LOS ALIMENTOS constituyen nuestra necesidad
más fundamental, la esencia misma de la vida.
Según un antiguo Upanishad [Enseñanza
Mística] indú, ``Todo lo que nace, nace de anna [comida]. Todo
lo que existe en la Tierra nace de anna, vive de anna, y
al final se convierte en anna. En efecto, anna es el
primer ser de todos los seres.''[1]
Más de tres millones y medio de
personas murieron de hambre en Bengala, durante la hambruna de 1943.
Veinte millones fueron afectados en forma directa. Bajo un sistema
colonial de recaudación de alquileres, los granos alimenticios fueron
retenidos a la fuerza de los campesinos. La exportación de los granos
alimenticios continuó a pesar de que la gente pasaba hambre. Como
relata el escritor bengalí Kali Charan Ghosh, 80.000 toneladas de
granos alimenticios fueron exportados de Bengala en 1943, justo antes
de la hambruna. En aquel tiempo, India estaba siendo utilizada como
reserva de provisiones para el ejército británico. ``Se permitió
inmensas exportaciones para alimentar a gente de otras tierras,
mientras que la sombra de la hambruna se extendía cada hora en el
horizonte indio.''[2]
Para abastecer a la guerra, se
apropiaron de más de una quinta parte de la producción de la
India. Los hambrientos campesinos bengalíes renunciaron a más de dos
tercios de la comida que producían, lo que duplicó su deuda. Esto,
añadido a la especulación y al acaparamiento por parte de los
comerciantes, hizo que los precios se dispararon. La población pobre
de Bengala pagó por la guerra del imperio con hambre e inanición - y
la ``marcha fúnebre de los campesinos, los pescadores, y los artesanos
de Bengala.''[3]
Los despojados campesinos migraron a
Calcuta. Miles de mujeres desamparadas se volvieron prostitutas. Los
padres comenzaron a vender a sus hijos. ``En las aldeas, chacales y
perros se disputaban por desmembrar cuerpos agonizantes.''[4]
Mientras se desataba la crisis, miles
de mujeres se organizaron en Bengala en defensa de sus derechos
alimentarios. ``¡Abran más tiendas de raciones!'' y ``¡Bajen los
precios de los alimentos!'' eran las consignas de los grupos de
mujeres por todo el país. [5]
Pasada la hambruna, los campesinos
también comenzaron a organizarse alrededor de la exigencia principal
de quedarse con los dos tercios, o tebhaga, de los cultivos. En
su apogeo, el movimiento Tebhaga, como se lo llamó, se extendió a 19
distritos e involucró a seis millones de personas. Los campesinos se
opusieron a que los terratenientes y recaudadores del Imperio
Británico robaran sus cosechas. Por todas partes, los campesinos
declaraban, ``Jan debo tabu dhan debo ne'': ``Renunciaremos a
nuestras vidas, pero no renunciaremos a nuestro arroz.'' En la aldea
de Thumniya, la policía arrestó a algunos campesinos que se
resistieron al robo de su cosecha. Fueron acusados de ``robar
arroz.''[6]
Medio siglo después de la hambruna
bengalí, se ha establecido un nuevo sistema más ingenioso que, una vez
más, hace que el hurto de la cosecha sea un derecho y quedarse con
ella un crimen. Escondidos detrás de complejos tratados de libre
comercio, están innovadores métodos para robar la cosecha de la
naturaleza, la cosecha de las semillas y la cosecha de la
nutrición.
EL SAQUEO CORPORATIVO DE LOS ALIMENTOS Y LA AGRICULTURA
Debido a que soy india y porque la agricultura india está siendo
especialmente apuntada por las corporaciones globales, me centraré en
la India para contar la historia de cómo el control corporativo de los
alimentos y la globalización de la agricultura están despojando a
millones de personas de sus medios de sustento y de sus derechos a los
alimentos. Debido a que la agricultura es el sustento de 75 por ciento
de la población india y a que uno de cada cuatro agricultores del
mundo es indio, el impacto de la globalización sobre la agricultura
india tiene importancia global.
Sin embargo, este fenómeno del saqueo
de cultivos no es exclusivo de la India. Está siendo experimentado en
todas las sociedades, a medida que las pequeñas granjas y los pequeños
agricultores se ven forzados a la extinción, que los monocultivos
remplazan a los cultivos biodiversos, que la agricultura está siendo
transformada de una producción de alimentos diversos y nutritivos en
la creación de mercados para semillas genéticamente adulteradas,
herbicidas, y pesticidas. Mientras los agricultores están siendo
transformados de productores en consumidores de productos agrícolas
patentados por las corporaciones, mientras los mercados están siendo
destruidos a nivel local y nacional, pero expandidos a nivel global,
el mito del ``libre comercio'' y de la economía global se convierten
en el medio para que los ricos puedan despojar al pobre de su derecho
al alimento e incluso de su derecho a la vida, ya que la gran mayoría
de las personas del mundo - 70 por ciento - se gana la vida
produciendo alimentos. La mayoría de estos agricultores son mujeres.
Al contrario, en los países industrializados, solo el 2 por ciento de
la población son agricultores.
LA SEGURIDAD ALIMENTARIA ESTÁ EN LA SEMILLA
Durante siglos, los agricultores del Tercer Mundo han hecho
evolucionar los cultivos y nos han transmitido la diversidad de
plantas que nos nutren. Los agricultores indios han desarrollado
200.000 variedades de arroz a través de sus innovaciones y cultivos:
han creado variedades de arroz como Basmati; han producido arroz rojo,
arroz marrón y arroz negro. Han cultivado un arroz que crecía seis
metros de altura en las crecientes del Gange, y un arroz resistente a
la sal que podía ser cultivado en las aguas costeras. Y estas
innovaciones de los agricultores no se han detenido. Los agricultores
que participan en nuestro movimiento Navdanya, dedicados a la
conservación de la diversidad de semillas nativas, continúan cruzando
nuevas variedades.
Para el agricultor, la semilla no es
simplemente la fuente de futuras plantas y de alimento; representa el
lugar de acopio de cultura y de historia. La semilla es el primer
anillo de la cadena alimenticia. La semilla es el supremo símbolo de
la seguridad alimentaria.
El libre intercambio de semillas
entre granjeros ha sido la base para la conservación de la
biodiversidad y de la seguridad alimentaria. Este intercambio se basa
en la cooperación y la reciprocidad. Un agricultor que quiere
intercambiar semillas generalmente entrega una cantidad igual de
semillas de su granja a cambio de las semillas que recibe.
El libre intercambio entre granjeros
trasciende el simple intercambio de semillas; involucra intercambios
de ideas y conocimiento, de culturas y legados. Es una acumulación de
tradición, de conocimiento sobre cómo funciona la semilla. Los
agricultores aprenden acerca de las plantas que quieren cultivar en el
futuro observándolas crecer en las granjas de otros.
El paddy, o arroz, posee un
significado religioso en la mayoría de las regiones del país y es un
componente esencial de la mayoría de las festividades religiosas. El
festival de Akti en Chattisgarh, en donde se cultivan
variedades de arroz indica, fortalece muchos principios de la
conservación de la biodiversidad. Al sur de la India, el grano de
arroz es considerado de buen agüero, o akshanta. Se lo mezcla con
kumkum y cúrcuma y se lo ofrece como una bendición. Como
muestra de respeto religioso, al sacerdote le dan arroz, a menudo
acompañado de coco. Entre otras variedades agrícolas cuyas semillas,
hojas o flores forman un componente esencial de las ceremonias
religiosas, están coco, betel, nuez de areca, trigo, mijo,
horsegram, blackgram, pigeon pea, garbanzo, sésamo, azúcar de
caña, semillas de nanjea, cardamomo, jengibre, bananos y grosella
espinosa.
Antes que nada, las nuevas semillas
son veneradas y solo después se plantan. Los nuevos cultivos son
venerados antes de ser consumidos. Los festivales que se organizan
antes de sembrar semillas, al igual que las fiestas de cosecha,
celebradas en el campo, simbolizan la intimidad de la gente con la
naturaleza.[7] Para el agricultor, el campo es la madre y rendirle
culto es una señal de gratitud hacia la tierra, que, como madre,
alimenta a millones de formas de vida que nacen de ella.
Pero los nuevos regímenes de derechos
de propiedad intelectual, que se están universalizando a través del
Trade Related Intellectual Property Rights Agreement of the World
Trade Organization (WTO) [Acuerdo de Aspectos de los Derechos de
Propiedad Intelectual Relacionados con el Comercio, de la Organización
Mundial del Comercio (OMC)], permiten que las corporaciones usurpen y
monopolicen el conocimiento de las semillas, reivindicándolo como su
propiedad privada. Con el tiempo, esto desemboca en monopolios
corporativos sobre las mismas semillas.
Corporaciones estadounidenses, como
Rice Tec, están reclamando patentes sobre el arroz Basmati. La soya,
que evolucionó en Asia Oriental, ha sido patentada por Calgene, en la
actualidad propiedad de Monsanto. Calgene también posee patentes sobre
la mostaza, un cultivo originario de la India. Siglos de innovación
colectiva por parte de granjeros y campesinos están siendo
secuestrados a medida que las corporaciones reclaman derechos de
propiedad intelectual sobre estas y otras plantas y semillas.
``COMERCIO LIBRE'' O ``COMERCIO FORZADO''
Hoy en día, diez corporaciones controlan el 32 por ciento del
mercado de semillas comerciales, evaluado en 23 mil millones de
dólares, y ciento por ciento del mercado de semillas genéticamente
modificadas, o transgénicas.[9] Estas corporaciones también controlan
el mercado mundial de pesticidas y agroquímicos. Solamente 5
corporaciones controlan el comercio global de granos. A finales de
1998, Cargill, la más grande de estas cinco compañías, adquirió
Continental, la segunda en importancia, con lo que se convirtió en el
mayor factor individual dentro del comercio de granos. Monolitos como
Cargill y Monsanto participaron activamente en dar forma a lo acuerdos
sobre el comercio internacional, en particular en la Ronda Uruguay del
Acuerdo General sobre Comercio y Tarifa que conduco a la constitución
de la OMC.
Este control monopólico sobre la
producción agrícola, junto a políticas de ajuste estructural que
benefician frontalmente a las exportaciones, conduce a una avalancha
de exportación de alimentos de Estados Unidos y Europa al Tercer
Mundo. Como resultado del North American Free Trade Agreement (NAFTA)
[Acuerdo Norteamericano de Libre Comercio], la proporción de reservas
alimenticias que México importa se incrementó, del 20 por ciento en
1992, al 43 por ciento en 1996. Dieciocho meses después de firmado el
NAFTA, 2.2 millones de mexicanos han perdido sus empleos y 40 millones
han caído en la extrema pobreza. Es decir, uno de cada dos campesinos
no tiene suficiente comida. Como ha dicho Victor Suares, ``Para la
gente pobre de México, comer más barato gracias a las importaciones,
simplemente significa no comer.''[10]
En Filipinas, las importaciones de
azúcar han destruido la economía. En Kerala, India, las prósperas
plantaciones de caucho se volvieron inviables debido a las
importaciones de caucho. La economía local del caucho, de 350 millones
de dólares, fue aniquilada y tuvo un efecto multiplicador de 3.5
billones de dólares sobre la economía de Kerala. En Kenia, las
importaciones de maíz provocaron el colapso de los precios para los
agricultores locales, que ni siquiera pudieron recuperar los costos de
producción.
La liberalización del comercio
agrícola fue introducida en India en 1991, como parte de un paquete de
ajuste estructural del Banco Mundial/Fondo Monetario Internacional
(FMI). Mientras hectáreas de tierras cultivadas con algodón habían
disminuido en las décadas de 1970 y 1980, en los primeros seis años de
reformas bajo el mandato del Banco Mundial/FMI, la tierra destinada al
cultivo de algodón aumentó en 1.7 millones de hectáreas. El algodón
comenzó a desplazar a los cultivos de alimentos. Las corporaciones
lanzaron agresivas campañas publicitarias, incluyendo películas
promocionales proyectadas en las aldeas utilizando ``camiones
vídeos,'' para vender a los agricultores nuevas semillas híbridas. Ni
dioses, diosas ni santos se salvaron: en Punjab, la Monsanto vende sus
productos usando la imagen del guru Nanak, fundador de la religión
Sikh. Las semillas híbridas de las compañías comenzaron a sustituir
las variedades de los agricultores locales.
Las nuevas semillas híbridas, siendo
vulnerables a las plagas, requirieron más pesticidas. Los agricultores
extremadamente pobres compraron a crédito, a la misma compañía, tanto
semillas, como pesticidas. Cuando los cultivos fracasaron debido a la
fuerte incidencia de plagas o al fracaso de las semillas a gran
escala, muchos agricultores se suicidaron ingiriendo los mismos
pesticidas que los endeudaron. En el distrito de Warangal, casi 400
agricultores algodoneros cometieron suicidio por el fracaso de las
cosechas de 1997, y docenas más se suicidaron en 1998.
Bajo esta presión para dar
preferencia a los cultivos rentables, muchos estados en India han
permitido que las corporaciones privadas adquirieran cientos de
hectáreas de tierra. El estado de Maharashtra ha exonerado a los
proyectos hortícolas de su legislación que limita la adquisición de
tierras. Madhya Pradesh está ofreciendo alquilar tierras a la
industria privada con contratos a largo plazo que, según la industria,
debería durar por lo menos 40 años. Actualmente, en Andhra Pradesh y
Tamil Nadu se permite a las corporaciones privadas adquirir más de 300
hectáreas de tierra para la crianza de camarón de exportación. Un gran
porcentaje de la producción agrícola de estas tierras será destinado a
abastecer a la creciente industria procesadora de alimentos, en la que
participan principalmente las corporaciones transnacionales. Mientras
tanto, los Estados Unidos han llevado a India al panel de disputas de
la OMC para objetar sus restricciones a la importación de
alimentos.
En ciertos casos, los mercados son
capturados por otros medios. En agosto de 1998, las reservas de aceite
de mostaza en Delhi fueron misteriosamente adulteradas. La
adulteración se limitó a Delhi, pero no a una marca específica, lo que
indicaba que no se trataba del trabajo de una empresa de negocios o de
una operadora comercial en particular. Más de 50 personas murieron. El
gobierno prohibió todo procesamiento local del aceite y anunció la
libre importación de aceite de soya. Millones de personas que extraían
aceite en diminutos molinos ecológicos de prensa en frío, perdieron
sus medios de sustento. Los precios de las semillas oleaginosas
locales colapsaron a menos de un tercio de sus niveles anteriores. En
Sira, en el estado de Karnataka, los agentes de policía dispararon a
los agricultores que protestaban por la caída de los precios de las
semillas oleaginosas.
La absorción de la soya importada en
el mercado indio, es un claro ejemplo del imperialismo sobre el cual
se basa la globalización. Un cultivo exportado desde un solo país por
una o dos corporaciones reemplazó a cientos de alimentos y productores
de alimentos y destruyó la diversidad cultural y biológica, y la
democracia económica y política. Ahora, los pequeños molinos ya no
están en condiciones de atender a los pequeños agricultores y a los
consumidores pobres con aceites comestibles asequibles, saludables y
culturalmente apropiados. Los agricultores han sido despojados de su
libertad de escoger qué cultivar, mientras que los consumidores han
sido despojados de su libertad de escoger qué comer.
CREANDO HAMBRE CON LOS MONOCULTIVOS
Las corporaciones químicas globales, recientemente transformadas en
corporaciones para las ``ciencias de la vida,'' declaran que sin ellas
y sus productos patentados el mundo no puede ser alimentado.
Como anunció la Monsanto en Europa,
a través de su campaña publicitaria de 1.6 millones de dólares:
Preocuparse por las generaciones hambrientas del futuro no les dará
de comer. La biotecnología de los alimentos lo hará. La población
mundial está creciendo rápidamente, añadiendo al globo el equivalente
de una China cada diez años. Para alimentar a estos mil millones de
bocas adicionales, podemos tratar de extender nuestras tierras
agrícolas o exprimir más cosechas de los cultivos existentes. Con la
población destinada a duplicarse alrededor del año 2030, esta fuerte
dependencia en la tierra no puede sino agravarse. La erosión del suelo
y el agotamiento de minerales extenuarán la tierra. Regiones como las
selvas lluviosas tendrán que ser destinadas a la agricultura. El uso
de fertilizantes, insecticidas y herbicidas aumentará a nivel global.
Ahora, en Monsanto, creemos que la biotecnología alimentaria es una
mejor manera para enfrentar al futuro.[11]
Pero la alimentación es necesaria
para todas las especies vivas. Es por ello que Taittreya
Upanishad hace un llamado a los humanos para que alimenten a todos
los seres en sus zonas de influencia.
La agricultura industrial no ha
producido más comida. Ha destruido las diversas fuentes de alimentos y
ha sustraído comida a otras especies para llevar mayores cantidades de
mercancías específicas al mercado, luego de usar en el proceso
cantidades gigantescas de combustibles fósiles, agua y químicos
tóxicos.
A menudo se afirma que las llamadas
variedades milagrosas de la Revolución Verde en la agricultura
industrial moderna han prevenido la hambruna porque tuvieron mayores
rendimientos. Sin embargo, estos rendimientos mayores desaparecen en
el contexto del rendimiento total de cultivos en granjas. Las
variedades de la Revolución Verde produjeron más granos desviando la
producción de la paja. Esta ``partición'' fue lograda reduciendo el
tamaño de las plantas, lo que a la vez permitió resistir altas dosis
de fertilizantes químicos.
Sin embargo, menos paja implica menos
forraje para el ganado y menos materia orgánica para el suelo para
alimentar a los millones de organismos que lo forman y lo
rejuvenecen. Así, se consiguieron producciones más altas de trigo y
maíz fueron logrados sustrayendo alimento de los animales de granja y
de los organismos del suelo. Debido a que el ganado y las lombrices
son nuestros compañeros en la producción alimenticia, sustraer sus
alimentos hace que sea imposible mantener la producción alimentaria en
el tiempo, e implica que los incrementos parciales en rendimientos
parciales no sean sostenibles.
El incremento del rendimiento de maíz
y trigo en la agricultura industrial también se logró a costa de los
rendimientos de otros alimentos producidos en granjas pequeñas.
Fréjoles, legumbres, frutas y hortalizas desaparecieron, tanto de las
granjas, como de las estadísticas de rendimientos. A los mercados
nacionales e internacionales llegaron más granos de dos o tres
mercancías, pero las familias de agricultores del Tercer Mundo
comieron menos.
La ganancia en ``rendimiento'' de los
cultivos producidos industrialmente se basa entonces en la sustracción
de alimentos de otras especies y de los campesinos pobres del Tercer
Mundo. Es por ello que, mientras aumenta la producción y el comercio
global de granos, hay más gente hambrienta en el Tercer Mundo. Los
mercados globales tienen más mercancías para comerciar porque los
alimentos han sido saqueados de los pobres y de la naturaleza.
La productividad en las prácticas
agrícolas tradicionales siempre ha sido alta si se toma en cuenta que
se requieren muy pocos insumos externos. A pesar de que la Revolución
Verde ha sido promocionada por haber incrementado la productividad en
términos absolutos, cuando se toma en cuenta el uso de los recursos,
ha demostrado ser contraproductiva e ineficiente.
Quizá unos de los mitos más falaces
propagados por los defensores de la Revolución Verde es la aseveración
que las variedades de alto rendimiento han reducido el área de
cultivado, preservando así millones de hectáreas de
biodiversidad. Pero en India, en lugar de más tierra destinada a la
conservación, los cultivos industriales en realidad aumentan la
presión sobre la tierra, ya que cada hectárea de monocultivo
proporciona un solo producto y los productos desplazados deben ser
cultivados en hectáreas adicionales, o hectáreas ``sombra.''[12]
Un estudio que compara los
policultivos tradicionales con los monocultivos industriales muestra
que un sistema de policultivos puede producir 100 unidades de
alimentos en 5 unidades de insumos, mientras que un sistema industrial
requiere 300 unidades de insumos para producir las mismas 100
unidades. Las 295 unidades de insumos desperdiciados podrían haber
proporcionado 5.900 unidades de alimentos adicionales. El sistema
industrial, por ende, conduce a la pérdida de 5,900 unidades de
alimentos. Se trata de una receta para que la gente pase hambre, no
para alimentarla.[13]
El desperdicio de recursos genera
hambre. Al desperdiciar recursos a través de monocultivos
unidimensionales mantenidos con aportes externos intensivos, las
nuevas biotecnologías crean inseguridad alimentaria e inanición.
LA INSEGURIDAD DE LAS IMPORTACIONES
Mientras aumentan los cultivos comerciales, como el algodón, la
producción de alimentos básicos disminuye, lo que conduce al alza de
los precios de los productos de primera necesidad y a la disminución
del consumo por parte de los pobres. Los hambrientos se mueren,
mientras que el agua y las escasas tierras son desviadas para la
provisión de artículos de lujo para los consumidores ricos de los
países del norte. Entre las mercancías de exportación que se están
promoviendo en todos los países del Tercer Mundo, están flores,
frutas, camarón y carne.
Cuando las políticas de
liberalización del comercio fueron introducidas en India, en 1991, el
secretario de agricultura afirmó que ``la seguridad alimentaria no es
comida en el almacén, sino dólares en el bolsillo.'' Se argumenta
repetidamente que la seguridad de alimentos no depende de la
``autosuficiencia'' alimentaria (comida cultivada a nivel local para
consumo local), sino de la ``autodependencia'' alimentaria (comida
adquirida en los mercados internacionales). Según la ideología
recibida del libre comercio, las ganancias de las exportaciones de las
industrias de cultivo de camarón, flores y carne financiarían la
importación de alimentos. Por lo tanto, cualquier déficit originado
por la desviación de la capacidad productiva del cultivo de alimentos
para consumo doméstico a la producción de artículos de lujo para el
consumo de los ricos clientes del norte, no sería más que un invento.
Sin embargo, la producción de
camarón, flores y carne para la exportación no es ni eficiente ni
sostenible en países como la India. En el caso de las flores de
exportación, India gastó 1.4 mil millones de rupias en divisas para
promocionar las exportaciones florícolas y ganó solamente 320 millones
de rupias.[14] En otras palabras, con las ganancias de las
exportaciones florícolas, India puede comprar solo una cuarta parte de
los alimentos que habría podido cultivar.[15] Por lo tanto, nuestra
seguridad alimentaria ha disminuido en 75 por ciento, mientras nuestro
drenaje de divisas aumentó en más de mil millones de rupias.
En el caso de las exportaciones de
carne, por cada dólar ganado, la India está destruyendo el equivalente
a 15 dólares de funciones ecológicas desempeñadas por los animales
granjeros para una agricultura sostenible. Antes de la Revolución
Verde, se exportaba los productos derivados de la economía india de
ganado - una economía culturalmente sofisticada y ecológicamente
benigna -, como el cuero de vaca, y no el capital ecológico, es decir,
el mismo ganado. Hoy en día, el dominio de la lógica de exportación en
la agricultura está conduciendo a la exportación de nuestro capital
ecológico, que hemos conservado durante siglos. Gigantescos mataderos
y granjas agrícolas están reemplazando a la economía ganadera
tradicional de India. Al matar a las vacas y exportar su carne, se
está exportando la energía renovable y el fertilizante que el ganado
vacuno proporciona a los granjeros de las pequeñas granjas. Estas
funciones múltiples del ganado en los sistemas agrícolas han sido
protegidas en la India a través de la metáfora de la vaca sagrada. Las
agencias gubernamentales ingeniosamente disfrazan la matanza de vacas,
que enfurecerías a muchos indios, llamándola ``carne de búfalo.''
En el caso de las exportaciones de
camarón, por cada hectárea de camaronera industrial, se destruyen 200
hectáreas de ecosistemas productivos. Por cada dólar ganado en divisas
de las exportaciones, tiene lugar una destrucción equivalente a 6-10
dólares en la economía local. La cosecha de camarón en piscinas de
acuacultura es una cosecha robada a las comunidades de pescadores y
granjeros en las regiones costaneras del Tercer Mundo. Las ganancias
obtenidas de las exportación de camarón a los mercados de Estados
Unidos, Japón y Europa destacan en las cifras de crecimiento económico
nacional y global. Sin embargo, la destrucción del consumo de
alimentos locales, de recursos hídricos del suelo, de la actividad
pesquera, de la agricultura, y de los medios de sustento relacionados
con las ocupaciones tradicionales en cada uno de estos sectores, no
altera el valor económico global de las exportaciones de camarón;
dicha destrucción se le experimenta únicamente a nivel local.
En la India, los cultivos intensos de
camarón han convertido a los trechos de costas fértiles en
cementerios, y han destruido la pesca y la agricultura. En Tamil Nadu
y en Andhra Pradesh, mujeres pertenecientes a comunidades de
pescadores y agricultores resisten el cultivo de camarón a través de
la satyagraha. El cultivo de camarón de las piscinas de
acuacultura destruye 15 puestos de trabajo por cada uno que
crea. Destruye 5 dólares de capital ecológico y económico por cada
dólar ganado en las exportaciones. Incluso estas utilidades tienen un
flujo de solo tres a cinco años, luego de lo cual la industria debe
trasladarse a otros lugares. La producción camaronera intensiva es una
actividad no sostenible, descrita por las agencias de Naciones Unidas
como una industria de ``saqueo y fuga.''
Debido a que el Banco Mundial está
aconsejando a todos los países que cambien las políticas de
``alimentos primero'' a políticas de ``exportar primero,'' estos
países compiten entre sí, por lo que los precios de estas mercancías
de lujo colapsan. La liberalización del comercio y la reforma
económica también incluyen la devaluación de las monedas. Con ello,
las exportaciones son menos rentables y las importaciones son más
costosas. Debido a que se le está diciendo al Tercer Mundo que
suspenda la producción alimentaria y que, en lugar de ello, compre
alimentos en los mercados internacionales exportando productos
agrícolas comerciales, el proceso de globalización conduce a una
situación en la que las sociedades agrícolas del sur se vuelven cada
vez más dependientes de la importación de alimentos, pero no tienen
divisas para pagar los alimentos importados. Indonesia y Rusia son dos
ejemplos de países que han pasado rápidamente desde la autosuficiencia
alimentaria a la hambruna por la creación de la dependencia en las
importaciones y la devaluación de sus monedas.
SAQUEANDO LA COSECHA DE LA NATURALEZA
Las corporaciones globales no están solamente robando la cosecha de
los agricultores. Están saqueando la cosecha de la naturaleza a través
de la ingeniería genética y de las patentes sobre las formas de vida.
Los cultivos genéticamente
modificados elaborados por las corporaciones entrañan graves riegos
ecológicos. Cultivos como la soya Roundup Ready de la Monsanto,
diseñada para ser resistente a los herbicidas, conllevan a la
destrucción de la biodiversidad y al aumento del uso de
pesticidas. Pueden también crear ``superhierbajos'' altamente
invasivos, al transferir a estos los genes resistentes a los
pesticidas. Los cultivos diseñados para ser fábricas de pesticidas -
genéticamente modificados con genes de bacterias, escorpiones,
serpientes y avispas, para producir toxinas y venenos - pueden poner
en peligro a especies que no constituyen plagas y pueden contribuir al
surgimiento de resistencias en pestes y, por ende, a la creación de
``superpestes.'' En cada aplicación de ingeniería genética, las
corporaciones están sustrayendo alimentos de otras especies para poder
maximizar sus ganancias.
Para asegurar las patentes sobre
formas de vida y recursos vivientes, las corporaciones deben
reivindicar las semillas y las plantas como que fueran sus
``invenciones'' y, por lo tanto, su propiedad. De esta manera,
corporaciones como Cargill y Monsanto consideran la red vital y los
ciclos de renovación de la naturaleza como ``hurtos'' a su propiedad.
Durante el debate acerca del ingreso de Cargill a la India en 1992, el
principal ejecutivo afirmó, ``Nosotros traemos a los agricultores
indios tecnologías inteligentes que impiden que las abejas se roben el
polen.''[16] Durante las United Nations Biosafety Negotiations
[Negociaciones sobre Bioseguridad de Naciones Unidas], la Monsanto
circulaba literatura que afirmaba que ``los hierbajos roban la luz del
sol.''[17] Una visión del mundo que define la polinización como
``hurto de las abejas'' y asevera que plantas diversas ``roban'' la
luz solar, es una visión cuyo objetivo es saquear la cosecha de la
naturaleza, reemplazando variedades polinizadas al aire libre con
semillas híbridas y estériles [también llamadas ``mulas'' genéticas
ndt] y destruyendo la flora biodiversa con herbicidas como el Roundup
de la Monsanto.
Esta es una visión del mundo basada
en la escasez. Una visión del mundo basada en la abundancia es la
visión de las mujeres de la India que dejan comida para las hormigas
en el umbral de sus puertas, incluso mientras crean, con harina de
arroz, el arte más maravilloso en sus kolams, mandalas y
rangoli. La abundancia es la cosmovisión de las mujeres
campesinas que tejen hermosos diseños de paddy [arroz] para colgarlos
y ofrecércelos a los pájaros cuando estos no encuentran granos en los
campos. Esta visión de abundancia reconoce que, al dar alimento a
otros seres y especies, mantenemos las condiciones para nuestra propia
seguridad alimentaria. Es el reconocimiento de Isho Upanishad
que el universo es la creación del Poder Supremo en beneficio de
(toda) la creación. Cada forma de vida individual debe aprender a
gozar de sus beneficios cultivando una parte del sistema en estrecha
relación con las demás especies. A ninguna especie debe permitírsele
usurpar los derechos de las demás.[18] La Isho Upanishad
también dice que,
un hombre egoísta que explota los recursos de la naturaleza para
satisfacer sus siempre crecientes necesidades personales, no es más
que un ladrón, porque usar los recursos más allá de nuestras
necesidades conllevaría a utilizar recursos sobre los cuales otros
tienen derechos.[19]
En la cosmovisión ecológica,
cuando consumimos más de lo que necesitamos o explotamos la naturaleza
con base a principios codiciosos, nos estamos involucrando en un robo.
Al contrario, en la visión antivida de las corporaciones
agroindustriales, la autorenovación y el autosustento de la naturaleza
es el robo. Tal visión del mundo reemplaza la abundancia con la
escasez, la fertilidad con la esterilidad; hace que el saqueo de la
naturaleza sea un imperativo del mercado y lo esconde en el cálculo de
la eficiencia y de la productividad.
DEMOCRACIA ALIMENTARIA
Lo que estamos viendo es el surgimiento del totalitarismo
alimenticio, en el cual un puñado de corporaciones controlan toda la
cadena alimenticia y destruyen alternativas, de manera que las
personas no tengan acceso a alimentos diversos, sanos y producidos
ecológicamente. Los mercados locales están siendo destruidos
deliberadamente para establecer monopolios de los sistemas de
alimentos y semillas. La destrucción del mercado de aceite comestible
en la India y las muchas formas a través de las cuales se impide que
los agricultores posean sus propias reservas de semillas, son pequeños
ejemplos de una tendencia general en la que las reglas del mercado,
los derechos de propiedad y las nuevas tecnologías son utilizadas para
destruir alternativas benignas para el ambiente y las personas y para
imponer a nivel global sistemas alimenticios que son dañinos para la
naturaleza y para las personas.
La globalización y el libre comercio
han dado un vuelco a la noción de los derechos. Según las nuevas
reglas del comercio, el derecho a producir para uno mismo o consumir
de acuerdo a prioridades culturales e intereses sobre la seguridad, se
ha tornado ilegal. El derecho de las corporaciones a alimentar
forzadamente a los ciudadanos del mundo con comida culturalmente
inapropiada y peligrosa, se ha vuelto absoluto. El derecho al
alimento, el derecho a la seguridad, el derecho a la cultura, están
siendo tratados como barreras al comercio que deben ser
desmantelada.
Este totalitarismo alimenticio solo
puede detenerse con grandes movilizaciones ciudadanas en defensa de la
democratización del sistema alimentario. Esta movilización está
ganando ímpetu en Europa, Japón, India, Brasil y en otras partes del
mundo.
Debemos reclamar nuestro derecho a
salvaguardar a las semillas y a la biodiversidad. Debemos reclamar
nuestro derecho a proteger la Tierra y sus diferentes especies.
Debemos detener este saqueo corporativo de la naturaleza y de los
desposeídos. La democracia alimentaria es la nueva agenda para la
democracia y los derechos humanos. Es la nueva agenda para la
sostenibilidad ecológica y la justicia social.
NOTAS
1. Taittreya Upanishad, Gorakhpur: Gita Press, p. 124.
2. Kali Charan Ghosh, Famines in Bengal, 1770-1943, Calcuta:
Indian Associated Publishing Company, 1944.
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5. Peter Custers, Women in the Tebhaga Uprising, Calcuta:
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6. Peter Custers, p. 78.
7. Festivales como Uganda, Ramanavami, Akshay Trateeya, Ekadashi
Aluyana Amavase, Naga Panchami, Noolu Hunime, Ganesh Chaturthi, Rishi
Panchami, Navartri, Deepavali, Rathasaptami, Tulsi Vivaha, Camparusti,
y Bhoomi Puja, incluyen ceremonias alrededor de las
semillas.
8. Vandana Shiva, Vanaja Ramprasad, Pandurang Hedge, Omkar
Krishnan, y Radha Holla-Bhar, ``The Seed Keepers,'' Nueva Delhi:
Navdanya, 1995.
9. Estas compañías son DuPont/Pioneer (EEUU), Monsanto (EEUU),
Novartis (Suiza), Groupe Limagrain (Francia), Advanta (Reino Unido y
Países Bajos), Guipo Pulsar/Semins/ELM (México), Sakata (Japón), KWS
HG (Alemania) y Taki (Japón).
10. Victor Suares, Artículo presentado en la Conferencia
Internacional sobre Globalización, Seguridad Alimentaria, y
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11. ``Monsanto: Peddling `Life Sciences' or `Death Sciences'?''
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1998.
19. Vandana Shiva, ``Globalization, Gandhi, and Swadeshi.''
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Ultima revisión Junio
1, 2003. Introducción y traducción de Paolo Catelan.
Edición de Maricruz González Cárdenas. El material publicado
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y Editores y © Fundación Sangay 2003: El uso
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Original title, ``The Hijacking of the Global Food
Supply''. Excerpt from STOLEN HARVEST, by Vandana
Shiva. © 2000 by Vandana Shiva. Reprinted by arrangement
with Vandana Shiva (New Delhi), South End Press (Cambridge,
Massachusetts), and Ediciones Paidós (Buenos Aires).
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