Metafísica del Límite Arbóreo

por Arne Naess


Soy la eterna armonía de la Tierra,
el bosque innumerable


Federico García Lorca

He aquí una pequeña joya ontológico-linguística de Arne Naess. En sus palabras, los bosques montanos y antiguos son seres vivos con los cuales podemos ponernos en contacto espontáneamente y objetivamente a través de gestalts de orden superior, que pueden alcanzar dimensiones metafísicas: ``Alcanzar el límite arbóreo se convierte en la experiencia de alcanzar la libertad suprema.'' Quizás esto ocurrió a Federico, en algún momento intenso de su intensa y breve vida. Dedicamos a él esta traducción, porqué no. - PC

ARNE NAESS nació en Oslo en 1912, es Profesor Emérito de Filosofía y durante muchos años Director del Departamento de Filosofía de la Universidad de Oslo. Es autor de Ecology, Community and Lifestyle (1973, 1989), reconocido como el primer libro de ecofilosofía, de Thinking Like a Mountain: Toward a Council of All Beings (con John Seed, Joanna Macy y Pat Fleming; 1988), y de muchos libros y artículos sobre semántica empírica, filosofía de la ciencia, Spinoza, Gandhi y ecosofía. Considerado el principal iniciador y teórico de la Ecología Profunda, en 1977 recibió el Premio Sonningen, máximo reconocimiento académico de Europa, por sus contribuciones a la cultura europea.


EN MUCHAS PARTES del mundo, pero tal vez con más evidencia en el lejano Norte, el límite arbóreo está cargado de valor simbólico: enigmático, místico, amenazador, libertador y cautivador - y repulsivo y de mal agüero. No hay ni una sola persona o animal con la capacidad de experimentar todas estas cualidades terciarias del límite arbóreo. Lo mismo puede decirse del drama de cruzar el límite arbóreo, ya sea desde arriba como desde abajo.
El término límite arbóreo es desorientador. De hecho no existe un límite, más bien una zona de frontera estrecha o amplia. Si el terreno es casi horizontal, la zona es amplia - a veces de algunas millas. Si el terreno es empinado, el límite es estrecho, aunque nunca muy marcado. Así que es traumático ver primeramente un bosque artificial, de hecho un ``cultivo de árboles,'' que cubre las estribaciones altas sobre las laderas de un valle, que finalmente de pronto se interrumpe.
De repente, ¡no hay ni un sólo árbol! Desde árboles completamente crecidos a la nada: una anormalidad, una experiencia de algo absolutamente valioso que ha sido destruido, el paisaje profanado, una pérdida personal incluso si uno nunca ha estado cerca del lugar.
Aquí, les contaré de la realidad inmensamente rica que un cierto grupo de personas ha experimentado, un grupo que abarca a millones de personas. Comenzaré con las experiencias simples, obvias.
Subiendo en dirección del límite arbóreo, hay señales de nuevos desafíos enfrentados por los árboles. En los fuertes vientos y suelos cada vez menos profundos, los árboles son más diminutos y asumen formas retorcidas y fantásticas. Algunos se han caído. Tienen la tendencia de agruparse, como nosotros haríamos. A veces, en ciertos sitios, hay concentraciones de árboles, o árboles solitarios, totalmente aislados. Pueden ser valientes, altivos, incluso triunfales, pero también miserables.
Pero estas características de los árboles son gestalts subordinadas, formas menores de los que es real. Las gestalts de orden superior predominan. Una gestalt es la del movimiento hacia arriba, lo más lejos posible, superando obstáculos, en el esfuerzo de ``ataviar la montaña.''
Algunos árboles logran abrigar la montaña. Comparados con los árboles de las llanuras bajas, se parecen a diminutos arbustos. Pueden alcanzar sólo una altura de pocas decenas de centímetros, mientras que sus parientes de los llanos se yerguen hasta muchas decenas de metros. Sin embargo, llamémoslos raquíticos y preguntarán: ``¿Qué nos hace falta?'' Estos árboles han producidos semillas. Han realizado todas sus posibilidades, han satisfecho funciones esenciales. El solo tamaño no tiene nada que ver con la calidad de la vida.
Otros simplemente sobreviven, raquíticos y deformes. No semillas, no expresión de cumplimiento, medio muertos por la exposición a invierno tras invierno, y a veranos que se alternan entre sequías y lluvias torrenciales.
Desde su nacimiento cada árbol vive una experiencia diferente. Y otros aún prosperan a hurtadillas arreglándoselas simplemente para sobrevivir. El terreno escarpado y las numerosas variaciones en condiciones fomentan obvias consecuencias - ningún árbol es igual a otro. Cada árbol constituye una poderosa representación del drama vital. Algunos se les siente cercanos, otros más alejados.
Son pocas las personas que poseen la experiencia para expandir en la dimensión temporal las gestalts de orden superior. Estas personas verán las olas de climas calientes y fríos luego de la última época del hielo. Ven las olas de árboles que atavian cada vez más la montaña, o retirándose, dejando troncos rotos aferrados allá, arriba de las laderas desnudas. El límite arbóreo es visto como moviéndose incesantemente hacia arriba y hacia abajo, sin pausas.
La gente que vive cerca de espesos bosques de abetos pueden considerar la espesura del bosque como una muralla protectora. Otras personas perciben que aquellos árboles obstaculizan la vista, o incluso la misma existencia, entorpeciendo la libre expresión de la vida y del pensamiento. Si los árboles son viejos y con las ramas encorvadas, pueden comunicar resignación, tristeza, melancolía. Meciéndose con el viento, los grandes árboles se mueven a ritmo lento, y la música puede poseer el aire desgarrador de una marcha fúnebre. O pueden expresar con lentitud algo como, ``condenados, condenados, condenados....'' A través de lo tenue de la noche, la muralla de los árboles parece invitar a la muerte clemente. La existencia del límite arbóreo en algún punto allá arriba - alcanzable, pero bien lejos - entonces inevitablemente se convierte en una promesa de libertad, una prueba de los limites para cualquier tristeza, cualquier prisión, cualquier duda o culpa. Como el límite arbóreo se acerca, las murallas desaparecen. Los árboles se reducen, los claros se agrandan, la luz brilla entre ellos y entre sus cabelleras. Para mi ha sido un privilegio ver todo esto.
Cuando intensas gestalts de orden superior contrastan lo alto/lo bajo, lo oscuro/lo luminoso, son apropiadas para adquirir dimensiones metafísicas. Movimientos desde abajo hacia arriba y desde la sombra hacia la luz intensifican este contraste. La luminosidad es ulteriormente intensificada por la facilidad del movimiento en proximidad del límite arbóreo. Alcanzar el límite nemoroso se convierte en una experiencia de alcanzar la libertad suprema. Para algunos, ocurre una transición desde una actitud trágica ante la vida hacia una más alegre.
Aquellos que viven en el bosque, o se sienten allí como en casa, pueden vivir experiencias que varían aún más. El límite superior del bosque marca el fin de la seguridad, el fin del mundo que controlamos, el comienzo del áspero mundo de las nieves arrastradas por los vientos, de los precipicios peligrosos, de las vastedades inútiles.
Sobre el límite arbóreo hace frío y se presenta hostil, abajo es cálido y agradable. Incluso en estas experiencias negativas existen contrastes de dimensiones metafísicas. Las gestalts positivas y negativas atestiguan la gestalt suprema de una existencia con cara de Jano, comprendente lo bueno y lo malo en niveles idénticos, o enfatizando un aspecto en detrimento de otro.
¿Cómo debería entenderse este aspecto metafísico? ¿Qué profundidad puede ofrecer? Son preguntas meta-metafísicas cuyas respuestas no pueden darse aquí o donde sea. Sin embargo ciertos puntos fundamentales pueden recogerse a partir de tres enfoques.
1. El Homocentrista. El poder de la imaginación humana es asombroso. No hay límite para lo que el genio humano es capaz de proyectar en la naturaleza. La riqueza de los símbolos relacionados con el límite arbóreo lo avala. Los vuelos de la imaginación se elevan sobre el nivel de los hechos brutos: las hojas son verdes, los tallos crecen hacia arriba, ...lo demás es una maravillosa proyección de la mente humana.
2. El Filósofo Idealista. Estrictamente hablando, las hojas no son verdes. Sus átomos son sin color, tampoco son grises, y las ondas electromagnéticas o las particulas no crecen hacia arriba. Hay un reino más allá del mundo material. La nueva física lo confirma - un mundo material más allá del tiempo y del espacio, un reino espiritual. La mente humana está en contacto directo con este reino y ``espiritualiza'' la naturaleza.
3. El Ecósofo. ¡La riqueza y la fecundidad de la realidad! ¡Qué asombrosa! ¡La estructura geográfica abstracta del límite arbóreo apunta a una variedad aparentemente infinita de contenidos concretos! Más está abierto al ser ecológico humano de lo que puede ser experimentado por cualquier otro ser viviente.
Para el ecósofo, la metafísica del límite arbóreo es un asunto serio. Nos permite comprender la inmediata experiencia espontánea del límite arbóreo como una experiencia de la realidad, más allá de las divisiones entre sujeto/objeto, y espíritu/materia.
Hoy en día, una de las realizaciones más escalofriantes es que, de hecho, los actuales proyectos de ``reforestación'' no revitalizan un bosque. Las plantaciones artificiales de árboles carecen de la inmensa riqueza y diversidad biológica de los bosques antiguos, junto con su intensidad y riqueza metafísica. Con tanta gente que ahora reacciona negativamente ante la parodia de la reforestación, los tiempos son maduros para un cambio político.

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Última revisión Mayo 1, 2002. Introducción y traducción de Paolo Catelan. Edición de Numa Pompilio Reinoso Larrea. El material publicado en PanNatura está protegido por la Ley de Derechos de Autores y Editores y © Fundación Sangay: El uso indiscriminado del mismo no está permitido, pero puede ser libremente circulado para fines personales, educacionales y no comerciales. PanNatura y Fundación Sangay son marcas y logos registrados. © PanNatura 2002. © Fundación Sangay 2002.


Original title, ``Metaphysics of the Treeline''.From DEEP ECOLOGY FOR THE 21ST CENTURY, edited by George Sessions. © 1995 by George Sessions. Reprinted by arrangement with Shambhala Publications Inc., Boston, www.shambhala.com - Originally published in APPALACHIA 188, 1990.


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