ECOLOGÍA PROFUNDA Y NO PROFUNDA

De las virtudes, paradojas e inconsistencias de la política ecologista contemporánea

por George Sessions


Este escrito de George Sessions apareció por primera vez en 1995 como prefacio de una antología de artículos publicada por Shambhala Publications bajo el título ``Deep Ecology for the 21st Century'' [Ecología Profunda para el Siglo 21], editor el mismo Sessions. Consideramos que posee un fundamental valor intrínseco y que es funcional para los fines de PanNatura por su valor pedagógico y su perspectiva histórica sobre el movimiento de Ecología Profunda, al que PanNatura dedicará amplio espacio en el futuro.
Además de analizar los distintos orígenes históricos del movimiento de Ecología Profunda, George Sessions denuncia, en un análisis breve pero franco y preciso, las inconsistencias que afectan la políticas ecologistas modernas dentro y fuera de su país, los Estados Unidos. El artículo está actualizado hasta 1995 y, aunque cargos y personas mencionadas han cambiado posiblemente durante los últimos años, el informe que nos entrega puede ser considerado representativo de la situación a comienzos del siglo XXI (por ejemplo, si se cambiara Clinton con Bush o Gore con Cheney, poco se alteraría del sentido general del escrito). De hecho, después de la lectura de este artículo, lo que queda claro es que hay todavía muchísimo por hacer si se quiere que la humanidad adquiera un rol y una posición funcionales para la supervivencia del planeta. Igualmente claro queda el hecho que la ``década decisiva'' que menciona Sandra Postel ya ha pasado.
El título del artículo es nuestro, siendo simplemente el de Preface en el original inglés. De este, hemos eliminado la última sección que contiene detalles técnicos relacionados con el plan de la antología y la sección de agradecimientos del autor, muy personal para ser publicada aquí. - PC

GEORGE SESSIONS es director del Departamento de Filosofía del Sierra College en Rocklin, California. Es coautor de Deep Ecology: Living as if Nature Mattered y coeditor de Environmental Philosophy. Es uno de los máximos exponentes, con Bill Devall, Arne Naess y Gary Snyder, del Movimiento de Ecología Profunda.


EL MOVIMIENTO de Ecología Profunda de largo alcance emergió más o menos espontánea e informalmente como un movimiento filosófico, científico y político/social durante la así llamada Revolución Ecológica de los años 60. Su preocupación principal ha sido la de ocasionar un cambio paradigmático profundo - un cambio de percepción, valores y estilos de vida - como base para redireccionar la trayectoria ecológicamente destructiva del crecimiento industrial de las sociedades modernas. Desde los años 60, el Movimiento de Ecología Profunda de largo alcance ha sido caracterizado filosóficamente por una transición desde un antropocentrismo hasta un ecocentrismo ecocéntrica y por un activismo ambiental.

LAS RAÍCES ECOCÉNTRICAS DE LA ECOLOGÍA PROFUNDA Y LA REVOLUCIÓN ECOLÓGICA DE LOS AÑOS SESENTA

Las raíces filosóficas del movimiento de Ecología Profunda se encuentran en el ecocentrismo y en la crítica social de Henry David Thoreau, John Muir, D.H. Lawrence, Robinson Jeffers y Aldous Huxley.[1] La crítica ecológica/social influyente se ha derivado también a partir de los escritos de George Orwell y Theodore Roszak, y de las críticas de los problemas creados por el surgimiento de las civilizaciones escritas por el historiador inconformista Lewis Mumford.[2] Fuentes de ulterior inspiración para la consciencia ecológica contemporánea y el movimiento de Ecología Profunda pueden ser encontradas en las religiones ecocéntricas y los estilos de vida de los pueblos nativos en todo el mundo, en el Taoísmo, en San Francisco de Asís, en el movimiento Romántico contra-cultural y orientado a la Naturaleza de siglo XIX con sus raíces en Spinoza, y en el Budismo Zen de Alan Watts y Gary Snyder (que influenció muchos ecologistas profesionales así como el movimiento contra-cultural de los años 60).[3]
El nacimiento del movimiento de Ecología Profunda ocurrió paralelamente con la aparición a nivel público de la ciencia de la ecología y de la ``perspectiva ecológica'' popularizada por Aldo Leopold, Rachel Carson y otros ecologistas. Las principales fuentes de inspiración para el movimiento durante los años 60 fueron Leopold y su ecocéntrica ``ética de la tierra'', Rachel Carson, Dave Brower, Paul Ehrlich, y demás biólogos, ecologistas de campo, y líderes de organizaciones ambientalistas preocupados de la crisis ecológica en rápida expansión. Estos biólogos y activistas ambientalistas estaban convencidos de que la orientación antropocéntrica dominante de la civilización occidental estaba seriamente desorientada así como inadecuada para enfrentar la crisis.
La Revolución Ecológica de los años 60 es usualmente fechada a la publicación del libro Silent Spring (Primavera Silenciosa) de Rachel Carson en 1962. La acusación por parte de Carson del uso indiscriminado de pesticidas suscitó inquietudes a nivel global acerca de la serias amenazas lanzadas por los frutos de la tecnología moderna a la salud humana. Pero, ya que era una bióloga marina y una amante de las aves del oceano y de otros lugares salvajes - e inspirada por la ciencia de la ecología y el principio de Reverencia por la Vida de Albert Schweitzer - su preocupación profundizó más para abarcar un respeto y una preocupación por la integridad biológica de la Tierra y de todas sus especies. Como resultado, en Silent Spring Carson cuestionó la dirección y las finalidades de la sociedad occidental, incluyendo la competencia humana y el ``derecho'' a dominar y manejar la Tierra. Más en general, ella planteó un desafío filosófico al antropocentrismo de la cultura occidental. Alegó que ``el `control de la naturaleza' es una frase concebida en arrogancia, nacida durante la época de Neanderthal de la biología y filosofía, cuando se asumía que la naturaleza existía para las conveniencias del hombre.''[4]
Todo el asunto de la crisis medio-ambiental como fundamentalmente una crisis de las orientaciones y de los valores antropocéntricos, religiosos y filosóficos del Occidente fue puesto a consideración con más vehemencia aún por el historiador de la U.C.L.A. Lynn White, Jr., en 1966.[5] White argumentaba que el Cristianismo había desacralizado la Naturaleza, fomentando su explotación y promocionando una visión antropocéntrica del mundo según la cual los humanos son superiores a, y encargados de, el resto de la Naturaleza. Alegó que ``puesto que las raíces [de la crisis ecológica] son en gran medida religiosas, el remedio debe ser también esencialmente religioso, llamémoslo así o no. Debemos repensar y volver a sentir nuestra naturaleza y nuestro destino.'' Según White:

Especialmente en su variante occidental, el Cristianismo es la religión más antropocéntrica que el mundo haya visto.... El Cristianismo, en contraste absoluto con el paganismo antiguo y las religiones de Asia, ... no solo estableció un dualismo entre hombre y naturaleza, sino que también insistió que es la voluntad de Dios que el hombre explote la naturaleza para sus propios fines.

La ciencia y la tecnología moderna, afirmó White, están ``impregnadas de arrogancia cristiana hacia la Naturaleza.'' Argumentó además que el Marxismo y otras así llamadas ideologías ``post-cristianas'' del Occidente son herejías judío-cristianas que promocionan las mismas actitudes de explotación hacia la Naturaleza. En un esfuerzo de reformar ecológicamente el Cristianismo, White propuso un retorno a las perspectivas de San Francisco, que predicaba ``la igualdad de todas las criaturas.''
Como director ejecutivo del Sierra Club durante los años 60, David Brower fue el más conocido de los activistas ambientalistas de su época. Fue responsable de la radicalización ecológica del Club, convirtiéndolo en la organización ecologista más influyente del mundo. El historiador Stephen Fox se refirió a Bower como la ``reencarnación de Muir.'' Y, como Muir, Bower fue un ``ecocentrista'', alegando en 1967 que ``Yo creo en un mundo salvaje por sí mismo y solo. Yo creo en los derechos de las criaturas distintas del hombre.''[6]
Resumiendo la Revolución Ecológica de los años 60, el filósofo noruego Arne Naess señala que

la conservación clásica de la naturaleza no incluyó el combatir los centros de poder que exigían ``desarrollo'' insensato. La lucha ambiental, desde 1963 hasta 1968, en California (y los EEUU en general) inspiró al resto del mundo. La Conferencia Ambiental de las Naciones Unidas en Estocolmo fue el primer reconocimiento por parte del establishment de conflictos ecológicos sociales y políticos.[7]

LA APARICIÓN DEL AMBIENTALISMO ANTROPOCÉNTRICO DE SUPERVIVENCIA

Otra versión del ecologismo surgió en los años 60 en reacción al aumento de la contaminación químico/industrial del medio ambiente después de la Segunda Guerra Mundial. Muchos de los líderes de esta forma de ecologismo, como Ralph Nader y el biólogo Barry Commoner, no tenían experiencia en ecología o en la tradición de conservación tipo Thoreau/Muir/Leopold. En parte, como resultado fue que esta novedosa cepa de ``ecologismo para la supervivencia humana'' se demostró antropocéntrica, orientada hacia la contaminación urbana, y estrechamente enfocada sobre el asunto de la supervivencia humana. Se citó a Commoner diciendo una vez, ``Se me ocurre pensar que los humanos son más importantes que las grullas chillonas.''[8] Pronto Commoner asumió la posición, contrapuesta a Paul Ehrlich y la mayoría de los demás biólogos, de que no había un problema de superpoblación humana en el mundo. Mientras los problemas de contaminación urbana se habían vuelto una parte cada vez más central y crucial de la crisis ambiental desde los años 60, el defecto más grande del ``ambientalismo para la supervivencia humana'' había sido el fracaso en asumir una ``perspectiva ecológica'' más amplia que involucrase una preocupación para la integridad ecológica de la Tierra y el bienestar de otras especies juntamente con los humanos.[9] Y a veces la calidad de vida (para humanos y no humanos) es más importante que la mera supervivencia.
La división filosófica de los años 60 entre los ecocentristas y los ``ambientalistas para la supervivencia'' antropocéntricos tenía como su antecedente histórico a la disputa entre el ecocentrismo de John Muir y la posición antropocéntrica de Gifford Pinchot y de su Conservación y Desarrollo de los Recursos al inicio del siglo XX. Como primer director del Servicio Forestal de los EEUU, Pinchot alegó que eso es lo que justo había, ``gente y recursos.'' Incluso el mundo salvaje y otras especies no poseían en sí valor alguno; eran solamente ``recursos'' humanos que tenían que ser o explotados a través de la extracción de recursos o disfrutados por sus valores recreativos o estéticos, o a lo mejor reservados para el disfrute de las futuras generaciones de humanos.[10]

ARNE NAESS Y LA DISTINCIÓN ``ECOLOGÍA PROFUNDA/POCO PROFUNDA''

Los filósofos profesionales comenzaron a explorar las inmensas implicaciones filosóficas suscitadas por la crisis ecológica a finales de los años 60. Por ejemplo, Arne Naess fue el primero en empezar a hablar y escribir sobre ``Filosofía y Ecología'' en la Universidad de Oslo en 1968 y luego en la Universidad de Hong Kong en 1972. Como director permanente del Departamento de Filosofía de la Universidad de Oslo, y como resultado de la influencia de sus libros de semántica y de historia de la filosofía en el sistema escolar noruego, el nombre de Naess ha sido en Noruega casi sinónimo de filosofía durante más de cincuenta años.
En una conferencia Futuros del Tercer Mundo organizada en Bucarest en 1972, Naess señaló que dos movimientos ecologistas habían surgido en los años 60: un movimiento ambientalista antropocéntrico tecnocrático y ``poco profundo'', preocupado esencialmente por la contaminación, arrasamiento de recursos y por la ``salud y prosperidad de las personas en los países desarrollados,'' y un ``Movimiento Ecologista Profundo de Largo Alcance'' y ecocéntrico (ver el artículo de Naess del 1973). Desde 1972, cuando acuñó por primera vez el término, Naess ha continuado a desarrollar y refinar la posición de la Ecología Profunda hasta hoy.
El poeta y ensayista Gary Snyder, ganador del Premio Pulitzer, también elaboró una posición única de Ecología Profunda desde el comienzo de los años 60. Junto con los compañeros californianos Peter Berg y el ecologista Raymond Dasmann, desarrolló los fundamentos del bioregionalismo ecocéntrico.[11] Snyder ha tenido un impacto inmenso sobre la aparición del movimiento de Ecología Profunda por más de veinticinco años. Él y Naess son sus exponentes internacionales más influyentes.
La distinción de Naess ``Ecología Profunda/Poco Profunda'' era ampliamente desconocida fuera de Escandinavia hasta los años 80, cuando comenzó a recibir una atención generalizada entre filósofos y ambientalistas.[12] La conciencia planetaria del movimiento de Ecología Profunda fue, en gran parte, el resultado de la publicación en 1985 de Deep Ecology [Ecología Profunda] de Bill Devall y George Sessions, y de la publicidad protagonizada por el grupo de activistas y ecologistas Earth First! [¡Primero la Tierra!] a través de todos los años 80.[13]

LA ECOLOGÍA PROFUNDA Y SUS CRÍTICOS

Desde los años 80 la Ecología Profunda ha sido discutida en muchos artículos y libros. Mientras mucho de esta discusión ha sido positiva, una parte ha involucrado críticas de varios aspectos de la Ecología Profunda que a menudo se deben a malentendidos o malas interpretaciones.
Por ejemplo, Earth First! promocionó una orientación ecocéntrica y alegó que era un componente activista del movimiento de Ecología Profunda. Mientras que el movimiento Earth First! jugó un rol crucial en reavivar un movimiento ambientalista en decadencia durante la época anti-ecologista de Reagan, algunos activistas de Earth First! desafortunadamente hicieron unas observaciones aparentemente misantrópicas que son antitéticas a la filosofía de la Ecología Profunda. El crítico de la Ecología Profunda Murray Bookchin, entre otros, sacó provecho de estas observaciones en un intento de desacreditar el movimiento de Ecología Profunda mientras que, al mismo tiempo, promocionaba su propia posición de Ecología Social.[14]
Más recientemente, el Vice Presidente Al Gore Jr. (en su libro bestseller, Earth in the Balance) también hacía referencia a las observaciones de los activistas de Earth First! en un intento de retratar el movimiento de Ecología Profunda como intrínsecamente misantrópico. El Sr. Gore hizo además la afirmación bastante extraña y sin fundamentos que la eco-filosofía de Arne Naess retrata a los humanos como una ``presencia ajena en la tierra'' y sin libre voluntad. La Ecología Profunda ha sido tergiversada y utilizada por el Sr. Gore como un atractivo para promocionar su propia posición y administración cristiana de dominación humana.[15]
La filosofía del movimiento de Ecología Profunda está caracterizada esencialmente por el ecocentrismo, como se esboza en 1984 en la Plataforma de la Ecología Profunda. Críticos como Bookchin y Gore, para substanciar sus afirmaciones que la posición de la Ecología profunda es inherentemente misantrópica, deberían demostrar que el ecocentrismo es esencialmente misantrópico. Para mi conocimiento, ningún debate serio de tal naturaleza se ha dado y el caso no ha ocurrido. Por otro lado, argumentos poderosos han sido hechos por parte de los ecofilósofos afirmando que las posiciones antropocéntricas en general, incluyendo las de Bookchin y Gore, constituyen una forma injustificada de ``chovinismo de la especie'' (humana ndt), y por lo tanto son, en última instancia, indefendibles.[16]
Ciertos ecofeministas han criticado la Ecología Profunda por razones aún diferentes.[17] Dichas tergiversaciones del movimiento de Ecología Profunda han dado como resultado considerables malentendidos y confusión sobre lo que la Ecología representa y es en realidad.

PRESENTACIONES PREVIAS DE LA POSICIÓN DE LA ECOLOGÍA PROFUNDA

La introducción original de los conceptos de Ecología Profunda ha sido una ulterior fuente de confusión y malentendidos. Por ejemplo, Deep Ecology de Devall y Sessions (1985) ayudó a popularizar los conceptos del movimiento a una vasta audiencia, pero tenía desde su comienzo serios defectos, tanto sustantivos como estilísticos, y es ahora teóricamente obsoleto en muchos respectos.[18]
Ecology, Community and Lifestyle (Ecología, Comunidad y Estilo de Vida) de Arne Naess apareció originalmente en Noruega en 1973 como Okologi, samfunn, og livsstil (fue el primer libro de ecofilosofía escrito por un filósofo profesional en cualquier idioma) y pasó por cinco ediciones noruegas y una edición sueca durante los años 70. Finalmente revisado y traducido en inglés en 1989 con la colaboración de David Rothenberg, Ecology, Community and Lifestyle constituye el tratado principal de Arne Naess sobre Ecología Profunda (y su propia posición filosófica, llamada Ecosofía T). Si por un lado es una declaración carismática contemporánea de la posición de la Ecología Profunda, lectores en general podrían encontrar ciertas partes del libro de estilo técnico y difíciles de descifrar.[19]
Como con cualquier posición filosófico/social, la Ecología Profunda ha evolucionado en cierta medida con el pasar de los años, y parte de esta evolución ha sido el resultado de repensar la posición a la luz de las críticas sinceras y las circunstancias cambiantes. Una de las principales finalidades de la colección de artículos que presentaremos [en PanNatura ndt] es la de intentar aclarar los malentendidos y tergiversaciones que han crecido recientemente alrededor de la posición de la Ecología Profunda, para responder a la críticas contemporáneas, y para presentar una versión contemporánea de la posición de la Ecología Profunda en una forma clara y fácilmente asequible, aunque sofisticada. Correspondientemente, muchos de los más actualizados artículos e interpretaciones de la posición, producidos por destacados teóricos, activistas e historiadores del movimiento han sido seleccionados aquí.

PARADOJAS E INCONSISTENCIAS DE LA POLÍTICA AMBIENTALISTA ACTUAL

Durante los años 80 y 90 se ha producido un considerable refinamiento teórico de las posiciones ecofilosóficas y estrategias de conservación.[20] Al mismo tiempo, la destrucción ambiental global ha aumentado dramáticamente. Durante los años 80 han aparecido graves problemas ambientales de escala planetaria, como la reducción de la capa de ozono y el efecto invernadero.
En todo el mundo se ha presentado además una tremenda y acelerada pérdida de ecosistemas silvestres, especies, y habitats de especies. El biólogo ecologista de Harvard E.O.Wilson afirma que la extinción de especies causada por el hombre se ha acelerado desde aproximadamente 1.000 especies por año durante los años 70 hasta más de 10.000 especies por año en la actualidad.[21] Según la mayoría de biólogos, esta situación seguirá agravándose dramáticamente en las décadas venideras, a menos que se dé un cambio milagroso en la manera en la que las sociedades modernas se comportan en el planeta.
En la actualidad, la situación ecológica del mundo consiste en una confusión de crueles paradojas e inconsistencias. Por ejemplo, mucha de la ``megafauna carismática'' del mundo camina hacia una extinción inminente. George Schaller, biólogo de fauna salvaje y flora silvestre conocido mundialmente, ha documentado recientemente el fiasco de los Chinos en la protección de los pandas gigantes.[22] El zoológico de San Diego y otros zoológicos de Norte America quieren exponer pandas para fortalecer su imagen; China ha tomado inadecuadas medidas para proteger el hábitat del panda; y cazadores furtivos están recibiendo 10,000 dólares por una piel de panda en el mercado negro de Asia.
En muchas formas la situación del tigre salvaje en Asia es análoga a la del panda, y ofrece un ejemplo típico y doloroso del género de problemas enfrentados por los grandes mamíferos en todo el mundo. Un número reciente de la revista Time presenta en la cubierta una foto de un tigre con el titulo ``Condenado''.[23] Según la revista Time, el 95% de la población de tigres salvajes ha sido destruida en el siglo XX (¡la cifra del 95% aparece ahora a menudo como cifra para cuantificar la destrucción del mundo salvaje!). El tigre del Caspio se extinguió en los años 70, y según informes quedan solamente 50 tigres al sur de China. El Sudeste asiático ha sido especialmente y duramente golpeado, en donde entre el 90 y el 95% de los bosques lluviosos (hábitats del tigre) ha sido talado desde la Segunda Guerra Mundial. El tigre de Bali se extinguió en los años 40, el tigre de Java en los años 80, y quedan aproximadamente sólo 650 tigres de Sumatra. Incidentalmente, el rinoceronte de Java también está al borde de la extinción.
Después de una deforestación masiva por todas partes de Asia (sobre todo en el Sudeste asiático), la última y definitiva ronda de extinciones está ocurriendo principalmente como resultado del rápido crecimiento de la población humana que afecta los hábitats del tigre, y de la cacería furtiva para el mercado negro de medicinas exóticas en China, Taiwan y Corea. Algunos asiáticos creen que los mejunjes obtenidos moliendo huesos de tigre y cuernos de rinoceronte restituyen a los hombres la potencia sexual durante la vejez y curan otros achaques. Esto condujo a que los ecologistas cortaran los cuernos de los rinocerontes de África en un esfuerzo desesperado de salvarlos de los cazadores ilegales.
Según la revista Time, al tigre siberiano (Amur) le quedan como hábitat 800 millas de ininterrumpidas selvas de pinos. Pero después de la caída de la Unión Soviética la cacería furtiva no controlada para los mercados asiáticos de huesos ha reducido en pocos años el número de tigres a menos de 200. Actualmente no hay guardianes que protejan a estos tigres. Lo que la revista Time no señala es que Rusia está ahora a punto de conceder contratos a corporaciones japonesas para comenzar la tala de estos bosques siberianos.
La mayoría de las restantes poblaciones de tigres vive en la India. En 1972, el primer ministro de India, Indira Gandhi, lanzó el Proyecto Tigre, que estableció la ambiciosa red hindú de reservas del tigre. Pero, según la revista Time, dichas reservas están ahora sufriendo las presiones del rápido crecimiento de la población humana, dentro y alrededor de las reservas, y actualmente los tigres son cazados grandemente en forma furtiva para proveer los mercados de Asia. La cría en cautividad de especies en peligro de extinción, como el tigre, y luego el intento de devolverlas al estado salvaje, es rechazada por Schaller y otros destacados conservacionistas como ``ineficiente y poco realista.'' ¡Si deben existir tigres salvajes, tienen que ser protegidos en su hábitat natural ahora!
Recientemente, en lo que resulta ser una extraña paradoja, el socio/ecologista hindú Ramachandra Guha se quejó (desde una perspectiva antropocéntrica bastante estrecha de ``justicia social'') de que las reservas hindúes de los tigres son un ejemplo de ``imperialismo ecológico elitista'' que ha dado como resultado una ``transferencia directa de recursos de los más pobres a los más ricos.''[24]
Existen también graves problemas en el continente norteamericano (y en todo el mundo), en donde se cazan osos por sus vesículas biliares, que después son contrabandeadas hacia Asia para proveer el mercado de ``medicinas'' exóticas. El cuento es que en los Estados Unidos no hay fondos suficientes para contratar guardabosques que hagan respetar las leyes existentes y prevenir la matanza de la fauna salvaje norteamericana como resultado del aumento de la cacería ilegal.
Entre las novedades hay también un proyecto de 35 millones de dólares de investigadores del Instituto Scripps en San Diego para enviar ondas sonoras a través de miles de millas de océano profundo para estudiar el calentamiento global; una interesante paradoja ecológica que involucra la puesta en peligro de los mamíferos marinos con el fin de estudiar otro problema ecológico. La Marina de los Estados Unidos acaba de proponer la experimentación de explosivos en un santuario de mamíferos marinos justo al frente de las costas de California. La Marina (junto con otras ramas del ejercito) no es afamada por su sensibilidad ecológica: entrena delfines para misiones suicidas subacuáticas y, durante la Segunda Guerra Mundial, empleó ballenas en prácticas de bombardeos submarinos.[25] Después de que, con el pasar del tiempo, los ecologistas llegaron a extremos para proteger a los mamíferos marinos, en vez de pedir una suspensión de estos ``experimentos'' aparentemente idiotas y en gran medida innecesarios, dócilmente sugerieron que la Marina mueva sus experimentos en aguas de mar abierto, en donde supuestamente habría ``menos'' daño para estos mamíferos.
Ecologistas de Holanda y Alemania están ahora intentando parar los vuelos de entrenamiento para bombardeos de bajo nivel sobre las tierras tradicionales de los Innu, en el Labrador. Según Jerry Mander:

Más de 10.000 veces por año, los aviones retumban por encima de la cabeza a 700 millas por hora, apenas a 50 pies sobre los árboles, provocando la dispersión de los animales, traumados y en pánico [las aves acuáticas abandonan sus habitats, y los visones y los zorros devoran a sus crías], y destruyendo completamente las prácticas milenarias de los cazadores-recolectores Innu, sin mencionar la paz y la tranquilidad de su mundo aún maravilloso.[26]

Un reciente artículo noticioso señala que los ambientalistas se están oponiendo a los planes de la Fuerza Aérea de los EEUU de apoderarse de un área de 13.000 acres en el suroccidente de Idaho como área de bombardeo, la misma que anteriormente había sido designada como zona federal silvestre para la protección de flora y fauna. A medida que la ``guerra fría'' se desinfla y el ejercito se retira de Europa, los líderes militares quieren expandir en los Estados Unidos sus áreas de entrenamiento para los jets supersónicos y los tanques. Según información reciente, batallas ecológicas similares a la de Idaho se están por librar entre las cúpulas militares y los ambientalistas sobre regiones silvestres y hábitats naturales en California, Arizona, Nevada, Colorado, New Mexico, Utah y Alaska.
Los costos de la limpieza de los desperdicios tóxicos y radiactivos arrojados sin ningún cuidado en bases militares y plantas para la construcción de armas han sido estimados en 400 mil millones de dólares. Las limpiezas de tóxicos son tan costosas que los líderes políticos ahora están afirmando que ya no hay cómo financiarlas completamente. Globalmente, se estima que solamente las actividades militares son la causa del 20-30% de la degradación medio-ambiental de la Tierra.[27]
Según otras fuentes, en los Estados Unidos el 95% de las bosques antiguos ha sido talado, pero un juez ha acabado de dar vía libre a la tala de otros 2.000 acres de selva antigua (hábitat del búho manchado) en California y en el Pacífico noroeste: una movida ``ansiosamente buscada por la administración de Clinton y aceptada por muchos ambientalistas.'' Al mismo tiempo, el Sierra Club está involucrado en una batalla interna sobre si aceptar o no una política que prohíba ulteriores talas de bosques antiguos en los Bosques Nacionales.
La mayoría de las empresas madereras ha sido culpable de prácticas de silvicultura pésimas y no sostenibles durante mucho tiempo. Ahora, la mayor parte de lo que queda de los árboles para la tala (o para la producción de pulpa) son despachados a Japón, familias y comunidades dedicadas tradicionalmente a la actividad maderera se encuentran sin trabajo por todas partes de la Costa Occidental, y entonces las empresas cierran sus aserraderos y buscan sacar provecho en otros sitios.
En conjunción con el intento de proteger lo que queda de los bosques antiguos, la pesca comercial oceánica también está por suspenderse a lo largo de las Costas Orientales y Occidentales de los Estados Unidos, y en muchos lugares de todo el mundo. Enormes redes de fija, radares, aviones de avistamiento, grandes barcos de procesamiento - toda la última tecnología de la pesca moderna - acoplada con el aumento de la demanda de pescado y la simple codicia, han agotado las reservas pesqueras en muchísimas áreas. Paul Ehrlich y otros ecologistas predijeron en los años 70 que esto ocurriría, pero las agencias reguladoras han sido reluctantes a enfrentar la realidad y la furia de los pescadores, y tomar las medidas necesarias para proteger las reservas pesqueras aunque ya es demasiado tarde en muchos casos.
Otros recortes noticiosos informan que grandes sumas de dinero están por ser gastadas por el Interior Department de la administración de Clinton para realizar un National Biological Survey [Exploración Biológica Nacional] con el fin de establecer una enorme base computarizada de datos y modelos computerizados de las áreas silvestres que quedan en los Estados Unidos. Se piensa que este proyecto necesitará más de veinte años para ser completado. Este estudio parece tener algún mérito, pero también corre el mismo riesgo del intento, esencialmente fracasado, del Forest Service [Servicio Forestal] para tomar decisiones responsables en materia de deforestación, basándose en modelos computarizados de los bosques.[28] Como el semántico Alfred Korzybski una vez señaló, ``El mapa no es el territorio.''
El Biological Survey tendrá la ventaja de proveer la seguridad de un trabajo a largo plazo para los biólogos que hacen el inventario de lo que queda de flora y fauna, pero implicará también el uso de trampas, radio-collares y otras formas de ``manejo'' y perturbación de la vida silvestre. Más significativo aún, en los veinte años que tomará completar el Survey, muchas de esas áreas salvajes (con sus plantas y animales) serán destruidas a través de las continuas invasiones humanas y el ``desarrollo'' comercial. Por otro lado, el mundialmente renombrado ecologista de Stanford Paul Ehrlich afirmó, en 1985, que ``en un país como los Estados Unidos no se busca la más leve excusa para desarrollar una pulgada cuadrada más de tierra prístina.''[29] Esto resalta las paradojas y las inconsistencias en intentar proteger lo que queda de los hábitats naturales y flora y fauna silvestres versus el desembolso de enormes sumas de dinero, y desperdiciar tiempo precioso, para ``estudiar'' el problema (una típica alternativa burocrática gubernamental al tomar las duras y necesarias decisiones y realizar acciones adecuadas).
La administración Clinton acaba de anunciar su oposición a un proyecto de ley (endosado por el Sierra Club) que protegería a 21 millones de acres de tierras silvestres en Oregon, Washington, Idaho, Montana y Wyoming. Un representante del Forest Service de la administración de Clinton subrayó, ``No compartimos la opinión de que exista una crisis de la magnitud que este proyecto de ley parecería presumir.'' En términos de prioridades y financiamientos, dada la severidad de la crisis contemporánea en biodiversidad y vida silvestre, las tierras prístinas y la vida silvestre que aún sobreviven en Estados Unidos (y en el resto del mundo) necesitan ser protegidas ahora!
En una línea de conducta ligeramente diferente - aunque obviamente relacionada - el Presidente Clinton y la mayoría de los demás lideres del planeta están ahora promocionando vigorosamente el ``nuevo orden mundial'' de mercados entrelazados a la economía global y al libre comercio (GATT y NAFTA, a los cuales muchos ecologistas, del Sierra Club también, se oponen) con el fin de aumentar el crecimiento económico y el consumo a nivel mundial. Al mismo tiempo, en una deslumbrante inconsistencia, el Vice Presidente Gore se refiere a los Estados Unidos como una ``civilización disfuncional'' como resultado de su adicción al consumo.[30] El enfoque económico ``nuevo orden mundial'' de Clinton es consistente con el énfasis antropocéntrico/económico del ``ambientalista'' Informe Brundtland de las Naciones Unidas del año 1987 (y el enfoque de los lideres del mundo en la cumbre ambiental global de 1992 en Rio), que promociona el concepto de ``desarrollo sostenible'' como la panacea ambiental. Por otra parte, muchos ecologistas (profundos y no profundos) consideran que el concepto de ``desarrollo sostenible'' constituye un oxímoron. Además, el enfoque ``desarrollo sostenible'' del Informe Brundtland de las Naciones Unidas es inconsistente con la Carta Mundial para la Naturaleza de las Naciones Unidas, del año 1982, que afirma que la ``Naturaleza será respetada y sus procesos fundamentales no serán destruidos.'' En última instancia, la mayoría de los norteamericanos (y de los ciudadanos de otros países industrializados) se rehusa a enfrentar la inconsistencia fundamental intrínseca en su deseo de una adecuada protección del medio ambiente y de un continuo crecimiento y desarrollo económico.
Noel Brown, director del United Nations Environmental Program [Programa Ambiental de las Naciones Unidas], dijo en 1989 que un Consejo Ecológico (comparable al Consejo de Seguridad) podría ser una realidad en poco tiempo.[31] El Consejo de la Naciones Unidas podría presumiblemente determinar áreas de desastres ecológicos alrededor del mundo, como la matanza periódica de animales salvajes en África por parte de cazadores furtivos y tropas militares, o la situación del tigre siberiano, y enviar ``tropas de paz'', si fuera necesario, para proteger temporalmente flora, fauna y hábitats silvestres hasta que se determinen arreglos más duraderos. Un ejemplo perfecto de esto es Ruanda, en donde reciente se ha desatado un guerra civil. Además de la horrible carnicería que está ocurriendo entre los ruandeses, los cuidadores han abandonado la reserva de los gorilas de montaña fundada por Dian Fossey, que alberga a 300 de los últimos 600 gorilas de montaña que quedan en el mundo. Los cuidadores temen que los gorilas serán matados por cazadores furtivos y soldados.
Pero, el Consejo Ecológico no es aún una realidad. Después de adoptar la ecocéntrica Carta Mundial para la Naturaleza en 1982, ¿por qué las Naciones Unidas no han desarrollado un enfoque filosófico y ambiental consistente para la crisis medioambiental, y no han implementado un programa agresivo y realista de protección de las áreas naturales, y no han integrado sus programas ambientales y de control poblacional en un enfoque unificado de protección de la Biosfera?
La lista de paradojas e inconsistencias crueles y desconsideradas del ecologismo no tiene fin. La ``megafauna carismática'' de mundo al borde de la extinción - pandas, tigres, rinocerontes, osos, elefantes cazados furtivamente por su marfil, gorilas sujetos a ser borrados del mapa por una guerra civil; las áreas salvajes y las reservas de vida silvestre del mundo demasiado pequeñas y desconectadas para evitar extinciones; anfibios, aves y diez mil especies ``menores'' cada año, todos a punto de desaparecer como resultado del crecimiento acelerado de la población humana, la destrucción de la capa de ozono, el ``desarrollo'' y el consumo de bienes de lujo, las estrategias inadecuadas y (en algunos casos) hipócritas en la protección de flora y fauna, y la falta de fondos para proteger apropiadamente los pocos ecosistemas intactos que quedan y combatir la cacería furtiva. La destrucción global de las últimas selvas antiguas. Los mamíferos marinos en peligro de extinción debido a experimentos costosos e inanes. ¿Por qué existen grandes sumas de dinero destinadas a estos tipos de experimentos y proyectos, y por qué hasta consideramos tolerables tales experimentos, cuando los fondos para tomar las medidas necesarias para proteger los ambientes naturales y la vida silvestre son totalmente inadecuados? Y esta es solo una muestra de las prioridades desordenadas e inconsistencias ambientales contemporáneas del mundo moderno.

EL ESTADO ECOLÓGICO CONTEMPORÁNEO DEL MUNDO

Los líderes gubernamentales y las élites económicas en la Sociedades de Crecimiento Industrial siguen presionando para un desarrollo y crecimiento económico ilimitado. El consumismo en el mundo industrial ya es una manera de vida y una forma de adicción. Visiones como ``New Age'' promocionan soluciones megatecnológicas a los males económicos y ecológicos, y proponen masivos esquemas high-tech (de alta tecnología) de manejo y desarrollo global para la biosfera. Los países del Tercer Mundo, en el intento de convertirse en países del Primer Mundo, ya están entrando a los mercados globalizados, destruyendo así sus ecosistemas y especies silvestres, mientras emulan a los patrones industriales y de consumo del Primer Mundo, ecológicamente destructivo y no sostenible.
Recientemente, el destacado eco-teólogo Thomas Berry alegó que la gente moderna ``justo no lo entiende. ¡Ellos no comprenden cuán profundamente enraizada está la crisis que nos enfrenta!... el orden y la magnitud de la actual situación catastrófica es... tan enorme, tan vasto, y no sabemos lo que estamos haciendo.'' Además Berry afirma que

la reconciliación entre [los promotores y los ecologistas] es especialmente difícil dado que los poderes comerciales e industriales han anonanado al mundo natural de tal manera durante los dos siglos pasados que no existe, para el ecologista, posibilidad alguna de ulterior adaptación de los sistemas naturales a lo humano. La opresión del mundo natural por parte del saqueo de los poderes industriales ha puesto en un peligro tan grande el funcionamiento básico de las fuerzas naturales que ya estamos al borde de la total disfunción del planeta. No podemos mediar la situación como si en la actualidad hubiera algún equilibrio mínimo ya en existencia que pudiese ser ligeramente modificado de manera que se originara un equilibrio general. La violencia ya practicada hacia la tierra se encuentra en una escala más allá de cualquier comprensión.... El cambio requerido por el ecologista es una reducción drástica en los procesos de saqueo de la economía industrial y comercial.... Nunca antes la humanidad ha estado enfrentada por una situación que requiere un cambio de estilo de vida tan repentino y total bajo la amenaza de una absoluta degradación del planeta.[32]

Berry está, con toda certeza, correcto cuando señala que la ``oposición entre el empresario industrial y el ecologista ha sido el asunto humano central y el asunto planetario central del final de este siglo XX.''[33]
El informe del 1992 del Worldwatch Institute contuvo un destacado artículo de Sandra Postel, ``Denial in the Decisive Decade'' (Negación en la Década Decisiva).[34] Documentando el deterioro continuo y exponencial del medio ambiente del planeta - efecto invernadero, destrucción de la capa de ozono, desertización, crecimiento exponencial de la población humana, contaminación del agua y aire, contaminación de los océanos del mundo, erosión de la capa arable, continua pérdida de los bosques antiguos en todo el mundo, y la tasa de extinción de las especies (que ella estima en 140 por día), Postel afirmó que los años 90 corresponden a la ``década decisiva'' para comenzar a dar un vuelco a las cosas. ¡Y ya estamos en la mitad de aquella década! En cambio, lo que recibimos, es lo que Thomas Berry llama ``soluciones de la microfase para los problemas de la macrofase'' o, en la mayoría de los casos, ninguna solución realista en absoluto. La mayor parte de la gente, afirmó Postel, se encuentra en un estado psicológico de negación con respecto a la seriedad y la magnitud de la amenaza ecológica global. Una medida del grado de esta negación es cómo los medios de comunicación de la industria han sido capaces de convencer tanta gente que si sólo reciclan están ``desempeñando su papel'' para el medio ambiente, mientras ellos continúan con su estilo de vida de alto consumo y todas las demás prácticas ecológicamente destructivas que se cultivan en las sociedades de desarrollo industrial.[35]
Los distinguidos ecologistas Anne y Paul Ehrlich también han discutido recientemente las dimensiones de la actual crisis ecológica y han propuesto soluciones realistas a nuestros problemas medioambientales. Ellos afirman que ``el saqueo de la biodiversidad...es el peligro ambiental más serio que la civilización está enfrentando.'' Señalan además que la solución general a la crisis ecológica es ``reducir la escala de la empresa humana.''[36]
En algunos casos, las principales organizaciones ecologistas reformistas han actuado brillantemente, y en otros casos se han comprometido miserablemente en sus enfoques políticos/económicos/legales/tecnológicos poco sistemáticos para la protección del medio ambiente. Al no asumir una perspectiva ecocéntrica, integrada y de largo alcance, al no guiarse por visiones realistas de sociedades ecológicamente sostenibles, y al no dirigirse adecuadamente a las causas profundas de la ecocrisis, han manejado solamente la demora de algunas de las peores de las degradaciones ecológicas. Sobre todo, sus estrategias y esfuerzos no detienen la marea de la destrucción medioambiental planetaria.
El cambio paradigmático crucial que el movimiento de Ecología Profunda avisora como necesario para proteger al planeta de la destrucción ecológica, implica la transición de una orientación de valores antropocéntrica a una espiritual/ecocéntrica. Los ecosistemas y las especies silvestres de la tierra poseen valor intrínseco y el derecho de existir y florecer, y son, además, necesarios para la salud ecológica del planeta y, en última instancia, también para el bienestar de los seres humanos. La humanidad debe recortar drásticamente sus actividades industriales sobre la Tierra, modificar su estilo de vida consumista, estabilizar y luego reducir el tamaño de la población humana empleando medios humanos, y proteger y restablecer ecosistemas silvestres y lo que queda de la flora y fauna salvajes en el planeta. Este es un programa que durará hasta bien entrado el siglo XXI. La cuestión crucial es cuánta destrucción ecológica global e irreversible continuará causando la humanidad antes de que los patrones actuales cambien significativamente. [...]

NOTAS BIBLIOGRÁFICAS

1. Para discusiones sobre las raíces del movimiento de Ecología Profunda, consulte George Sessions, ``Shallow and Deep Ecology: A Review of the Philosophical Literature,'' en J. Donald Hughes y Robert Schultz (eds.), Ecological Consciousness: Essays from the Earthday X Colloquium (Washington, D.C., University Press of America, 1981), pp. 391-462; George Sessions, ``The Deep Ecology Movement: A Review,'' Environmental Review 11, 2 (1987): 105-25; Roderick Nash, The Rights of Nature: A History of Environmental Ethics (Madison: University of Wisconsin Press, 1989); Max Oelschlaeger, The Idea of Wilderness: From Prehistory to the Age of Ecology (New Haven: Yale University Press, 1991). [...]

2. Para un análisis de la contribución de Mumford a la conciencia ecológica, consulte Anne Chisholm, Philosophers of the Earth: Conversations with Ecologists (New York: Dutton, 1972); véa también F.F. Darling y J. Milton (eds.), Future Environments of North America (Garden City, N.Y.: Natural History Press, 1966); Lewis Mumford, The Myth of the Machine (New York: Harcourt, Brace & World, 1967); Lewis Mumford, The Pentagon of Power (New York: Harcourt Brace Jovanovich, 1970); Theodore Roszak, Person/Planet: The Creative Disintegration of Industrial Society (Garden City, N.Y.: Doubleday, 1978), que el autor dedicó a Lewis Mumford.

3. Dos libros best-sellers que resumen brillantemente muchas de las críticas socio/ecológicas de los años 60 son The Greening of America de Charles Reich (New York: Random House, 1970) y Where the Wasteland Ends: Politics and Transcendence in Postindustrial Society de Theodore Roszak (Garden City, N.Y.: Doubleday, 1972); consulte también Raymond F. Dasman, ``Conservation, Counterculture, Separate Realities,'' Environmental Conservation 1 (1974): 133-37; Roderick Nash, Wilderness and the American Mind, 3a ed. (New Haven: Yale University Press, 1982) pp. 237-62.

4. Rachel Carson, Silent Spring (Boston: Houghton Mifflin, 1962), p. 297; consulte también Paul Brooks, The House of Life: Rachel Carson at Work (Boston: Houghton Mifflin, 1972).

5. El artículo de Lynn White (``The Historical Roots of Our Ecological Crisis'') fue leído a un encuentro de la prestigiosa American Association for the Advancement of Science en Diciembre de 1966 y publicado en Science 155 (1967): 1203-7; reimpreso en Donald VanDe Veer y Christine Pierce (eds.), Environmental Ethics and Policy Book (Belmont, Calif.: Wadsworth, 1994), pp.45-51. Para discusiones del impacto de la tesis de White, véase Stephen Fox, John Muir and His Legacy: The American Conservation Movement (Boston, Little, Brown, 1981), pp. 358-74; Roderick Nash, The Rights of Nature, pp. 87-120.

6. Para una discusión sobre Brower como ``Muir reencarnado'', véa Stephen Fox, John Muir and His Legacy, pp. 250-90; también Michael Cohen, The History of the Sierra Club: 1892-1970 (San Francisco: Sierra Club Books, 1988), pp. 187-322; para los comentarios sobre Brower, véa John McPhee, Encounters with the Archdruid (New York: Farrar, Straus & Giroux, 1971), pp. 74, 84-85, 226.

7. Correspondencia personal, Marzo de 1992.

8. La cita de Commoner aparece en Fox, John Muir and His Legacy, p. 306. El libro de Fox contiene el mejor relato breve sobre el desarrollo ecológico/ambiental de los años 60, incluyendo también las disputas entre ecocentristas y antropocentristas (cap. 9). Fox señala además (p. 292) que el Ecologista Social Murray Bookchin, quien, como Commoner, posee una formación y un enfoque Marxista hacia los asuntos ambientales, escribió en el 1962 un libro (bajo el seudónimo de Lewis Herber) titulado Our Synthetic Environment, en el que se preocupaba principalmente también de los problemas de contaminación urbana. Pero el libro fue inmediatamente eclipsado por la publicación de Silent Spring de Carson. Al igual que Commoner, Bookchin tenía que argumentar, al contrario de los ecologistas, que no existía un problema superpoblacional humano. Aparentemente se puede defender esta posición sólo si se cree que los humanos tienen el entero planeta a su propia disposición, pero esto parece implicar una total falta de preocupación hacia las especies salvajes y su necesidad de un hábitat adecuado.
Para una ulterior y excelente historia breve del desarrollo del ecologismo a partir de los años 60, véa Kirkpatrick Sale, The Green Revolution: The American Environmental Movement 1962-1992 (New York: Hill and Wang, 1993).

9. Para una discusión más completa de estos tópicos, consulte George Sessions, ``Ecocentrism and the Anthropocentric Detour,'' [...] [en George Sessions (ed.), Deep Ecology for the 21th Century (Boston: Shambhala Publications, 1995), pp. 156-83.]

10. Para una discusión sobre el conflicto entre Muir y Pinchot, véase Fox, John Muir and His Legacy, pp. 110-30.

11. Véa, por ejemplo, Gary Snyder, ``Re-inhabitation,'' en Gary Snyder, The Old Ways (San Francisco: City LIghts Books, 1977), pp. 57-66; Peter Berg y Raymond Dasmann, ``Reinhabitating California,'' en Peter Berg (ed.), Reinhabitating a Separate Country (San Francisco: Planet Drum Foundation, 1978); para discusiones históricas sobre el movimiento bioregional/rehabitatorio, véa Kirkpatrick Sale, Dwellers in the Land: The Bioregional Vision (San Francisco: Sierra Club Books, 1985); Dave Foreman, ``Who speaks for Wolf?'' en Dave Foreman, Confessions of an Ecowarrior (New York: Harmony Books, 1991), pp. 37-50.

12. Para un análisis detallado del desarrollo del movimiento de Ecología Profunda, véa Warwick Fox, Toward a Transpersonal Ecology (Boston: Shambhala Publications, 1990).

13. Bill Devall y George Sessions, Deep Ecology: Living as if Nature Mattered (Salt Lake City: Gibbs Smith, 1985).

14. La observación de Dave Foreman sobre ``no dar ayuda a los Etíopes y dejarlos morir de hambre'' apareció en una entrevista con Bill Devall, ``A Spanner in the Woods,'' en el periódico australiano Simply Living 2, 12 (1987). La diatriba de 23 paginas de Murray Bookchin contra la Ecología Profunda (``Social Ecology versus 'Deep Ecology': A Challenge for the Ecological Movement'') fue pronunciada delante de una gran audiencia al primer encuentro U.S. Green en Amherst, Massachusetts, en Julio 1987. Esta charla fue luego revisada y publicada como ``Social Ecology versus Deep Ecology'' en Socialist Review 88, 3 (1988): 11-29, y ha sido reimpresa en VanDe Veer y Pierce, Environmental Ethics and Policy Book, pp. 228-38. Para una crítica del ataque de Bookchin al encuentro Green a la Ecología Profunda, véa Kirkpatrick Sale, ``Deep Ecology and Its Critics,'' The Nation 22 (14 de Mayo, 1988): 670-75.
Más tarde, Bookchin y Foreman se encontraron en un forum en un intento de resolver su diferendo. Este diálogo fue publicado en Steve Chase (ed.), Defending the Earth: A Dialogue between Murray Bookchin and Dave Foreman (Boston: South End Press, 1991). Esencialmente Foreman se excusó por sus observaciones, pero Bookchin no modificó su antropocentrismo.

15. Al Gore, Jr., Earth in the Balance: Ecology and the Human Spirit (Boston: Houghton Mifflin, 1992), pp. 216-18. Cuando fue cuestionado durante una entrevista, Gore admitió que había hecho de la posición de Ecología Profunda como un ``testaferro''. Véase Jordan Fisher-Smith, ``Environmentalism of the Spirit: An Interview with Senator Al Gore,'' Orion 11, 3 (Verano 1992): 75-79.

16. Véa, por ejemplo, Richard y Val Routley, ``Against the Inevitability of Human Chauvinism,'' en K. Goodpasture y K. Sayre (eds.), Moral Philosophy for the Twenty-first Century (South Bend, Ind.: University of Notre Dame Press, 1979); Paul Taylor, Respect for Nature: A Theory of Environmental Ethics (Princeton: Princeton University Press, 1986), pp. 129-56; Warwick Fox, Toward a Transpersonal Ecology, pp. 13-22; Andrew McLaughlin, Regarding Nature: Industrialism and Deep Ecology (New York: State University of New York Press, 1993), cap. 8.
The Arrogance of Humanism del ecologista David Ehrenfeld (Oxford: Oxford University Press, 1978) es una defensa del ecocentrismo y una crítica extensa de la filosofía del humanismo entendida como una posición antropocéntrica. Ehrenfeld dedica un capítulo al tema de la misantropía. Véase también David Ehrenfeld, Beginning Again: People and Nature in the New Millennium (Oxford: Oxford University Press, 1993).

17. ``Deeper than Deep Ecology: The Ecofeminist Connection,'' del sociólogo australiano Ariel Salleh, Environmental Ethics 6, 4 (1984): 339-45, fue la primera crítica Ecofeminista académica contra la Ecología Profunda.

18. El libro de Devall y Sessions fue escrito a toda prisa durante un periodo de dos semanas en Utah, bajo insistencias de la editorial, basándose sobre un libro de artículos académicos contratado anteriormente. Se pensaba que el apuro era justificado para poder competir con otro libro del mismo título - Michael Tobias (ed.), Deep Ecology (San Diego: Calif.: Avant Books, 1985) - que, como resultó, poco tenía que ver con Ecología Profunda. Para una discusión crítica sobre el desarrollo de los libros de Devall/Sessions y Tobias, véa Dolores LaChapelle, Sacred Land Sacred Sex: Rapture of the Deep (Durango, Colo.: Kivaki Press, 1988), pp. 12-15.

19. Arne Naess, Ecology, Community and Lifestyle: Outline of an Ecosophy (Cambridge: Cambridge University Press, 1989). Mientras David Rothemberg figura como el editor y el traductor del libro, Naess posteriormente afirmó que hizo casi todo el trabajo de revisión; así que el libro puede considerarse ``puro Naess.''

20. Gran parte del debate académico sobre las varias posiciones ecofilosóficas (Ecología Profunda, Ética Ecológica, Ecofeminismo, Ecología Social, y Derechos de los Animales) se ha desarrollado durante los últimos quince años en las paginas de la revista Environmental Ethics, fundada en 1979 bajo la hábil editoría de Eugene Hargrove, que es director del Departamento de Filosofía de la North Texas State University.

21. E.O. Wilson, The Diversity of Life (Cambridge, Mass.: Harvard University Press, 1992), p. 351.

22. George Schaller, The Last Panda (Chicago: University of Chicago Press, 1993).

23. Time 143 (28 de Marzo, 1994): 44-51.

24. Ramachandra Guha, ``Radical American Environmentalism and Wilderness Preservation: A Third World Critique,'' Environmental Ethics 11, 1 (1989): 71-83; reimpreso en VanDe Veer y Pierce, Environmental Ethics and Policy Book, pp. 548-56. Guha hizo esta observación como parte de una crítica global de lo que él entendió ser la posición de la Ecología Profunda. Para la respuesta de Naess a la crítica de Guha, [...] [véase Sessions, Deep Ecology for the 21th Century, pp. 397-407].

25. Véa Farley Mowat, Sea of Slaughter (Boston: Atlantic Monthly Press, 1984).

26. Jerry Mander, In the Absence of the Sacred: The Failure of Technology and the Survival of the Indian Nations (San Francisco: Sierra Club Books, 1991), p. 389.

27. Sale, The Green Revolution, p. 75

28. Para una discusión sobre el fracaso del programa de simulaciones de la computadora del Forest Service, véa Mander, In the Absence of the Sacred, p. 58.

29. Paul Ehrlich, ``Comments,'' Defenders of Wildlife, Nov./Dic. 1985.

30. Al Gore, Jr., Earth in the Balance, pp. 216-37.

31. W.R. Prescott, ``The Rights of Earth: An Interview with Noel Brown,'' In Context 22 (Verano 1989): 29-34.

32. Marjorie Hope y James Young, ``A Prophetic Voice: Thomas Berry,'' The Trumpeter: Canadian Journal of Ecosophy 11, 1 (1994): 2-9; Thomas Berry, ``The New Political Alignment,'' manuscrito no publicado, 1993.

33. Esta cita es de un ensayo de Thomas Berry, ``The Viable Human,'' en [...] [Sessions, Deep Ecology for the 21th Century, pp. 8-18].

34. Sandra Postel, ``Denial in the Decisive Decade,'' en Lester Brown (ed.), State of the World: A Worldwatch Institute Report on Progress toward a Sustainable Society (New York: W. W. Norton, 1992), pp.3-8.

35. Anne y Paul Ehrlich, en la introducción a Healing the Planet: Strategies for Resolving the Environmental Crisis (Reading, Mass.: Addison-Wesley, 1991), señalan como el bombo publicitario de los medios de comunicación industriales, por ejemplo con ocasión del Earth Day 20 (Vigésimo Día de la Tierra) del 1990, esencialmente desplaza auténticas acciones ecológicas estimulando a las personas a adoptar estilos de vida ``ecológicos'' superficiales, de moda y socialmente aceptados que son legitimados por sociedades en crecimiento industrial, como simplemente reciclar, o comprar productos ``verdes'', desviando así la atención lejos de las causas reales de la crisis ecológica.

36. Ehrlich y Ehrlich, Healing the Planet, pp. 35-37; otros libros que discuten en forma completa la crisis ecológica y proponen soluciones realistas son G. Tyler Miller, Living in the Environment, Octava ed. (Belmont, Calif.: Wadsworth, 1994) y Paul Harrison, The Third Revolution: Environment, Population and a Sustainable World (London: I. B. Tauris, 1992).

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Última revisión Septiembre 1, 2001. Introducción y traducción de Paolo Catelan. Edición de Numa Pompilio Reinoso Larrea. El material publicado en PanNatura está protegido por la Ley de Derechos de Autores y Editores y © Fundación Sangay 2001: El uso indiscriminado del mismo no está permitido, pero puede ser libremente circulado para fines personales, educacionales y no comerciales. PanNatura y Fundación Sangay son marcas y logos registrados. © PanNatura 2001. © Fundación Sangay 2001.


From DEEP ECOLOGY FOR THE 21ST CENTURY, edited by George Sessions. © 1995 by George Sessions. Reprinted by arrangement with Shambhala Publications Inc., Boston, www.shambhala.com


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