En la homosfera vive el hombre, pero no
todas las criaturas de la Tierra. Es preferida por la mayoría de
nosotros, los pasionales cultores del chovinismo humano y de la idea
ilusoria de nuestra supremacía sobre el planeta. Es adorada por
desarrollistas locuaces y tecnócratas razonables, que saben hacer las
cosas mejor que la Naturaleza, porque les ofrece la oportunidad de
escuchar el eco estrepitoso de su propia soledad. En la homosfera - o
antroposfera - los ideólogos postindustriales, globalizadores y
ultramodernos, se ocupan y preocupan mucho, fascinados por el trance
de sus inteligentes abstracciones durante el prolongado esfuerzo de
vaciar la ecosfera de todo misterio y criatura y separarla del resto
del universo, para que nuestros egos puedan expandirse ad
infinitum: en la homosfera solamente los seres humanos cuentan (y
algunos cuentan más que otros - parafraseando a George Orwell). A
través de sus espesas paredes, la poderosa vocación del Hombre de
relacionarse con la Naturaleza se distorsiona, al punto que nuestra
visión desaparece: es a ese punto que nuestra relación con la Tierra,
declara Thomas Berry, se torna autista. Si el diagnostico fuese
correcto, las perspectivas para la humanidad no son buenas: demasiadas
formas de autismo no son tratables. JOHN SEED es fundador y director de Rainforest
Information Centre en Australia. Desde 1979, ha estado involucrado en
acciones directas que redundaron en la protección de los bosques
lluviosos australianos. En 1984, ayudó a iniciar Rainforest Action
Network en Estados Unidos para proteger las selvas lluviosas en
Sudámerica, Asia y el Pacífico por medio de proyectos de desarrollo
sostenibles y favorables para los habitantes nativos ligados a la
protección de sus bosques. Por 15 años, ha escrito y ha dado
conferencias en forma extensa sobre ecología profunda y ha dirigido
talleres de Councils of All Beings y otros sobre
re-Earthing en Australia, Estados Unidos, Japón, India,
Tailandia y Europa occidental y oriental. Junto con Joanna Macy, Pat
Fleming y el profesor Arne Naess, escribió Thinking Like a Mountain
- Towards a Council of All Beings (1988), que ha sido traducido en
10 idiomas. En 1984 fundó World Rainforest Report y a la fecha sigue
siendo uno de los redactores. Es un bardo consumado y compositor de
canciones y, desde 1981, ha producido 5 álbumes de canciones
ambientalistas. En 1995, recibió del gobierno australiano la Order of
Australia Medal por sus servicios a favor de la conservación y el
medioambiente. Es miembro de la Findhorn Foundation y ocasional
Experto Residente en el Esalen Institute. Da conferencias en
universidades en Australia, Estados Unidos, Europa y Asia de manera
regular.
``Sin embargo, tampoco el tiempo es una prisión fuerte. Con solo raspar un poco las paredes de concreto del contratista deshonesto, a través de una cascada de esquirlas y arena, nace la libertad. Sacude el polvo de tu cabellera. Esta escollera montañosa es real; porque se adentra en el pasado y en el futuro. Es parte de la gran excelencia sin tiempo de las cosas.''[1]
``Antropocentrismo'' u ``homocentrismo'' significa chovinismo
humano. Es similar al sexismo, pero se sustituye ``hombre'' por ``raza
humana'' y ``mujeres'' por ``todas las demás especies.'' El chovinismo
humano, la idea de que los humanos somos la culminación de la
creación, la fuente de todo valor, la medida de todas las cosas, está
profundamente arraigado en nuestra cultura y conciencia.
``Y el temor y el miedo de vosotros estarán sobre toda bestia de la tierra, y sobre toda ave de los cielos, en todo lo que se mueva sobre la tierra, y en todos los peces del mar; en vuestras mano son entregados.''[2]
Cuando los humanos investigan y veen a través de sus vetas de
autocomplacencia antropocéntrica, tiene lugar un profundo cambio de
conciencia. La alienación amaina. El ser humano deja de ser un
foráneo, apartado. Nuestra calidad de humanos, entonces, pasa a
reconocerse meramente como la etapa más reciente de nuestra
existencia; y a medida que dejamos de identificarnos exclusivamente
con esta fase, comenzamos a entrar en contacto con nuestro lado
mamífero, nuestra naturaleza de vertebrado, con una especie que solo
recientemente surgió de la selva húmeda. A medida que se dispersa la
bruma de la amnesia, nuestra relación con las demás especies y nuestro
compromiso con ellas se tranforman. Lo que aquí se describe no debe
considerarse como algo meramente intelectual. El intelecto es
solamente un punto de acceso al proceso descrito, y el más fácil de
comunicar.
Sin embargo, para algunas personas este cambio de perspectiva es
el resultado de acciones a nombre de la Madre Tierra. ``Estoy
protegiendo la selva lluviosa'' se transforma en ``Soy parte de la
selva lluviosa y me protejo a mí mismo. Soy parte de la selva lluviosa
que recientemente alcanzó la autoconsciencia.'' ¡Que alivio, entonces!
Se acabaron los miles de años de una imaginada separación y comenzamos
a recordar nuestra verdadera naturaleza. Es decir, el cambio es
espiritual, pensar como una montaña [3], a veces llamado ``ecología
profunda.''
A medida que mejora nuestra memoria, a medida que se interiorizan
las implicaciones de la evolución y de la ecología son y nuestra mente
sustituye las estructuras antropocéntricas obsoletas, nos
identificamos con todas las formas de vida. A continuación viene la
toma de conciencia de que la distinción entre ``vida'' y ``sin vida''
es un constructo humano. Cada átomo de este cuerpo existía antes de
que surgiera la vida orgánica hace unos 4000 millones de años.
¿Recuerdan nuestra infancia como minerales, como lava, como rocas? Las
rocas tienen la potencialid de transformarse en cosas como este
cuerpo. Somos las rocas que danzan. ¿Por qué las miramos por encima
del hombro con ese aire tan condescendiente? Ellas son una parte
inmortal de nosotros.[4]
Si nos embarcamos en un viaje tan interior, podemos encontrar, al
retornar a la realidad consesual de nuestros días, que nuestras
acciones en nombre del medioambiente están purificadas y fortalecidas
por la experiencia. Aquí hemos encontrado un nivel de nuestro ser que
la polilla, la herrumbre, el holocausto nuclear o la destrucción de la
reserva genética de la selva lluviosa no pueden corromper. El
compromiso para salvar el mundo no disminuye con la nueva perspectiva,
aunque el miedo y la ansiedad que fueron parte de nuestra motivación
comienzan a disiparse y son reemplazados por un cierto desinterés.
Actuamos porque la vida es el único juego que tenemos, pero las
acciones basadas en una consciencia desinteresada y menos apegada
pueden ser más efectivas. Con frecuencia, los activistas no tienen
mucho tiempo para meditar. El espacio desinteresado que encontramos
aquí puede ser similar a la meditación. Algunos maestros de meditación
están acogiendo la ecología profunda [5] y viceversa [6].
De todas las especies que han existido, se estima que en la
actualidad existe menos de una en cien. Las demás se extinguieron. A
medida que el ambiente cambia, cualquier especie incapaz de adaptarse,
de cambiar, de evolucionar, se extingue. Toda la evolución ocurre de
esta manera. En esta forma, un pez en busca de oxigeno, antepasado
nuestro, comenzó a colonizar la tierra. La amenaza de extinción es la
mano del alfarero que amolda todas las formas de vida. La especie
humana es una entre las millones de especies amenazadas de una
inminente extinción por la guerra nuclear y otros cambios
medioambientales. Y a pesar de que es verdad que la ``naturaleza
humana'', revelada por 12.000 años de historia escrita, no ofrece
demasiadas esperanzas de poder cambiar nuestros hábitos ignorantes,
codiciosos y belicosos, la historia fósil, inmensamente más extensa,
nos asegura que PODEMOS cambiar. Estudios sobre la evolución nos
revelan que SOMOS el pez y la miríada de hazañas flexibles que han
desafiado a la muerte. Está garantizado un cierto tipo de confianza,
aun a pesar de nuestra reciente ``humanidad''. Desde este punto de
vista, la amenaza de extinción aparece como la invitación a cambiar, a
evolucionar. Después de un breve tregua de las manos del alfarero,
aquí nos encontramos de nuevo en el plato del torno. El cambio que se
requiere de nosotros no es una nueva resistencia a la radiación, sino
un cambio de conciencia.
La ecología profunda es la búsqueda de una conciencia viable.
Ciertamente la conciencia surgió y evolucionó bajo las mismas leyes
que para todo lo demás. Amoldada por las presiones medioambientales,
la mente de nuestros antepasados debe haber sido forzada, una y otra
vez, a trascender de sí misma. Para sobrevivir a nuestras presiones
ambientales actuales, debemos recordar conscientemente nuestro legado
evolutivo y ecológico. Debemos aprender a pensar como una montaña. Si
vamos a estar abiertos a evolucionar una nueva consciencia, debemos
afrontar nuestra inminente extinción (la presión ambiental
última). Esto implica reconocer que aquella parte de nosotros que
rehuye la verdad, se esconde en la intoxicación y la hiperactividad de
la desesperación de los humanos, cuya carrera de 4000 millones de años
ya ha sido corrida y a cuya vida orgánica le falta un soplo para
extinguirse.[7] Una perspectiva biocéntrica, la conciencia de que las
rocas SÍ danzarán y de que las raices van más allá de los 4000
millones de años, puede proporcionarnos el coraje para enfrentar la
desesperación y acceder una conciencia más viable, que vuelva a ser
sostenible y a estar en armonía con la vida.
``Para muchos, proteger algo tan vasto como este planeta aún resulta una abstración. Sin embargo, puedo ver el día en lo que nos queda de nuestra vida, en que la reverencia por los sistemas naturales - los océanos, las selvas lluviosas, el suelo, las praderas y todas las demás formas de vida - será tan fuerte que ninguna ideología restringida basada en la política o la economía podrá vencerla.''[8]
El término ``ecología profunda'' fue acuñado por el ecoactivista
noruego y profesor de Filosofía Arne Naess, y ha sido adoptado por
académicos y ambientalistas en Europa, Estados Unidos y
Australia. ``La esencia de la ecología profunda es la de hacer
preguntas más profundas... Preguntamos qué sociedad, qué educación,
qué forma de religión son beneficiosas para todas las formas de vida
del planeta como un todo.''[9] 1. Citado del poema ``A Little Scraping'' de Robinson Jeffers,
Selected Poetry of Robinson Jeffrey, Random House, New York,
1933 (agotado). 2. Génesis 9:2. 3. ``El ecologista silvicultor Aldo Leopold pasó por una conversión
dramática, de una mentalidad `administrativa' e inspirada en una
ecología poco profunda, basada sobre la idea del hombre que controla
la naturaleza y gestiona sus recursos, a anunciar que los seres
humanos deberían considerase `simples miembros' de la comunidad
biótica. Luego de su conversión, Leopold pudo ver en forma estable y
con `claridad luminosa,' a medida que superaba las ilusiones
antropocéntricas de su tiempo y comenzó a `pensar como una montaña'.''
- George Sessions, Spinoza, Perennial Philosophy and Deep
Ecology, Sierra College, Rocklin, California, 1979. Véase Aldo
Leopold, A Sand Country Almanac, O.U.P. Londres, 1949. 4. Físicos prominentes como David Bohm (Wholeness and the
Implicate Order, Routledge, 1980) y biólogos y filósofos como
Charles Birch y John Cobb Jr. (The Liberation of Life,
Cambridge, 1981) estarían de acuerdo con Alfred North Whitehead
(Science and the Modern World, Fontana, 1926, 1ª ed, p. 133) en
que ``una filosofía evolutiva rigurosa sería incompatible con el
materialismo. La materia aborigen, es decir, el material desde el cual
se origina una filosofía materialista, es incapaz de evolucionar.''
Puntos de vista similares a los de estos autores acerca de la
interpretación de toda la ``materia'' (mejor concebida como
``eventos'') han sido desarrollados en Fritjof Capra, The Tao of
Physics (Fontana, 1986), mientras que el mismo Tao Te Ching
del siglo sexto de nuestra era nos dice que el ``Tao'' o el ``orden
implicado,'' como lo llamaría Bohm, ``es la fuente de las diez mil
cosas.'' (véase la traducción de G. Feng y J. English, Vintage,
1972). 5. ``Para Dogen Zenji, entre los otros que son `ni más ni menos que
yo mismo', están las montañas, los ríos y la gran tierra. Cuando uno
piensa como una montaña, también piensa como un oso negro, de modo que
la miel chorrea por el pelaje mientras agarra el bus para ir a
trabajar.'' - citado de Robert Aitken Roshi, maestro budista zen,
``Gandhi, Dogen and Deep Ecology'', Zero Magazine. 6. Theodore Roszak, por ejemplo, escribió en Person/Planet
(Victor Gollanz, 1979): ``A veces pienso que no podría existir un
criterio más profundo que el silencio para medir nuestro estado de
preparación para una economía de permanencia.'' En otro contexto
(Where the Wasteland Ends, Faber and Faber, 1974, p. 404),
Roszak ha argumentado elocuentemente que, ``si la ecología debe
trabajar en función de una transformación de conciencia, será porque
los que la estudien reconocerán la verdad contenida en una sola línea
de la poesia de Kathleen Raine: `No son las aves las que hablan, sino
los hombres que aprenden el silencio.' '' 7. Para un uso creativo de la desesperanza, véase Joanna Macy,
``Despair Work,'' Evolutionary Blues, Vol. 1, No. 1, 1981 (PO
Box, 448, Arcata, CA 95521, USA). Para echar una larga mirada al tema
de nuestra extinción inminente, véase Jonathon Schell, The Fate of
the Earth, Pan Books, 1982. 8. ``Not Man Apart,'' Friends of the Earth Newsletter,
Vol. 9, No. 9, agosto de 1979. 9. Entrevista con Arne Naess, ``The Ten Directions,'' Zen
Centre of Los Angeles Newletter, Verano/Otoño de 1982. Todos los interesados en estos temas o en interactuar con la red de
ecología profunda pueden escribir al Rainforest Information Centre,
Box 368 Lismore, NSW 2480, Australia o a johnseed@ozemail.com.au Última revisión
abril 1, 2004. Introducción y traducción de Paolo
Catelan. Edición de Maricruz González Cárdenas. El material
publicado en PanNatura está protegido por la Ley de Derechos de
Autores y Editores y © Fundación Sangay: El uso
indiscriminado del mismo no está permitido, pero puede ser
libremente circulado para fines personales, educacionales y
no comerciales. PanNatura y Fundación Sangay son marcas y
logos registrados. © PanNatura 2004. © Fundación
Sangay 2004. Original title,``Beyond
Anthropocentrism''. Excerpt from THINKING LIKE A MOUNTAIN -
TOWARDS A COUNCIL OF ALL BEINGS, by John Seed, Joanna Macy,
Arne Naess and Pat Fleming, New Society Publishers,
Philadelphia, 1988. Translated and reprinted by arrangement
with John Seed (Lismore, Australia): For the Earth,
John.