QUIÉNES SOMOS

Este es un espacio dedicado a nosotros, para contarles un poco lo que somos, no lo que hacemos - de eso hablamos en otras oportunidades - en otro tiempo y en otro espacio...

PAOLO CATELAN Nací en la campiña veneciana. De lo que sé, mi familia vivió durante ochocientos años en una pequeña ensenada formada por los meandros del Tesina, un río que baja de los Alpes y que se hincha a volúmenes pavorosos en los meses lluviosos de noviembre y diciembre.
jatun pampa
Puruhá Jatun Pampa, PN Sangay. © Patricio Rivas
Pescaban, tan inusual en la campiña profunda, y cultivaban la tierra y sacaban guijarros y piedras aguas arriba, donde el río es menos profundo. La gente en mi familia es de estatura muy alta - las personas más altas que he conocido - así que en el pueblo eran los mejores en cavar el lecho del río y les llamaban ``Tesenati'', que literalmente significa La Gente que Nació en el Tesina. Entonces había bosques. Los barones estaban entrenados para, durante el invierno, nadar en el río inundado y atrapar los grandes árboles arrastrados por la corriente; abrazándolos, nadaban de regreso a la orilla. Así estaban seguros de tener suficiente leña para poder calentarse durante las frías noches de invierno. Todo esto me lo contaba mi madre. Cuando era chico, fui parte de la última generación en mi familia que iba a pescar con redes en largos botes que construían con la madera cortada de los bosques, como habían hecho durante siglos. Los peces y los bosques ahora se han ido y no hay más redes ni botes. Pero las aguas profundas y verdosas del Tesina cerca de Palú están todavía dentro de mi. Vine al Parque Sangay por primera vez en el 1989. De hecho, no me fui jamás. Regresé a este lugar porqué tenía que hacerlo. Pone orden al movimiento de mis pensamientos y a la disciplina de mi cuerpo. Posiblemente allá encuentro los bosques y los ríos de mi niñez, aunque sean tan diferentes y estén tan lejos de mi tierra natal. No se cuánto de esto sea verdad pero, en todo caso, no importa. Lo que sé es que quiero dedicar el resto de mi vida al Parque, a protegerlo. Y de ninguna manera es algo fácil. Cuando camino en el Sangay, a veces siento que ya no puedo más. Hacia dónde voy, me pregunto. Y la única respuesta que encuentro es que ahora pertenezco a este lugar y ya no puedo ir a ninguna otra parte.

ROBERTO CAZ QUILLAY Pertenezco a la nación Puruhá del pueblo de Alao, cerca del Sangay. Mi idioma nativo es el quichua. Desde milenios vivimos en la hoya enclaustrada en los altiplanos que ha levantado el volcán Chimborazo: la Cordillera Real en el Levante, la Cordillera Negra en el Poniente, el Nudo de Igualata por el Norte, y el Azuay por el Sur.
roberto
Puruhá es una palabra a la vez aymará y quichua. Significa ``páramo, lugar inhóspito y salvaje'' (los aymarás les llaman ``purunjaques'' o ``purunrunas'' a los hombres de la Puna; y nosostros le decimos ``purumines'' a los pajonales y a todas las hierbas que crecen en los páramos intocados) - los turistas de afuera que vienen a visitar el Sangay dicen wilderness, así me han dicho ellos. Entonces, nosotros los Puruháes somos la Gente que Vive en los Páramos, o también La Gente que Vive en la Naturaleza Salvaje. No tenemos un conocimiento integrado sobre la forma o las dimensiones del Universo, ni siquiera de la Tierra. Más importante para nosotros es la Naturaleza, nosotros la llamamos Pacha Mama, que es como una fuerza vital, y está en toda la naturaleza. Es benigna, como el seno materno, y nos proporciona todo lo que necesitamos. Todo lo que está en la naturaleza tiene su nombre, y el quichua es el idioma de la naturaleza. Mayu es el río, y urcu es la montaña; huayco es la vertiente y cocha la laguna; allpa es la tierra y yacu es el agua; huayra es el viento y acapana el temporal; huichi es el arcoiris y coillur es la estrella; quilla es la luna e inti yaya es el sol; payacucha es el murciélago; quinde es el colibrí; ucumari es el oso; y hay el puma y el cóndor; anga es el gavilán; runas son los hombres, huarmis las mujeres. Todos nosotros andamos por los cerros, como hacían los antiguos, nuestros antepasados. Es así que conozco el Sangay, no he ido a la escuela. Eso de la Fundación Sangay es una idea de Paolo, que es como uno de nosotros. Es muy difícil explicar a la gente eso de la conservación de la naturaleza, pero nuestra tierra, ñuca allpa, es hermosa. Nuestra tierra es nuestra riqueza. Sin la tierra no somos nada. Ñuca cani Alao allpa manta. Caipimi canchi. Ñuca rimarini. Caimi canchi. Yo soy de la tierra de Alao. De ahí somos. Así hablo. Así soy.

ELISABETH REGULA GIRARDIER He nacido en Zürich, en el año 1935. Pasé toda mi juventud en Suiza, y luego de mis estudios no dediqué mi vida a la ciencia, más bien decidí viajar durante un tiempo por el mundo para ``abrir mi horizonte,'' como solían decir mis padres. Mi amor por la naturaleza viene de mi padre, que me enseñó a apreciar, a observar, a oir los misterios y las maravillas naturales. Él fue quien me enseñó a dibujar y a pintar, a usar el pincel y los colores.
elisabeth
Mi madre me pasó la pasión para la lectura, la disciplina que el estudio requiere y la voluntad de comprender ideas distintas, estilos diferentes de vida, otras culturas e idiomas. Lo que desde siempre y especialmente me han fascinado son los bosques del mundo entero. Paso mucho de mi tiempo de ocio en los bosques y en la naturaleza, reflexionando, soñando o pintando. Lo que me decidió a unirme a Fundación Sangay ocurrió una noche que pasé al pié del gran volcán Sangay, lleno de grandiosa majestad. Caía una lluvia dulce, y la noche estaba oscura y silenciosa. De repente, ¡un relámpago!, las nubes se iluminaron, el Sangay hizo erupción y su estruendo pareció que me estaba llamando... esa noche no dormí mucho, escuchaba al volcán, y antiguos recuerdos se mezclaban col presente....
....érase una niña suiza, soñando con enanos, que pretendía haber visto en los bosques montanos de su país, saltando de un arbusto de arándano a otro... Muchos años después, esa niña ya era mujer viajando por Ecuador, por llanuras, desiertos y playas, por la Amazonía, por senderos andinos y por los bosques nublados del Sangay: el misterio del paisaje, los liquénes, los musgos y las lianas de pronto le recordaron sus sueños de niñez, y ahí decidió escribir y dibujar un libro para sus nietos en Suiza....
....mi intención y compromiso de ayudar a los pueblos indígenas y al mismo tiempo conservar la naturaleza de Ecuador se hicieron realidad gracias a la venta de ese libro. Muchos niños ya lo han leído, y un buen día mi nieto me dijo: ``Abuelita, mira, yo creo que los enanos sí existen, porque gracias a tí han sobrevivido en el Ecuador, donde también hay bosques, y continúan ayudando a la gente con sus espirítus de hadas.'' Y luego me preguntó: ``Dime, abuelita, ¿cómo te llaman los indígenas de allá?'' ``Mamá Isabel,'' respondí sonriendo, así ellos le llaman al gran volcán Sangay también, donde viven los enanos, en las laderas solitarias y cubiertas de bosques húmedos. ``Mira,'' le dije a mi nieto, ``es así que pequeños sueños pueden volverse en grandes realidades, ¿qué te parece?'' ``Sí, tienes razón abuelita,'' respondíó el niño...

Who We Are


Ultima revisión Marzo 16, 2005. © Fundación Sangay 2005.

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