EL MOVIMIENTO de Ecología Profunda de largo alcance emergió
más o menos espontánea e informalmente como un movimiento filosófico,
científico y político/social durante la así llamada Revolución
Ecológica de los años 60. Su preocupación principal ha sido la de
ocasionar un cambio paradigmático profundo - un cambio de percepción,
valores y estilos de vida - como base para redireccionar la
trayectoria ecológicamente destructiva del crecimiento industrial de
las sociedades modernas. Desde los años 60, el Movimiento de Ecología
Profunda de largo alcance ha sido caracterizado filosóficamente por
una transición desde un antropocentrismo hasta un ecocentrismo
ecocéntrica y por un activismo ambiental.
LAS RAÍCES ECOCÉNTRICAS DE LA ECOLOGÍA PROFUNDA Y LA REVOLUCIÓN
ECOLÓGICA DE LOS AÑOS SESENTA
Las raíces filosóficas del movimiento de Ecología Profunda se
encuentran en el ecocentrismo y en la crítica social de Henry David
Thoreau, John Muir, D.H. Lawrence, Robinson Jeffers y Aldous
Huxley.[1] La crítica ecológica/social influyente se ha derivado
también a partir de los escritos de George Orwell y Theodore Roszak, y
de las críticas de los problemas creados por el surgimiento de las
civilizaciones escritas por el historiador inconformista Lewis
Mumford.[2] Fuentes de ulterior inspiración para la consciencia
ecológica contemporánea y el movimiento de Ecología Profunda pueden
ser encontradas en las religiones ecocéntricas y los estilos de vida
de los pueblos nativos en todo el mundo, en el Taoísmo, en San Francisco
de Asís, en el movimiento Romántico contra-cultural y orientado a la
Naturaleza de siglo XIX con sus raíces en Spinoza, y en el Budismo Zen
de Alan Watts y Gary Snyder (que influenció muchos ecologistas
profesionales así como el movimiento contra-cultural de los años
60).[3]
El nacimiento del movimiento de
Ecología Profunda ocurrió paralelamente con la aparición a nivel
público de la ciencia de la ecología y de la ``perspectiva ecológica''
popularizada por Aldo Leopold, Rachel Carson y otros ecologistas. Las
principales fuentes de inspiración para el movimiento durante los años
60 fueron Leopold y su ecocéntrica ``ética de la tierra'', Rachel
Carson, Dave Brower, Paul Ehrlich, y demás biólogos, ecologistas de
campo, y líderes de organizaciones ambientalistas preocupados de la
crisis ecológica en rápida expansión. Estos biólogos y activistas
ambientalistas estaban convencidos de que la orientación
antropocéntrica dominante de la civilización occidental estaba
seriamente desorientada así como inadecuada para enfrentar la
crisis.
La Revolución Ecológica de los años
60 es usualmente fechada a la publicación del libro Silent
Spring (Primavera Silenciosa) de Rachel Carson en 1962. La
acusación por parte de Carson del uso indiscriminado de pesticidas
suscitó inquietudes a nivel global acerca de la serias amenazas
lanzadas por los frutos de la tecnología moderna a la salud
humana. Pero, ya que era una bióloga marina y una amante de las aves
del oceano y de otros lugares salvajes - e inspirada por la ciencia de
la ecología y el principio de Reverencia por la Vida de Albert
Schweitzer - su preocupación profundizó más para abarcar un respeto y
una preocupación por la integridad biológica de la Tierra y de todas
sus especies. Como resultado, en Silent Spring Carson cuestionó
la dirección y las finalidades de la sociedad occidental, incluyendo
la competencia humana y el ``derecho'' a dominar y manejar la
Tierra. Más en general, ella planteó un desafío filosófico al
antropocentrismo de la cultura occidental. Alegó que ``el
`control de la naturaleza' es una frase concebida en arrogancia,
nacida durante la época de Neanderthal de la biología y filosofía,
cuando se asumía que la naturaleza existía para las conveniencias del
hombre.''[4]
Todo el asunto de la crisis
medio-ambiental como fundamentalmente una crisis de las orientaciones
y de los valores antropocéntricos, religiosos y filosóficos del
Occidente fue puesto a consideración con más vehemencia aún por el
historiador de la U.C.L.A. Lynn White, Jr., en 1966.[5] White
argumentaba que el Cristianismo había desacralizado la Naturaleza,
fomentando su explotación y promocionando una visión antropocéntrica
del mundo según la cual los humanos son superiores a, y encargados de,
el resto de la Naturaleza. Alegó que ``puesto que las raíces [de la
crisis ecológica] son en gran medida religiosas, el remedio debe ser
también esencialmente religioso, llamémoslo así o no. Debemos repensar
y volver a sentir nuestra naturaleza y nuestro destino.'' Según
White:
Especialmente en su variante occidental, el Cristianismo es la
religión más antropocéntrica que el mundo haya visto.... El
Cristianismo, en contraste absoluto con el paganismo antiguo y las
religiones de Asia, ... no solo estableció un dualismo entre hombre y
naturaleza, sino que también insistió que es la voluntad de Dios que
el hombre explote la naturaleza para sus propios fines.
La ciencia y la tecnología moderna, afirmó White, están
``impregnadas de arrogancia cristiana hacia la Naturaleza.''
Argumentó además que el Marxismo y otras así llamadas ideologías
``post-cristianas'' del Occidente son herejías judío-cristianas que
promocionan las mismas actitudes de explotación hacia la
Naturaleza. En un esfuerzo de reformar ecológicamente el Cristianismo,
White propuso un retorno a las perspectivas de San Francisco, que
predicaba ``la igualdad de todas las criaturas.''
Como director ejecutivo del Sierra
Club durante los años 60, David Brower fue el más conocido de los
activistas ambientalistas de su época. Fue responsable de la
radicalización ecológica del Club, convirtiéndolo en la organización
ecologista más influyente del mundo. El historiador Stephen Fox se
refirió a Bower como la ``reencarnación de Muir.'' Y, como Muir, Bower
fue un ``ecocentrista'', alegando en 1967 que ``Yo creo en un mundo
salvaje por sí mismo y solo. Yo creo en los derechos de las criaturas
distintas del hombre.''[6]
Resumiendo la Revolución Ecológica de
los años 60, el filósofo noruego Arne Naess señala que
la conservación clásica de la naturaleza no incluyó el combatir los
centros de poder que exigían ``desarrollo'' insensato. La lucha
ambiental, desde 1963 hasta 1968, en California (y los EEUU en
general) inspiró al resto del mundo. La Conferencia Ambiental de las
Naciones Unidas en Estocolmo fue el primer reconocimiento por parte
del establishment de conflictos ecológicos sociales y políticos.[7]
LA APARICIÓN DEL AMBIENTALISMO ANTROPOCÉNTRICO DE SUPERVIVENCIA
Otra versión del ecologismo surgió en los años 60 en reacción al
aumento de la contaminación químico/industrial del medio ambiente
después de la Segunda Guerra Mundial. Muchos de los líderes de esta
forma de ecologismo, como Ralph Nader y el biólogo Barry Commoner, no
tenían experiencia en ecología o en la tradición de conservación tipo
Thoreau/Muir/Leopold. En parte, como resultado fue que esta novedosa
cepa de ``ecologismo para la supervivencia humana'' se demostró
antropocéntrica, orientada hacia la contaminación urbana, y
estrechamente enfocada sobre el asunto de la supervivencia humana. Se
citó a Commoner diciendo una vez, ``Se me ocurre pensar que los
humanos son más importantes que las grullas chillonas.''[8] Pronto
Commoner asumió la posición, contrapuesta a Paul Ehrlich y la mayoría
de los demás biólogos, de que no había un problema de superpoblación
humana en el mundo. Mientras los problemas de contaminación urbana se
habían vuelto una parte cada vez más central y crucial de la crisis
ambiental desde los años 60, el defecto más grande del ``ambientalismo
para la supervivencia humana'' había sido el fracaso en asumir una
``perspectiva ecológica'' más amplia que involucrase una preocupación
para la integridad ecológica de la Tierra y el bienestar de otras
especies juntamente con los humanos.[9] Y a veces la calidad
de vida (para humanos y no humanos) es más importante que la mera
supervivencia.
La división filosófica de los años 60
entre los ecocentristas y los ``ambientalistas para la supervivencia''
antropocéntricos tenía como su antecedente histórico a la disputa
entre el ecocentrismo de John Muir y la posición antropocéntrica de
Gifford Pinchot y de su Conservación y Desarrollo de los Recursos al
inicio del siglo XX. Como primer director del Servicio Forestal de los
EEUU, Pinchot alegó que eso es lo que justo había, ``gente y
recursos.'' Incluso el mundo salvaje y otras especies no poseían en sí
valor alguno; eran solamente ``recursos'' humanos que tenían que ser o
explotados a través de la extracción de recursos o disfrutados por sus
valores recreativos o estéticos, o a lo mejor reservados para el
disfrute de las futuras generaciones de humanos.[10]
ARNE NAESS Y LA DISTINCIÓN ``ECOLOGÍA PROFUNDA/POCO PROFUNDA''
Los filósofos profesionales comenzaron a explorar las inmensas
implicaciones filosóficas suscitadas por la crisis ecológica a finales
de los años 60. Por ejemplo, Arne Naess fue el primero en empezar a
hablar y escribir sobre ``Filosofía y Ecología'' en la Universidad de
Oslo en 1968 y luego en la Universidad de Hong Kong en 1972. Como
director permanente del Departamento de Filosofía de la Universidad de
Oslo, y como resultado de la influencia de sus libros de semántica y
de historia de la filosofía en el sistema escolar noruego, el nombre
de Naess ha sido en Noruega casi sinónimo de filosofía durante más de
cincuenta años.
En una conferencia Futuros del Tercer
Mundo organizada en Bucarest en 1972, Naess señaló que dos movimientos
ecologistas habían surgido en los años 60: un movimiento ambientalista
antropocéntrico tecnocrático y ``poco profundo'', preocupado
esencialmente por la contaminación, arrasamiento de recursos y por la
``salud y prosperidad de las personas en los países desarrollados,'' y
un ``Movimiento Ecologista Profundo de Largo Alcance'' y ecocéntrico
(ver el artículo de Naess del 1973). Desde 1972, cuando acuñó por
primera vez el término, Naess ha continuado a desarrollar y refinar la
posición de la Ecología Profunda hasta hoy.
El poeta y ensayista Gary Snyder,
ganador del Premio Pulitzer, también elaboró una posición única de
Ecología Profunda desde el comienzo de los años 60. Junto con los
compañeros californianos Peter Berg y el ecologista Raymond Dasmann,
desarrolló los fundamentos del bioregionalismo ecocéntrico.[11] Snyder
ha tenido un impacto inmenso sobre la aparición del movimiento de
Ecología Profunda por más de veinticinco años. Él y Naess son sus
exponentes internacionales más influyentes.
La distinción de Naess ``Ecología
Profunda/Poco Profunda'' era ampliamente desconocida fuera de
Escandinavia hasta los años 80, cuando comenzó a recibir una atención
generalizada entre filósofos y ambientalistas.[12] La conciencia
planetaria del movimiento de Ecología Profunda fue, en gran parte, el
resultado de la publicación en 1985 de Deep Ecology [Ecología
Profunda] de Bill Devall y George Sessions, y de la publicidad
protagonizada por el grupo de activistas y ecologistas Earth First!
[¡Primero la Tierra!] a través de todos los años 80.[13]
LA ECOLOGÍA PROFUNDA Y SUS CRÍTICOS
Desde los años 80 la Ecología Profunda ha sido discutida en muchos
artículos y libros. Mientras mucho de esta discusión ha sido positiva,
una parte ha involucrado críticas de varios aspectos de la Ecología
Profunda que a menudo se deben a malentendidos o malas
interpretaciones.
Por ejemplo, Earth First! promocionó
una orientación ecocéntrica y alegó que era un componente activista
del movimiento de Ecología Profunda. Mientras que el movimiento Earth
First! jugó un rol crucial en reavivar un movimiento ambientalista en
decadencia durante la época anti-ecologista de Reagan, algunos
activistas de Earth First! desafortunadamente hicieron unas
observaciones aparentemente misantrópicas que son antitéticas a la
filosofía de la Ecología Profunda. El crítico de la Ecología Profunda
Murray Bookchin, entre otros, sacó provecho de estas observaciones en
un intento de desacreditar el movimiento de Ecología Profunda mientras
que, al mismo tiempo, promocionaba su propia posición de Ecología
Social.[14]
Más recientemente, el Vice Presidente
Al Gore Jr. (en su libro bestseller, Earth in the Balance)
también hacía referencia a las observaciones de los activistas de
Earth First! en un intento de retratar el movimiento de Ecología
Profunda como intrínsecamente misantrópico. El Sr. Gore hizo además la
afirmación bastante extraña y sin fundamentos que la eco-filosofía de
Arne Naess retrata a los humanos como una ``presencia ajena en la
tierra'' y sin libre voluntad. La Ecología Profunda ha sido
tergiversada y utilizada por el Sr. Gore como un atractivo para
promocionar su propia posición y administración cristiana de
dominación humana.[15]
La filosofía del movimiento de
Ecología Profunda está caracterizada esencialmente por el
ecocentrismo, como se esboza en 1984 en la Plataforma de la Ecología
Profunda. Críticos como Bookchin y Gore, para substanciar sus
afirmaciones que la posición de la Ecología profunda es
inherentemente misantrópica, deberían demostrar que el
ecocentrismo es esencialmente misantrópico. Para mi
conocimiento, ningún debate serio de tal naturaleza se ha dado y el
caso no ha ocurrido. Por otro lado, argumentos poderosos han sido
hechos por parte de los ecofilósofos afirmando que las posiciones
antropocéntricas en general, incluyendo las de Bookchin y Gore,
constituyen una forma injustificada de ``chovinismo de la especie''
(humana ndt), y por lo tanto son, en última instancia,
indefendibles.[16]
Ciertos ecofeministas han criticado
la Ecología Profunda por razones aún diferentes.[17] Dichas
tergiversaciones del movimiento de Ecología Profunda han dado como
resultado considerables malentendidos y confusión sobre lo que la
Ecología representa y es en realidad.
PRESENTACIONES PREVIAS DE LA POSICIÓN DE LA ECOLOGÍA PROFUNDA
La introducción original de los conceptos de Ecología Profunda ha
sido una ulterior fuente de confusión y malentendidos. Por ejemplo,
Deep Ecology de Devall y Sessions (1985) ayudó a popularizar los
conceptos del movimiento a una vasta audiencia, pero tenía desde su
comienzo serios defectos, tanto sustantivos como estilísticos, y es ahora
teóricamente obsoleto en muchos respectos.[18]
Ecology, Community and
Lifestyle (Ecología, Comunidad y Estilo de Vida) de Arne Naess
apareció originalmente en Noruega en 1973 como Okologi, samfunn, og
livsstil (fue el primer libro de ecofilosofía escrito por un
filósofo profesional en cualquier idioma) y pasó por cinco ediciones
noruegas y una edición sueca durante los años 70. Finalmente revisado y
traducido en inglés en 1989 con la colaboración de David Rothenberg,
Ecology, Community and Lifestyle constituye el tratado
principal de Arne Naess sobre Ecología Profunda (y su propia posición
filosófica, llamada Ecosofía T). Si por un lado es una declaración
carismática contemporánea de la posición de la Ecología Profunda,
lectores en general podrían encontrar ciertas partes del libro de
estilo técnico y difíciles de descifrar.[19]
Como con cualquier posición
filosófico/social, la Ecología Profunda ha evolucionado en cierta
medida con el pasar de los años, y parte de esta evolución ha sido el
resultado de repensar la posición a la luz de las críticas sinceras y
las circunstancias cambiantes. Una de las principales finalidades de
la colección de artículos que presentaremos [en PanNatura ndt]
es la de intentar aclarar los malentendidos y tergiversaciones que han
crecido recientemente alrededor de la posición de la Ecología
Profunda, para responder a la críticas contemporáneas, y para
presentar una versión contemporánea de la posición de la Ecología
Profunda en una forma clara y fácilmente asequible, aunque
sofisticada. Correspondientemente, muchos de los más actualizados
artículos e interpretaciones de la posición, producidos por destacados
teóricos, activistas e historiadores del movimiento han sido
seleccionados aquí.
PARADOJAS E INCONSISTENCIAS DE LA POLÍTICA AMBIENTALISTA ACTUAL
Durante los años 80 y 90 se ha producido un considerable
refinamiento teórico de las posiciones ecofilosóficas y estrategias de
conservación.[20] Al mismo tiempo, la destrucción ambiental global ha
aumentado dramáticamente. Durante los años 80 han aparecido graves
problemas ambientales de escala planetaria, como la reducción de la
capa de ozono y el efecto invernadero.
En todo el mundo se ha presentado
además una tremenda y acelerada pérdida de ecosistemas silvestres,
especies, y habitats de especies. El biólogo ecologista de Harvard
E.O.Wilson afirma que la extinción de especies causada por el hombre
se ha acelerado desde aproximadamente 1.000 especies por año durante
los años 70 hasta más de 10.000 especies por año en la actualidad.[21]
Según la mayoría de biólogos, esta situación seguirá agravándose
dramáticamente en las décadas venideras, a menos que se dé un cambio
milagroso en la manera en la que las sociedades modernas se comportan
en el planeta.
En la actualidad, la situación
ecológica del mundo consiste en una confusión de crueles paradojas e
inconsistencias. Por ejemplo, mucha de la ``megafauna carismática''
del mundo camina hacia una extinción inminente. George
Schaller, biólogo de fauna salvaje y flora silvestre conocido
mundialmente, ha documentado recientemente el fiasco de los Chinos en
la protección de los pandas gigantes.[22] El zoológico de San Diego y
otros zoológicos de Norte America quieren exponer pandas para
fortalecer su imagen; China ha tomado inadecuadas medidas para
proteger el hábitat del panda; y cazadores furtivos están recibiendo
10,000 dólares por una piel de panda en el mercado negro de Asia.
En muchas formas la situación del
tigre salvaje en Asia es análoga a la del panda, y ofrece un ejemplo
típico y doloroso del género de problemas enfrentados por los grandes
mamíferos en todo el mundo. Un número reciente de la revista
Time presenta en la cubierta una foto de un tigre con el titulo
``Condenado''.[23] Según la revista Time, el 95% de la
población de tigres salvajes ha sido destruida en el siglo XX (¡la
cifra del 95% aparece ahora a menudo como cifra para cuantificar la
destrucción del mundo salvaje!). El tigre del Caspio se extinguió en
los años 70, y según informes quedan solamente 50 tigres al sur de
China. El Sudeste asiático ha sido especialmente y duramente golpeado,
en donde entre el 90 y el 95% de los bosques lluviosos (hábitats del
tigre) ha sido talado desde la Segunda Guerra Mundial. El tigre de
Bali se extinguió en los años 40, el tigre de Java en los años 80, y
quedan aproximadamente sólo 650 tigres de Sumatra. Incidentalmente, el
rinoceronte de Java también está al borde de la extinción.
Después de una deforestación masiva
por todas partes de Asia (sobre todo en el Sudeste asiático), la
última y definitiva ronda de extinciones está ocurriendo
principalmente como resultado del rápido crecimiento de la población
humana que afecta los hábitats del tigre, y de la cacería furtiva para
el mercado negro de medicinas exóticas en China, Taiwan y
Corea. Algunos asiáticos creen que los mejunjes obtenidos moliendo
huesos de tigre y cuernos de rinoceronte restituyen a los hombres la
potencia sexual durante la vejez y curan otros achaques. Esto condujo
a que los ecologistas cortaran los cuernos de los rinocerontes de
África en un esfuerzo desesperado de salvarlos de los cazadores
ilegales.
Según la revista Time, al
tigre siberiano (Amur) le quedan como hábitat 800 millas de
ininterrumpidas selvas de pinos. Pero después de la caída de la Unión
Soviética la cacería furtiva no controlada para los mercados asiáticos
de huesos ha reducido en pocos años el número de tigres a menos de
200. Actualmente no hay guardianes que protejan a estos tigres. Lo que
la revista Time no señala es que Rusia está ahora a punto de
conceder contratos a corporaciones japonesas para comenzar la tala de
estos bosques siberianos.
La mayoría de las restantes
poblaciones de tigres vive en la India. En 1972, el primer ministro de
India, Indira Gandhi, lanzó el Proyecto Tigre, que estableció la
ambiciosa red hindú de reservas del tigre. Pero, según la revista
Time, dichas reservas están ahora sufriendo las presiones del
rápido crecimiento de la población humana, dentro y alrededor de las
reservas, y actualmente los tigres son cazados grandemente en forma
furtiva para proveer los mercados de Asia. La cría en cautividad de
especies en peligro de extinción, como el tigre, y luego el intento de
devolverlas al estado salvaje, es rechazada por Schaller y otros
destacados conservacionistas como ``ineficiente y poco realista.'' ¡Si
deben existir tigres salvajes, tienen que ser protegidos en su hábitat
natural ahora!
Recientemente, en lo que resulta ser
una extraña paradoja, el socio/ecologista hindú Ramachandra Guha se
quejó (desde una perspectiva antropocéntrica bastante estrecha de
``justicia social'') de que las reservas hindúes de los tigres son un
ejemplo de ``imperialismo ecológico elitista'' que ha dado como
resultado una ``transferencia directa de recursos de los más pobres a
los más ricos.''[24]
Existen también graves problemas en
el continente norteamericano (y en todo el mundo), en donde se cazan
osos por sus vesículas biliares, que después son contrabandeadas hacia
Asia para proveer el mercado de ``medicinas'' exóticas. El cuento es
que en los Estados Unidos no hay fondos suficientes para contratar
guardabosques que hagan respetar las leyes existentes y prevenir la
matanza de la fauna salvaje norteamericana como resultado del aumento
de la cacería ilegal.
Entre las novedades hay también un
proyecto de 35 millones de dólares de investigadores del Instituto
Scripps en San Diego para enviar ondas sonoras a través de miles de
millas de océano profundo para estudiar el calentamiento global; una
interesante paradoja ecológica que involucra la puesta en peligro de
los mamíferos marinos con el fin de estudiar otro problema
ecológico. La Marina de los Estados Unidos acaba de proponer la
experimentación de explosivos en un santuario de mamíferos marinos
justo al frente de las costas de California. La Marina (junto con
otras ramas del ejercito) no es afamada por su sensibilidad ecológica:
entrena delfines para misiones suicidas subacuáticas y, durante la
Segunda Guerra Mundial, empleó ballenas en prácticas de bombardeos
submarinos.[25] Después de que, con el pasar del tiempo, los
ecologistas llegaron a extremos para proteger a los mamíferos marinos,
en vez de pedir una suspensión de estos ``experimentos'' aparentemente
idiotas y en gran medida innecesarios, dócilmente sugerieron que la
Marina mueva sus experimentos en aguas de mar abierto, en donde
supuestamente habría ``menos'' daño para estos mamíferos.
Ecologistas de Holanda y Alemania
están ahora intentando parar los vuelos de entrenamiento para
bombardeos de bajo nivel sobre las tierras tradicionales de los Innu,
en el Labrador. Según Jerry Mander:
Más de 10.000 veces por año, los aviones retumban por encima de la
cabeza a 700 millas por hora, apenas a 50 pies sobre los árboles,
provocando la dispersión de los animales, traumados y en pánico [las
aves acuáticas abandonan sus habitats, y los visones y los zorros
devoran a sus crías], y destruyendo completamente las prácticas
milenarias de los cazadores-recolectores Innu, sin mencionar la paz y
la tranquilidad de su mundo aún maravilloso.[26]
Un reciente artículo noticioso señala que los ambientalistas se
están oponiendo a los planes de la Fuerza Aérea de los EEUU de
apoderarse de un área de 13.000 acres en el suroccidente de Idaho como
área de bombardeo, la misma que anteriormente había sido designada
como zona federal silvestre para la protección de flora y fauna. A
medida que la ``guerra fría'' se desinfla y el ejercito se retira de
Europa, los líderes militares quieren expandir en los Estados Unidos
sus áreas de entrenamiento para los jets supersónicos y los
tanques. Según información reciente, batallas ecológicas similares a
la de Idaho se están por librar entre las cúpulas militares y los
ambientalistas sobre regiones silvestres y hábitats naturales en
California, Arizona, Nevada, Colorado, New Mexico, Utah y Alaska.
Los costos de la limpieza de los
desperdicios tóxicos y radiactivos arrojados sin ningún cuidado en
bases militares y plantas para la construcción de armas han sido
estimados en 400 mil millones de dólares. Las limpiezas de tóxicos son
tan costosas que los líderes políticos ahora están afirmando que ya no
hay cómo financiarlas completamente. Globalmente, se estima que
solamente las actividades militares son la causa del 20-30% de la
degradación medio-ambiental de la Tierra.[27]
Según otras fuentes, en los Estados
Unidos el 95% de las bosques antiguos ha sido talado, pero un juez ha
acabado de dar vía libre a la tala de otros 2.000 acres de selva
antigua (hábitat del búho manchado) en California y en el Pacífico
noroeste: una movida ``ansiosamente buscada por la administración de
Clinton y aceptada por muchos ambientalistas.'' Al mismo tiempo, el
Sierra Club está involucrado en una batalla interna sobre si aceptar o
no una política que prohíba ulteriores talas de bosques antiguos en
los Bosques Nacionales.
La mayoría de las empresas madereras
ha sido culpable de prácticas de silvicultura pésimas y no sostenibles
durante mucho tiempo. Ahora, la mayor parte de lo que queda de los
árboles para la tala (o para la producción de pulpa) son despachados a
Japón, familias y comunidades dedicadas tradicionalmente a la
actividad maderera se encuentran sin trabajo por todas partes de la
Costa Occidental, y entonces las empresas cierran sus aserraderos y
buscan sacar provecho en otros sitios.
En conjunción con el intento de
proteger lo que queda de los bosques antiguos, la pesca comercial
oceánica también está por suspenderse a lo largo de las Costas
Orientales y Occidentales de los Estados Unidos, y en muchos lugares
de todo el mundo. Enormes redes de fija, radares, aviones de
avistamiento, grandes barcos de procesamiento - toda la última
tecnología de la pesca moderna - acoplada con el aumento de la demanda
de pescado y la simple codicia, han agotado las reservas pesqueras en
muchísimas áreas. Paul Ehrlich y otros ecologistas predijeron en los
años 70 que esto ocurriría, pero las agencias reguladoras han sido
reluctantes a enfrentar la realidad y la furia de los pescadores, y
tomar las medidas necesarias para proteger las reservas pesqueras
aunque ya es demasiado tarde en muchos casos.
Otros recortes noticiosos informan
que grandes sumas de dinero están por ser gastadas por el Interior
Department de la administración de Clinton para realizar un National
Biological Survey [Exploración Biológica Nacional] con el fin de
establecer una enorme base computarizada de datos y modelos
computerizados de las áreas silvestres que quedan en los Estados
Unidos. Se piensa que este proyecto necesitará más de veinte años para
ser completado. Este estudio parece tener algún mérito, pero también
corre el mismo riesgo del intento, esencialmente fracasado, del Forest
Service [Servicio Forestal] para tomar decisiones responsables en
materia de deforestación, basándose en modelos computarizados de los
bosques.[28] Como el semántico Alfred Korzybski una vez señaló, ``El
mapa no es el territorio.''
El Biological Survey tendrá la
ventaja de proveer la seguridad de un trabajo a largo plazo para los
biólogos que hacen el inventario de lo que queda de flora y fauna,
pero implicará también el uso de trampas, radio-collares y otras
formas de ``manejo'' y perturbación de la vida silvestre. Más
significativo aún, en los veinte años que tomará completar el Survey,
muchas de esas áreas salvajes (con sus plantas y animales) serán
destruidas a través de las continuas invasiones humanas y el
``desarrollo'' comercial. Por otro lado, el mundialmente renombrado
ecologista de Stanford Paul Ehrlich afirmó, en 1985, que ``en un país
como los Estados Unidos no se busca la más leve excusa para
desarrollar una pulgada cuadrada más de tierra prístina.''[29] Esto
resalta las paradojas y las inconsistencias en intentar proteger lo
que queda de los hábitats naturales y flora y fauna silvestres versus
el desembolso de enormes sumas de dinero, y desperdiciar tiempo
precioso, para ``estudiar'' el problema (una típica alternativa
burocrática gubernamental al tomar las duras y necesarias decisiones y
realizar acciones adecuadas).
La administración Clinton acaba de
anunciar su oposición a un proyecto de ley (endosado por el Sierra
Club) que protegería a 21 millones de acres de tierras silvestres en
Oregon, Washington, Idaho, Montana y Wyoming. Un representante del
Forest Service de la administración de Clinton subrayó, ``No
compartimos la opinión de que exista una crisis de la magnitud que
este proyecto de ley parecería presumir.'' En términos de prioridades
y financiamientos, dada la severidad de la crisis contemporánea en
biodiversidad y vida silvestre, las tierras prístinas y la vida
silvestre que aún sobreviven en Estados Unidos (y en el resto del
mundo) necesitan ser protegidas ahora!
En una línea de conducta ligeramente
diferente - aunque obviamente relacionada - el Presidente Clinton y la
mayoría de los demás lideres del planeta están ahora promocionando
vigorosamente el ``nuevo orden mundial'' de mercados entrelazados a la
economía global y al libre comercio (GATT y NAFTA, a los cuales muchos
ecologistas, del Sierra Club también, se oponen) con el fin de
aumentar el crecimiento económico y el consumo a nivel mundial. Al
mismo tiempo, en una deslumbrante inconsistencia, el Vice Presidente
Gore se refiere a los Estados Unidos como una ``civilización
disfuncional'' como resultado de su adicción al consumo.[30] El
enfoque económico ``nuevo orden mundial'' de Clinton es consistente
con el énfasis antropocéntrico/económico del ``ambientalista'' Informe
Brundtland de las Naciones Unidas del año 1987 (y el enfoque de los
lideres del mundo en la cumbre ambiental global de 1992 en Rio), que
promociona el concepto de ``desarrollo sostenible'' como la
panacea ambiental. Por otra parte, muchos ecologistas (profundos y no
profundos) consideran que el concepto de ``desarrollo sostenible''
constituye un oxímoron. Además, el enfoque ``desarrollo sostenible''
del Informe Brundtland de las Naciones Unidas es inconsistente con la
Carta Mundial para la Naturaleza de las Naciones Unidas, del año 1982,
que afirma que la ``Naturaleza será respetada y sus procesos
fundamentales no serán destruidos.'' En última instancia, la mayoría
de los norteamericanos (y de los ciudadanos de otros países
industrializados) se rehusa a enfrentar la inconsistencia fundamental
intrínseca en su deseo de una adecuada protección del medio ambiente y
de un continuo crecimiento y desarrollo económico.
Noel Brown, director del United
Nations Environmental Program [Programa Ambiental de las Naciones
Unidas], dijo en 1989 que un Consejo Ecológico (comparable al Consejo
de Seguridad) podría ser una realidad en poco tiempo.[31] El Consejo
de la Naciones Unidas podría presumiblemente determinar áreas de
desastres ecológicos alrededor del mundo, como la matanza periódica de
animales salvajes en África por parte de cazadores furtivos y tropas
militares, o la situación del tigre siberiano, y enviar ``tropas de
paz'', si fuera necesario, para proteger temporalmente flora, fauna y
hábitats silvestres hasta que se determinen arreglos más duraderos. Un
ejemplo perfecto de esto es Ruanda, en donde reciente se ha desatado
un guerra civil. Además de la horrible carnicería que está ocurriendo
entre los ruandeses, los cuidadores han abandonado la reserva de los
gorilas de montaña fundada por Dian Fossey, que alberga a 300 de los
últimos 600 gorilas de montaña que quedan en el mundo. Los cuidadores
temen que los gorilas serán matados por cazadores furtivos y
soldados.
Pero, el Consejo Ecológico no es aún
una realidad. Después de adoptar la ecocéntrica Carta Mundial para la
Naturaleza en 1982, ¿por qué las Naciones Unidas no han desarrollado
un enfoque filosófico y ambiental consistente para la crisis
medioambiental, y no han implementado un programa agresivo y realista
de protección de las áreas naturales, y no han integrado sus programas
ambientales y de control poblacional en un enfoque unificado de
protección de la Biosfera?
La lista de paradojas e
inconsistencias crueles y desconsideradas del ecologismo no tiene
fin. La ``megafauna carismática'' de mundo al borde de la extinción -
pandas, tigres, rinocerontes, osos, elefantes cazados furtivamente por
su marfil, gorilas sujetos a ser borrados del mapa por una guerra
civil; las áreas salvajes y las reservas de vida silvestre del mundo
demasiado pequeñas y desconectadas para evitar extinciones; anfibios,
aves y diez mil especies ``menores'' cada año, todos a punto de
desaparecer como resultado del crecimiento acelerado de la población
humana, la destrucción de la capa de ozono, el ``desarrollo'' y el
consumo de bienes de lujo, las estrategias inadecuadas y (en algunos
casos) hipócritas en la protección de flora y fauna, y la falta de
fondos para proteger apropiadamente los pocos ecosistemas intactos que
quedan y combatir la cacería furtiva. La destrucción global de las
últimas selvas antiguas. Los mamíferos marinos en peligro de extinción
debido a experimentos costosos e inanes. ¿Por qué existen grandes
sumas de dinero destinadas a estos tipos de experimentos y proyectos,
y por qué hasta consideramos tolerables tales experimentos, cuando los
fondos para tomar las medidas necesarias para proteger los ambientes
naturales y la vida silvestre son totalmente inadecuados? Y esta es
solo una muestra de las prioridades desordenadas e inconsistencias
ambientales contemporáneas del mundo moderno.
EL ESTADO ECOLÓGICO CONTEMPORÁNEO DEL MUNDO
Los líderes gubernamentales y las élites económicas en la
Sociedades de Crecimiento Industrial siguen presionando para un
desarrollo y crecimiento económico ilimitado. El consumismo en el
mundo industrial ya es una manera de vida y una forma de
adicción. Visiones como ``New Age'' promocionan soluciones
megatecnológicas a los males económicos y ecológicos, y proponen
masivos esquemas high-tech (de alta tecnología) de manejo y desarrollo
global para la biosfera. Los países del Tercer Mundo, en el intento de
convertirse en países del Primer Mundo, ya están entrando a los
mercados globalizados, destruyendo así sus ecosistemas y especies
silvestres, mientras emulan a los patrones industriales y de consumo
del Primer Mundo, ecológicamente destructivo y no sostenible.
Recientemente, el destacado
eco-teólogo Thomas Berry alegó que la gente moderna ``justo no lo
entiende. ¡Ellos no comprenden cuán profundamente enraizada está la
crisis que nos enfrenta!... el orden y la magnitud de la actual
situación catastrófica es... tan enorme, tan vasto, y no sabemos lo
que estamos haciendo.'' Además Berry afirma que
la reconciliación entre [los promotores y los ecologistas] es
especialmente difícil dado que los poderes comerciales e industriales
han anonanado al mundo natural de tal manera durante los dos siglos
pasados que no existe, para el ecologista, posibilidad alguna de
ulterior adaptación de los sistemas naturales a lo humano. La opresión
del mundo natural por parte del saqueo de los poderes industriales ha
puesto en un peligro tan grande el funcionamiento básico de las
fuerzas naturales que ya estamos al borde de la total disfunción del
planeta. No podemos mediar la situación como si en la actualidad
hubiera algún equilibrio mínimo ya en existencia que pudiese ser
ligeramente modificado de manera que se originara un equilibrio
general. La violencia ya practicada hacia la tierra se encuentra en
una escala más allá de cualquier comprensión.... El cambio requerido
por el ecologista es una reducción drástica en los procesos de saqueo
de la economía industrial y comercial.... Nunca antes la humanidad ha
estado enfrentada por una situación que requiere un cambio de estilo
de vida tan repentino y total bajo la amenaza de una absoluta
degradación del planeta.[32]
Berry está, con toda certeza, correcto cuando señala que la
``oposición entre el empresario industrial y el ecologista ha sido el
asunto humano central y el asunto planetario central del final de este
siglo XX.''[33]
El informe del 1992 del Worldwatch
Institute contuvo un destacado artículo de Sandra Postel, ``Denial in
the Decisive Decade'' (Negación en la Década Decisiva).[34]
Documentando el deterioro continuo y exponencial del medio ambiente
del planeta - efecto invernadero, destrucción de la capa de ozono,
desertización, crecimiento exponencial de la población humana,
contaminación del agua y aire, contaminación de los océanos del mundo,
erosión de la capa arable, continua pérdida de los bosques antiguos en
todo el mundo, y la tasa de extinción de las especies (que ella estima
en 140 por día), Postel afirmó que los años 90 corresponden a la
``década decisiva'' para comenzar a dar un vuelco a las cosas. ¡Y ya
estamos en la mitad de aquella década! En cambio, lo que recibimos, es
lo que Thomas Berry llama ``soluciones de la microfase para los
problemas de la macrofase'' o, en la mayoría de los casos, ninguna
solución realista en absoluto. La mayor parte de la gente, afirmó
Postel, se encuentra en un estado psicológico de negación con
respecto a la seriedad y la magnitud de la amenaza ecológica
global. Una medida del grado de esta negación es cómo los medios de
comunicación de la industria han sido capaces de convencer tanta gente
que si sólo reciclan están ``desempeñando su papel'' para el
medio ambiente, mientras ellos continúan con su estilo de vida de alto
consumo y todas las demás prácticas ecológicamente destructivas que se
cultivan en las sociedades de desarrollo industrial.[35]
Los distinguidos ecologistas Anne y
Paul Ehrlich también han discutido recientemente las dimensiones de la
actual crisis ecológica y han propuesto soluciones realistas a
nuestros problemas medioambientales. Ellos afirman que ``el saqueo de
la biodiversidad...es el peligro ambiental más serio que la
civilización está enfrentando.'' Señalan además que la solución
general a la crisis ecológica es ``reducir la escala de la empresa
humana.''[36]
En algunos casos, las principales
organizaciones ecologistas reformistas han actuado brillantemente, y
en otros casos se han comprometido miserablemente en sus enfoques
políticos/económicos/legales/tecnológicos poco sistemáticos para la
protección del medio ambiente. Al no asumir una perspectiva
ecocéntrica, integrada y de largo alcance, al no guiarse por visiones
realistas de sociedades ecológicamente sostenibles, y al no dirigirse
adecuadamente a las causas profundas de la ecocrisis, han manejado
solamente la demora de algunas de las peores de las degradaciones
ecológicas. Sobre todo, sus estrategias y esfuerzos no detienen la
marea de la destrucción medioambiental planetaria.
El cambio paradigmático crucial que
el movimiento de Ecología Profunda avisora como necesario para
proteger al planeta de la destrucción ecológica, implica la transición
de una orientación de valores antropocéntrica a una
espiritual/ecocéntrica. Los ecosistemas y las especies silvestres de
la tierra poseen valor intrínseco y el derecho de existir y florecer,
y son, además, necesarios para la salud ecológica del planeta y, en
última instancia, también para el bienestar de los seres
humanos. La humanidad debe recortar drásticamente sus actividades
industriales sobre la Tierra, modificar su estilo de vida consumista,
estabilizar y luego reducir el tamaño de la población humana empleando
medios humanos, y proteger y restablecer ecosistemas silvestres y lo
que queda de la flora y fauna salvajes en el planeta. Este es un
programa que durará hasta bien entrado el siglo XXI. La cuestión
crucial es cuánta destrucción ecológica global e irreversible
continuará causando la humanidad antes de que los patrones actuales
cambien significativamente. [...]
NOTAS BIBLIOGRÁFICAS
1. Para discusiones sobre las raíces del movimiento de
Ecología Profunda, consulte George Sessions, ``Shallow and Deep
Ecology: A Review of the Philosophical Literature,'' en J. Donald
Hughes y Robert Schultz (eds.), Ecological Consciousness: Essays
from the Earthday X Colloquium (Washington, D.C., University Press
of America, 1981), pp. 391-462; George Sessions, ``The Deep Ecology
Movement: A Review,'' Environmental Review 11, 2 (1987):
105-25; Roderick Nash, The Rights of Nature: A History of
Environmental Ethics (Madison: University of Wisconsin Press,
1989); Max Oelschlaeger, The Idea of Wilderness: From Prehistory to
the Age of Ecology (New Haven: Yale University Press, 1991). [...]
2. Para un análisis de la contribución de Mumford a la
conciencia ecológica, consulte Anne Chisholm, Philosophers of the
Earth: Conversations with Ecologists (New York: Dutton, 1972); véa
también F.F. Darling y J. Milton (eds.), Future Environments of
North America (Garden City, N.Y.: Natural History Press, 1966);
Lewis Mumford, The Myth of the Machine (New York: Harcourt,
Brace & World, 1967); Lewis Mumford, The Pentagon of Power (New
York: Harcourt Brace Jovanovich, 1970); Theodore Roszak,
Person/Planet: The Creative Disintegration of Industrial Society
(Garden City, N.Y.: Doubleday, 1978), que el autor dedicó a Lewis
Mumford.
3. Dos libros best-sellers que resumen brillantemente muchas
de las críticas socio/ecológicas de los años 60 son The Greening of
America de Charles Reich (New York: Random House, 1970) y Where
the Wasteland Ends: Politics and Transcendence in Postindustrial
Society de Theodore Roszak (Garden City, N.Y.: Doubleday, 1972);
consulte también Raymond F. Dasman, ``Conservation, Counterculture,
Separate Realities,'' Environmental Conservation 1 (1974):
133-37; Roderick Nash, Wilderness and the American Mind, 3a ed.
(New Haven: Yale University Press, 1982) pp. 237-62.
4. Rachel Carson, Silent Spring (Boston: Houghton
Mifflin, 1962), p. 297; consulte también Paul Brooks, The House of
Life: Rachel Carson at Work (Boston: Houghton Mifflin, 1972).
5. El artículo de Lynn White (``The Historical Roots of Our
Ecological Crisis'') fue leído a un encuentro de la prestigiosa
American Association for the Advancement of Science en Diciembre de
1966 y publicado en Science 155 (1967): 1203-7; reimpreso en
Donald VanDe Veer y Christine Pierce (eds.), Environmental Ethics
and Policy Book (Belmont, Calif.: Wadsworth, 1994), pp.45-51. Para
discusiones del impacto de la tesis de White, véase Stephen Fox,
John Muir and His Legacy: The American Conservation Movement
(Boston, Little, Brown, 1981), pp. 358-74; Roderick Nash, The Rights
of Nature, pp. 87-120.
6. Para una discusión sobre Brower como ``Muir
reencarnado'', véa Stephen Fox, John Muir and His Legacy,
pp. 250-90; también Michael Cohen, The History of the Sierra Club:
1892-1970 (San Francisco: Sierra Club Books, 1988), pp. 187-322;
para los comentarios sobre Brower, véa John McPhee, Encounters with
the Archdruid (New York: Farrar, Straus & Giroux, 1971), pp. 74,
84-85, 226.
7. Correspondencia personal, Marzo de 1992.
8. La cita de Commoner aparece en Fox, John Muir and His
Legacy, p. 306. El libro de Fox contiene el mejor relato breve
sobre el desarrollo ecológico/ambiental de los años 60, incluyendo
también las disputas entre ecocentristas y antropocentristas (cap. 9).
Fox señala además (p. 292) que el Ecologista Social Murray Bookchin,
quien, como Commoner, posee una formación y un enfoque Marxista hacia
los asuntos ambientales, escribió en el 1962 un libro (bajo el
seudónimo de Lewis Herber) titulado Our Synthetic Environment,
en el que se preocupaba principalmente también de los problemas de
contaminación urbana. Pero el libro fue inmediatamente eclipsado por
la publicación de Silent Spring de Carson. Al igual que
Commoner, Bookchin tenía que argumentar, al contrario de los
ecologistas, que no existía un problema superpoblacional
humano. Aparentemente se puede defender esta posición sólo si se cree
que los humanos tienen el entero planeta a su propia disposición, pero
esto parece implicar una total falta de preocupación hacia las
especies salvajes y su necesidad de un hábitat adecuado.
Para una ulterior y excelente historia breve del desarrollo del
ecologismo a partir de los años 60, véa Kirkpatrick Sale, The Green
Revolution: The American Environmental Movement 1962-1992 (New
York: Hill and Wang, 1993).
9. Para una discusión más completa de estos tópicos,
consulte George Sessions, ``Ecocentrism and the Anthropocentric
Detour,'' [...] [en George Sessions (ed.), Deep Ecology for the
21th Century (Boston: Shambhala Publications, 1995),
pp. 156-83.]
10. Para una discusión sobre el conflicto entre Muir y
Pinchot, véase Fox, John Muir and His Legacy, pp. 110-30.
11. Véa, por ejemplo, Gary Snyder, ``Re-inhabitation,'' en
Gary Snyder, The Old Ways (San Francisco: City LIghts Books,
1977), pp. 57-66; Peter Berg y Raymond Dasmann, ``Reinhabitating
California,'' en Peter Berg (ed.), Reinhabitating a Separate
Country (San Francisco: Planet Drum Foundation, 1978); para
discusiones históricas sobre el movimiento bioregional/rehabitatorio,
véa Kirkpatrick Sale, Dwellers in the Land: The Bioregional
Vision (San Francisco: Sierra Club Books, 1985); Dave Foreman,
``Who speaks for Wolf?'' en Dave Foreman, Confessions of an
Ecowarrior (New York: Harmony Books, 1991), pp. 37-50.
12. Para un análisis detallado del desarrollo del movimiento
de Ecología Profunda, véa Warwick Fox, Toward a Transpersonal
Ecology (Boston: Shambhala Publications, 1990).
13. Bill Devall y George Sessions, Deep Ecology: Living as
if Nature Mattered (Salt Lake City: Gibbs Smith, 1985).
14. La observación de Dave Foreman sobre ``no dar ayuda a los
Etíopes y dejarlos morir de hambre'' apareció en una entrevista con
Bill Devall, ``A Spanner in the Woods,'' en el periódico australiano
Simply Living 2, 12 (1987). La diatriba de 23 paginas de Murray
Bookchin contra la Ecología Profunda (``Social Ecology versus 'Deep
Ecology': A Challenge for the Ecological Movement'') fue pronunciada
delante de una gran audiencia al primer encuentro U.S. Green en
Amherst, Massachusetts, en Julio 1987. Esta charla fue luego revisada
y publicada como ``Social Ecology versus Deep Ecology'' en
Socialist Review 88, 3 (1988): 11-29, y ha sido reimpresa en
VanDe Veer y Pierce, Environmental Ethics and Policy Book,
pp. 228-38. Para una crítica del ataque de Bookchin al encuentro Green
a la Ecología Profunda, véa Kirkpatrick Sale, ``Deep Ecology and Its
Critics,'' The Nation 22 (14 de Mayo, 1988): 670-75.
Más
tarde, Bookchin y Foreman se encontraron en un forum en un intento de
resolver su diferendo. Este diálogo fue publicado en Steve Chase
(ed.), Defending the Earth: A Dialogue between Murray Bookchin and
Dave Foreman (Boston: South End Press, 1991). Esencialmente
Foreman se excusó por sus observaciones, pero Bookchin no modificó su
antropocentrismo.
15. Al Gore, Jr., Earth in the Balance: Ecology and the
Human Spirit (Boston: Houghton Mifflin, 1992), pp. 216-18. Cuando
fue cuestionado durante una entrevista, Gore admitió que había hecho
de la posición de Ecología Profunda como un ``testaferro''. Véase
Jordan Fisher-Smith, ``Environmentalism of the Spirit: An Interview
with Senator Al Gore,'' Orion 11, 3 (Verano 1992): 75-79.
16. Véa, por ejemplo, Richard y Val Routley, ``Against the
Inevitability of Human Chauvinism,'' en K. Goodpasture y K. Sayre
(eds.), Moral Philosophy for the Twenty-first Century (South
Bend, Ind.: University of Notre Dame Press, 1979); Paul Taylor,
Respect for Nature: A Theory of Environmental Ethics (Princeton:
Princeton University Press, 1986), pp. 129-56; Warwick Fox, Toward a
Transpersonal Ecology, pp. 13-22; Andrew McLaughlin, Regarding
Nature: Industrialism and Deep Ecology (New York: State University
of New York Press, 1993), cap. 8.
The Arrogance of Humanism
del ecologista David Ehrenfeld (Oxford: Oxford University Press, 1978)
es una defensa del ecocentrismo y una crítica extensa de la filosofía
del humanismo entendida como una posición antropocéntrica. Ehrenfeld
dedica un capítulo al tema de la misantropía. Véase también David
Ehrenfeld, Beginning Again: People and Nature in the New
Millennium (Oxford: Oxford University Press, 1993).
17. ``Deeper than Deep Ecology: The Ecofeminist Connection,''
del sociólogo australiano Ariel Salleh, Environmental Ethics 6,
4 (1984): 339-45, fue la primera crítica Ecofeminista académica contra
la Ecología Profunda.
18. El libro de Devall y Sessions fue escrito a toda prisa
durante un periodo de dos semanas en Utah, bajo insistencias de la
editorial, basándose sobre un libro de artículos académicos contratado
anteriormente. Se pensaba que el apuro era justificado para poder
competir con otro libro del mismo título - Michael Tobias (ed.),
Deep Ecology (San Diego: Calif.: Avant Books, 1985) - que, como
resultó, poco tenía que ver con Ecología Profunda. Para una discusión
crítica sobre el desarrollo de los libros de Devall/Sessions y Tobias,
véa Dolores LaChapelle, Sacred Land Sacred Sex: Rapture of the
Deep (Durango, Colo.: Kivaki Press, 1988), pp. 12-15.
19. Arne Naess, Ecology, Community and Lifestyle: Outline
of an Ecosophy (Cambridge: Cambridge University Press, 1989).
Mientras David Rothemberg figura como el editor y el traductor del
libro, Naess posteriormente afirmó que hizo casi todo el trabajo de
revisión; así que el libro puede considerarse ``puro Naess.''
20. Gran parte del debate académico sobre las varias
posiciones ecofilosóficas (Ecología Profunda, Ética Ecológica,
Ecofeminismo, Ecología Social, y Derechos de los Animales) se ha
desarrollado durante los últimos quince años en las paginas de la
revista Environmental Ethics, fundada en 1979 bajo la hábil
editoría de Eugene Hargrove, que es director del Departamento de
Filosofía de la North Texas State University.
21. E.O. Wilson, The Diversity of Life (Cambridge,
Mass.: Harvard University Press, 1992), p. 351.
22. George Schaller, The Last Panda (Chicago:
University of Chicago Press, 1993).
23. Time 143 (28 de Marzo, 1994): 44-51.
24. Ramachandra Guha, ``Radical American Environmentalism and
Wilderness Preservation: A Third World Critique,'' Environmental
Ethics 11, 1 (1989): 71-83; reimpreso en VanDe Veer y Pierce,
Environmental Ethics and Policy Book, pp. 548-56. Guha hizo
esta observación como parte de una crítica global de lo que él
entendió ser la posición de la Ecología Profunda. Para la respuesta de
Naess a la crítica de Guha, [...] [véase Sessions, Deep Ecology for
the 21th Century, pp. 397-407].
25. Véa Farley Mowat, Sea of Slaughter (Boston:
Atlantic Monthly Press, 1984).
26. Jerry Mander, In the Absence of the Sacred: The
Failure of Technology and the Survival of the Indian Nations (San
Francisco: Sierra Club Books, 1991), p. 389.
27. Sale, The Green Revolution, p. 75
28. Para una discusión sobre el fracaso del programa de
simulaciones de la computadora del Forest Service, véa Mander, In
the Absence of the Sacred, p. 58.
29. Paul Ehrlich, ``Comments,'' Defenders of Wildlife,
Nov./Dic. 1985.
30. Al Gore, Jr., Earth in the Balance, pp. 216-37.
31. W.R. Prescott, ``The Rights of Earth: An Interview with
Noel Brown,'' In Context 22 (Verano 1989): 29-34.
32. Marjorie Hope y James Young, ``A Prophetic Voice: Thomas
Berry,'' The Trumpeter: Canadian Journal of Ecosophy 11, 1
(1994): 2-9; Thomas Berry, ``The New Political Alignment,'' manuscrito
no publicado, 1993.
33. Esta cita es de un ensayo de Thomas Berry, ``The Viable
Human,'' en [...] [Sessions, Deep Ecology for the 21th
Century, pp. 8-18].
34. Sandra Postel, ``Denial in the Decisive Decade,'' en
Lester Brown (ed.), State of the World: A Worldwatch Institute
Report on Progress toward a Sustainable Society (New York:
W. W. Norton, 1992), pp.3-8.
35. Anne y Paul Ehrlich, en la introducción a Healing the
Planet: Strategies for Resolving the Environmental Crisis
(Reading, Mass.: Addison-Wesley, 1991), señalan como el bombo
publicitario de los medios de comunicación industriales, por ejemplo
con ocasión del Earth Day 20 (Vigésimo Día de la Tierra) del 1990,
esencialmente desplaza auténticas acciones ecológicas estimulando a
las personas a adoptar estilos de vida ``ecológicos'' superficiales,
de moda y socialmente aceptados que son legitimados por sociedades en
crecimiento industrial, como simplemente reciclar, o comprar productos
``verdes'', desviando así la atención lejos de las causas reales de la
crisis ecológica.
36. Ehrlich y Ehrlich, Healing the Planet, pp. 35-37;
otros libros que discuten en forma completa la crisis ecológica y
proponen soluciones realistas son G. Tyler Miller, Living in the
Environment, Octava ed. (Belmont, Calif.: Wadsworth, 1994) y Paul
Harrison, The Third Revolution: Environment, Population and a
Sustainable World (London: I. B. Tauris, 1992).
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Septiembre 1, 2001. Introducción y traducción de Paolo
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From DEEP ECOLOGY FOR THE 21ST CENTURY, edited by George
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