienen igual gravedad. Luego de
haber pactado contractos verbales con los madereros en 1987 - que los
beneficiaban por la tala de caoba, pero no al resto de la comunidad -
algunos de lo hombres Suruí empezaron a permitirse todos los lujos que
el mundo de afuera podía ofrecerles. Dejaron sus aldeas y comenzaron a
vivir en hoteles en las ciudades cercanas, donde muchos de ellos casi
regularmente contrataban prostitutas blancas. Los que más se habían
aprovechado de la tala maderera adquirieron autos y contrataron
choferes. Dejaron de cultivar sus huertas y comían en
restaurantes.[35]
Dentro de tres años, casi todo el
dinero que estos hombres habían obtenido se había agotado, y nada
había sido invertido. Los Suruí, cuya sociedad hasta la fecha no era
jerárquica, se había dividido en lo que ellos mismos describían como
`jefes' y `campesinos'.[35]
Los contratos verbales fueron
inicialmente hechos debido a que los Suruí no podían encontrar otra
manera de detener la tala descontrolada que estaba ocurriendo en sus
tierras. En 1987, se estima que perdieron caoba por un valor de 2
millones de dólares antes de que se llegara a cualquier acuerdo.
Algunos de los hombres decidieron que si acaso los árboles ya estaban
perdidos - sea que los Suruí recibieran o no una compensación - ellos
podían beneficiarse de ellos también. La FUNAI, en ese entonces
liderada por Romero Jucá, alentó a los Suruí a que trabajaran con los
leñadores. Entre 1988 y 1990, 30.000 metros cúbicos de caoba fueron
extraídos de la Reserva Sete de Setembro.[48] En Rondônia los
madereros pagan a los indígenas un promedio de 20 dólares por cada
metro cúbico, que luego es vendido por 300-400 dólares.
Muchos de los Suruí se oponen a la
tala. Iabadai Suruí, en 1990, dijo al resto de su gente: ``Parientes
... nadie puede autorizar a que los madereros entren. Si uno de
nosotros les deja, ¿cómo podemos tener éxito en la lucha para que la
FUNAI saque a los aserraderos y a los leñadores? No deberíamos
talar los árboles. Los árboles nos dan los frutos que comemos, sin los
árboles los animales de la selva van a morir. Queremos la miel de los
árboles, las frutas, todo lo que en la selva se puede comer.''[12] Uno
de los hombres Suruí que se oponían a la actividad maderera
desapareció, supuestamente asesinado, en 1989.[74]
Hay veces cuando las protestas de los
Suruí opuestos a la tala de árboles no se limitan a las charlas. En
Octubre de 1988, los Suruí Cinta Larga, Arara, Gaviao y Zoró ataron a
seis trabajadores madereros que habían sorprendido en la Reserva Suruí
y los amenazaron con matarlos.[44] En Octubre de 1991, los Suruí
ayudaron a organizar una demostración en la ciudad de Jí-Paraná, donde
400 indígenas bloquearon el puente principal, en protesta en contra de
los diques, la actividad ganadera, minera y maderera en territorios
indígenas.[3]
A pesar de ésto, hay algunos entre
los Suruí que siguen vendiendo su caoba, aunque las reservas estén
agotándose. Argumentan que, como la FUNAI no ha cumplido con su
entrega de medicinas, la única solución, a la que pueden recurrir para
el tratamiento de las epidemias que los afectan, es la venta de
madera. Su situación es cruelmente irónica: los leñadores introducen
las enfermedades, y los indígenas deben seguir vendiendo su madera
para curarlas. Como señala la Iglesia Católica en Rondônia, los Suruí,
si la tala continúa, pronto se encontrarán sin bosques y sin recursos
económicos.
El Comercio Británico
Gran Bretaña es el más grande importador (en base al valor) de
Europa de maderas tropicales. Brazil es sólo el tercer más grande
proveedor de Gran Bretaña de maderas duras tropicales aserradas, sin
embargo, durante los 80, Gran Bretaña consumió el 74 por ciento de
toda la madera brasileña que entraba a Europa.[76] En 1990, 62.000 de
las 110.000 toneladas de caoba brasileña cortada para la exportación
fueron al Reino Unido.[119] En el mismo año, Gran Bretaña también
importó de Brazil 3.1 millones de puertas (completas con sus marcos),
equivalentes a 5.000 toneladas.[78]
Al igual que otras maderas
tropicales, las importaciones británicas de caoba brasileña, luego de
que se dispararan durante los años 80, han comenzado a disminuir. Esto
en parte se debe a la recesión económica y al anterior exceso de
reservas, en parte por una creciente preferencia por las maderas
claras, pero aparentemente no, todavía, por preocupaciones
ambientales.[77] En 1990, la caoba representaba el 13 por ciento de
las importaciones británicas de madera tropical aserrada.
La popularidad de la caoba en Gran
Bretaña se debe a su asociación con el lujo y la tradición. Al igual
que `champán', `salmón' o `marfil', `caoba' es una palabra que
parece denotar calidad. Los usos más importantes incluyen puertas,
marcos para ventanas, pasamanos, ataúdes, muebles, accesorios de baño,
armarios y módulos integrales de cocinas y dormitorios.
Muchas de las compañías que comercian
caoba en este país son miembros de la Timber Trade Federation
[Federación de Comerciantes de Madera] de Gran Bretaña. En 1989 la
federación lanzó una campaña de relaciones públicas, llamada Forests
Forever [Selvas Para Siempre]. Los fines declarados de la campaña son
``combatir las crecientes críticas adversas dirigidas a cada sector de
la industria maderera por los medios de comunicación y los grupos
ambientalistas''; reaccionar a los comentarios de los medios de
comunicación; informar a los periodistas y los Miembros del
Parlamento; promocionar el uso de la madera en la prensa técnica;
alentar a que los miembros en su lugar de mercadeo discutan con los
clientes; producir videos y notas para estudiantes y otros grupos.[79]
Entre las afirmaciones hechas por la campaña Forests Forever se
cuentan las siguientes:
``El leñador es erroneamente acusado de ser la causa del abuso y
de la destrucción de la selva.''[80];
``La madera es el material más amigable ambientalmente y el
recurso más renovable del mundo.''[80];
``La industria maderera no destruye las selvas
tropicales.''[81];
``La industria británica, en sí, no posee los recursos para
estudiar y juzgar las situaciones de los derechos humanos en cada uno
de los más o menos cincuenta países cubiertos de selva y que abastecen
a Gran Bretaña. Pide a sus proveedores comerciales supervisar
atentamente sus propias actividades madereras y el impacto sobre las
comunidades locales y, voluntariamente, tranquilizar a los que compran
su madera asegurándoles que se observa respeto para los derechos
humanos.''[82]
Muchos comerciantes han incorporado las garantías de Forests
Forever a su material publicitario. Otros han hecho sus propias
declaraciones. Una investigación comisionada por el World Wide Fund
for Nature [WWF] encontró que el 49 por ciento de las compañías
examinadas hacían declaraciones acerca de la aceptabilidad
medioambiental de la madera tropical que vendían. Sin embargo, de las
81 compañías contactadas, ``solamente tres hicieron un serio esfuerzo
para responder a las preguntas planteadas.''[83] El informe del WWF
concluía: ``La gran mayoría de las muchas aseveraciones que se hacen
en Gran Bretaña acerca de la aceptabilidad medioambiental de las
fuentes de maderas tropicales y de los productos de madera tropical no
puede considerarse comprobable.''[83] Un reciente informe del Banco
Mundial observa: ``En términos prácticos, ninguna tala comercial de
bosques húmedos tropicales se ha demostrado sostenible desde el punto
de vista del ecosistema del bosque, y cualquier tala de ese tipo debe
ser reconocida como explotación no sostenible de los recursos
fundamentales de la selva.''[120]
El más grande beneficiario del
comercio de caoba en Gran Bretaña es el Gobierno, que en 1990 estaba
ganando, por medio del IVA, una suma estimada en 468 dólares (264
libras esterlinas) por cada metro cúbico de caoba vendido en este
país.[76] Este corresponde a 142 veces más de lo que los Xikrin ganan
con la misma madera, y 12 veces más de la más alta compensación
registrada a favor de indígenas brasileños por su madera. Francesco
Martone sugiere que solamente el IVA de la caoba brasileña puede
exceder fácilmente los gastos de la British Overseas Development
Administration para el año 1990/91 en todos los proyectos de
silvicultura.[119]
Actuar
Escribir al Department of the Environment y al Department of Trade
and Industry instando a que el Gobierno de Gran Bretaña luche para que
la legislación de la Comunidad Europea reglamente las importaciones de
maderas nobles tropicales. Los siguientes puntos deberían ser
mencionados:
Que se ha descubierto que las compañías que exportan caoba
hacia el Reino Unido están operando ilegalmente dentro de las reservas
indígenas.
La industria maderera británica no se ha demostrado
dispuesta a autorreglamentarse con respecto a las importaciones de
maderas nobles tropicales, a pesar de las ulteriores y recientes
evidencias de que, por ejemplo, las exportaciones ilegales desde las
Filipinas también han sido enviadas hacia el Reino Unido.
Minister for Trade
Department of Trade and Industry
1 Victoria Street
London
SW1H 0ET
UK
Secretary of State for the Environment
Department of the Environment
2 Marsham Street
London
SW1P 3EB
UK
Apéndice I
A continuación se presentan breves detalles de otras invasiones
registradas de reservas por parte de los madereros, en la mayoría de
los casos en busca de caoba.
EN EL ESTADO DE PARÁ
Indígenas Parakana y Arawete: El antropólogo Carlos Fausto reporta
que sus reservas - las Áreas Indígenas Arawete y Apyterewa - fueron
halladas en 1988 por dos grandes compañías madereras, ambas
proveedoras de algunas de las más grandes importadoras de caoba en
Gran Bretaña. Extrajeron una cantidad evaluada en 7.500 metros cúbicos
de caoba antes de que algunos de los trabajadores fueran capturados
por los indígenas y las compañías fueran expulsadas.[84] En marzo de
1992, se reportó que representantes de una de las compañías regresaron
a la reserva de los Parakana - que fueron contactados por primera vez
en 1984 - y aparentemente lograron convencer a los indígenas para que
se deshagan de su madera a cambio de mercancías.[85,29]
Awá-guajá, Urubu Kaapor, Tembé,
Timbira: El conjunto de reservas habitadas por estos indígenas - Áreas
Indígenas del Alto Turiaçu, Alto Río Guama, Awá y Caru y la Reserva
Biológica Gurupi, son afectadas por las invasiones de los madereros,
hacendados y colonos.[86,6,87] Se reporta que los madereros emplean un
gran número de pistoleros.[88] Han sido utilizados para amenazar a
representantes de los Kaapor, Timbira y Tembé [2] y a funcionarios de
la FUNAI [89] y, en septiembre de 1990, para asesinar a dos de los
aislados indígenas Awá-guajá en la Reserva Biológica Gurupi.[9] La
FUNAI asevera que estas personas están en peligro de extinción por
mano de los madereros y de los hacendados, que emplean a 80 pistoleros
en la Reserva Biológica.[90] La FUNAI reporta la presencia de docenas
de camiones que se trasladan entre estas reservas y los aserraderos en
Paragominas e Imperatriz.[88] 1.100 colonos han seguido a los
leñadores en la Reserva del Alto Turiaçu.[9]
Kayapó: En 1987, según la Agencia de
Exportación del Gobierno de Brasil, el 69 por ciento de toda la caoba
que salía de Brasil provenía de las reservas Kayapó de A-Ukre,
Gorotire, Kikretum, Kokraimoro y Kuben-Kran-Ken.[36] Esto ha
disminuido en los años siguientes, debido al agotamiento de las
reservas, pero todavía existen importantes compañías madereras en la
mayoría de las áreas Kayapó. En 1992, los líderes Kayapó se quejaron
de que los más remotos de sus bosques - el territorio de la comunidad
Pukanu - fueron invadidos por un importante proveedor del mercado
británico, que primero cortó los árboles, luego intentó, sin éxito,
negociar su adquisición.[91] La tala ocurrió con y sin el
consentimiento de los miembros de los Kayapó [92,93], en algunos casos
con contratos apoyados y logrados por la mediación de funcionarios de
la FUNAI.[38] El resultado fue un conflicto duradero entre los Kayapó
que se benefician de la tala y los opuestos a ella.[11,94] Amplias
áreas de las selvas de los Kayapó han sido totalmente taladas, y
miembros de los Kayapó denuncian la consecuente y crítica escasez de
animales, peces y productos de la selva. Algunos de los Kayapó ya han
acudido al apoyo del gobierno brasileño y de grupos ambientalistas
extranjeros para que se les ayude a luchar contra los madereros, o han
usado la fuerza en la tentativa de expulsarlos u obtener
compensaciones.[95]
EN EL ESTADO DE AMAZONAS
Apurina, Jarawara y Paumari: Cinco reservas pertenecientes a estos
pueblos - las Áreas Indígenas de Jarawara, Jamamadi, Canamati, Maraha
y Mariene - han sufrido constantemente las invasiones de los madereros
con base en Manaus y en su cercanías. En un encuentro de octubre de
1991, sus líderes se quejaron de que empleados armados de los
madereros habían saqueado sus selvas y estaban distribuyendo alcohol a
los nativos.[3]
Kulina y Kanamari: Los Kulina del
Alto Purus denuncian que la compañía maderera que trabaja en su
reserva ha estado explotando madera a cambio de productos prometidos
pero nunca entregados. En lugar de esto, los indígenas fueron pagados
con ron blanco.[96] En 1989, los indígenas Kanamari viajaron para
reunirse con unos funcionarios de la FUNAI, para intentar expulsar
la compañía maderera que talaba caoba y cedro en su territorio, pero
la FUNAI se rehusó a atender al problema.[97] En 1991, 12 de los 188
Kulina del Río Jurúa murieron de tos ferina y malaria introducidas por
los invasores.[5]
Paumari: Los madereros locales han
estado activos en la Reserva Paumari desde 1988, cuando 2000 árboles
fueron tumbados durante la estación seca, y otros 800 los siguieron en
1989. El ex alcalde de Lábrea es acusado por los indígenas de fomentar
la invasión del territorio por los madereros.[98]
Mura-Piraha: La Reserva Piraha está
siendo explotada sistemáticamente por la itaúba (para la construcción
naval) y por la pau rosa, para la industria cosmética. A cambio los
Piraha recibieron azúcar y alcohol. Representantes de una tribu
vecina, los Tenharim, aseveran que los madereros están intentando
exterminar a los Piraha dándole alcohol envenenado. En un
enfrentamiento, un leñador lanzó un bebé indígena al río,
ahogándolo.[99]
EN LOS ESTADOS DE RONDÔNIA Y MATO GROSSO
Sakirabiar, Makurap y Tupari: Entre 1982 y 1990, 120.000 metros
cúbicos de caoba, cerejeira y cedro fueron sacados de la Reserva Río
Mequens de los indígenas Sakirabiar y Makurap, mientras que los Tupari
y los Makurap de la Reserva Río Branco perdieron 70.000 metros cúbicos
entre 1986 y 1990.[48] En la Reserva Sakurap-Makurap, gran parte de la
madera ya está agotada.[35] Muchos de los nativos han intentado
oponerse a esta tala y han sido enfrentados con la fuerza: en el día
de navidad de 1991, 26 pistoleros contratados por un maderero
asaltaron a una comunidad Sakirabiar para recuperar los vehículos que
los indígenas habían confiscado. Los pistoleros tomaron unos rehénes y
le dispararon en la cabeza a uno. La FUNAI no hizo nada acerca del
incidente hasta que los indígenas ocuparon sus oficinas locales
durante cinco días, hecho que le costó el puesto de trabajo a su
administrador regional.[58]
Nambikwara: 20 por ciento de los
Hahaitesu-Nambikwara han muerto desde 1987 a causa de las enfermedades
introducidas por los madereros y los colonos.[36] Los contratos que
pretenden permitir la extracción desde su Reserva Vale do Guaporé
fueron redactados por la FUNAI: cuatro compañías madereras recibieron
el permiso para extraer 109.000 metros cúbicos de madera,
principalmente caoba y cerejeira, antes de que los contratos fueran
anulados por el Ministerio Público Federal. A cambio las compañías
fueron obligadas solamente a construir carreteras y pistas de tierra
de aterrizaje, y a restaurar las casas de madera usadas por los
empleados de la FUNAI.[100,101,102] También otra reserva nambikwara,
la Reserva Sarare, ha sido invadida extensivamente por los leñadores,
con el apoyo de los funcionarios locales de la FUNAI.[103] Los
Nambikwara han confiscado las maquinarias de los madereros [42],
ocupado los edificios de la FUNAI [104,105], y atacado con flechas a
los invasores [45], pero sin lograr detener la tala ilegal.
Aikana y Latunde: El ex-director de
la FUNAI, Ezequias Heringuer Filho, reporta que la reserva
Tubarao-Latunde ha perdido 45.000 metros cúbicos de caoba y 5.000
metros cúbicos de cerejeira.[49]
Rikbaktsa: Los Rikbaktsa de la
Reserva Escondido en Mato Grosso están padeciendo por las invasiones
de una compañía maderera que, según los indígenas, ``está practicando,
a gran escala, la extracción ilegal de madera.''[5]
Cinta Larga: En febrero de 1991,
luego de que los leñadores habían ignorado repetidos pedidos por parte
de los Cinta Larga de salir de sus tierras, 35 hombres indígenas
acorralaron a cinco de los trabajadores y los mataron. Era, eso creían
los indígenas que se oponían a la tala, la última opción que
tenían. Habían hablado con los leñadores, con los políticos locales e
incluso habían viajado a Brasilia para pedir que se respetara la ley y
se expulsara a los leñadores, pero el apoyo político para los
invasores era tal que nada se hizo.[8] Luego de que funcionarios de la
FUNAI firmaran contratos ilegales [39], 300.000 metros cúbicos de
madera fueron explotados en la Reserva Roosevelt de los Cinta larga y
en el Parque Aripuana entre 1985 y 1990.[48] Los Cinta Larga
involucrados en los contratos han seguido la senda de algunos de los
Suruí: alcoholismo, prostitución, hoteles y la disolución de la
tradicional organización social. Muchos aserraderos y 4.000 colonos
han invadido el Parque Aripuana, que tiene la más alta incidencia de
tuberculosis del país y en donde algunos grupos indígenas aún no han
sido contactados.[106,107]
Uru Eu Wau Wau: En 1981, cuando los
Uru Eu Wau Wau fueron contactados por primera vez, su número alcanzaba
los 1.200. Diez años después la población se había reducido a la
mitad, a consecuencia de la gripe, nuevas cepas de malaria y otras
enfermedades ajenas que los leñadores, colonos y mineros habían
introducido entre los indígenas.[33,36,108] Entre los que
sobrevivieron a las enfermedades, se reporta que muchos fueron
asesinados por los pistoleros de los leñadores [109] y muchos están
sufriendo por el alcoholismo y epidemias de enfermedades venereas,
después de que los leñadores abusaran sexualmente de las mujeres
indígenas. Mientras ahora muchas compañías madereras están extrayendo
caoba de la reserva, se comenzó una explotación a gran escala luego de
que Romero Jucá firmara contratos ilegales. Los madereros, de entre
los cuales al menos dos proveen a grandes importadores británicos, han
abierto una extensiva red de carreteras (una carretera se extiende por
100 kilómetros en territorios indígenas, penetrando la Reserva
Biológica Pacaas Novas), y han estimulado deliberadamente las
invasiones de colonos.[36] Cuando en 1989 un funcionario local de la
FUNAI intentó detener el flujo de madera por estas carreteras, fue
transferido por su superior.[110] En 1990, la FUNAI estaba devolviendo
a los madereros la maquinaria confiscada [111], e ignorando los
pedidos de asistencia de los indígenas [89], pero desde entonces se
han dado cambios positivos en el personal de la oficina local de la
FUNAI.[112] Entre 1985 y 1990, se estima que 150.000 metros cúbicos de
madera fueron extraídos de la reserva.[48]
Omeré: Se estima que en 1985 los
aislados Omeré perdieron unos 10.000 metros cúbicos de madera.[48] Se
reporta que desde entonces han padecido masacres y repetidas
ocupaciones de sus tierras.[50]
Gaviao, Arara y Zoró: Miembros de
estas tribus, desesperados por la falta de medicinas, cirugías y otras
necesidades que supuestamente la FUNAI debía proveer, comenzaron en
1987 a vender caoba y cerejeira de sus reservas (Igarapé Lourdes y
Zoró).[113] Desde entonces han estallado algunos graves conflictos
entre los madereros y los indígenas, y los miembros de todos estos
grupos han estado protestando por el daño ambiental causado. En
octubre de 1988, Yaminer, líder Zoró de 70 años, fue secuestrado por
los madereros y asesinado a balazos. Su cuerpo fue quemado y
abandonado a un lado de la carretera. Más tarde, cuatro leñadores
ilegales fueron acusados del asesinato.[114,115,10]
Pareci: Con la participación de la
FUNAI, más de 5.000 metros cúbicos de madera fueron extraídos de la
Reserva Pareci por un maderero, que estaba intentando pagar a los
indígenas para que dejaran sus aldeas y participaran en la tala. Otras
compañías han invadido y están aprovisionando a los aserraderos en la
ciudad de Cáceres.[116]
Enaunene: La Reserva Enaunene-naue
fue invadida por los madereros en 1987. Los taladores lograron
convencer a la FUNAI para que excluya las áreas que habían invadido de
una sucesiva demarcación como reserva.[117]
EN EL ESTADO DE ACRE
Kampa: En 1990, luego de presiones por parte de organizaciones de
defensa de los derechos indígenas, la policia federal finalmente entró
en la Reserva Kampa do Rio Amonea para confiscar la caoba y el cedro
que un maderero estaba talando y que había invadido el área por
primera vez en 1983. Otra compañía, manejada por el hermano de un
importante funcionario de la FUNAI, había estado operando al interior
de la reserva desde el 1985.[118] La tala continúa, principalmente por
parte de individuos que trabajan en nombre de las grandes compañías.
En septiembre de 1991, dos indígenas kampa viajaron a Brasilia, para
avisar que la actividad maderera estaba poniendo en peligro sus
vidas.[41]
Apéndice II
Carta Abierta de José Lutzenberger a los consumidores británicos,
30 de abril de 1992.
El comercio de caoba y de otras madera tropicales de Brasil
está fuera de control. En 1992 la mayor parte de la madera que saldrá
de este país rumbo Gran Bretaña provendrá, ilegalmente, de reservas
indígenas y biológicas. Al comprar madera de Brasil, ustedes en Gran
Bretaña están empujando hacia la extinción a muchos de los [pueblos]
indígenas de la Amazonía.
No sólo los madereros están saqueando
los bosques de estas áreas protegidas para aprovisionarles de cocinas
y asientos de inodoros: en muchos lugares también asesinan a los
indígenas. Pueblos indígenas como los Korubo, los Tikuna, los
Awá-Guajá y otros han sido asesinados por los pistoleros al sueldo de
los madereros. Las enfermedades que los leñadores introducen se han
convertido en epidemias. Mientras la tala continúa, Brasil hace muy
poco para proteger sus reservas de bosques.
Aunque la explotación de la madera
dentro de las reservas es ilegal, los mercaderes de la madera en
muchas partes de la Amazonía poseen más dinero y poder que la mayoría
de los departamentos gubernamentales. Han logrado corrumper a muchas
de las personas encargadas de la protección de los indígenas y de los
bosques. Mis intentos para detener sus actividades ilegales fueron en
parte la causa de que me echaran del trabajo.
Dado que poco podemos hacer para
detener este comercio, le toca a la gente de Gran Bretaña y de otros
países del Primer Mundo detener la demanda. Gran Bretaña usa el 52 por
ciento de la caoba que Brasil produce. Por favor, detengan este
comercio: ustedes están tratando con Vidas Humanas.
Firmado
José A Lutzenberger
Porto Alegre, 30 de abril de 1992
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and Strategy for Tropical Moist Forests in Africa. Banco Mundial,
Washington.
Agradecimientos - Mis gracias especiales a Survival
International, Friends of the Earth, el Conselho Indigenista
Misionârio, la Comissao Pastoral Indigenista do Xingu, el Centro
Ecumenico de Documentaçao e Informaçao, Sydney Possuelo, José
Lutzenberger, Lucy Blue, Ginny Hill, Ruth McCoy y a muchos brasileños
cuyas vidas podrían ser puestas en peligro por una cita.
George Monbiot,
Agosto de 1992.
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Última revisión Junio
1, 2004. Traducción de Paolo Catelan. Edición de Numa
Pompilio Reinoso. El material publicado en PanNatura es
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Original title, ``Mahogany is Murder''. First published
by Friends of the Earth, London, 1992. Translated and
reprinted by arrangement with the Author.
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