¿Acaso Este Es el Relato de la Muerte del Otro?

por Javier Ponce


Javier Ponce fue la primera persona que leyó el texto de ¡HUAORANI! Se lo enviamos a él porque es hombre y escritor sensible. Su reacción fue contestarnos con las palabras que siguen. Si el libro será finalmente publicado, como Javier recomienda, estas palabras serán su preámbulo. - PC

JAVIER PONCE es poeta, novelista y periodista. Viene publicando desde 1979, cuando se editó su primer poemario Postales. Más recientemente ha sido editorialista de diarios nacionales ecuatorianos.


Moi caminaba en la ciudad como si estuviese en la selva: lentamente y a trancos parejos. Así se inicia el relato de Joe Kane.
Y en esa frase se sintetiza todo el tránsito interior (y la transición forzada) del pueblo huaorani que se relata. Alguien dice que los pueblos premodernos curiosamente asumen mejor la diversidad que los modernos que tendrían, teóricamente, en la pluralidad su razón originaria de ser. Este libro lo confirma.
En fin. La obra de Kane está poblada de paradojas.
La primera: el silencio que le ha rodeado entre nosotros. Me causa vergüenza estar asistiendo a la primera traducción de un texto sobre nuestro país difundido por The New Yorker hace más de diez años.
¿Quién lo ha silenciado?
No busquemos culpables por más allá de nuestra propia indiferencia hacia las civilizaciones amazónicas.
Pero volvamos al comienzo. ¿Quién es Moi? ¿Quién es Joe Kane? ¿Cómo se encontraron en la ciudad de Washington a finales de 1993?
La respuesta ocupa decenas de esta páginas. Yo solo adelantaré señalando que Moi es un líder huaorani que ha vuelto a ser noticia (quizás ``resuscitado de las cenizas y el silencio'' al que le sometieron las derrotas de su pueblo) en los días en que escribo este preámbulo a propósito de una nueva negativa del pueblo huaorani a la presencia petrolera en su territorio.
Kane es alguien que fue más allá de su oficio de periodista, o que lo encarnó como en los tiempos heroicos del periodismo, cuando las realidades nos dejaban profundas heridas. Llegó al Ecuador a comienzos de la década del noventa, intrigado por una denuncia anónima sobre los negocios de la multinacional Conoco en la Amazonía ecuatoriana, y fue publicando por entregas este relato en The New Yorker.
Y Washington fue un lugar de reencuentro, pero no el más importante. El verdadero espacio en el que se desarrolla este inmenso ``reportaje de vida'' (¿existe ese género híbrido de periodismo?) es la selva real y la selva burocrática.
El texto es, ante todo, un episodio de la confrontación con el Otro, en sus dos dimensiones: la apasionante y la trágica. Y en calidad de episodio, tiene el enorme don de la síntesis, enriquecido por un estilo literario que nos va atrapando y que vuelve a este libro particularmente peligroso tanto para las petroleras como para el poder político y para una sociedad que aún no ha aprendido a reconocer su úlceras.
¿Simplemente nos afecta la ausencia de autocrítica? Un poco más allá que eso: el engaño y la indiferencia están en nuestras raíces como sociedades.
``Cabe preguntarse si no es justamente en América Latina en donde se esboza también, de manera más ágil que en otras circustancias, el nuevo tipo de la identidad petrificada y excluyente que necesita la nueva modernidad capitalista. Si no es allí donde se pone a prueba - resultado del mestizaje falseado e irreal que requiere la nueva acumulación del capital - una identidad para el nuevo hombre y el nuevo mundo, en la que las múltiples identidades colectivas espontáneas están reunidas para ignorarse las unas a la otras?'', escribe Bolivar Echeverría en su libro Las Ilusiones de la Modernidad.
Hablo de una dimensión apasionante, en cuanto es el contradictorio encuentro entre el periodista y, particularmente, dos personajes del universo huaorani: Moi el incorruptible, casi mítico, la idealización del líder; y Enqueri el humano, generoso pero capaz de engañar y de engañarse, de traicionar y traicionarse.
Y la dimensión trágica: el intento del uno por avasallar al Otro, por ignorarlo, borrarlo o someterlo, dolorosamente sintetizado en la relación del universo huaorani y la Conoco primero y la Maxus depués, en la Amazonia.
Todo ello, como un relato que ``ocurre'' en la vida; en la que los hechos son los que finalmente encarnan el conflicto de la diversidad.
Si la pluralidad pudo haber sido concebida inicialmente como un castigo divino (nos dice Bolivar Echeverría), el castigo que dio origen al mito de la Torre de Babel, el ``uno'' occidental actúa violentamente sobre esa culpa originaria, se considera así mismo como representación de la unidad, mientras el no-occidental, el huaorani, ``aprehende'' la diversidad mientras ocurre tanto el conflicto apasionante como el desgarrador y trágico.
Por ello, volviendo a mis palabras iniciales, Moi se mueve en la ciudad como en la selva, como ``pez en el agua entre la muchedumbre'' dice Kane. No sin la natural ingenuidad con la que busca explicarse hechos absurdos como la distancia entre el poder y las gentes, ilustrado en su afán por ingresar a la Casa Blanca para dialogar con el otro líder, el que allí habita.
La diversidad es vista por Moi, no como un obstáculo para la vigencia unitaria de valores y de una ética universal, sino como la condición necesaria para esa universalidad. Pero en cambio el capitalismo busca la imposición de una homogeneización aterradora. Una homogeneización fundada en la muerte del otro.
La revolución técnica, sostiene Echeverría, se vuelve una fuerza retrógada que ``después de destruir las `humanidades' arcáicas, insufla a sus cadáveres un dinamismo de autómata que ni las deja morir del todo ni les permite transformarse (una posibilidad constantemente evocada como utópica a lo largo del libro) y dialogar para intentar vivir el universalismo concreto de una humanidad al mismo tiempo unitaria e incondicionalmente plural.''
La evocación en algún momento del texto, del suicidio del viejo shamán cofán ante la inminencia del cumplimiento de lo inevitable, la destrucción de la selva nor-oriental del Ecuador, nos devuelve, por otra parte, a la historia trágica de la conquista occidental de América, en la que la intuición del destino y el lenguaje de los símbolos debilitó la resistencia nativa y posibilitó la derrota indígena desde México hasta el imperio Inca.
Y es el anuncio a su vez de lo que sobrevendrá en el resto del territorio amazónico.
Es la aproximación a la experiencia de la nada, un precipitarse al abismo abierto por las multinacionales.
Este libro ilustra el dramático contraste entre el debate interior de la civilización huaorani por establecer una relación y un diálogo crítico, no exento de violencia y de ambigüedades, con el resto del mundo y particularmente con el occidental de la modernidad; y la ciega barbarie con la que los personajes de esa supuesta modernidad arrasan con su civilización sin pararse en mientes, sin establecer ese diálogo necesario y crítico.
La ética y la historia así confrontadas, me pregunto en qué punto estamos, qué absurdo nos toca vivir y, sin embargo, cómo entender que perseguimos la sobrevivencia en ese absurdo hasta justificarlo, mientras el poder elabora las más insospechables falacias como aquella de un personaje que ha vivido a horcajadas del poder político y de la arrogancia petrolera, ministro de Estado y representante de las multinacionales a renglón seguido, y que pretendiendo encarnar los ``intereses'' del país afirmó en este año de 2004 que los indígenas no podían oponerse a la explotación petrolera porque a ellos sólo les pertenece la superficie del territorio y no el subsuelo.
¡Con cuánta estupidez se justifica la ambición!
Precisamente los momentos más conmovedores del relato podrían ser aquellos en los que Moi pide a los burócratas nacionales y norteamericanos que conforman las comisiones encargadas de estudiar las denuncias contra las petroleras, que cuenten al mundo lo que han visto.
Sí. Seguramente lo contaron.
Sus relatos estarán en el fondo de los archivos.
El espíritu del periodismo parece dotar al autor de la fortaleza necesaria para enlazar los elementos de la narración, para relatar lo que ocurre y lo que le ocurre.
Inútil resumir todos los ángulos del conflicto que aborda el libro de Joe Kane, porque no están expuestos y organizados como elementos de un análisis sino como sorprendentes o irónicos episodios de un texto continuo, tan sorprendentes que a veces parecerían tentar los límites de la ficción (esos límites que los protagonistas del petróleo tientan todos los días).
Está allí la suerte de las investigadoras expulsadas de las empresas consultoras por decir ``ingenuamente'' su verdad.
Está la incertidumbre que rodea a los líderes indígenas, la corrupción de dirigentes como un tal Valerio Grefa de triste recordación.
La aparición y muerte de personajes que nos dejan su huella como aquél Alí.
Los diálogos inefables entre Kane y sus amigos huaorani en torno a la paradojas de las diversas cotidianidades, la trama de ironías en torno a la condición de ``incansable'' de Enqueri y los ``síntomas'' de su acomodo a las circunstancias: comenzó a engordar; o a la idea de Raúl expresada luego de mucho meditar, de asesinar al presidente del país introduciendo anzuelos en el arroz.
Moi
Moi y el Otro. Photo © Zbigniew Bzdak

Quien edite este libro, cometerá un acto de valentía y de justicia.
Quien lo lea, lo va a leer realmente y no lo va a olvidar.
Javier Ponce
Septiembre 2004

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Última revisión Octubre 1, 2004. Introducción de Paolo Catelan. El material publicado en PanNatura está protegido por la Ley de Derechos de Autores y Editores y © Fundación Sangay: El uso indiscriminado del mismo no está permitido, pero puede ser libremente circulado para fines personales, educacionales y no comerciales. PanNatura y Fundación Sangay son marcas y logos registrados. © PanNatura 2004. © Fundación Sangay 2004. La foto es cortesia personal de Zbigniew Bzdak y no es parte del escrito en su forma original.


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