LA CAOBA ES MATANZA
Extracción de Caoba de las Reservas Indígenas de Brasil

por George Monbiot


Este informe documenta la extracción de caoba (Swietenia macrophylla) de las reservas biológicas e indígenas en la Amazonia de Brazil. Este sugiere con ahínco la idea de que una amplia parte de la caoba brasileña, que los consumidores británicos y de otras naciones industrializadas están comprando, ha sido extraída ilegalmente en áreas naturales declaradas protegidas. Demuestra no sólo que los cortadores de caoba son una de las causas principales de destrucción ecológica en el sur amazónico, sino que también están amenazando la integridad cultural y las vidas de muchos de los indígenas cuyas reservas han sido invadidas. Detalla las matanzas de los pueblos indígenas por los madereros, la destrucción cultural que muchos grupos están sufriendo, la fuerza política de la industria maderera brasileña y las maneras con las que los consumidores en Gran Bretaña han sido engañados acerca de la proveniencia de la madera que compran. - GM

GEORGE MONBIOT es un activista inglés especialista en política y política medioambiental, tenencia de tierra y derechos de los pueblos nativos. Su producción de escritor y periodista incluye Poisoned Arrows: An Investigative Journey Through Indonesia (1989), Amazon Watershed (1991), No Man's Land: An Investigative Journey Through Kenya and Tanzania (1994), The Captive State: The Corporate Takeover of Britain (2000), The Age of Consent (2003) y las columnas que semanalmente publica el diario The Guardian. Su trabajo ha sido reconocido con un United Nations Global 500 Award, el Lloyds National Screenwriting Prize, un Sony Award, el Sir Peter Kent Award y el One World National Press Award. Actualmente enseña en la Oxford Brookes University.


Introducción

En 1992, según la FUNAI, la Fundación Indígena del Gobierno Brasileño, la mayoría de la caoba brasileña que entraba a Gran Bretaña provendría de reservas indígenas o biológicas.[16] A medida que se habían agotado las fuentes de caoba más ricas y legalmente disponibles, las compañías madereras habían penetrado en las áreas destinadas a la protección de los indígenas y de la vida silvestre, en las cuales la explotación es ilegal.[1]
La mayoría de las reservas donde crecen significativas cantidades de caoba han sido invadidas y, como resultado, la industria de la caoba hoy en día se ha convertido en una de las amenazas más grandes para la supervivencia física de los indígenas amazónicos. No sólo la selva que los sustenta y sus tradiciones están por ser destruidas por los leñadores, sino también las carreteras que abren permiten que los colonos invadan territorios indígenas anteriormente inaccesibles.[2,3,4] Muchos de los nativos que entran en contacto con los colonos o con los leñadores no poseen resistencia a las enfermedades que introducen , y las epidemias se difunden a lo largo de la frontera maderera.[5,6,7] En algunas reservas los leñadores han enviado con anterioridad a pistoleros para que maten a los indígenas que obstaculizan sus operaciones.[8,9,10] En otras, han llegado a acuerdos con nativos individuales, comerciando caoba a cambio de mercancía barata. Dichos acuerdos son típicamente injustos, y han provocado fricciónes entre los beneficiarios y otros miembros de la tribu.[12,13,14]
La industria brasilera, según altos funcionarios del gobierno, está fuera de control.[14,15,16] Se cuenta que las organizaciones formadas por la industria maderera en la Amazonía oriental son más poderosas que cualquier agencia gubernamental, y muchos de los funcionarios del Estado encargados de la protección de los indígenas y de los bosques han sido o sobornados o amenazados para obtener la aquiescencia al comercio ilegal. Este problema se extiende a los miembros del sistema jurídico. Se sabe que algunos funcionarios reciben regularmente salarios de los madereros. José Lutzenberger, Secretario de Estado para el Medio Ambiente, describió los puestos de avanzada de la agencia ambiental del gobierno, IBAMA, como ``oficinas al ciento por ciento al servicio de las compañías madereras.''[17] En marzo de 1992, cuando intentó intervenir de alguna manera en esta situación, fue, por ésta entre otras razones, botado de su trabajo (véase la Apendice 2).
Tanto él como Sydney Possuelo, la actual presidente de la FUNAI, se quejan de que poco puede hacerse para limitar el suministro de caoba ilegal: simplemente, los madereros son demasiado poderosos. Gran Bretaña es el más grande comprador de caoba aserrada brasileña, representando un 52 por ciento del comercio.[119] Hacen un llamado a los consumidores británicos a que detengan la demanda: es la única esperanza, dicen, para la supervivencia de muchos de los indígenas de la Amazonia.

El Árbol

La caoba brasileña (Swietenia macrophylla) crece en una amplia banda a través del sur de la Amazonía - desde las cercanías de la costa oriental de Brazil hasta la frontera con Bolivia - a través de la lejana Amazonía occidental, estrechandose a través de Ecuador y Colombia hasta el centro de Venezuela, cruzando la Península de Darien llegando finalmente a las costas atlánticas de America Central.[18] Este estudio se concentra en Brasil, donde es extraída la mayoría de la caoba adquirida en Gran Bretaña.
La faja de la caoba coincide con la densidad más alta de reservas indígenas del sur de la Amazonía. Esto se debe parcialmente porque la región en dónde crece se encuentra lejos del Río Amazonas, cuyo caudal remontaron los primeros colonos. Mientras las enfermedades, la esclavitud y las guerras introducidas por los europeos provocaron dentro de dos siglos el completo exterminio de muchos de los grupos en las cercanías del mismo Río Amazonas, los grupos de las selvas sureñas fueron dejados esencialmente tranquilos hasta la segunda mitad del siglo XX. Es en estas selvas que crece la caoba.
Dada la fuerte explotación del árbol de caoba, Brazil ha declarado esta especie como Vulnerable en el Anexo de la Convención sobre la Protección de la Naturaleza y la Preservación de la Vida Silvestre en el Emisferio Occidental. La Swietenia macrophylla es clasificada como una especie de alta prioridad para la conservación de los recursos genéticos por el International Board for Plant Genetic Resources [Comité Internacional para los Recursos Genéticos de las Plantas]. El informe de los Estados Unidos ante la Convention on International Trade in Endangered Species [Convención sobre el Comercio Internacional de Especies en Peligro de Extinción] de 1992 señala que ``Las poblaciones naturales existentes de la especie no incluida en la lista [Swietenia] están sustancialmente reducidas por medio de la extracción.''[19]
Sin embargo, esto no sugiere que la especie está cercana a la extinción. Una reciente investigación conducida por de Barros et al. calcula que 16 millones de metros cúbicos de caoba existen fuera de las reservas indígenas en la Amazonia brasileña.[20] Si este cálculo es correcto (Verissimo et al. señalan que ``es extremadamente difícil calcular la reserva regional de caoba y todos los cálculos de este tipo deberían ser considerados actualmente con escepticismo.''[21]), parecería sugerir que la caoba sigue siendo abundante en la Amazonia brasileña.
Sin embargo, de Barros et al. calculan una densidad media de estas reservas restantes en las regiones en donde se sabe que todavía hay caoba de solamente un árbol en diez hectáreas. Esta está debajo de la densidad mínima para que la comercialización sea viable (conversaciones con los leñadores indican que las regiones en donde se encuentra un árbol cada cuatro hectáreas están justo dentro del intervalo de viabilidad comercial). Informes de personas involucradas en el comercio obtenidos por este y otros autores [22] durante los últimos tres años indican que la mayoría de los árboles de caoba fuera de las reservas ya han sido explotados. Los datos pueden corroborar con estos informes y confirmar las aseveraciones de los funcionarios del gobierno que la caoba se encuentra cerca de la extinción comercial en las áreas accesibles en donde puede ser legalmente explotada.[15,16]
Los cálculos de de Barros et al. que indican que las reservas indígenas en el cinturón de la caoba, que cubren el 22.5 por ciento de su superficie, contienen 13.7 millones de metros cúbicos de caoba indican, si fueran correctos, que la densidad de caoba dentro de estas áreas es mucho más alta que la dendidad fuera de ellas - probablemente porque la explotación es un fenómeno reciente en la mayoría de las reservas. Esto, y el hecho de que los leñadores fueran capaces de evitar pagar a los nativos su caoba, o de pagarles unos precios mucho más bajos de aquellos impuestos por otros terratenientes, hace que la explotación de las reservas sea comercialmente viable.[23]

Efectos Ambientales de la Tala

La caoba ha sido descrita como ``un juego de mesa perfectamente diseñado para la máxima destrucción ambiental.''[24] Como los árboles son altamente valiosos aunque ampliamente dispersos a través de la selva, los leñadores de caoba están preparados para atravesar grandes regiones de selva para extraerla. Uhl et al. señalan: ``La tala de caoba es llevada a cabo por compañías muy grandes, y cada una construye cientos de kilómetros de carreteras de acceso durante cada estación seca para alcanzar árboles de caoba cada vez más lejanos. Hoy en día la distancia de transporte se acerca a los 400 kilómetros, pero el precio de la caoba aserrada, de 600 a 800 dólares por metro cúbico, es remunerativo.''[25]
El daño que la maquinaria ocasiona a la selva donde se tala la caoba es desproporcionado en comparación con la cantidad de madera cosechada. Un estudio en el sur de Pará muestra que por cada árbol de caoba talado, 28 otros árboles fueron seriamente dañados: la mayoría de ellos derribados o desarraigados. Por cada árbol de caoba talado, 1450 metros cuadrados de selva fueron afectados.
Mientras en principio la selva podría recuperarse del destrozo, la relación entre los taladores de caoba y los colonos en la Amazonia brasileña (véase la sección que sigue) y la concentración de taladores en las áreas protegidas de la selva implica que en la práctica la industria maderera debe constar entre las causas más importantes de la destrucción de la selva tropical del sur de la Amazonía.
Algunos taladores brasileños afirman que operan de una forma ecológicamente aceptable o incluso sostenible. Señalan el establecimiento de sus plantaciones de caoba como evidencia de producción sostenible. Sin embargo, éstas se encuentran característicamente ubicadas lejos de las selvas donde la caoba es talada. El establecimiento de plantaciones de apenas unas pocas especies de árboles no restablece la diversidad de la selva destruida. La superficie de la tierra que estas plantaciones cubren es pequeña en comparación a la superficie abierta por las actividades de los madereros. En las reservas indígenas y biológicas de donde se dice que proviene la mayor parte de la caoba, no se han hecho intentos registrados para reparar el daño infligido.
Para fundamentar sus aseveraciones de que están extrayendo madera solamente de selvas sujetas a manejo, los taladores de madera producen certificados de manejo otorgados por el instituto federal de medio ambiente, IBAMA. Éstos han sido siempre considerados un hazmerreír de todos los investigadores en la Amazonía. En 1992, José Lutzenberger reveló que los corruptos oficiales de IBAMA los repartían en blanco, para que los mismos madereros los llenaran.
Verissimo et al. han mostrado que, por un gran número de razones, la regeneración de la caoba en la selva talada es débil. Sugieren que ``es posible que la población actual de caoba se haya establecido luego de amplios destrozos, como incendios, hace algunos cientos de años, y no haya podido reproducirse eficazmente desde aquellos eventos destructivos.''[21] Ya que los árboles de caoba más maduros son cortados por los madereros, y la tala ocurre antes de la estación de los frutos de caoba, pocas semillas quedan para la regeneración. La cepa de caoba no retoña de troncos cortados. Sin embargo, señalan que en condiciones de luz abundante, la caoba manifestaría una buena capacidad de regeneración. Dado que, en las selvas taladas que analizaron, los árboles de caoba de tamaño intermedio se encuentran a densidades de sólo 0.3 por hectárea, concluyen que ``considerando la mortalidad natural, no es probable que esta reserva pueda producir una segunda cosecha.''[21]
La mayor parte de la selva en donde crece la caoba con toda probabilidad se quedaría sin ser explotada en el futuro inmediato si no fuera por la extracción de la caoba. Mientras los árboles de la especie están ampliamente dispersos, pocos de otras especies en los bosques en donde la caoba crece poseen un valor comercial.[21,26]
Mientras los comerciantes de caoba en Gran Bretaña se preocupan por el lugar de dónde podría estar proveniendo su madera en 30 o 40 años - asumiendo que las plantaciones superen los problemas debidos a las plagas y alcancen la madurez - parece que no pueden determinar de dónde proviene la madera en la actualidad. El autor todavía no encuentra una operación maderera comercialmente sostenible en la Amazonía brasileña.

Leñadores y Colonos

El daño inmediato infligido en la extracción de la caoba es el menor de los problemas asociados con la industria. Hoy en día la tala está entre los medios principales por medio de los cuales se establecen las nuevas fronteras agrícolas en la Amazonia: colonos y rancheros utilizan las carreteras abiertas a través de territorios antes inaccesibles, y destruyen los bosques penetrados por los madereros.[27,25,21] En muchos casos los fondos que necesitan para despejar la selva provienen de la venta a los aserraderos de lo que queda de la madera de valor en las tierras que invaden.[25]
Como los taladores de caoba deambulan mucho más que todos los leñadores y son típicamente los primeros invasores de las reservas, son ellos que proporcionan los medios con los cuales los colonos pueden llegar a las partes más remotas de la selva. En reservas como Guaporé, Uru Eu Wau Wau y Alto Turiaçu, los madereros han alentado activamente a que los colonos los sigan, dado que estas personas ofrecen mano de obra barata y protección de los indígenas y de las autoridades. Afirmando que representan solamente una pequeña parte de la invasión más grande, los madereros buscan amparo detrás de las dificultades políticas involucradas en el desalojo de los colonos de las reservas.
El daño ocasionado por lo colonos que utilizan las carreteras de los madereros tiene efectos profundos sobre las vidas de los indígenas. Los Arara que viven en la parte más occidental de su reserva, por ejemplo, están totalmente aislados de aquellos que viven al este por un cinturón ininterrumpido de deforestación a lo largo de una carretera que lleva a un aserradero. Hay temores por la viabilidad genética de la pequeña población desamparada en el occidente (véanse los estudios de casos).

Las Consecuencias Humanas

El año 1992 fue un año de crisis para los indígenas de la Amazonía oriental. Mientras continúan muchas de las invasiones de las reservas existentes, los taladores ahora se están reuniendo para lo que los antropólogos brasileños describen como ``una enorme ofensiva planificada para la estación seca.''[28] En reservas de indígenas como los Parakana, los Xikrin y los Kayapó - todos han resistido a algunos de los intentos de explotación de los taladores - se denuncia que los leñadores adoptan cualquier medio posible para restablecerse, incluso la coima, las amenazas y la influencia política.[29]
Las invasiones de las reservas en el cinturón de la caoba son sistemáticas. En muchos casos, son planificadas entre los carteles de los madereros, con o sin la participación de funcionarios gubernamentales corruptos (véase más abajo). Es común que una compañía abra carreteras en una reserva, otra explote la madera, y las dos vendan a una tercera.[30] La combinación de su riqueza y poder implica que hay poco que el gobierno o las instituciones no gubernamentales puedan hacer para deternerlos.
Como resultado, los leñadores han sido capaces de pisotear los derechos fundamentales de los pueblos más vulnerables de la región. La Constitución de Brasil establece que: ``Las tierras tradicionalmente ocupadas por los Indígenas son reservadas para su posesión permanente, dejándoles el uso exclusivo de los recursos del suelo, de los ríos y de las lagunas que ellas albergan.''[1] Esta disposición - como otras en la Constitución; el Estatuto Brasileño del Indígena; el Borrador de la Declaración de las Naciones Unidas sobre el Derecho de los Pueblos Indígenas; y las convenciones 107 y 169 de la Organización Internacional del Trabajo - es violada en cada reserva donde los madereros están operando.
Los efectos sobre los indígenas abarcan desde la desarticulación social y pérdida cultural hasta las epidemias y la muerte. Los funcionarios de la FUNAI denuncian que hay poca esperanza de prevenir la desintegración de las sociedades indígenas en el sur de la Amazonía mientras el comercio de caoba siga sin ser perturbado.[14,32,30]
Las monografías en el Apéndice A (véase más abajo) presentan las matanzas de los pueblos de las tribus Korubo, Flecheiros, Tikuna, Awá-guajá, Zoró, Mura-Piraha, Guaporé y Uru Eu Wau Wau. Los grupos de derechos indígenas en la Amazonía subrayan que la mayoría de las matanzas de indígenas no son ni siquiera registradas. Los que se encuentran más en riesgo son los grupos amazónicos aislados, que se han resistido al contacto con el mundo de afuera. En algunos casos los primeros blancos con los que se encuentran son los pistoleros de los madereros.
Entre los grupos que mantienen contacto con los blancos, los problemas más evidentes asociados con la actividad maderera son las enfermedades. El año pasado, el Consejo Indígena de la Iglesia Católica informó que casi la totalidad de la población adulta del pueblo Surui de la reserva Sete de Setembro había contraído una u otra enfermedad venerea, y el 20 por ciento de la población sufría de tuberculosis.[5] Se piensa que los Uru Eu Wau Wau han perdido mitad de su población desde el primer contacto en 1981, a causa de las enfermedades introducidas por los madereros y los colonos.[33]

Madereros, Indígenas y Gobierno

Las tácticas de los madereros varían mucho. En algunos casos, se introducen clandestinamente en las reservas, talando hasta cuando los indígenas los descubren. Cuando ésto pasa o se van, o amenazan a los nativos o intentan sobornarlos. En los territorios de tribus como los Kayapó, famosos por su violenta resistencia a la tala ilegal, se sabe que los madereros se infiltran rápidos, talan la mayor cantidad de árboles de caoba que pueden, entonces buscan acercarse a los indígenas a través de intermediarios, argumentando que, como los árboles ya han sido tumbados, los indígenas pueden ser remunerados con una parte de las utilidades solamente después que la madera haya sido sacada y aserrada.[34]
En otros casos, los madereros llegan a las aldeas indígenas para distribuir camionadas de mercancías baratas: antorchas, radios, camisetas, biscochos y comida enlatada. Luego de algunas semanas regresan, alegando que los productos han sido vendidos a crédito a los indígenas y que han venido a cobrar las deudas pagadas con la madera.[29]
Una vez dentro de las reservas, la estrategia de los madereros es seleccionar a unos miembros de la tribu e intentar convencerlos de los méritos de comerciar su madera. Si lo logran, se estipulan contratos. Estos son ilegales y, característicamente, con beneficios para una parte. Los indígenas son pagados con dinero en efectivo, o con servicios o mercadería a precios mucho más bajos de los que ofrecen los otros terratenientes.[35,36,37] Aún así, algunos grupos de indígenas se han quejado de que los leñadores con los que negocian roban más madera de la que pagan.
Cuando los individuos reciben mercancías o servicios por su aquiesciencia en las operaciones madereras, éstos típicamente resultan efímeros o dañinos. En la mayoría de las reservas donde los indígenas tratan regularmente con los madereros, el alcoholismo es un problema, dado que el ron blanco es comerciado o repartido a cambio de caoba.[3,36] Los madereros ofrecen prostitutas blancas a los indígenas con los que comercian, y algunos gastan el dinero que ganan para pasar en hoteles y comer en restaurantes, abandonando sus cultivos y a sus familias. Muy pocas veces el dinero ganado es reinvertido: los nativos no reciben ninguna clase de aritmética o finanzas.
Los contratos golpean duro a las personas - en algunos casos a jóvenes sin ninguna reivindicación de liderazgo[13] - y los madereros han provocado conflictos entre los indígenas, porque los que no quieren que se talen los bosques se dan cuenta de que no hay mucho que puedan hacer para impedirlo.[12]
Las dificultades que los indígenas han enfrentado en la tentativa de mejorar los términos de estos contractos anticonstitucionales han sido descritas por el portavoz de los Kayapó, Paulinho Paiakan: ``Actualmente, muy pocos de nosotros pueden hablar o leer portugués. Aún menos pueden contar el dinero o analizar los acuerdos en términos económicos. Los números no son parte de nuestra tradición. Siempre fuimos estafados.''[38]
Cuando se acaba la caoba - como ya está ocurriendo en algunas reservas - los indígenas se quedan sin dinero ni selva. Por haber usado la selva para satisfacer todas sus necesidades, se vuelven dependientes de una economía basada en el dinero, pero sin un centavo, y muchos son tentados a vender otros derechos a sus tierras - como concesiones mineras - para poder sobrevivir. Como señala Linda Greenbaum, los indígenas pierden sus antiguas habilidades sin adquirir ninguna de las nuevas.[35]
A pesar de su ilegalidad, muchos de los contratos han sido negociados por intermedio de los funcionarios de la FUNAI. Este proceso comenzó durante la desastrosa administración de Romero Jucá Filho, en 1986. Los contratos que firmó en nombre de los indígenas le dieron enormes ganancias personales [39], gastos más bajos para la FUNAI - dado que en algunas reservas sus edificios administrativos los construían los madereros - y muy pocos beneficios para los indígenas. Estos contratos provocaron un escándalo nacional y fueron suspendidos por las cortes federales en 1988 [40], pero los madereros continuaron usándolos en los intentos de legitimar su presencia.
A Jucá le siguieron presidentes de la FUNAI con varios compromisos a favor de los derechos de los indígenas, hasta que, en 1991, fue nombrado Sydney Possuelo. Aunque está determinado a detener los abusos, funcionarios de rango intermedio en todos los niveles de la Fundación siguen presidiendo los contratos entre madereros e indígenas, aceptando coimas sustanciales por parte de los madereros a cambio de convencer a los indígenas de que no se les está tratando deshonestamente.
Algunos grupos indígenas han presionado a los funcionarios locales de la FUNAI o incluso han viajado a la capital federal, Brasilia, para solicitar al gobierno el fin de la tala [8,41], pero típicamente sin éxito: los indígenas de la Amazonía no tienen peso económico ni tampoco representan una parte importante del electorado. Dado que, durante los últimos cinco siglos, su número ha disminuido de 5-10 millones a 230.000, en las votaciones son sistemáticamente superados por los colonos esperanzados en enriquecerse por el acceso a nuevas tierras que las carreteras de los madereros posibilitan. Al fracasar en encontrar soluciones políticas, algunos indígenas han acudido a la confiscación de la maquinaria [13,42], toma de rehénes [43,44] y violencia [45,8] en sus intentos para expulsar a los madereros. Estas medidas desesperadas son exitosas ocasionalmente.
Entre otros grupos, algunos individuos han presionado a la FUNAI o a las agencias ambientalistas para que permitan que la tala continúe, ya que desean seguir recibiendo la mercadería o el dinero que los madereros ofrecen.[46,47] Esto ha ayudado a exacerbar los conflictos entre los que se oponen a la tala y los que la apoyan.
La escala de la tala en las reservas difícilmente puede ser exagerada. En 1987, la agencia brasileña de exportación, CACEX, registró que el 69 por ciento de toda la caoba que sale de Brasil provenía de las reservas de los Kayapó.[36] Desde entonces, esta proporción ha disminuido debido al agotamiento. La Comissao Pro-Indio informa que, en tan solo ocho reservas que ha inspeccionado en el estado de Rondônia, 905.000 metros cúbicos de maderas finas (principalemnte caoba, seguida por cedro y cerejeira) han sido extraídos entre 1982 y 1990, y la mayor parte de la tala ha ocurrido en los últimos cuatro años.[48] En 1991, se registró que 30.000 metros cúbicos de caoba fueron talados en la reserva Catete de los indígenas Xikrin, y se estimó que se trataba sólo de una pequeña parte de la cantidad total talada. En 1988, el ex-director de la FUNAI, Ezequias Heringuer Filho, reportó que un estudio preliminar en Rondônia, Mato Grosso, Amazonas y Pará mostraba que madera valorada en al menos 1 billón de dólares había sido extraída de las reservas indígenas.[49]
La tala ilegal de caoba ocurre también en reservas biológicas y extractivas.[50]

Estudios de casos

LOS KORUBO

El Parque Javari, que ocupa la esquina más occidental del estado de Amazonas, está habitado por tres mil indígenas de doce grupos, entre los cuales cuatro no han tenido contactos pacíficos con el mundo de afuera.[5] Según la FUNAI, ocho de los doce grupos están amenazados por las operaciones madereras ilegales. Entre éstos, los Korubo, que han elegido evitar el contacto con los foráneos (los intentos de la FUNAI de contactarlos entre el 1972 y el 1975 fueron abandonados por la hostilidad de los Korubo), son los que más se encuentran en peligro.
Durante al menos seis años, las invasiones del territorio korubo por parte de madereros provenientes de Brasil y Perú han estado aumentando, y la tala de árboles en el Parque Javari - según el Consejo Indígena de la Iglesia Católica - representa ``una buena parte de la producción maderera del estado de Amazonas.''[51] La situación se ha vuelto tan desesperada que algunos Korubo han abandonado sus bosques y se han refugiado en los latifundios cercanos.[52] Desde cuando comenzaron las invasiones, al menos cuatro Korubo fueron asesinados por los pistoleros de los madereros.
En 1986, un indígena fue asesinado y otro herido al ser capturados por madereros en el Río Branco.[53] En noviembre de 1989, en la confluencia entre los ríos Ituí e Itacoaí, la policía federal rescató los cuerpos de tres Korubos que supuestamente habían sido cazados y asesinados por los madereros - posiblemente los primeros blancos que estos Korubos habían encontrado.[54,55] El Consejo Indígena de la Iglesia Católica, CIMI, informó que los asesinos de los tres indígenas eran bien conocidos, pero que no se había hecho ningún intento serio para iniciar un procedimiento criminal contra ellos.[56]
A finales de 1990, un equipo de filmación de la Universidad de Brasilia encontró una cuadrilla de 11 madereros armados de fusiles penetrando en los bosques de los Korubo, aparentemente para principiar una cacería de indígenas.[56] En diciembre de 1991, desaparecieron dos hombres que trabajaban para una compañía maderera en territorio korubo. La compañía envió 10 hombres armados para encontrarlos y - según el CIMI - para castigar a los indígenas que se creía eran los responsables de sus muertes.[57] Tiempo después, los cadáveres de los desaparecidos fueron rescatados [58] y se determinó que habían sido asesinados por los Korubo. Los activistas de los derechos humanos temen que las incursiones de venganza ocurran pronto. En octubre de 1987, la maloca (o casa comunal) de un grupo cercano aislado, conocido como los Flecheiros, fue arrasada luego de que los nativos hirieron a un leñador. Se informó que muchos de los indígenas fueron matados durante el ataque. Los madereros se quedaron en la región.[53]
Los efectos ecológicos de la tala en territorio Korubo son graves. El antropólogo Delvair Montagner escribe: ``Los taladores son los más grandes predadores del Parque, debido a las inmensas carreteras que se abren en la selva para empujar los troncos hacia los arroyos y los ríos.''[53] De los Korubo escribe: ``La situación de los indígenas aislados es terrible. La FUNAI debe ser prudente y actuar rápidamente, antes de que los invasores y los criminales los diezmen.''[53]
La caoba y el cedro del Parque Javarí ahora se encuentran solamente en pocos valles, mientras se sospecha que la sumaúma ya está agotada.[51] En los territorios Korubo y Matís, en la cuenca del Río Ituí, la FUNAI calcula que hay entre 700 y 1000 madereros, que sacan entre 8000 y 10000 árboles durante cada estación seca. Mientras muchos de éstos son pequeños operadores, una nueva invasión del territorio korubo por parte de un gran aserradero basado en la ciudad de Benjamin Constant fue lo suficientemente agresiva como para que algunos de los indígenas abandonaran su territorio. La FUNAI pidió que la policía expulsara a estos madereros, pero ésta se rehusó a actuar sin una orden formal de las cortes.[59,60]
Ya que los Korubo evitan el contacto pacífico, es imposible establecer los efectos de las enfermedades introducidas entre ellos. Alguna indicación de lo que les podría estar pasando puede encontrarse en la condición de dos de los otros pueblos del Valle del Javarí, cuyas tierras han sido invadidas por los madereros. En 1991, se supo de epidémias de tuberculosis y leishmaniasis entre los Marubo, mientras se descubrió que los Matís estaban sufriendo de sarampión y gripe, complicadas por la pulmonía bronquial.[6] Potencialmente, todas estas enfermedades son letales para los indígenas de la Amazonía.

LOS GUAPORÉ

Los indígenas que habitan en la Reserva Biológica Guaporé en el estado de Rondônia se han resistido a cualquier contacto con el mundo exterior. Han sido vistos sólo una vez por los funcionarios del gobierno, aunque fueron encontrados muchos asentamientos abandonados. La Reserva no es solamente el último refugio de este pueblo, es también una de las áreas destinadas a la conservación de la naturaleza más importantes de Brazil, cuyas 600.000 hectáreas albergan bosques altamente diversos, cerrados (sabanas de matorrales) y pantanales.[4]
En 1986, las compañías madereras, con el apoyo del senador federal Olavo Pires [61] y de funcionarios corruptos del Instituto del Ambiente del gobierno federal, IBDF, empezaron la construcción de carreteras en la parte oriental de la Reserva. En 1988, llegaron más taladores que habían abandonado temporalmente las reservas indígenas mientras la FUNAI era enjuiciada por el Ministerio Público Federal por haber firmado contratos ilegales.[49] Para 1990, diez aserraderos estaban cortando madera en la Reserva, y se estimaba que ya habían sido extraídos 40.000 árboles.[62] Sus carreteras se adentraban hasta 82 kilómetros en el interior de la Reserva.[46]
Se reportó que un senador del estado asociado con los madereros pidió al Presidente Sarney que se alterasen los linderos de la reserva, de manera tal que la tala fuera legal. En el intento de acelerar esta modificación, fomentó a los colonos a que se asentaran a lo largo de las carreteras madereras, informándoles que con toda probabilidad podrían obtener títulos legales de las tierras que ellos reclamaran en la reserva.[46,63] Cincuenta familias de colonos se asentaron en las cercanías de las carreteras, y 400 especuladores reclamaron las tierras de la reserva, poniendo letreros a lo largo de las carreteras.[4]
La FUNAI informa que los indígenas de la Reserva Guaporé están amenazados con la extinción si la tala de árboles continúa. En 1989, una expedición de la FUNAI descubrió más de veinte asentamientos Guaporé, abandonados a medida que los leñadores se acercaban: la expedición concluyó que los indígenas casi vivían en un constante estado de fuga. Cuando, por primera y única vez, estos funcionarios los encontraron, los indígenas huyeron de pánico.[62] Esta podría ser una reacción a las ampliamente difundidas matanzas de miembros de los Guaporé por parte de los pistoleros de los madereros.
A mediados de los años 90, la FUNAI alistó a cuatro expediciones - algunas con el apoyo de la Policía Federal - para poner fin a las operaciones madereras en la reserva. Luego de cada expedición, los leñadores empezaron de nuevo y casi inmediatamente sus operaciones, confiados en el difundido apoyo de los funcionarios corruptos. Pero, a finales de lo 90, el senador Olavo Pires fue asesinado, y los funcionarios corruptos fueron despedidos de las oficinas locales de la FUNAI y de la agencia estatal del medio ambiente. Durante la estación seca de 1991 se lanzó una operación más efectiva, que detuvo la tala en la reserva al menos hasta el fin de ese año.[65] Los defensores de los derechos de los indígenas están esperando ansiosamente la estación seca de 1992, preocupados de que los leñadores regresen y expulsen a los Guaporé de los últimos bosques intactos en la parte de la reserva donde habitan.

LOS ARARA

Los indígenas Arara de la cuenca del Xingú en el sur de Pará (que no hay que confundirlos con los Arara de Rondônia y Mato Grosso) fueron contactados por primera vez por el gobierno brasileño en 1981. Sin embargo, para ese entonces, ya habían sufrido terriblemente por la división de sus tierras a causa de la Autopista Transamazónica (construida en 1970) y el simultáneao bombardeo de sus aldeas, por los lanzamientos de indumentaria contaminada desde avionetas y el levantamiento de cercas letales con electricidad por parte de las fuerzas armadas y una compañía agroindustrial. Se cree que, después del contacto, su población ha disminuido en un 75 por ciento.[32]
En 1983, la agencia gubernamental de colonización otorgó a un importante proveedor de caoba para los importadores británicos el permiso de construcción de una carretera de 90 kilómetros, desde la Autopista Transamazónica hasta las orillas del Río Iriri, a través del territorio de los Arara más al occidente, que aún no habían sido contactados. Los Arara huyeron de las tierras invadidas por la compañía, mudándose a la parte más occidental de su territorio. En 1987 fueron contactados por primera vez por la FUNAI y, en el esfuerzo de mantenerlos alejados del contacto con las compañías madereras, reubicados en un asentamiento permanente.
La compañía construyó un aserradero en la orilla del Río Iriri y comenzó a explotar caoba en las tierras tradicionalmente de los Arara. Unas 1500 familias de colonos llegaron tras la compañía maderera, asentándose a lo largo de la carretera principal y de las secundarías que se estaban construyendo.
En 1985, la tierra que la firma maderera había invadido fue declarada territorio Arara, y en 1991 la FUNAI pidió al Fiscal General del Estado una orden de reposesión en contra de la compañía. El Fiscal General acudió a las cortes en Pará.[66] Inicialmente el juez concedió una medida preliminar contra la compañía, pero inmediatamente después cambió de opinión, y la firma maderera sigue en la reserva de los Arara.
En 1991, la compañía maderera construyó una carretera de 95 kilómetros hacia el oeste, que llegó a 20 kilómetros de la nueva aldea occidental de los Arara.[14,29] La FUNAI reporta que la compañía ha destruido la mayor parte de la selva que los indígenas de allí estaban usando (dependen grandemente de la cacería, pesca y recolección). Los animales salvajes ya habían abandonado el área. Los funcionarios creen que si la carretera se alargara aunque fuera un poco, los indígenas perderán sus medios de sustento.
Como los colonos que siguen a la compañía maderera han despejado una amplia área de selva que los Arara no pueden cruzar, los 38 individuos que aún sobreviven en los territorios occidentales no tienen ningún medio para ponerse en contacto con las poblaciones más numerosas que se encuentran en el este: la FUNAI teme que el tamaño de su población ya no sea genéticamente viable.[14] También los Arara más orientales sufren gravemente por la presencia de los madereros, y este año hubo informes de graves epidemias de gripe tras los contactos entre ellos y los empleados de muchas de las firmas que invaden sus tierras. Una de estas compañías es propiedad de una agencia gubernamental, INCRA, que está talando la caoba en beneficio de otra compañía maderera que pertenece a uno de sus funcionarios de alto rango.[67]

LOS TIKUNA

El 28 de marzo de 1988, más de 100 Tikuna se reunieron para encontrarse con los representantes de la FUNAI en una casa a orillas del río en la aldea de Albacete, en la Amazonía occidental, para discutir la tala ilegal de árboles que ocurría en su territorio. A orillas del río llegó un bote que transportaba al maderero Oscar Castello Branco acompañado por dieciseis pistoleros. Los hombres desembarcaron, anunciaron que habían venido para matar a todos, y abrieron fuego.[31] Mientras los Tikuna intentaban huir en canoas, muchos fueron abatidos a balazos. Cuando la masacre terminó, 14 indígenas, entre ellos niños, habían sido asesinados y otros 22 heridos.[8,68]
Romeau Tuma, director general de la Policía General de Brasil, acusó a Castello Branco de ser el instigador de la masacre.[68] Once de los dieciseis pistoleros fueron identificados. Cuatro años más tarde, aún no se ha interpuesto ningúna acción judicial.[8,69,70] La región está bajo el dominio de los madereros: en siete condados, las autoridades están autorizando o fomentando la tala ilegal de madera dentro de las tierras tikuna.[8] Muchos de los funcionarios de la región se benefician directamente de las invasiones de la reserva. Políticamente, el juicio a Castello Branco y a su pistoleros es imposible.
Lejos de investigar la masacre de 1988, las autoridades no han hecho nada para prevenir otras. Repetidamente los Tikuna han pedido protección, pero nunca la han recibido. En las aldeas tikuna, las amenazas de muerte llegan regularmente: a un líder se le dijo que 15 cajas de municiones ya están guardadas para él y su gente.[15] A medida que la presión sobre las reservas tikuna aumenta, las posibilidades de ulteriores matanzas aumentan.

LOS XIKRIN

Los Xikrin de la Reserva Catete en Pará expulsaron con la fuerza a las compañías madereras que en 1997 invadieron sus tierras. Pero en Julio de 1989, como reportan los antropólogos Lux Vidal e Isabelle Giannini, dos jóvenes hombres de la comunidad, sin poseer ninguna autoridad como representantes, fueron convencidos para que firmen un contrato con una importante compañía maderera, una de las más grandes abastecedoras del mercado británico. A la compañía se le aseguró el derecho de extraer 20.000 metros cúbicos de caoba por año y durante cinco años.[13]
Notablemente, la mitad de la madera extraída era, según los términos del contrato, entregada gratuitamente a la compañía maderera como compensación de los costos de extracción. El Administrador Regional de la FUNAI, José Ferreira Campos Junior, comentó: ``El cinismo de este contrato es tal que el 50% de la madera extraída se va a la compañía como pago por la extracción misma de la madera... Es la primera vez que he visto que se le pague a una compañía maderera para que extraiga madera.'' Señaló que el contracto contenía muchas otras aberraciones graves, poniendo bien en claro que los Xikrin habían sido rotundamente engañados.[72]
Se suponía que los Xikrin hubieran sido compensados por la madera remanente a un precio de 20 dólares por árbol. En 1989, el precio de mercado por los árboles de caoba de la región era de 80 dólares por metro cúbico, una media de 320 dólares por árbol. De todas maneras, los antropólogos que trabajaban con los Xikrin reportan que ni siquiera este dinero fue pagado. En el contrato apareció una deuda de 7900 dólares, que los Xikrin debían a la compañía, según la cual ese dinero habia sido gastado por ella misma para comprar mercadería para los indígenas.
Para marzo de 1990, los Xikrin estaban afectados por el alcoholismo, la prostitución, las enfermedades venereas y el colapso social.[13] Enterándose de que no habían recibido nada a cambio por su madera, los indígenas enviaron guerreros al área de deforestación para expulsar a la compañía. Con la asistencia de los antropólogos lograron anular el contrato y comenzaron a analizar alternativas de desarrollo sostenible.
Sin embargo, para ese entonces, el daño ambiental era grave. Lux Vidal e Isabelle Giannini señalan: ``Dado que la caoba de la región estaba ampliamente dispersa, calculándose un árbol cada cuatro hectáreas, su explotación y extracción dió como resultado la destrucción de una gran parte de la selva alrededor. Para extraer 599 árboles de caoba, 130.5 kilómetros de carretera principales y 173 kilómetros de carreteras secundarias ... fueron abiertas ... Se trata de una pura y simple pérdida de la enorme riqueza de la selva. Los efectos sobre la flora y la fauna son desastrosos, destruyendo las reservas alimentarias de los indígenas en un lapso de un tiempo muy corto.''[13]
Sin embargo, en julio de 1990 la compañía maderera persuadió a algunos individuos de la comunidad Xikrin a que le permitan continuar la extracción de la madera de su reserva a cambio de una avioneta bimotor y una carretera que una a su aldea con la ciudad de Tucuma. La mayoría de la comunidad no fue consultada sobre el contrato. Con el fin de acelerar sus operaciones, la compañía subcontrató a otras cinco empresas, entre las cuales a dos proveedoras de importantes importadoras de madera en Gran Bretaña.
Desde julio hasta octubre, 40 camiones diarios salían de la reserva, cada uno cargando cinco o seis troncos. La avioneta no está registrada a nombre de los Xikrin. Tampoco tienen dinero para comprar respuestos o para pagar un piloto. Los madereros ahora aseveran que la Reserva Catete es el último lugar de la región Redençao-Tucuma en donde todavía puede encontrarse caoba, así que la presión económica y política para que la explotación continúe es intensa. El Administrador Regional de la FUNAI informó que en septiembre de 1990 fue abordado en el aeropuerto de Maraba por el dueño de la compañía maderera, que le dijo: ``El dinero lo paga todo, y la policía federal ni siquiera ingresará al área xikrin, y tú nunca podrás iniciar una investigación sobre mi persona.''[72]
En enero de 1992, Isabelle Giannini escribió: ``La deforestación en las áreas sureñas y occidentales, desde las cabeceras del Río Seco y del Río Catete, y el incesante contacto de los trabajadores de la compañía maderera con la aldea, están provocando graves consecuencias para la salud de los indígenas. Durante las dos primeras semanas de enero de 1992, seis niños Xikrin murieron de disentería viral.''[7]

LOS SURUÍ

En 1991, casi la totalidad de la población de los Suruí (también conocidos como los Paiter) de la Reserva Sete de Setembro en Rondônia había contraído enfermedades venéreas. El veinte por ciento de la gente sufría de tuberculosis.[5] Mientras que los 530 Suruí habían padecido epidemias desde el primer contacto (el tamaño de la población se había reducido en un 90% en veinte años), los mismos indígenas culpaban a los madereros presentes en sus tierras por las epidemias recientes.[73]
Las enfermedades sociales relacionadas con la actividad maderera tienen igual gravedad. Luego de haber pactado contractos verbales con los madereros en 1987 - que los beneficiaban por la tala de caoba, pero no al resto de la comunidad - algunos de lo hombres Suruí empezaron a permitirse todos los lujos que el mundo de afuera podía ofrecerles. Dejaron sus aldeas y comenzaron a vivir en hoteles en las ciudades cercanas, donde muchos de ellos casi regularmente contrataban prostitutas blancas. Los que más se habían aprovechado de la tala maderera adquirieron autos y contrataron choferes. Dejaron de cultivar sus huertas y comían en restaurantes.[35]
Dentro de tres años, casi todo el dinero que estos hombres habían obtenido se había agotado, y nada había sido invertido. Los Suruí, cuya sociedad hasta la fecha no era jerárquica, se había dividido en lo que ellos mismos describían como `jefes' y `campesinos'.[35]
Los contratos verbales fueron inicialmente hechos debido a que los Suruí no podían encontrar otra manera de detener la tala descontrolada que estaba ocurriendo en sus tierras. En 1987, se estima que perdieron caoba por un valor de 2 millones de dólares antes de que se llegara a cualquier acuerdo. Algunos de los hombres decidieron que si acaso los árboles ya estaban perdidos - sea que los Suruí recibieran o no una compensación - ellos podían beneficiarse de ellos también. La FUNAI, en ese entonces liderada por Romero Jucá, alentó a los Suruí a que trabajaran con los leñadores. Entre 1988 y 1990, 30.000 metros cúbicos de caoba fueron extraídos de la Reserva Sete de Setembro.[48] En Rondônia los madereros pagan a los indígenas un promedio de 20 dólares por cada metro cúbico, que luego es vendido por 300-400 dólares.
Muchos de los Suruí se oponen a la tala. Iabadai Suruí, en 1990, dijo al resto de su gente: ``Parientes ... nadie puede autorizar a que los madereros entren. Si uno de nosotros les deja, ¿cómo podemos tener éxito en la lucha para que la FUNAI saque a los aserraderos y a los leñadores? No deberíamos talar los árboles. Los árboles nos dan los frutos que comemos, sin los árboles los animales de la selva van a morir. Queremos la miel de los árboles, las frutas, todo lo que en la selva se puede comer.''[12] Uno de los hombres Suruí que se oponían a la actividad maderera desapareció, supuestamente asesinado, en 1989.[74]
Hay veces cuando las protestas de los Suruí opuestos a la tala de árboles no se limitan a las charlas. En Octubre de 1988, los Suruí Cinta Larga, Arara, Gaviao y Zoró ataron a seis trabajadores madereros que habían sorprendido en la Reserva Suruí y los amenazaron con matarlos.[44] En Octubre de 1991, los Suruí ayudaron a organizar una demostración en la ciudad de Jí-Paraná, donde 400 indígenas bloquearon el puente principal, en protesta en contra de los diques, la actividad ganadera, minera y maderera en territorios indígenas.[3]
A pesar de ésto, hay algunos entre los Suruí que siguen vendiendo su caoba, aunque las reservas estén agotándose. Argumentan que, como la FUNAI no ha cumplido con su entrega de medicinas, la única solución, a la que pueden recurrir para el tratamiento de las epidemias que los afectan, es la venta de madera. Su situación es cruelmente irónica: los leñadores introducen las enfermedades, y los indígenas deben seguir vendiendo su madera para curarlas. Como señala la Iglesia Católica en Rondônia, los Suruí, si la tala continúa, pronto se encontrarán sin bosques y sin recursos económicos.

El Comercio Británico

Gran Bretaña es el más grande importador (en base al valor) de Europa de maderas tropicales. Brazil es sólo el tercer más grande proveedor de Gran Bretaña de maderas duras tropicales aserradas, sin embargo, durante los 80, Gran Bretaña consumió el 74 por ciento de toda la madera brasileña que entraba a Europa.[76] En 1990, 62.000 de las 110.000 toneladas de caoba brasileña cortada para la exportación fueron al Reino Unido.[119] En el mismo año, Gran Bretaña también importó de Brazil 3.1 millones de puertas (completas con sus marcos), equivalentes a 5.000 toneladas.[78]
Al igual que otras maderas tropicales, las importaciones británicas de caoba brasileña, luego de que se dispararan durante los años 80, han comenzado a disminuir. Esto en parte se debe a la recesión económica y al anterior exceso de reservas, en parte por una creciente preferencia por las maderas claras, pero aparentemente no, todavía, por preocupaciones ambientales.[77] En 1990, la caoba representaba el 13 por ciento de las importaciones británicas de madera tropical aserrada.
La popularidad de la caoba en Gran Bretaña se debe a su asociación con el lujo y la tradición. Al igual que `champán', `salmón' o `marfil', `caoba' es una palabra que parece denotar calidad. Los usos más importantes incluyen puertas, marcos para ventanas, pasamanos, ataúdes, muebles, accesorios de baño, armarios y módulos integrales de cocinas y dormitorios.
Muchas de las compañías que comercian caoba en este país son miembros de la Timber Trade Federation [Federación de Comerciantes de Madera] de Gran Bretaña. En 1989 la federación lanzó una campaña de relaciones públicas, llamada Forests Forever [Selvas Para Siempre]. Los fines declarados de la campaña son ``combatir las crecientes críticas adversas dirigidas a cada sector de la industria maderera por los medios de comunicación y los grupos ambientalistas''; reaccionar a los comentarios de los medios de comunicación; informar a los periodistas y los Miembros del Parlamento; promocionar el uso de la madera en la prensa técnica; alentar a que los miembros en su lugar de mercadeo discutan con los clientes; producir videos y notas para estudiantes y otros grupos.[79] Entre las afirmaciones hechas por la campaña Forests Forever se cuentan las siguientes:

``El leñador es erroneamente acusado de ser la causa del abuso y de la destrucción de la selva.''[80];

``La madera es el material más amigable ambientalmente y el recurso más renovable del mundo.''[80];

``La industria maderera no destruye las selvas tropicales.''[81];

``La industria británica, en sí, no posee los recursos para estudiar y juzgar las situaciones de los derechos humanos en cada uno de los más o menos cincuenta países cubiertos de selva y que abastecen a Gran Bretaña. Pide a sus proveedores comerciales supervisar atentamente sus propias actividades madereras y el impacto sobre las comunidades locales y, voluntariamente, tranquilizar a los que compran su madera asegurándoles que se observa respeto para los derechos humanos.''[82]

Muchos comerciantes han incorporado las garantías de Forests Forever a su material publicitario. Otros han hecho sus propias declaraciones. Una investigación comisionada por el World Wide Fund for Nature [WWF] encontró que el 49 por ciento de las compañías examinadas hacían declaraciones acerca de la aceptabilidad medioambiental de la madera tropical que vendían. Sin embargo, de las 81 compañías contactadas, ``solamente tres hicieron un serio esfuerzo para responder a las preguntas planteadas.''[83] El informe del WWF concluía: ``La gran mayoría de las muchas aseveraciones que se hacen en Gran Bretaña acerca de la aceptabilidad medioambiental de las fuentes de maderas tropicales y de los productos de madera tropical no puede considerarse comprobable.''[83] Un reciente informe del Banco Mundial observa: ``En términos prácticos, ninguna tala comercial de bosques húmedos tropicales se ha demostrado sostenible desde el punto de vista del ecosistema del bosque, y cualquier tala de ese tipo debe ser reconocida como explotación no sostenible de los recursos fundamentales de la selva.''[120]
El más grande beneficiario del comercio de caoba en Gran Bretaña es el Gobierno, que en 1990 estaba ganando, por medio del IVA, una suma estimada en 468 dólares (264 libras esterlinas) por cada metro cúbico de caoba vendido en este país.[76] Este corresponde a 142 veces más de lo que los Xikrin ganan con la misma madera, y 12 veces más de la más alta compensación registrada a favor de indígenas brasileños por su madera. Francesco Martone sugiere que solamente el IVA de la caoba brasileña puede exceder fácilmente los gastos de la British Overseas Development Administration para el año 1990/91 en todos los proyectos de silvicultura.[119]

Actuar

Escribir al Department of the Environment y al Department of Trade and Industry instando a que el Gobierno de Gran Bretaña luche para que la legislación de la Comunidad Europea reglamente las importaciones de maderas nobles tropicales. Los siguientes puntos deberían ser mencionados:

• Que se ha descubierto que las compañías que exportan caoba hacia el Reino Unido están operando ilegalmente dentro de las reservas indígenas.

• La industria maderera británica no se ha demostrado dispuesta a autorreglamentarse con respecto a las importaciones de maderas nobles tropicales, a pesar de las ulteriores y recientes evidencias de que, por ejemplo, las exportaciones ilegales desde las Filipinas también han sido enviadas hacia el Reino Unido.

Minister for Trade
Department of Trade and Industry
1 Victoria Street
London
SW1H 0ET
UK

Secretary of State for the Environment
Department of the Environment
2 Marsham Street
London
SW1P 3EB
UK

Apéndice I

A continuación se presentan breves detalles de otras invasiones registradas de reservas por parte de los madereros, en la mayoría de los casos en busca de caoba.

EN EL ESTADO DE PARÁ

Indígenas Parakana y Arawete: El antropólogo Carlos Fausto reporta que sus reservas - las Áreas Indígenas Arawete y Apyterewa - fueron halladas en 1988 por dos grandes compañías madereras, ambas proveedoras de algunas de las más grandes importadoras de caoba en Gran Bretaña. Extrajeron una cantidad evaluada en 7.500 metros cúbicos de caoba antes de que algunos de los trabajadores fueran capturados por los indígenas y las compañías fueran expulsadas.[84] En marzo de 1992, se reportó que representantes de una de las compañías regresaron a la reserva de los Parakana - que fueron contactados por primera vez en 1984 - y aparentemente lograron convencer a los indígenas para que se deshagan de su madera a cambio de mercancías.[85,29]
Awá-guajá, Urubu Kaapor, Tembé, Timbira: El conjunto de reservas habitadas por estos indígenas - Áreas Indígenas del Alto Turiaçu, Alto Río Guama, Awá y Caru y la Reserva Biológica Gurupi, son afectadas por las invasiones de los madereros, hacendados y colonos.[86,6,87] Se reporta que los madereros emplean un gran número de pistoleros.[88] Han sido utilizados para amenazar a representantes de los Kaapor, Timbira y Tembé [2] y a funcionarios de la FUNAI [89] y, en septiembre de 1990, para asesinar a dos de los aislados indígenas Awá-guajá en la Reserva Biológica Gurupi.[9] La FUNAI asevera que estas personas están en peligro de extinción por mano de los madereros y de los hacendados, que emplean a 80 pistoleros en la Reserva Biológica.[90] La FUNAI reporta la presencia de docenas de camiones que se trasladan entre estas reservas y los aserraderos en Paragominas e Imperatriz.[88] 1.100 colonos han seguido a los leñadores en la Reserva del Alto Turiaçu.[9]
Kayapó: En 1987, según la Agencia de Exportación del Gobierno de Brasil, el 69 por ciento de toda la caoba que salía de Brasil provenía de las reservas Kayapó de A-Ukre, Gorotire, Kikretum, Kokraimoro y Kuben-Kran-Ken.[36] Esto ha disminuido en los años siguientes, debido al agotamiento de las reservas, pero todavía existen importantes compañías madereras en la mayoría de las áreas Kayapó. En 1992, los líderes Kayapó se quejaron de que los más remotos de sus bosques - el territorio de la comunidad Pukanu - fueron invadidos por un importante proveedor del mercado británico, que primero cortó los árboles, luego intentó, sin éxito, negociar su adquisición.[91] La tala ocurrió con y sin el consentimiento de los miembros de los Kayapó [92,93], en algunos casos con contratos apoyados y logrados por la mediación de funcionarios de la FUNAI.[38] El resultado fue un conflicto duradero entre los Kayapó que se benefician de la tala y los opuestos a ella.[11,94] Amplias áreas de las selvas de los Kayapó han sido totalmente taladas, y miembros de los Kayapó denuncian la consecuente y crítica escasez de animales, peces y productos de la selva. Algunos de los Kayapó ya han acudido al apoyo del gobierno brasileño y de grupos ambientalistas extranjeros para que se les ayude a luchar contra los madereros, o han usado la fuerza en la tentativa de expulsarlos u obtener compensaciones.[95]

EN EL ESTADO DE AMAZONAS

Apurina, Jarawara y Paumari: Cinco reservas pertenecientes a estos pueblos - las Áreas Indígenas de Jarawara, Jamamadi, Canamati, Maraha y Mariene - han sufrido constantemente las invasiones de los madereros con base en Manaus y en su cercanías. En un encuentro de octubre de 1991, sus líderes se quejaron de que empleados armados de los madereros habían saqueado sus selvas y estaban distribuyendo alcohol a los nativos.[3]
Kulina y Kanamari: Los Kulina del Alto Purus denuncian que la compañía maderera que trabaja en su reserva ha estado explotando madera a cambio de productos prometidos pero nunca entregados. En lugar de esto, los indígenas fueron pagados con ron blanco.[96] En 1989, los indígenas Kanamari viajaron para reunirse con unos funcionarios de la FUNAI, para intentar expulsar la compañía maderera que talaba caoba y cedro en su territorio, pero la FUNAI se rehusó a atender al problema.[97] En 1991, 12 de los 188 Kulina del Río Jurúa murieron de tos ferina y malaria introducidas por los invasores.[5]
Paumari: Los madereros locales han estado activos en la Reserva Paumari desde 1988, cuando 2000 árboles fueron tumbados durante la estación seca, y otros 800 los siguieron en 1989. El ex alcalde de Lábrea es acusado por los indígenas de fomentar la invasión del territorio por los madereros.[98]
Mura-Piraha: La Reserva Piraha está siendo explotada sistemáticamente por la itaúba (para la construcción naval) y por la pau rosa, para la industria cosmética. A cambio los Piraha recibieron azúcar y alcohol. Representantes de una tribu vecina, los Tenharim, aseveran que los madereros están intentando exterminar a los Piraha dándole alcohol envenenado. En un enfrentamiento, un leñador lanzó un bebé indígena al río, ahogándolo.[99]

EN LOS ESTADOS DE RONDÔNIA Y MATO GROSSO

Sakirabiar, Makurap y Tupari: Entre 1982 y 1990, 120.000 metros cúbicos de caoba, cerejeira y cedro fueron sacados de la Reserva Río Mequens de los indígenas Sakirabiar y Makurap, mientras que los Tupari y los Makurap de la Reserva Río Branco perdieron 70.000 metros cúbicos entre 1986 y 1990.[48] En la Reserva Sakurap-Makurap, gran parte de la madera ya está agotada.[35] Muchos de los nativos han intentado oponerse a esta tala y han sido enfrentados con la fuerza: en el día de navidad de 1991, 26 pistoleros contratados por un maderero asaltaron a una comunidad Sakirabiar para recuperar los vehículos que los indígenas habían confiscado. Los pistoleros tomaron unos rehénes y le dispararon en la cabeza a uno. La FUNAI no hizo nada acerca del incidente hasta que los indígenas ocuparon sus oficinas locales durante cinco días, hecho que le costó el puesto de trabajo a su administrador regional.[58]
Nambikwara: 20 por ciento de los Hahaitesu-Nambikwara han muerto desde 1987 a causa de las enfermedades introducidas por los madereros y los colonos.[36] Los contratos que pretenden permitir la extracción desde su Reserva Vale do Guaporé fueron redactados por la FUNAI: cuatro compañías madereras recibieron el permiso para extraer 109.000 metros cúbicos de madera, principalmente caoba y cerejeira, antes de que los contratos fueran anulados por el Ministerio Público Federal. A cambio las compañías fueron obligadas solamente a construir carreteras y pistas de tierra de aterrizaje, y a restaurar las casas de madera usadas por los empleados de la FUNAI.[100,101,102] También otra reserva nambikwara, la Reserva Sarare, ha sido invadida extensivamente por los leñadores, con el apoyo de los funcionarios locales de la FUNAI.[103] Los Nambikwara han confiscado las maquinarias de los madereros [42], ocupado los edificios de la FUNAI [104,105], y atacado con flechas a los invasores [45], pero sin lograr detener la tala ilegal.
Aikana y Latunde: El ex-director de la FUNAI, Ezequias Heringuer Filho, reporta que la reserva Tubarao-Latunde ha perdido 45.000 metros cúbicos de caoba y 5.000 metros cúbicos de cerejeira.[49]
Rikbaktsa: Los Rikbaktsa de la Reserva Escondido en Mato Grosso están padeciendo por las invasiones de una compañía maderera que, según los indígenas, ``está practicando, a gran escala, la extracción ilegal de madera.''[5]
Cinta Larga: En febrero de 1991, luego de que los leñadores habían ignorado repetidos pedidos por parte de los Cinta Larga de salir de sus tierras, 35 hombres indígenas acorralaron a cinco de los trabajadores y los mataron. Era, eso creían los indígenas que se oponían a la tala, la última opción que tenían. Habían hablado con los leñadores, con los políticos locales e incluso habían viajado a Brasilia para pedir que se respetara la ley y se expulsara a los leñadores, pero el apoyo político para los invasores era tal que nada se hizo.[8] Luego de que funcionarios de la FUNAI firmaran contratos ilegales [39], 300.000 metros cúbicos de madera fueron explotados en la Reserva Roosevelt de los Cinta larga y en el Parque Aripuana entre 1985 y 1990.[48] Los Cinta Larga involucrados en los contratos han seguido la senda de algunos de los Suruí: alcoholismo, prostitución, hoteles y la disolución de la tradicional organización social. Muchos aserraderos y 4.000 colonos han invadido el Parque Aripuana, que tiene la más alta incidencia de tuberculosis del país y en donde algunos grupos indígenas aún no han sido contactados.[106,107]
Uru Eu Wau Wau: En 1981, cuando los Uru Eu Wau Wau fueron contactados por primera vez, su número alcanzaba los 1.200. Diez años después la población se había reducido a la mitad, a consecuencia de la gripe, nuevas cepas de malaria y otras enfermedades ajenas que los leñadores, colonos y mineros habían introducido entre los indígenas.[33,36,108] Entre los que sobrevivieron a las enfermedades, se reporta que muchos fueron asesinados por los pistoleros de los leñadores [109] y muchos están sufriendo por el alcoholismo y epidemias de enfermedades venereas, después de que los leñadores abusaran sexualmente de las mujeres indígenas. Mientras ahora muchas compañías madereras están extrayendo caoba de la reserva, se comenzó una explotación a gran escala luego de que Romero Jucá firmara contratos ilegales. Los madereros, de entre los cuales al menos dos proveen a grandes importadores británicos, han abierto una extensiva red de carreteras (una carretera se extiende por 100 kilómetros en territorios indígenas, penetrando la Reserva Biológica Pacaas Novas), y han estimulado deliberadamente las invasiones de colonos.[36] Cuando en 1989 un funcionario local de la FUNAI intentó detener el flujo de madera por estas carreteras, fue transferido por su superior.[110] En 1990, la FUNAI estaba devolviendo a los madereros la maquinaria confiscada [111], e ignorando los pedidos de asistencia de los indígenas [89], pero desde entonces se han dado cambios positivos en el personal de la oficina local de la FUNAI.[112] Entre 1985 y 1990, se estima que 150.000 metros cúbicos de madera fueron extraídos de la reserva.[48]
Omeré: Se estima que en 1985 los aislados Omeré perdieron unos 10.000 metros cúbicos de madera.[48] Se reporta que desde entonces han padecido masacres y repetidas ocupaciones de sus tierras.[50]
Gaviao, Arara y Zoró: Miembros de estas tribus, desesperados por la falta de medicinas, cirugías y otras necesidades que supuestamente la FUNAI debía proveer, comenzaron en 1987 a vender caoba y cerejeira de sus reservas (Igarapé Lourdes y Zoró).[113] Desde entonces han estallado algunos graves conflictos entre los madereros y los indígenas, y los miembros de todos estos grupos han estado protestando por el daño ambiental causado. En octubre de 1988, Yaminer, líder Zoró de 70 años, fue secuestrado por los madereros y asesinado a balazos. Su cuerpo fue quemado y abandonado a un lado de la carretera. Más tarde, cuatro leñadores ilegales fueron acusados del asesinato.[114,115,10]
Pareci: Con la participación de la FUNAI, más de 5.000 metros cúbicos de madera fueron extraídos de la Reserva Pareci por un maderero, que estaba intentando pagar a los indígenas para que dejaran sus aldeas y participaran en la tala. Otras compañías han invadido y están aprovisionando a los aserraderos en la ciudad de Cáceres.[116]
Enaunene: La Reserva Enaunene-naue fue invadida por los madereros en 1987. Los taladores lograron convencer a la FUNAI para que excluya las áreas que habían invadido de una sucesiva demarcación como reserva.[117]

EN EL ESTADO DE ACRE

Kampa: En 1990, luego de presiones por parte de organizaciones de defensa de los derechos indígenas, la policia federal finalmente entró en la Reserva Kampa do Rio Amonea para confiscar la caoba y el cedro que un maderero estaba talando y que había invadido el área por primera vez en 1983. Otra compañía, manejada por el hermano de un importante funcionario de la FUNAI, había estado operando al interior de la reserva desde el 1985.[118] La tala continúa, principalmente por parte de individuos que trabajan en nombre de las grandes compañías. En septiembre de 1991, dos indígenas kampa viajaron a Brasilia, para avisar que la actividad maderera estaba poniendo en peligro sus vidas.[41]

Apéndice II

Carta Abierta de José Lutzenberger a los consumidores británicos, 30 de abril de 1992.

El comercio de caoba y de otras madera tropicales de Brasil está fuera de control. En 1992 la mayor parte de la madera que saldrá de este país rumbo Gran Bretaña provendrá, ilegalmente, de reservas indígenas y biológicas. Al comprar madera de Brasil, ustedes en Gran Bretaña están empujando hacia la extinción a muchos de los [pueblos] indígenas de la Amazonía.
No sólo los madereros están saqueando los bosques de estas áreas protegidas para aprovisionarles de cocinas y asientos de inodoros: en muchos lugares también asesinan a los indígenas. Pueblos indígenas como los Korubo, los Tikuna, los Awá-Guajá y otros han sido asesinados por los pistoleros al sueldo de los madereros. Las enfermedades que los leñadores introducen se han convertido en epidemias. Mientras la tala continúa, Brasil hace muy poco para proteger sus reservas de bosques.
Aunque la explotación de la madera dentro de las reservas es ilegal, los mercaderes de la madera en muchas partes de la Amazonía poseen más dinero y poder que la mayoría de los departamentos gubernamentales. Han logrado corrumper a muchas de las personas encargadas de la protección de los indígenas y de los bosques. Mis intentos para detener sus actividades ilegales fueron en parte la causa de que me echaran del trabajo.
Dado que poco podemos hacer para detener este comercio, le toca a la gente de Gran Bretaña y de otros países del Primer Mundo detener la demanda. Gran Bretaña usa el 52 por ciento de la caoba que Brasil produce. Por favor, detengan este comercio: ustedes están tratando con Vidas Humanas.


Firmado

José A Lutzenberger
Porto Alegre, 30 de abril de 1992

Referencias

1. Senado Federal (1988). Constituiçao, Repûblica Federativa do Brasil. Artículo 231.

2. Carta de los Timbira, Kaapor y Tembé a los Pueblos Indígenas de Brasil, Canindé, 26 de Diciembre de 1990.

3. Porantim (1991), Conselho Indigenista Misionârio, Brasilia, Noviembre de 1991.

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Agradecimientos - Mis gracias especiales a Survival International, Friends of the Earth, el Conselho Indigenista Misionârio, la Comissao Pastoral Indigenista do Xingu, el Centro Ecumenico de Documentaçao e Informaçao, Sydney Possuelo, José Lutzenberger, Lucy Blue, Ginny Hill, Ruth McCoy y a muchos brasileños cuyas vidas podrían ser puestas en peligro por una cita.

George Monbiot,
Agosto de 1992.

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Última revisión Junio 1, 2004. Traducción de Paolo Catelan. Edición de Numa Pompilio Reinoso. El material publicado en PanNatura es protegido por la Ley de Derechos de Autores y Editores y © Fundación Sangay: El uso indiscriminado del mismo no está permitido, pero puede ser libremente circulado para fines personales, educacionales y no comerciales. PanNatura y Fundación Sangay son marcas y logos registrados. © PanNatura 2004. © Fundación Sangay 2004.


Original title, ``Mahogany is Murder''. First published by Friends of the Earth, London, 1992. Translated and reprinted by arrangement with the Author.


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