El Saqueo de la Reserva Alimentaria Global

por Vandana Shiva


Imaginen un país de mil millones de personas y vasto cómo un continente. Hacia el norte, los cielos tocan inmensas montañas y, hacia el sur, enormes océanos. Es un país de ríos que se desbordan por las aguas de cálidos diluvios tropicales. Es un país tan antiguo como el planeta, que está surcado por milenios de trabajo humano y se extiende hacia un futuro incierto. Es la India. Una galaxia humana de ochocientos millones de campesinos, distribuidos en un firmamento de pequeñas granjas familiares que garantizan, desde siempre, el sustento de los campesinos a través de métodos agrícolas basados en la diversidad y la riqueza biológica. Generación tras generación, los granjeros de la India han desarrollado sofisticados sistemas de mejoramiento y selección de las semillas que plantan: en la actualidad, India alberga doscientas mil variedades de arroz - entidad sagrada de la vida cotidiana-, entre ellas la conocida Basmati. También aloja variedades de azafrán, jengibre, soya, mostaza, mijo, trigo, cardamomo, garbanzo, pimienta..., las especias.... Liderados generalmente por mujeres, los rituales antiguos, arquetipos de la convivencia humana, integran métodos agrícolas tradicionales. Las mujeres indias dejan comida para las hormigas en el umbral de sus moradas: ``esta visión, basada en la abundancia, reconoce que al alimentar a otros seres y otras especies mantenemos las condiciones para nuestra propia seguridad alimentaria.'' Son mujeres, la fecundidad del mundo, quienes plantan nueve semillas en una vasija de barro al comienzo del Año Nuevo y, nueve días más tarde, las llevan a la orilla del río para compararlas con las de otras mujeres y ver cuáles han brotado bien y cuáles no; al final, intercambiarán las semillas buenas para que, cuando llegue la temporada de siembra, todas las familias siembren solo las mejores semillas, que aseguren una buena cosecha...
Vandana Shiva es una mujer india y en éste artículo se centra en su país, ``para contar la historia de cómo el control corporativo de los alimentos y la globalización de la agricultura están despojando a millones de personas de sus medios de sustento y de sus derechos a los alimentos....'' Sabiendo que ``uno de cada cuatro campesinos en el mundo es indio,'' lo que está pasando con la economía agrícola de la India tiene un impacto inmenso para el planeta - PC

VANDANA SHIVA es mundialmente conocida por su agudo activismo en el movimiento ambientalista global. Como líder de International Forum on Globalization, junto a Ralph Nader y Jeremy Rifkin su trabajo fue reconocido en 1993 con el Right Livelihood Award (o Premio Nobel Alternativo por la Paz). Es Director de la Research Foundation for Science, Technology, and Natural Resource Policy y autora de textos imprescindibles como Staying Alive: Women, Ecology, and Survival in India (1989), The Violence of the Green Revolution: Third World Agriculture, Ecology, and Politics (1992), Biodiversity: Social and Ecological Consequences (1992), Monocultures of the Mind: Perspectives on Biodiversity and Biotechnology (1993), Biopiracy: The Plunder of Nature and Knowledge (1997), Stolen Harvest (2000), Patents: Myths and Reality (2001), Globalisation, Food Security and War (2002) y Water Wars: Privatisation, Pollution, and Profit (2002). Antes de dedicar su vida al activismo ecologista y al ecofeminismo, Shiva fue uno de los más destacados físicos teóricos de India.


LOS ALIMENTOS constituyen nuestra necesidad más fundamental, la esencia misma de la vida.
Según un antiguo Upanishad [Enseñanza Mística] indú, ``Todo lo que nace, nace de anna [comida]. Todo lo que existe en la Tierra nace de anna, vive de anna, y al final se convierte en anna. En efecto, anna es el primer ser de todos los seres.''[1]
Más de tres millones y medio de personas murieron de hambre en Bengala, durante la hambruna de 1943. Veinte millones fueron afectados en forma directa. Bajo un sistema colonial de recaudación de alquileres, los granos alimenticios fueron retenidos a la fuerza de los campesinos. La exportación de los granos alimenticios continuó a pesar de que la gente pasaba hambre. Como relata el escritor bengalí Kali Charan Ghosh, 80.000 toneladas de granos alimenticios fueron exportados de Bengala en 1943, justo antes de la hambruna. En aquel tiempo, India estaba siendo utilizada como reserva de provisiones para el ejército británico. ``Se permitió inmensas exportaciones para alimentar a gente de otras tierras, mientras que la sombra de la hambruna se extendía cada hora en el horizonte indio.''[2]
Para abastecer a la guerra, se apropiaron de más de una quinta parte de la producción de la India. Los hambrientos campesinos bengalíes renunciaron a más de dos tercios de la comida que producían, lo que duplicó su deuda. Esto, añadido a la especulación y al acaparamiento por parte de los comerciantes, hizo que los precios se dispararon. La población pobre de Bengala pagó por la guerra del imperio con hambre e inanición - y la ``marcha fúnebre de los campesinos, los pescadores, y los artesanos de Bengala.''[3]
Los despojados campesinos migraron a Calcuta. Miles de mujeres desamparadas se volvieron prostitutas. Los padres comenzaron a vender a sus hijos. ``En las aldeas, chacales y perros se disputaban por desmembrar cuerpos agonizantes.''[4]
Mientras se desataba la crisis, miles de mujeres se organizaron en Bengala en defensa de sus derechos alimentarios. ``¡Abran más tiendas de raciones!'' y ``¡Bajen los precios de los alimentos!'' eran las consignas de los grupos de mujeres por todo el país. [5]
Pasada la hambruna, los campesinos también comenzaron a organizarse alrededor de la exigencia principal de quedarse con los dos tercios, o tebhaga, de los cultivos. En su apogeo, el movimiento Tebhaga, como se lo llamó, se extendió a 19 distritos e involucró a seis millones de personas. Los campesinos se opusieron a que los terratenientes y recaudadores del Imperio Británico robaran sus cosechas. Por todas partes, los campesinos declaraban, ``Jan debo tabu dhan debo ne'': ``Renunciaremos a nuestras vidas, pero no renunciaremos a nuestro arroz.'' En la aldea de Thumniya, la policía arrestó a algunos campesinos que se resistieron al robo de su cosecha. Fueron acusados de ``robar arroz.''[6]
Medio siglo después de la hambruna bengalí, se ha establecido un nuevo sistema más ingenioso que, una vez más, hace que el hurto de la cosecha sea un derecho y quedarse con ella un crimen. Escondidos detrás de complejos tratados de libre comercio, están innovadores métodos para robar la cosecha de la naturaleza, la cosecha de las semillas y la cosecha de la nutrición.

EL SAQUEO CORPORATIVO DE LOS ALIMENTOS Y LA AGRICULTURA

Debido a que soy india y porque la agricultura india está siendo especialmente apuntada por las corporaciones globales, me centraré en la India para contar la historia de cómo el control corporativo de los alimentos y la globalización de la agricultura están despojando a millones de personas de sus medios de sustento y de sus derechos a los alimentos. Debido a que la agricultura es el sustento de 75 por ciento de la población india y a que uno de cada cuatro agricultores del mundo es indio, el impacto de la globalización sobre la agricultura india tiene importancia global.
Sin embargo, este fenómeno del saqueo de cultivos no es exclusivo de la India. Está siendo experimentado en todas las sociedades, a medida que las pequeñas granjas y los pequeños agricultores se ven forzados a la extinción, que los monocultivos remplazan a los cultivos biodiversos, que la agricultura está siendo transformada de una producción de alimentos diversos y nutritivos en la creación de mercados para semillas genéticamente adulteradas, herbicidas, y pesticidas. Mientras los agricultores están siendo transformados de productores en consumidores de productos agrícolas patentados por las corporaciones, mientras los mercados están siendo destruidos a nivel local y nacional, pero expandidos a nivel global, el mito del ``libre comercio'' y de la economía global se convierten en el medio para que los ricos puedan despojar al pobre de su derecho al alimento e incluso de su derecho a la vida, ya que la gran mayoría de las personas del mundo - 70 por ciento - se gana la vida produciendo alimentos. La mayoría de estos agricultores son mujeres. Al contrario, en los países industrializados, solo el 2 por ciento de la población son agricultores.

LA SEGURIDAD ALIMENTARIA ESTÁ EN LA SEMILLA

Durante siglos, los agricultores del Tercer Mundo han hecho evolucionar los cultivos y nos han transmitido la diversidad de plantas que nos nutren. Los agricultores indios han desarrollado 200.000 variedades de arroz a través de sus innovaciones y cultivos: han creado variedades de arroz como Basmati; han producido arroz rojo, arroz marrón y arroz negro. Han cultivado un arroz que crecía seis metros de altura en las crecientes del Gange, y un arroz resistente a la sal que podía ser cultivado en las aguas costeras. Y estas innovaciones de los agricultores no se han detenido. Los agricultores que participan en nuestro movimiento Navdanya, dedicados a la conservación de la diversidad de semillas nativas, continúan cruzando nuevas variedades.
Para el agricultor, la semilla no es simplemente la fuente de futuras plantas y de alimento; representa el lugar de acopio de cultura y de historia. La semilla es el primer anillo de la cadena alimenticia. La semilla es el supremo símbolo de la seguridad alimentaria.
El libre intercambio de semillas entre granjeros ha sido la base para la conservación de la biodiversidad y de la seguridad alimentaria. Este intercambio se basa en la cooperación y la reciprocidad. Un agricultor que quiere intercambiar semillas generalmente entrega una cantidad igual de semillas de su granja a cambio de las semillas que recibe.
El libre intercambio entre granjeros trasciende el simple intercambio de semillas; involucra intercambios de ideas y conocimiento, de culturas y legados. Es una acumulación de tradición, de conocimiento sobre cómo funciona la semilla. Los agricultores aprenden acerca de las plantas que quieren cultivar en el futuro observándolas crecer en las granjas de otros.
El paddy, o arroz, posee un significado religioso en la mayoría de las regiones del país y es un componente esencial de la mayoría de las festividades religiosas. El festival de Akti en Chattisgarh, en donde se cultivan variedades de arroz indica, fortalece muchos principios de la conservación de la biodiversidad. Al sur de la India, el grano de arroz es considerado de buen agüero, o akshanta. Se lo mezcla con kumkum y cúrcuma y se lo ofrece como una bendición. Como muestra de respeto religioso, al sacerdote le dan arroz, a menudo acompañado de coco. Entre otras variedades agrícolas cuyas semillas, hojas o flores forman un componente esencial de las ceremonias religiosas, están coco, betel, nuez de areca, trigo, mijo, horsegram, blackgram, pigeon pea, garbanzo, sésamo, azúcar de caña, semillas de nanjea, cardamomo, jengibre, bananos y grosella espinosa.
Antes que nada, las nuevas semillas son veneradas y solo después se plantan. Los nuevos cultivos son venerados antes de ser consumidos. Los festivales que se organizan antes de sembrar semillas, al igual que las fiestas de cosecha, celebradas en el campo, simbolizan la intimidad de la gente con la naturaleza.[7] Para el agricultor, el campo es la madre y rendirle culto es una señal de gratitud hacia la tierra, que, como madre, alimenta a millones de formas de vida que nacen de ella.
Pero los nuevos regímenes de derechos de propiedad intelectual, que se están universalizando a través del Trade Related Intellectual Property Rights Agreement of the World Trade Organization (WTO) [Acuerdo de Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual Relacionados con el Comercio, de la Organización Mundial del Comercio (OMC)], permiten que las corporaciones usurpen y monopolicen el conocimiento de las semillas, reivindicándolo como su propiedad privada. Con el tiempo, esto desemboca en monopolios corporativos sobre las mismas semillas.
Corporaciones estadounidenses, como Rice Tec, están reclamando patentes sobre el arroz Basmati. La soya, que evolucionó en Asia Oriental, ha sido patentada por Calgene, en la actualidad propiedad de Monsanto. Calgene también posee patentes sobre la mostaza, un cultivo originario de la India. Siglos de innovación colectiva por parte de granjeros y campesinos están siendo secuestrados a medida que las corporaciones reclaman derechos de propiedad intelectual sobre estas y otras plantas y semillas.

``COMERCIO LIBRE'' O ``COMERCIO FORZADO''

Hoy en día, diez corporaciones controlan el 32 por ciento del mercado de semillas comerciales, evaluado en 23 mil millones de dólares, y ciento por ciento del mercado de semillas genéticamente modificadas, o transgénicas.[9] Estas corporaciones también controlan el mercado mundial de pesticidas y agroquímicos. Solamente 5 corporaciones controlan el comercio global de granos. A finales de 1998, Cargill, la más grande de estas cinco compañías, adquirió Continental, la segunda en importancia, con lo que se convirtió en el mayor factor individual dentro del comercio de granos. Monolitos como Cargill y Monsanto participaron activamente en dar forma a lo acuerdos sobre el comercio internacional, en particular en la Ronda Uruguay del Acuerdo General sobre Comercio y Tarifa que conduco a la constitución de la OMC.
Este control monopólico sobre la producción agrícola, junto a políticas de ajuste estructural que benefician frontalmente a las exportaciones, conduce a una avalancha de exportación de alimentos de Estados Unidos y Europa al Tercer Mundo. Como resultado del North American Free Trade Agreement (NAFTA) [Acuerdo Norteamericano de Libre Comercio], la proporción de reservas alimenticias que México importa se incrementó, del 20 por ciento en 1992, al 43 por ciento en 1996. Dieciocho meses después de firmado el NAFTA, 2.2 millones de mexicanos han perdido sus empleos y 40 millones han caído en la extrema pobreza. Es decir, uno de cada dos campesinos no tiene suficiente comida. Como ha dicho Victor Suares, ``Para la gente pobre de México, comer más barato gracias a las importaciones, simplemente significa no comer.''[10]
En Filipinas, las importaciones de azúcar han destruido la economía. En Kerala, India, las prósperas plantaciones de caucho se volvieron inviables debido a las importaciones de caucho. La economía local del caucho, de 350 millones de dólares, fue aniquilada y tuvo un efecto multiplicador de 3.5 billones de dólares sobre la economía de Kerala. En Kenia, las importaciones de maíz provocaron el colapso de los precios para los agricultores locales, que ni siquiera pudieron recuperar los costos de producción.
La liberalización del comercio agrícola fue introducida en India en 1991, como parte de un paquete de ajuste estructural del Banco Mundial/Fondo Monetario Internacional (FMI). Mientras hectáreas de tierras cultivadas con algodón habían disminuido en las décadas de 1970 y 1980, en los primeros seis años de reformas bajo el mandato del Banco Mundial/FMI, la tierra destinada al cultivo de algodón aumentó en 1.7 millones de hectáreas. El algodón comenzó a desplazar a los cultivos de alimentos. Las corporaciones lanzaron agresivas campañas publicitarias, incluyendo películas promocionales proyectadas en las aldeas utilizando ``camiones vídeos,'' para vender a los agricultores nuevas semillas híbridas. Ni dioses, diosas ni santos se salvaron: en Punjab, la Monsanto vende sus productos usando la imagen del guru Nanak, fundador de la religión Sikh. Las semillas híbridas de las compañías comenzaron a sustituir las variedades de los agricultores locales.
Las nuevas semillas híbridas, siendo vulnerables a las plagas, requirieron más pesticidas. Los agricultores extremadamente pobres compraron a crédito, a la misma compañía, tanto semillas, como pesticidas. Cuando los cultivos fracasaron debido a la fuerte incidencia de plagas o al fracaso de las semillas a gran escala, muchos agricultores se suicidaron ingiriendo los mismos pesticidas que los endeudaron. En el distrito de Warangal, casi 400 agricultores algodoneros cometieron suicidio por el fracaso de las cosechas de 1997, y docenas más se suicidaron en 1998.
Bajo esta presión para dar preferencia a los cultivos rentables, muchos estados en India han permitido que las corporaciones privadas adquirieran cientos de hectáreas de tierra. El estado de Maharashtra ha exonerado a los proyectos hortícolas de su legislación que limita la adquisición de tierras. Madhya Pradesh está ofreciendo alquilar tierras a la industria privada con contratos a largo plazo que, según la industria, debería durar por lo menos 40 años. Actualmente, en Andhra Pradesh y Tamil Nadu se permite a las corporaciones privadas adquirir más de 300 hectáreas de tierra para la crianza de camarón de exportación. Un gran porcentaje de la producción agrícola de estas tierras será destinado a abastecer a la creciente industria procesadora de alimentos, en la que participan principalmente las corporaciones transnacionales. Mientras tanto, los Estados Unidos han llevado a India al panel de disputas de la OMC para objetar sus restricciones a la importación de alimentos.
En ciertos casos, los mercados son capturados por otros medios. En agosto de 1998, las reservas de aceite de mostaza en Delhi fueron misteriosamente adulteradas. La adulteración se limitó a Delhi, pero no a una marca específica, lo que indicaba que no se trataba del trabajo de una empresa de negocios o de una operadora comercial en particular. Más de 50 personas murieron. El gobierno prohibió todo procesamiento local del aceite y anunció la libre importación de aceite de soya. Millones de personas que extraían aceite en diminutos molinos ecológicos de prensa en frío, perdieron sus medios de sustento. Los precios de las semillas oleaginosas locales colapsaron a menos de un tercio de sus niveles anteriores. En Sira, en el estado de Karnataka, los agentes de policía dispararon a los agricultores que protestaban por la caída de los precios de las semillas oleaginosas.
La absorción de la soya importada en el mercado indio, es un claro ejemplo del imperialismo sobre el cual se basa la globalización. Un cultivo exportado desde un solo país por una o dos corporaciones reemplazó a cientos de alimentos y productores de alimentos y destruyó la diversidad cultural y biológica, y la democracia económica y política. Ahora, los pequeños molinos ya no están en condiciones de atender a los pequeños agricultores y a los consumidores pobres con aceites comestibles asequibles, saludables y culturalmente apropiados. Los agricultores han sido despojados de su libertad de escoger qué cultivar, mientras que los consumidores han sido despojados de su libertad de escoger qué comer.

CREANDO HAMBRE CON LOS MONOCULTIVOS

Las corporaciones químicas globales, recientemente transformadas en corporaciones para las ``ciencias de la vida,'' declaran que sin ellas y sus productos patentados el mundo no puede ser alimentado.
Como anunció la Monsanto en Europa, a través de su campaña publicitaria de 1.6 millones de dólares:

Preocuparse por las generaciones hambrientas del futuro no les dará de comer. La biotecnología de los alimentos lo hará. La población mundial está creciendo rápidamente, añadiendo al globo el equivalente de una China cada diez años. Para alimentar a estos mil millones de bocas adicionales, podemos tratar de extender nuestras tierras agrícolas o exprimir más cosechas de los cultivos existentes. Con la población destinada a duplicarse alrededor del año 2030, esta fuerte dependencia en la tierra no puede sino agravarse. La erosión del suelo y el agotamiento de minerales extenuarán la tierra. Regiones como las selvas lluviosas tendrán que ser destinadas a la agricultura. El uso de fertilizantes, insecticidas y herbicidas aumentará a nivel global. Ahora, en Monsanto, creemos que la biotecnología alimentaria es una mejor manera para enfrentar al futuro.[11]

Pero la alimentación es necesaria para todas las especies vivas. Es por ello que Taittreya Upanishad hace un llamado a los humanos para que alimenten a todos los seres en sus zonas de influencia.
La agricultura industrial no ha producido más comida. Ha destruido las diversas fuentes de alimentos y ha sustraído comida a otras especies para llevar mayores cantidades de mercancías específicas al mercado, luego de usar en el proceso cantidades gigantescas de combustibles fósiles, agua y químicos tóxicos.
A menudo se afirma que las llamadas variedades milagrosas de la Revolución Verde en la agricultura industrial moderna han prevenido la hambruna porque tuvieron mayores rendimientos. Sin embargo, estos rendimientos mayores desaparecen en el contexto del rendimiento total de cultivos en granjas. Las variedades de la Revolución Verde produjeron más granos desviando la producción de la paja. Esta ``partición'' fue lograda reduciendo el tamaño de las plantas, lo que a la vez permitió resistir altas dosis de fertilizantes químicos.
Sin embargo, menos paja implica menos forraje para el ganado y menos materia orgánica para el suelo para alimentar a los millones de organismos que lo forman y lo rejuvenecen. Así, se consiguieron producciones más altas de trigo y maíz fueron logrados sustrayendo alimento de los animales de granja y de los organismos del suelo. Debido a que el ganado y las lombrices son nuestros compañeros en la producción alimenticia, sustraer sus alimentos hace que sea imposible mantener la producción alimentaria en el tiempo, e implica que los incrementos parciales en rendimientos parciales no sean sostenibles.
El incremento del rendimiento de maíz y trigo en la agricultura industrial también se logró a costa de los rendimientos de otros alimentos producidos en granjas pequeñas. Fréjoles, legumbres, frutas y hortalizas desaparecieron, tanto de las granjas, como de las estadísticas de rendimientos. A los mercados nacionales e internacionales llegaron más granos de dos o tres mercancías, pero las familias de agricultores del Tercer Mundo comieron menos.
La ganancia en ``rendimiento'' de los cultivos producidos industrialmente se basa entonces en la sustracción de alimentos de otras especies y de los campesinos pobres del Tercer Mundo. Es por ello que, mientras aumenta la producción y el comercio global de granos, hay más gente hambrienta en el Tercer Mundo. Los mercados globales tienen más mercancías para comerciar porque los alimentos han sido saqueados de los pobres y de la naturaleza.
La productividad en las prácticas agrícolas tradicionales siempre ha sido alta si se toma en cuenta que se requieren muy pocos insumos externos. A pesar de que la Revolución Verde ha sido promocionada por haber incrementado la productividad en términos absolutos, cuando se toma en cuenta el uso de los recursos, ha demostrado ser contraproductiva e ineficiente.
Quizá unos de los mitos más falaces propagados por los defensores de la Revolución Verde es la aseveración que las variedades de alto rendimiento han reducido el área de cultivado, preservando así millones de hectáreas de biodiversidad. Pero en India, en lugar de más tierra destinada a la conservación, los cultivos industriales en realidad aumentan la presión sobre la tierra, ya que cada hectárea de monocultivo proporciona un solo producto y los productos desplazados deben ser cultivados en hectáreas adicionales, o hectáreas ``sombra.''[12]
Un estudio que compara los policultivos tradicionales con los monocultivos industriales muestra que un sistema de policultivos puede producir 100 unidades de alimentos en 5 unidades de insumos, mientras que un sistema industrial requiere 300 unidades de insumos para producir las mismas 100 unidades. Las 295 unidades de insumos desperdiciados podrían haber proporcionado 5.900 unidades de alimentos adicionales. El sistema industrial, por ende, conduce a la pérdida de 5,900 unidades de alimentos. Se trata de una receta para que la gente pase hambre, no para alimentarla.[13] El desperdicio de recursos genera hambre. Al desperdiciar recursos a través de monocultivos unidimensionales mantenidos con aportes externos intensivos, las nuevas biotecnologías crean inseguridad alimentaria e inanición.

LA INSEGURIDAD DE LAS IMPORTACIONES

Mientras aumentan los cultivos comerciales, como el algodón, la producción de alimentos básicos disminuye, lo que conduce al alza de los precios de los productos de primera necesidad y a la disminución del consumo por parte de los pobres. Los hambrientos se mueren, mientras que el agua y las escasas tierras son desviadas para la provisión de artículos de lujo para los consumidores ricos de los países del norte. Entre las mercancías de exportación que se están promoviendo en todos los países del Tercer Mundo, están flores, frutas, camarón y carne.
Cuando las políticas de liberalización del comercio fueron introducidas en India, en 1991, el secretario de agricultura afirmó que ``la seguridad alimentaria no es comida en el almacén, sino dólares en el bolsillo.'' Se argumenta repetidamente que la seguridad de alimentos no depende de la ``autosuficiencia'' alimentaria (comida cultivada a nivel local para consumo local), sino de la ``autodependencia'' alimentaria (comida adquirida en los mercados internacionales). Según la ideología recibida del libre comercio, las ganancias de las exportaciones de las industrias de cultivo de camarón, flores y carne financiarían la importación de alimentos. Por lo tanto, cualquier déficit originado por la desviación de la capacidad productiva del cultivo de alimentos para consumo doméstico a la producción de artículos de lujo para el consumo de los ricos clientes del norte, no sería más que un invento.
Sin embargo, la producción de camarón, flores y carne para la exportación no es ni eficiente ni sostenible en países como la India. En el caso de las flores de exportación, India gastó 1.4 mil millones de rupias en divisas para promocionar las exportaciones florícolas y ganó solamente 320 millones de rupias.[14] En otras palabras, con las ganancias de las exportaciones florícolas, India puede comprar solo una cuarta parte de los alimentos que habría podido cultivar.[15] Por lo tanto, nuestra seguridad alimentaria ha disminuido en 75 por ciento, mientras nuestro drenaje de divisas aumentó en más de mil millones de rupias.
En el caso de las exportaciones de carne, por cada dólar ganado, la India está destruyendo el equivalente a 15 dólares de funciones ecológicas desempeñadas por los animales granjeros para una agricultura sostenible. Antes de la Revolución Verde, se exportaba los productos derivados de la economía india de ganado - una economía culturalmente sofisticada y ecológicamente benigna -, como el cuero de vaca, y no el capital ecológico, es decir, el mismo ganado. Hoy en día, el dominio de la lógica de exportación en la agricultura está conduciendo a la exportación de nuestro capital ecológico, que hemos conservado durante siglos. Gigantescos mataderos y granjas agrícolas están reemplazando a la economía ganadera tradicional de India. Al matar a las vacas y exportar su carne, se está exportando la energía renovable y el fertilizante que el ganado vacuno proporciona a los granjeros de las pequeñas granjas. Estas funciones múltiples del ganado en los sistemas agrícolas han sido protegidas en la India a través de la metáfora de la vaca sagrada. Las agencias gubernamentales ingeniosamente disfrazan la matanza de vacas, que enfurecerías a muchos indios, llamándola ``carne de búfalo.''
En el caso de las exportaciones de camarón, por cada hectárea de camaronera industrial, se destruyen 200 hectáreas de ecosistemas productivos. Por cada dólar ganado en divisas de las exportaciones, tiene lugar una destrucción equivalente a 6-10 dólares en la economía local. La cosecha de camarón en piscinas de acuacultura es una cosecha robada a las comunidades de pescadores y granjeros en las regiones costaneras del Tercer Mundo. Las ganancias obtenidas de las exportación de camarón a los mercados de Estados Unidos, Japón y Europa destacan en las cifras de crecimiento económico nacional y global. Sin embargo, la destrucción del consumo de alimentos locales, de recursos hídricos del suelo, de la actividad pesquera, de la agricultura, y de los medios de sustento relacionados con las ocupaciones tradicionales en cada uno de estos sectores, no altera el valor económico global de las exportaciones de camarón; dicha destrucción se le experimenta únicamente a nivel local.
En la India, los cultivos intensos de camarón han convertido a los trechos de costas fértiles en cementerios, y han destruido la pesca y la agricultura. En Tamil Nadu y en Andhra Pradesh, mujeres pertenecientes a comunidades de pescadores y agricultores resisten el cultivo de camarón a través de la satyagraha. El cultivo de camarón de las piscinas de acuacultura destruye 15 puestos de trabajo por cada uno que crea. Destruye 5 dólares de capital ecológico y económico por cada dólar ganado en las exportaciones. Incluso estas utilidades tienen un flujo de solo tres a cinco años, luego de lo cual la industria debe trasladarse a otros lugares. La producción camaronera intensiva es una actividad no sostenible, descrita por las agencias de Naciones Unidas como una industria de ``saqueo y fuga.''
Debido a que el Banco Mundial está aconsejando a todos los países que cambien las políticas de ``alimentos primero'' a políticas de ``exportar primero,'' estos países compiten entre sí, por lo que los precios de estas mercancías de lujo colapsan. La liberalización del comercio y la reforma económica también incluyen la devaluación de las monedas. Con ello, las exportaciones son menos rentables y las importaciones son más costosas. Debido a que se le está diciendo al Tercer Mundo que suspenda la producción alimentaria y que, en lugar de ello, compre alimentos en los mercados internacionales exportando productos agrícolas comerciales, el proceso de globalización conduce a una situación en la que las sociedades agrícolas del sur se vuelven cada vez más dependientes de la importación de alimentos, pero no tienen divisas para pagar los alimentos importados. Indonesia y Rusia son dos ejemplos de países que han pasado rápidamente desde la autosuficiencia alimentaria a la hambruna por la creación de la dependencia en las importaciones y la devaluación de sus monedas.

SAQUEANDO LA COSECHA DE LA NATURALEZA

Las corporaciones globales no están solamente robando la cosecha de los agricultores. Están saqueando la cosecha de la naturaleza a través de la ingeniería genética y de las patentes sobre las formas de vida.
Los cultivos genéticamente modificados elaborados por las corporaciones entrañan graves riegos ecológicos. Cultivos como la soya Roundup Ready de la Monsanto, diseñada para ser resistente a los herbicidas, conllevan a la destrucción de la biodiversidad y al aumento del uso de pesticidas. Pueden también crear ``superhierbajos'' altamente invasivos, al transferir a estos los genes resistentes a los pesticidas. Los cultivos diseñados para ser fábricas de pesticidas - genéticamente modificados con genes de bacterias, escorpiones, serpientes y avispas, para producir toxinas y venenos - pueden poner en peligro a especies que no constituyen plagas y pueden contribuir al surgimiento de resistencias en pestes y, por ende, a la creación de ``superpestes.'' En cada aplicación de ingeniería genética, las corporaciones están sustrayendo alimentos de otras especies para poder maximizar sus ganancias.
Para asegurar las patentes sobre formas de vida y recursos vivientes, las corporaciones deben reivindicar las semillas y las plantas como que fueran sus ``invenciones'' y, por lo tanto, su propiedad. De esta manera, corporaciones como Cargill y Monsanto consideran la red vital y los ciclos de renovación de la naturaleza como ``hurtos'' a su propiedad. Durante el debate acerca del ingreso de Cargill a la India en 1992, el principal ejecutivo afirmó, ``Nosotros traemos a los agricultores indios tecnologías inteligentes que impiden que las abejas se roben el polen.''[16] Durante las United Nations Biosafety Negotiations [Negociaciones sobre Bioseguridad de Naciones Unidas], la Monsanto circulaba literatura que afirmaba que ``los hierbajos roban la luz del sol.''[17] Una visión del mundo que define la polinización como ``hurto de las abejas'' y asevera que plantas diversas ``roban'' la luz solar, es una visión cuyo objetivo es saquear la cosecha de la naturaleza, reemplazando variedades polinizadas al aire libre con semillas híbridas y estériles [también llamadas ``mulas'' genéticas ndt] y destruyendo la flora biodiversa con herbicidas como el Roundup de la Monsanto.
Esta es una visión del mundo basada en la escasez. Una visión del mundo basada en la abundancia es la visión de las mujeres de la India que dejan comida para las hormigas en el umbral de sus puertas, incluso mientras crean, con harina de arroz, el arte más maravilloso en sus kolams, mandalas y rangoli. La abundancia es la cosmovisión de las mujeres campesinas que tejen hermosos diseños de paddy [arroz] para colgarlos y ofrecércelos a los pájaros cuando estos no encuentran granos en los campos. Esta visión de abundancia reconoce que, al dar alimento a otros seres y especies, mantenemos las condiciones para nuestra propia seguridad alimentaria. Es el reconocimiento de Isho Upanishad que el universo es la creación del Poder Supremo en beneficio de (toda) la creación. Cada forma de vida individual debe aprender a gozar de sus beneficios cultivando una parte del sistema en estrecha relación con las demás especies. A ninguna especie debe permitírsele usurpar los derechos de las demás.[18] La Isho Upanishad también dice que,

un hombre egoísta que explota los recursos de la naturaleza para satisfacer sus siempre crecientes necesidades personales, no es más que un ladrón, porque usar los recursos más allá de nuestras necesidades conllevaría a utilizar recursos sobre los cuales otros tienen derechos.[19]

En la cosmovisión ecológica, cuando consumimos más de lo que necesitamos o explotamos la naturaleza con base a principios codiciosos, nos estamos involucrando en un robo. Al contrario, en la visión antivida de las corporaciones agroindustriales, la autorenovación y el autosustento de la naturaleza es el robo. Tal visión del mundo reemplaza la abundancia con la escasez, la fertilidad con la esterilidad; hace que el saqueo de la naturaleza sea un imperativo del mercado y lo esconde en el cálculo de la eficiencia y de la productividad.

DEMOCRACIA ALIMENTARIA

Lo que estamos viendo es el surgimiento del totalitarismo alimenticio, en el cual un puñado de corporaciones controlan toda la cadena alimenticia y destruyen alternativas, de manera que las personas no tengan acceso a alimentos diversos, sanos y producidos ecológicamente. Los mercados locales están siendo destruidos deliberadamente para establecer monopolios de los sistemas de alimentos y semillas. La destrucción del mercado de aceite comestible en la India y las muchas formas a través de las cuales se impide que los agricultores posean sus propias reservas de semillas, son pequeños ejemplos de una tendencia general en la que las reglas del mercado, los derechos de propiedad y las nuevas tecnologías son utilizadas para destruir alternativas benignas para el ambiente y las personas y para imponer a nivel global sistemas alimenticios que son dañinos para la naturaleza y para las personas.
La globalización y el libre comercio han dado un vuelco a la noción de los derechos. Según las nuevas reglas del comercio, el derecho a producir para uno mismo o consumir de acuerdo a prioridades culturales e intereses sobre la seguridad, se ha tornado ilegal. El derecho de las corporaciones a alimentar forzadamente a los ciudadanos del mundo con comida culturalmente inapropiada y peligrosa, se ha vuelto absoluto. El derecho al alimento, el derecho a la seguridad, el derecho a la cultura, están siendo tratados como barreras al comercio que deben ser desmantelada.
Este totalitarismo alimenticio solo puede detenerse con grandes movilizaciones ciudadanas en defensa de la democratización del sistema alimentario. Esta movilización está ganando ímpetu en Europa, Japón, India, Brasil y en otras partes del mundo.
Debemos reclamar nuestro derecho a salvaguardar a las semillas y a la biodiversidad. Debemos reclamar nuestro derecho a proteger la Tierra y sus diferentes especies. Debemos detener este saqueo corporativo de la naturaleza y de los desposeídos. La democracia alimentaria es la nueva agenda para la democracia y los derechos humanos. Es la nueva agenda para la sostenibilidad ecológica y la justicia social.

NOTAS

1. Taittreya Upanishad, Gorakhpur: Gita Press, p. 124.

2. Kali Charan Ghosh, Famines in Bengal, 1770-1943, Calcuta: Indian Associated Publishing Company, 1944.

3. Bondhayan Chattopadhyay, ``Notes Towards an Understanding of the Bengal Famine of 1943,'' Transaction, junio de 1981.

4. MARS (Mahila Atma Raksha Samiti, o Liga de Auto-Defensa de las Mujeres), Informe Político preparado para la Segunda Conferencia Anual, Nueva Delhi: Research Foundation for Science, Technology, and Ecology (RFSTE), 1944.

5. Peter Custers, Women in the Tebhaga Uprising, Calcuta: Naya prokash, 1987, p. 52.

6. Peter Custers, p. 78.

7. Festivales como Uganda, Ramanavami, Akshay Trateeya, Ekadashi Aluyana Amavase, Naga Panchami, Noolu Hunime, Ganesh Chaturthi, Rishi Panchami, Navartri, Deepavali, Rathasaptami, Tulsi Vivaha, Camparusti, y Bhoomi Puja, incluyen ceremonias alrededor de las semillas.

8. Vandana Shiva, Vanaja Ramprasad, Pandurang Hedge, Omkar Krishnan, y Radha Holla-Bhar, ``The Seed Keepers,'' Nueva Delhi: Navdanya, 1995.

9. Estas compañías son DuPont/Pioneer (EEUU), Monsanto (EEUU), Novartis (Suiza), Groupe Limagrain (Francia), Advanta (Reino Unido y Países Bajos), Guipo Pulsar/Semins/ELM (México), Sakata (Japón), KWS HG (Alemania) y Taki (Japón).

10. Victor Suares, Artículo presentado en la Conferencia Internacional sobre Globalización, Seguridad Alimentaria, y Agricultura Sostenible, julio 30-31, 1996.

11. ``Monsanto: Peddling `Life Sciences' or `Death Sciences'?'' Nueva Delhi: RFSTE, 1998.

12. ASSINSEL (Asociación Internacional de Cultivadores de Plantas), ``Feeding the 8 Billion and Preserving the Planet,'' Nyon, Suiza: ASSINSEL.

13. Francesca Bray, ``Agriculture for Developing Nations,'' Scientific American, julio de 1994, pp.33-35.

14. Business India, marzo de 1998.

15. T.N. Prakash y Tejaswini, ``Floriculture and Food Security Issues: The Case of Rose Cultivation in Bangalore,'' en Globalization and Food Security: Proceedings of Conference on Globalization and Agriculture, Vandana Shiva ed., Nueva Delhi, agosto de 1996.

16. Entrevista con John Hamilton, Sunday Observer, 9 de mayo de 1993.

17. Hendrik Verfaillie, discurso pronunciado al Forum on Nature and Human Society, National Academy of Sciences, Washington, D.C., 30 de octubre de 1997.

18. Vandana Shiva, ``Globalization, Gandhi, and Swadeshi: What is Economic Freedom? Whose Economic Freedom?'' Nueva Delhi: RFSTE, 1998.

19. Vandana Shiva, ``Globalization, Gandhi, and Swadeshi.''

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Ultima revisión Junio 1, 2003. Introducción y traducción de Paolo Catelan. Edición de Maricruz González Cárdenas. El material publicado en PanNatura está protegido por la Ley de Derechos de Autores y Editores y © Fundación Sangay 2003: El uso indiscriminado del mismo no está permitido, pero puede ser libremente circulado para fines personales, educacionales y no comerciales. PanNatura y Fundación Sangay son marcas y logos registrados. © PanNatura 2003. © Fundación Sangay 2003.


Original title, ``The Hijacking of the Global Food Supply''. Excerpt from STOLEN HARVEST, by Vandana Shiva. © 2000 by Vandana Shiva. Reprinted by arrangement with Vandana Shiva (New Delhi), South End Press (Cambridge, Massachusetts), and Ediciones Paidós (Buenos Aires). PanNature warmly thanks the personal support and recommendation of Prof David Suzuki for the successful acceptance of this initiative.


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