Con su sede central en las afueras de San Luis, Missouri (EE.UU.),
la Monsanto Chemical Company fue fundada en 1901 por John Francis
Queeny. Queeny, un químico autodidacta, llevó la tecnología de
fabricación de la sacarina, el primer edulcorante artificial, de
Alemania a los Estados Unidos. En los años 20, Monsanto se convirtió
en uno de los principales fabricantes de ácido sulfúrico y de otros
productos básicos de la industria química, y desde la década de los 40
hasta nuestros días, es una de las cuatro únicas compañías que han
estado siempre entre las 10 primeras empresas químicas de EE.UU. [1]
En los años 40, el negocio de
Monsanto giraba en torno a los plásticos y las fibras sintéticas. En
1947, un carguero francés que transportaba nitrato de amonio
(utilizado como fertilizante) explotó en un muelle a unos 90 metros de
la fábrica de plásticos de Monsanto en las afueras de Galveston, en
Tejas. Mas de 500 personas murieron en lo que llegó a ser considerado
como uno de los primeros grandes desastres de la industria química.[2]
La planta producía estireno y plásticos de poliestireno, que aún se
usan en la actualidad para envases de alimentos y otros productos de
consumo. En los años 80, la US Environmental Protection Agency (EPA-
Agencia de Protección del Medio Ambiente de EE.UU.), colocó al
poliestireno en el quinto lugar de su clasificación de productos
químicos cuya producción genera las mayores cantidades totales de
residuos peligrosos.[3]
Los PCBs
En 1929, la Swann Chemical Company, adquirida poco después por
Monsanto, desarrolló los bifenilos policlorados (PCBs por sus siglas
en inglés), que fueron muy alabados por su extraordinaria estabilidad
química y su ininflamabilidad. Su uso más frecuente se dió en la
industria de equipos eléctricos, que escogió los PCBs como
refrigerantes incombustibles de una nueva generación de
transformadores. En el transcurso de los años 60, los compuestos de la
cada vez más numerosa familia de los PCBs de Monsanto fueron también
usados como lubricantes, líquidos hidráulicos, aceites lubricantes de
herramientas, revestimientos impermeables y selladores líquidos. Las
pruebas de los efectos tóxicos de los PCBs se remontan a los años 30,
y científicos suecos que estudiaban los efectos biológicos del DDT
comenzaron a hallar concentraciones significativas de PCBs en la
sangre, pelo y tejidos grasos de los animales salvajes en la década de
los 60.[4]
La investigación durante los años 60
y 70 reveló que los PCBs y otros compuestos organoclorados aromáticos
eran carcinógenos poderosos, y también los relacionó con un amplio
conjunto de trastornos reproductivos, de desarrollo y del sistema
inmunológico.[5] La afinidad química de estos compuestos por las
grasas es responsable de sus enormes tasas de acumulación y
bioconcentración, así como de su expansión a través de la cadena
alimenticia marina en el Norte del mundo. El bacalao ártico, por
ejemplo, presenta concentraciones de PCBs 48 millones de veces mayores
que las de las aguas en las que vive, y los mamíferos predadores, como
el oso polar, pueden albergar concentraciones que superan en más de 50
veces las del bacalao. Aunque la fabricación de PCBs se prohibió en
los Estados Unidos en 1976, sus efectos tóxicos y perturbadores del
sistema endocrino persisten en todo el mundo.[6]
El centro mundial de producción de
PCBs era la planta de Monsanto en las afueras de East St Louis,
Illinois. East St Louis es un suburbio con un empobrecimiento crónico,
situado en la orilla del río Mississippi opuesta a St Louis, y
flanqueado por dos grandes plantas metalúrgicas, además de las
instalaciones de Monsanto. El escritor sobre temas educativos Jonathan
Kozol afirma que ``East St Louis tiene algunos de los niños más
enfermos de América.'' Kozol informa que la ciudad tiene la tasa más
alta de muerte fetal y de nacimientos prematuros del estado, la
tercera tasa más alta de mortalidad infantil, y uno de los índices más
altos de asma infantil en los EE.UU.[7]
Dioxinas: Una herencia de contaminación
Los habitantes de East St Louis continúan soportando los horrores
de una alta exposición a productos tóxicos, la pobreza, el deterioro
de la infraestructura urbana, y el colapso de incluso los más básicos
servicios públicos, pero la cercana ciudad de Times Beach, Missouri,
fue evacuada en 1982 por orden del gobierno de los EE.UU., debido a
que estaba totalmente contaminada con dioxinas. Al parecer, el
ayuntamiento, así como varios propietarios privados, pagaron a un
contratista para que regara sus calles con aceites de deshecho para
mantener el polvo pegado al suelo. El mismo contratista había sido
contratado por empresas químicas locales para vaciar sus tanques de
lodos contaminados con dioxinas. Cuando 50 caballos, otros animales
domésticos y cientos de pájaros silvestres murieron en una plaza
cubierta que había sido regada con el aceite, se ordenó una
investigación que acabó relacionando las muertes con la dioxina de los
tanques de lodos químicos.[8] Dos niñas que jugaban en la plaza
cayeron enfermas, y una de ellas fué hospitalizada durante cuatro
semanas con una importante afección renal, y muchos más niños nacidos
de madres expuestas al aceite contaminado con dioxina dieron pruebas
de anormalidades en el sistema inmunológico y de disfunción cerebral
significativa.[9]
Si bien Monsanto ha negado siempre
cualquier relación con el incidente de Times Beach, el grupo Times
Beach (TBAG), con sede en San Luis, reveló informes de laboratorio que
demostraban la presencia de grandes concentraciones de PCBs fabricados
por Monsanto en muestras de suelo contaminado de la ciudad.[10] Steve
Taylor, del TBAG, explica que ``Desde nuestro punto de vista, Monsanto
está en el meollo del problema aquí en Missouri.'' Taylor reconoce que
muchas cuestiones acerca de Times Beach y otros lugares contaminados
de la región siguen sin respuesta, pero cita pruebas de que las
investigaciones detalladas del lodo con que se regó Times Beach se
limitaron a aquellas fuentes que procedían de compañías diferentes a
Monsanto.
El encubrimiento del caso ``Times
Beach'' alcanzó a los niveles más altos de la administración Reagan
entonces en el poder. Las agencias medioambientales durante la época
de Reagan se hicieron célebres por los repetidos acuerdos de tapadillo
de sus funcionarios con representantes de la industria, en virtud de
los cuales, las empresas se beneficiaban de tolerancia ante la ley y
de multas muy rebajadas. La administradora de la EPA, nombrada por
Reagan, Anne Gorsuch Burford, fue obligada a dimitir tras dos años en
el cargo, y su asistente especial, Rita Lavelle, fue encarcelada seis
meses por perjurio y obstrucción a la justicia. La Casa Blanca de los
tiempos de Reagan ordenó a Burford que no entregara documentos sobre
Times Beach y otros lugares contaminados en los Estados de Missouri y
Arkansas, alegando ``privilegio ejecutivo,'' y mas adelante, Lavelle
fué llamada a declarar por haber destruido importantes documentos.[11]
Un periodista de investigación para el periódico Philadelphia
Inquirer identificó a Monsanto como una de las compañías químicas
cuyos ejecutivos organizaban frecuentes comidas y cenas con
Lavelle.[12] La evacuación solicitada por los residentes de Times
Beach se aplazó hasta 1982, once años después del descubrimiento de la
contaminación, y ocho años después de que se identificara a la dioxina
como la causa de la misma.
La relación de Monsanto con la
dioxina se remonta a la fabricación del herbicida 2,4,5-T, que comenzó
a finales de la década de los 40. ``Casi inmediatamente, los
trabajadores comenzaron a enfermar, con erupciones en la piel, dolores
inexplicables en las extremidades, articulaciones y otras partes del
cuerpo, debilidad, irritabilidad, nerviosismo y pérdida del deseo
sexual,'' explica Peter Sills, autor de un libro sobre la dioxina a
punto de aparecer. ``Documentos internos muestran que la compañía
sabía que aquellas personas estaban realmente tan enfermas como
decían, pero la empresa mantuvo todas las pruebas ocultas''.[13] Una
explosión en la planta de herbicidas Nitro de Monsanto en West
Virginia en 1949, atrajo aún más atención sobre estas quejas. El
contaminante responsable de las dolencias de los trabajadores no fué
identificado como dioxina hasta 1957, pero antes de esa fecha, los
especialistas en guerra química del ejército de los EE.UU. se habían
interesado por dicha sustancia como una posible arma química. A
consecuencia de una petición de la revista St Louis Journalism
Review, invocando la Ley de la Libertad de Información de EE.UU.,
se descubrieron casi 600 páginas de informes y correspondencia entre
Monsanto y los especialistas en guerra química del ejército de los
EE.UU. sobre este subproducto de la fabricación de herbicidas; algunos
de estos documentos eran de 1952.[14]
Agente Naranja: El envenenamiento de Vietnam
El herbicida conocido como Agente Naranja, que fue usado por las
fuerzas militares de los EE.UU. para defoliar los ecosistemas de selva
tropical de Vietnam durante los años 60, era una mezcla de 2,4,5-T y
2,4-D que provenía de varias fuentes, pero el Agente Naranja de
Monsanto tenía concentraciones de dioxina muchas veces superiores al
producido por Dow Chemical, el otro gran productor del defoliante.
Esto convirtió a Monsanto en el principal acusado en la demanda
interpuesta por veteranos de la guerra del Vietnam, que experimentaron
un conjunto de síntomas de debilidad atribuibles a la exposición al
Agente Naranja. Cuando en 1984 se alcanzó un acuerdo de indemnización
por valor de 180 millones de dólares entre siete compañías químicas y
los abogados de los veteranos, el juez ordenó a Monsanto pagar el
45,5% del total.[15]
En los años 80, Monsanto emprendió
una serie de estudios con el fin de minimizar su responsabilidad, no
sólo en la causa del Agente Naranja, sino en reiterados casos de
contaminación de sus trabajadores en su planta de West Virginia. Un
caso judicial de tres años y medio de duración, derivado de una
denuncia de trabajadores ferroviarios expuestos a la dioxina a
consecuencia de un descarrilamiento, reveló la existencia de datos
manipulados y diseño experimental engañoso en dichos estudios. Un
funcionario de la EPA concluyó que los estudios fueron manipulados
para apoyar la posición de Monsanto, que defendía que los efectos de
la dioxina se limitaban al cloracné (una enfermedad de la piel).[16]
Los investigadores de Greenpeace Jed Greer y Kenny Bruno describen el
resultado: ``De acuerdo con testimonios dados en el juicio, Monsanto
clasificó mal a trabajadores expuestos y no expuestos, borró
arbitrariamente varios casos claves de cáncer, no verificó la
clasificación de pacientes con cloracné según los criterios comunes de
dermatitis industrial, no dió seguridades de que los registros
aportados no estuvieran manipulados e hizo falsas afirmaciones sobre
la contaminación por dioxina en los productos de Monsanto.''[17]
El caso judicial, en el cual el
jurado condenó a Monsanto a un total de 16 millones de dólares en
concepto de multa y compensación por daños, reveló que muchos de los
productos de la compañía, desde herbicidas caseros al germicida
Santophen, utilizado en tiempos en el desinfectante
Lysol, estaban contaminados con dioxina y que esta
contaminación se conocía. ``Las declaraciones de los ejecutivos de
Monsanto en el juicio pusieron de manifiesto una cultura empresarial
en la que las ventas y los beneficios tenían prioridad sobre la
seguridad de los productos y de los trabajadores,'' informó el
periódico Toronto Globe and Mail (Canadá) tras el final del
juicio.[18] Como explica el autor Peter Sills, ``simplemente no se
preocupaban de la salud y la seguridad de sus trabajadores''; ``En vez
de intentar mejorar la seguridad, acudieron a la intimidación y
amenazaron con despidos para mantener a sus empleados trabajando.''
Una revisión posterior del Dr. Cate
Jenkins, de la EPA's Regulatory Development Branch, puso de manifiesto
una relación aún más sistemática de casos de ciencia fraudulenta. El
Dr. Jenkins informó en un memorandum en 1990 que ``Monsanto remitió
información falsa a la EPA, cuyo resultado fueron normativas más laxas
en las leyes de regulación (Resources Conservation and Recovery Act y
Federal Insecticide, Fungicide and Rodenticide Act),'' al tiempo que
urgía a la Agencia a que emprendiera una investigación criminal de la
compañía. Jenkins citó documentos internos de Monsanto que revelaban
que la compañía ``adulteró'' muestras de herbicidas que se remitieron
al Departamento de Agricultura de los EE.UU., se escudó en argumentos
de la ``química de los procesos'' para desviar los intentos de regular
el 2,4-D y varios clorofenoles, ocultó pruebas sobre la contaminación
del Lysol, y excluyó a varios cientos de sus antiguos empleados más
enfermos de sus estudios comparados de salud.[19]
Monsanto ocultó la contaminación con
dioxina de muchos de sus productos. En unos casos, Monsanto no informó
de la contaminación, en otros dio información falsa con el fin de
demostrar que no existía contaminación y, por último, en algunos
casos, remitió muestras para que las analizara el gobierno que habían
sido preparadas para que la contaminación con dioxina no
existiera.
Roundup: El herbicida más vendido del mundo
Hoy día los herbicidas de glifosato, tales como el Roundup,
representan al menos una sexta parte de las ventas anuales totales de
Monsanto, y la mitad de los ingresos por operaciones de la
compañía,[20] o quizá algo más desde que la compañía segregó sus
actividades de productos químicos industriales y tejidos sintéticos en
una empresa aparte, llamada Solutia (en septiembre de 1997). Monsanto
promociona agresivamente el Roundup como un herbicida seguro y de uso
general en cualquier lugar, desde céspedes y huertos hasta grandes
bosques de coníferas, donde se utiliza la fumigación aérea para
impedir el crecimiento de plantones de frondosas y matorrales, y
favorecer así el crecimiento de árboles rentables como abetos y
piceas.[21] La organización North West Coalition for Alternatives to
Pesticides (NCAP), con sede en Oregón, revisó mas de 40 estudios
científicos sobre los efectos del glifosato y de las aminas
polioxietilénicas (usadas como agentes tensioactivos en el Roundup), y
concluyó que el herbicida es mucho menos inocuo de lo que dicen los
anuncios de Monsanto. [Más sobre
el Roundup en el artículo de J. Mendelson]
En 1997, Monsanto respondió a cinco
años de quejas del fiscal general del estado de Nueva York de que sus
anuncios del Roundup eran engañosos, cambiando sus anuncios en el
sentido de borrar las referencias a la ``biodegradabilidad'' y al
carácter ``ambientalmente positivo'' del herbicida. La empresa hubo de
pagar 50.000 dólares de costas en el caso.[22]
En marzo de 1998, Monsanto accedió a
pagar una multa de 225.000 dólares por etiquetar mal contenedores de
Roundup en 75 ocasiones diferentes. La multa fue la mayor cantidad
jamás pagada por violar las normas de protección de los trabajadores
contenidas en la FIFRA (Federal Insecticide, Fungicide and Rodenticide
Act). Según el diario Wall Street Journal, Monsanto distribuyó
contenedores del herbicida, con etiquetas restringiendo la entrada en
las áreas tratadas con dicho herbicida, sólamente durante cuatro horas
en lugar de las 12 horas necesarias.[23]
Esta es la última de una serie de
grandes multas y decisiones judiciales contra Monsanto en los EE.UU.,
incluyendo 108 millones de dólares por responsabilidad en el caso de
la muerte por leucemia de un empleado tejano en 1986, una
indemnización de 648.000 dólares por no comunicar a la EPA unos datos
sanitarios que le fueron requeridos en 1990, una multa de 1 millón
impuesta por el fiscal general del estado de Massachusetts en 1991 por
el vertido de unos 750.000 litros de agua residual ácida, otra
indemnización de 39 millones en Houston (Tejas), por depositar
productos peligrosos en pozos sin aislamiento, y muchos otros
casos.[24] En 1995, Monsanto era la quinta empresa de EE.UU. en el
inventario de vertidos tóxicos de la EPA, con 16,8 millones de kg de
productos químicos tóxicos descargados en tierra, aire, agua y
subsuelo.[25]
Los productos farmaceúticos de
Monsanto tienen también un historial inquietante. El producto estrella
de la compañía farmaceútica GD Searle, subsidiaria de Monsanto, es el
edulcorante artificial ``aspartame'', vendido bajo los nombres
comerciales de Nutrasweet y Equal. En 1981, cuatro años antes de que
Monsanto comprase Searle, un comité consultivo de la FDA (Food Drug
Administration) compuesto por tres científicos independientes,
confirmó informes que habían estado circulando desde hacía ocho años,
y que afirmaban que ``el aspartame podría inducir tumores
cerebrales.'' La FDA retiró a Searle la licencia de venta del
aspartame, pero esta decisión fué anulada por un nuevo comisionado
nombrado por el presidente Ronald Reagan.
Un estudio de 1996 publicado en la
revista científica Journal of Neuropathology and Experimental
Neurology ha suscitado de nuevo la preocupación, relacionando el
aspartame con un incremento súbito de cánceres cerebrales a poco de
introducirse la substancia. El Dr. Erik Millstone, de la Unidad de
Investigación sobre Política Científica de la Universidad de Sussex
(Inglaterra), cita una serie de informes de los años 80, que
relacionan el aspartame con un conjunto amplio de reacciones adversas
en consumidores sensibles, incluyendo dolores de cabeza, visión
borrosa, entumecimiento, pérdida de audición, espasmos musculares y
ataques inducidos de tipo epiléptico, entre otras muchas.[27] En 1989,
Searle tuvo de nuevo problemas con la FDA,[28] que acusó a la empresa
de publicidad engañosa en el caso de su medicina antiúlcera,
Cytotec. La FDA dijo que los anuncios estaban dirigidos a una
población mucho más amplia y joven de lo que había aconsejado la
agencia (FDA). Se le exigió a Searle/Monsanto que retirara de varias
revistas médicas un anuncio con el titulo ``Publicado para corregir un
anuncio previo que la FDA consideró engañoso.''[29]
El ``Mundo Feliz'' de la biotecnología
La agresiva promoción que Monsanto realiza de sus productos
biotecnológicos, desde la hormona recombinante del crecimiento bovino
(rBGH) a la soja ``Roundup Ready'' y a sus variedades de algodón
resistentes a los insectos, resulta a ojos de cualquier observador
como una continuación de sus largas décadas de prácticas éticamente
discutibles.
Originalmente, Monsanto fue una de
las cuatro empresas que querían poner en el mercado una hormona
sintética del crecimiento bovino, producida por la bacteria E. coli
manipulada genéticamente para producir la proteína bovina. Otra de las
empresas fué American Cyanamid, ahora propiedad de American Home
Products, la cual está en un proceso de fusión con Monsanto. Como
describe en esta revista Jennifer Ferrara, el esfuerzo de Monsanto,
que duró 14 años, para lograr la aprobación de la FDA a la
comercialización de la BGH recombinante, estuvo lleno de
controversias, llegándose a denunciar un esfuerzo coordinado para
suprimir información sobre los efectos perjudiciales de la hormona. Un
veterinario de la FDA, Richard Burroughs, fue despedido después de
acusar a la empresa y a la agencia de suprimir y manipular datos para
ocultar los efectos de la rBGH en la salud de las vacas
lecheras.[30]
En 1990, cuando parecía inminente la
aprobación de la rBGH por parte de la FDA, un patólogo veterinario del
laboratorio de investigación agraria de la Universidad de Vermont,
proporcionó a dos legisladores del estado varios datos anteriormente
suprimidos, que describían un aumento significativo en las tasas de
infección de ubres en vacas inyectadas con la hormona (entonces
experimental) de Monsanto, además de una incidencia anormal en los
defectos de nacimiento consistentes en graves deformaciones en los
descendientes de las vacas tratadas con rBGH.[31] Una revisión
independiente de los datos de la Universidad realizada por un grupo
regional de defensa de los agricultores, denunció nuevos problemas de
salud para las vacas debidos a la rBGH, como gran incidencia de
lesiones en pezuñas y patas, dificultades reproductivas y metabólicas
e infecciones uterinas. La GAO (US Congress's General Accounting
Office), intentó investigar el caso, pero no pudo obtener los
documentos necesarios de Monsanto y de la Universidad que le
permitiera llevar a cabo su investigación, en concreto respecto a los
efectos teratogénicos y embriotóxicos que se sospechaban. La GAO
concluyó que las vacas inyectadas con la rBGH tenían tasas de mastitis
(infección de las ubres) superiores en un tercio a las vacas sin
tratar, y recomendó que se investigará más el riesgo de niveles
elevados de antibióticos en la leche producida usando rBGH.[32]
La hormona de Monsanto se aprobó por
la FDA para su venta comercial a principios de 1994. El año siguiente,
Mark Kastel, de la Unión de Agricultores de Wisconsin, hizo público un
estudio de las experiencias de los granjeros de Wisconsin con la
droga. Sus hallazgos excedieron los 21 problemas potenciales de salud
que Monsanto fué obligada a incluir en la etiqueta de advertencia de
su marca Posilac (nombre comercial de la rBGH). Kastel halló muchos
informes de muertes espontáneas entre vacas tratadas con rBGH, alta
incidencia de infecciones de ubres, graves dificultades metabólicas y
problemas en los partos, y, en algunos casos, imposibilidad de apartar
a las vacas tratadas de la substancia, a la que se habían habituado.
Muchos ganaderos experimentados que usaron la rBGH tuvieron que
reemplazar de repente una buena parte de sus rebaños.[33] En lugar de
responder a las causas de las quejas de los ganaderos sobre la rBGH,
Monsanto emprendió la ofensiva, amenazando con querellarse contra las
pequeñas empresas lecheras que anunciaban sus productos como libres de
la hormona artificial, y participando en una demanda interpuesta por
varias asociaciones industriales de comercio contra la primera (y
única) ley de etiquetado obligatorio para la rBGH en los EEUU.[34]
Todo ello mientras aumentaban las pruebas de los efectos perjudiciales
de la rBGH en la salud de las vacas y de las personas.[35]
La soja ``Roundup-Ready''
Los esfuerzos para impedir el etiquetado de las exportaciones
estadounidenses de soja y maíz manipulados genéticamente, parecen
indicar que Monsanto sigue aplicando las tácticas ingeniadas por la
compañía para sofocar las quejas contra la hormona de la leche. Si
bien Monsanto argumenta que su soja ``Roundup Ready'' (conocida
también por su abreviatura RRS) acabará por reducir el consumo de
herbicidas, el uso generalizado de variedades de cultivos tolerantes a
los herbicidas significará, más bien, un aumento de la dependencia de
los agricultores del herbicida. Las malas hierbas que aparecen
después de que el herbicida original se haya dispersado o degradado,
se tratan a menudo con más aplicaciones de herbicida36. ``Esto
aumentará el uso del herbicida,'' declaró Bill Christison, un
agricultor de soja de Missouri a Kenny Bruno de Greenpeace
Internacional. ``Si hay algo que ayude a vender la RRS es el hecho de
que se puede cultivar un área llena de malas hierbas y usar productos
químicos para combatir el problema, lo cual no es lo que se debería
hacer.''[37] Christison refuta la afirmación de Monsanto de que las
semillas resistentes a los herbicidas son necesarias para reducir la
erosión del suelo fruto del laboreo excesivo, y cuenta que los
agricultores del Medio Oeste han desarrollado numerosos métodos
propios para reducir el uso total de herbicidas.
Por otra parte, Monsanto ha aumentado
su producción de Roundup en los últimos años. Con la patente de
Roundup en los EE.UU. a punto de expirar (año 2000), y con una
competencia de productos genéricos de glifosato surgiendo en todo el
mundo, el ``paquete'' de herbicida Roundup y semillas ``Roundup
Ready'' se ha convertido en la piedra angular de la estrategia de
Monsanto para seguir aumentando sus ventas de herbicida.[38] Los
posibles efectos ambientales y sanitarios de los cultivos tolerantes
al Roundup no han sido investigados completamente; por ejemplo, los
efectos alergénicos, el caracter invasivo o de mala hierba de estos
cultivos y la posibilidad de que la resistencia al herbicida se
transfiera via polen a otras semillas de soja o a otras plantas
emparentadas.[39]
Mientras que los problemas con la
soja resistente a herbicidas son despreciados como algo muy genérico y
especulativo, la experiencia de los algodoneros estadounidenses con
las semillas manipuladas genéticamente por Monsanto constituye una
historia muy diferente. Desde 1996 Monsanto ha sacado dos variedades
de algodón manipulado genéticamente; una es una variedad resistente al
Roundup, y la otra, llamada ``Bollgard'', segrega una toxina
bacteriana para controlar los daños producidos por tres plagas
importantes del algodón. La toxina, derivada del Bacillus
thuringiensis (B.t.), se ha utilizado por los agricultores ecológicos
desde los primeros años 70 en forma de un aerosol natural bacteriano.
Pero a diferencia de las bacterias B.t., que viven relativamente poco
y segregan su toxina en una forma que sólo se activa en los sistemas
digestivos alcalinos de ciertos gusanos y orugas, los cultivos
B.t. modificados genéticamente segregan una forma activa de la toxina
a lo largo del ciclo vital de la planta.[40] Gran parte del maíz
genéticamente manipulado del mercado es una variedad con capacidad de
segregar esta toxina bacteriana, ideada para repeler al gusano de la
raíz del maíz y a otras plagas comunes.
El primer problema, ampliamente
predicho, de estos cultivos que segregan plaguicidas es que la
presencia de la toxina en todo el ciclo vital de la planta favorece la
aparición de cepas resistentes al B.t. entre los insectos. La EPA de
los EE.UU. ha determinado que una resistencia extendida al B.t. puede
convertir en inefectivas las aplicaciones naturales de la bacteria
B.t. en apenas tres o cinco años, y pide a los agricultores que
planten hasta un 40% de sus cultivos con algodón no manipulado
genéticamente, para que sirva de ``refugio'' a los insectos y evitar
la aparición de resistencias al B.t.. En segundo lugar, la toxina
segregada por estas plantas puede dañar a insectos beneficiosos,
además de aquellas otras especies que los agricultores quieren
eliminar.[41]
Pero los efectos nocivos del algodón
``Bollgard'' han resultado ser mucho más rápidos de lo esperado, tanto
que Monsanto y sus socios han retirado del mercado mas de 2 millones
de kilos de semillas de algodón manipuladas genéticamente, y han
acordado pagar a los cultivadores del Sur de los EE.UU. una
indemnización de muchos millones de dólares. Tres agricultores que
rechazaron el acuerdo con Monsanto consiguieron que el ``Missisippi
Seed Arbitration Council'' les compensara con 2 millones de
dólares.[42] De acuerdo con varios testimonios publicados, las plantas
no sólo fueron atacadas por el gusano de la bola del algodón (al
que,según Monsanto, eran resistentes), sino que la germinación fue
desigual, los rendimientos fueron bajos y las plantas eran deformes,
de acuerdo con varios testimonios publicados.[43] Algunos agricultores
informaron de pérdidas de hasta el 50% de la cosecha. Los agricultores
que plantaron el algodón de Monsanto resistente al Roundup tuvieron
también cosechas muy escasas, con vainas deformes del algodón, que se
desprendían de repente de la planta pasadas las tres cuartas partes
del período de crecimiento.[44]
A pesar de estos problemas, Monsanto
sigue fomentando el uso de la ingeniería genética en la agricultura al
tomar el control de muchas de las mayores y mas establecidas empresas
de semillas en los EE.UU. Monsanto es ya el dueño de ``Holdens
Foundation Seeds'', que suministra el germoplasma utilizado en un
25-35 % de la superficie de los maizales de EE.UU., y de ``Asgrow
Agronomics'', la cual es descrita por la propia Monsanto como ``el
primer productor, mejorador y distribuidor de semillas de soja en los
EE.UU.''[45] En la primavera de este año (1998), Monsanto completó su
adquisición de ``Dc Kaib Genetics'', la segunda gran compañía de
semillas de los EE.UU. y la novena del mundo, así como de ``Delta and
Pine Land'', la mayor compañía de semilla de algodón del país.[46] Con
estas dos adquisiciones, Monsanto controla ahora el 85% del mercado
estadounidense de semillas de algodón.[47]
La compañía sigue también en otros
países esta agresiva política de adquisiciones de empresas y de venta
de productos. En 1997, Monsanto compró ``Sementes Agroceres S.A.'',
descrita como ``la principal empresa de semillas de maíz de Brasil,''
con una cuota de mercado del 30%.[48] A principios de este año (1998),
la Policía Federal de Brasil investigó una denuncia de importación
ilegal de al menos 200 sacos de judías de soja transgénica, algunos de
las cuales provenían de una filial argentina de Monsanto.[49] Según la
ley brasileña, los productos transgénicos extranjeros solo pueden
entrar en el país tras un período de cuarentena y de pruebas para
prevenir posibles daños a la flora nativa. En Canada, Monsanto tuvo
que retirar 60.000 sacos de semilla de colza de transgénica (conocida
como ``canola'') en 1997. Al parecer, el cargamento de semillas
resistentes al Roundup contenía un gen insertado distinto del que
había sido aprobado para su consumo humano y animal.[50]
Shapiro, el fabricante de imagen
Con esta larga e inquietante historia, se entiende porqué muchos
ciudadanos informados de Europa y EE.UU. se resisten a confiar a
Monsanto el futuro de nuestra comida y nuestra salud. Pero Monsanto
hace todo lo que puede para aparecer como no afectado por esta
oposición. A través de iniciativas como su masiva campaña publicitaria
en Gran Bretaña, su patrocinio de una nueva exposición de alta
tecnología con el tema de la Biodiversidad en el Museo Americano de
Historia Natural de Nueva York, y muchas otras, está intentando
aparecer mas verde, mas justa y con mas visión de futuro que sus
propios opositores.
En los EE.UU. está manteniendo su
imágen, y probablemente influyendo en las políticas que le afectan,
con el apoyo de personas en los niveles mas altos de la administración
de Clinton. En mayo de 1997, Mickey Kantor, artífice de la campaña
electoral de Clinton en 1992 y Representante de Comercio de los
EE.UU. durante el primer mandato de Clinton, fué elegido para ocupar
un asiento en el Comité de Directores de Monsanto. Marcia Hale,
antigua asistente personal del presidente, ha sido una ejecutiva de
relaciones públicas de Monsanto en Gran Bretaña51. El Vicepresidente
Al Gore, que es muy conocido por sus discursos y textos sobre el medio
ambiente, ha sido un partidario abierto de la biotecnología al menos
desde su época de senador.[53] El asesor principal de política
interior de Gore, David W. Beier, había sido antes Director de Asuntos
Gubernamentales de Genentech, Inc..[53]
Bajo el CEO (presidente) Robert
Shapiro, Monsanto ha apartado todos los obstáculos para transformar su
imagen de un suministrador de productos químicos peligrosos en una
institución ilustrada y con visión de futuro, que lucha para alimentar
al mundo. Shapiro, que entró a trabajar para GD Searle en 1979 y se
convirtió en el presidente de su grupo Nutrasweet en 1982, forma parte
del comité asesor presidencial para política comercial y
negociaciones, y fue durante un mandato miembro de la White House
Domestic Policy Review.[54] Se describe a sí mismo como un
visionario y un hombre renacentista, encargado de la misión de usar
los recursos de la compañía para cambiar el mundo. La única razón para
trabajar en una gran compañía es que, así, uno tiene la capacidad de
hacer cosas realmente importantes a gran escala,'' son declaraciones
que él mismo hizo a un periodista de Business Ethics, la
revista estrella de la organización ``Socially Responsible Business''
de EEUU.[55]
Shapiro alberga pocas ilusiones sobre
la reputación de Monsanto en los Estados Unidos, y muchas veces narra
con simpatía el dilema de muchos empleados de Monsanto, los hijos de
cuyos vecinos podrían dar un respingo al enterarse de dónde
trabajaban. Está ansioso por demostrar que no desentona del extendido
deseo de un cambio sistémico y está dispuesto a redirigir dicho deseo
hacia los fines de su empresa, como declaró en una entrevista para la
revista Harvard Business Review: ``No es un problema de buenos
y malos. No sirve para nada decir `si los malos se fueran, entonces el
mundo iría bien'; es el sistema entero el que ha de cambiar; hay una
gran oportunidad para reinventarlo.''[56]
Por descontado que el sistema
``reinventado'' de Shapiro es tal que no sólo continúan existiendo las
grandes empresas, sino que además éstas ejercen cada vez un mayor
control sobre nuestras vidas. Pero últimamente se nos dice que
Monsanto se ha reformado, que se ha desprendido con éxito de sus
divisiones de industria química y que se ha comprometido a reemplazar
los productos químicos con ``información'', en forma de semillas
manipuladas genéticamente y otros productos de la biotecnología. Esto
no deja de ser una ironía viniendo de una compañía cuyo producto mas
rentable es un herbicida; la nueva imagen que está fabricando para
Monsanto es muy poco verosímil sobre todo tratandose de una empresa
que se dedica a intimidar a los críticos con demandas judiciales y a
suprimir las críticas en los medios de comunicación. [ver el artículo de Peter
Montague]
Sin embargo, el último Informe Anual
de Monsanto demuestra claramente que han aprendido a utilizar la
charlatanería adecuada. Así, Roundup no es un herbicida, sino una
forma de minimizar las labores del suelo y reducir la erosión. Los
cultivos de ingeniería genética no son simplemente fuentes de
beneficio para Monsanto, sino que surgen para resolver el problema
inexorable del crecimiento de la población. La biotecnología no
implica la reducción de todos los seres vivos a la categoría de
mercancías para ser vendidas y compradas en el mercado y patentadas,
sino que es el heraldo de la ``desmercantilización'': la sustitución
de productos únicos producidos en masa por un amplio surtido de
productos hechos a medida y especializados.[57] Estos son ejemplos
eximios del ``Neolenguaje'', que Orwell imaginó en su novela
1984.
Por último, se nos quiere hacer creer
que la agresiva promoción de la biotecnología que lleva a cabo
Monsanto no es fruto de la arrogancia empresarial, sino simplemente
una ``ley de la naturaleza.'' Los lectores del Informe Anual de
Monsanto se encuentran con una analogía entre el rápido crecimiento
del número de pares de bases identificadas en el ADN y la tendencia
exponencial de la miniaturización en la industria electrónica, que ya
empezó en los años 1960. Monsanto ha bautizado el aparente crecimiento
exponencial de lo que llama ``conocimiento biológico'' con el nombre
de ``Ley de Monsanto'' - nada menos. Como con cualquier otra presunta
ley de la Naturaleza, poco se puede hacer fuera de observar cómo se
cumplen sus predicciones, y en este caso, la predicción es ni más ni
menos que el crecimiento exponencial continuo del poder mundial de
Monsanto.
Pero el crecimiento de cualquier
tecnología no es simplemente una ``ley de la naturaleza.'' Las
tecnologías no son fuerzas sociales en sí mismas, ni simples
herramientas neutrales que se pueden utilizar para alcanzar
cualquier fin social, sino el producto de unas instituciones sociales
y de unos intereses económicos particulares. Una vez que se toma un
camino particular de desarrollo tecnológico, las consecuencias pueden
ir mucho más lejos de lo que sus creadores podrían haber predicho:
cuanto más poderosa sea la tecnología, más profundas pueden ser sus
consecuencias.
Por ejemplo, la llamada ``Revolución
Verde'' de la agricultura de los años 60 y 70 aumentó temporalmente
los rendimientos de los cultivos, e hizo también a agricultores de
todas las partes del mundo cada vez más dependientes de costosos
insumos químicos. Esto provocó desplazamientos generalizados de
campesinos fuera de sus tierras, y en muchos países ha ido en
detrimento del suelo, las aguas subterráneas y las tierras comunales,
que han sustentado a la gente durante miles de años.[58] Estos
desequilibrios a gran escala han alimentado el crecimiento de la
población, la urbanización y la pérdida de poder social de las
comunidades, lo que ha conducido a su vez a otro ciclo de
empobrecimiento y hambre.
La ``Segunda Revolución Verde'',
prometida por Monsanto y otras compañías biotecnológicas, amenaza con
una destrucción aún mayor de las relaciones sociales y de la posesión
tradicional de la tierra. Al rechazar a Monsanto y su biotecnología,
no estamos necesariamente rechazando la tecnología per se, sino
que queremos reemplazar una tecnología de manipulación, control y
beneficios, que niega la vida, por otra verdaderamente ecológica,
diseñada para respetar el funcionamiento de la Naturaleza, mejorar la
salud personal y comunitaria, sustentar a las comunidades que viven de
la tierra y operar a una escala genuinamente humana. Si creemos en la
democracia, es necesario que podamos elegir qué tecnologías son las
mejores para nuestras comunidades, en lugar de que decidan por
nosotros entidades a las que es muy difícil pedir responsabilidades,
como Monsanto. En vez de tecnologías ideadas para el enriquecimiento
continuo de unos pocos, podemos basar nuestra tecnología en la
esperanza de una mayor armonía entre nuestras comunidades humanas y el
mundo material. Nuestra salud, nuestros alimentos y el futuro de la
vida en la Tierra están realmente en juego. [...]
REFERENCIAS
1. ``Chemical Producers: Dow Chemical, DuPont, Monsanto and Union
Carbide Have Ranked Among Top 10 Biggest Chemical Makers Since 1940,''
Chemical and Engineering News, 12 de Enero de 1998, p. 193.
2. Marc S. Reisch, ``From Coal Tar to Crafting a Wealth of
Diversity,'' Chemical and Engineering News, 12 de Enero de
1998, p. 90.
3. Pamela Peck, ``Vermont's Polystyrene (Styrofoam) Boycott,''
Barre, Vermont: Vermonters Organized for Cleanup, 1989.
4. Theo Colborn, Dianne Dumanoski y John Peterson Myers, Our
Stolen Future, Nueva York: Penguin Books, 1990 (Existe traducción
al castellano: Nuestro Futuro Robado, Ecoespaña Editorial -
Proyecto 2050 G.A.I.A., Madrid, España, 1997, p. 114).
5. Michelle Allsopp, Pat Costner y Paul Johnson, ``Body of
Evidence: The Effects of Chlorine on Human Health,'' Universidad de
Exeter, Greenpeace Research Laboratories, Mayo de 1995.
6. Colborn et al., cit., pp. 118-35.
7. Jonathan Kozol, Savage Inequalities: Children in America's
Schools, Nueva York, Crown Publishers, 1991, pp. 7, 20.
8. ``Death of Animals Laid to Chemicals,'' New York Times,
28 de Agosto de 1974, p. 36
9. Colborn et al., cit., p. 147.
10. Times Beach Action Group, ``Citizen Inquiry Uncovers Blatant
Violation of Environmental Law Surrounding the Proposed Times Beach
Incinerator,'' St. Louis, Noviembre de 1995.
11. Philip Shabecoff, A Fierce Green Fire: The American
Environmental Movement, Nueva York, Hill and Wang, 1993,
pp. 210-12; Brian Tokar, Earth for Sale: Reclaiming Ecology in the
Age of Corporate Greenwash, Boston, South End Press, 1997,
pp. 59-60; Times Beach Action Group, cit.
12. Lisa Martino-Taylor, ``Legacy of Doubt,'' Three River
Confluence, No. 7/8, Otoño de 1997, p. 27.
13. Comunicación personal, 5 de agosto de 1998.
14. Peter Downs, ``Is the Pentagon Involved?,'' St. Louis
Journalism Review, Junio de 1998.
15. Peter H. Schuck, Agent Orange on Trial: Mass Toxic Disasters
in the Courts, Cambridge, Massachusetts: Harvard University Press,
1987, pp. 86-87, pp. 155-64. Monsanto producía el 29.5% del Agente
Naranja (la empresa Dow Chemical producía el 28.6%), pero algunas
partidas de Agente Naranja de Monsanto contenían cantidades de dioxina
47 veces superiores (e incluso más) a las cantidades de dioxina en las
partidas de Dow. Los otros imputados en el caso eran Hercules
Chemical, Diamond Shamrock, T.H. Agriculture and Nutrition, Thompson
Chemical y Uniroyal.
16. Cate Jenkins, ``Criminal Investigation of Monsanto Corporation
- Cover-up of Dioxin Contamination in Products - Falsification of
Dioxin Health Studies,'' USEPA Regulatory Development Branch,
Noviembre de 1990.
17. ``Monsanto Corporation: A Case Study in Greenwash Science,'' en
Jed Greer y Kenny Bruno, Greenwash: The Reality Behind Corporate
Environmentalism, Penang, Malaysia: Third World Network, 1996,
p. 141.
18. Jack Ferguson, ``Chemical Company Accused of Hiding Presence of
Dioxins,'' Toronto Globe and Mail, 19 de Febrero de 1990,
p. A9. La condena a pagar una multa y los daños en el caso de Kemner
contra Monsanto fue revocada dos años más tarde tras una
apelación.
19. Cate Jenkins, cit.
20. Analista de inversiones Dain Bosworth, citado en Kenny Bruno,
``Say it Ain't Soy, Monsanto'', Multinational Monitor, Vol. 18,
No. 1-2, Enero/Febrero de 1997; Mark Arax y Jeanne Brokaw, ``No Way
Around Roundup,'' Mother Jones, Enero-Febrero de 1997.
21. Testimonio de la ``Champion Paper Company,'' Vermont Forest
Resources Advisory Council, Island Pond, Vermont, 26 de Junio de
1996.
22. Pesticide Action Network de América del Norte, ``Monsanto
Agrees to Change Ads and EPA Fines Northrup King,'' 10 de Enero de
1997.
23. ``Case of Mislabelled Herbicide Results in $225,000 Penalty,''
Wall Street Journal, 25 de Marzo de 1998, p. B9.
24. J. Greer y K. Bruno, cit., pp. 145-46.
25. Citado en Sarah Anderson y John Cavanagh, ``The Top 10 List,''
The Nation, 8 de Diciembre de 1997, p. 8.
26. Citado en Peter Montague, ``Britain Cancer Update,''
Rachel's Environment and Health Weekly, 4 de Noviembre de
1996.
27. Erik Millstone, ``Increasing Brain Tumour Rates: Is There a
Link to Aspartame?,'' University of Sussex Science Policy Research
Unit, Octubre de 1996.
28. Ibid.
29. Richard Koenig, ``Rich in New Products, Monsanto Must Only Get
Them on the Market,'' Wall Street Journal, 18 de Mayo de
1990.
30. Craig Canine, ``Hear No Evil,'' Eating Well,
Julio/Agosto de 1991, pp.41-7; Brian Tokar, ``The False Promise of
Biotechnology,'' Z Magazine, Febrero de 1992, pp.27-32; Debbie
Brighton, ``Cow Safety, BGH and Burroughs,'' Organic Farmer,
Primavera de 1990, p. 21.
31. Andrew Christiansen, ``Recombinant Bovine Growth Hormone:
Alarming Tests, Unfounded Approval,'' Rural Vermont, Julio de
1995; ver también B. Tokar, Earth For Sale, cit., pp.28-9.
32. A. Christiansen, cit., pp. 10, 17; U.S. General Accounting
Office, ``FDA's Review of Recombinant Bovine Growth Hormone,'' 6 de
Agosto de 1992 (GAO/PEMD-92-96).
33. Mark Kastel, ``Down on the Farm: The Real BGH Story,'' Rural
Vermont, Otoño de 1995.
34. Brian Tokar, `` Biotechnology: The Debate Heats Up,''
Z Magazine, Junio de 1995, pp. 49-55; Diane Gershon, ``Monsanto
Sues Over BST,'' Nature, Vol. 368, 31 de Marzo de 1994, p. 384.
La ley de etiquetado del estado de Vermont fue defendida por dicho
estado basándose en la preferencia del consumidor, no en la salud
pública, y fue finalmente anulada por un juez federal, que estableció
que el etiquetado obligatorio indicando el uso de la rBGH era una
violación del derecho constitucional de las empresas al secreto
profesional.
35. D.S. Kronfeld, ``Health Management of Dairy Herds Treated with
Bovine Somatotropina,'' Journal of the American Veterinary Medical
Association, Vol. 204, No. 1, Enero de 1994, pp. 116-30; Samuel S.
Epstein, ``Unlabelled Milk from Cows Treated with Biosynthetic Growth
Hormones: A Case of Regulatory Abdication,'' International Journal
of Health Services Vol. 26, No. 1, 1996, pp. 173-85.
36. Sonja Schmitz, ``Cloning Profits: The Revolution in Agriculture
Biotechnology,'' University of Vermont, 1998 (en proceso de
publicación).
37. Véase referencia 20.
38. Monsanto Company, Informe Anual 1997, pp. 16, 37.
39. ``Roundup Ready Soybean: A Critique of Monsanto's Risk
Evaluation,'' Greenpeace (Chicago), 1998.
40. Hope Shand, ``Bacillus Thuringiensis: Industry Frenzy and a
Host of Issues,'' Journal of Pesticide Reform, Vol. 9, No. 1,
Primavera de 1989, pp. 18-21; Ricarda A. Steinbrecher, ``From Green to
Gene Revolution: The Environmental Risks of Genetically Engineered
Crops,'' The Ecologists, Vol. 26, No. 6, Noviembre/Diciembre
1996, pp. 273-81; Brian Tokar, ``Biotechnology vs. Biodiversity,''
Wild Earth, Vol. 6, No. 1, Primavera de 1996, pp. 50-5.
41. Union of Concerned Scientists, ``EPA Requires Large Refuges,''
The Gene Exchange, Verano de 1998, p. 1; ``Transgenic
Insect-Resistant Crops Harm Beneficial Insects,''
The Gene Exchange, Verano de 1998, p. 4; ``Managing Resistance
to Bt,'' The Gene Exchange, Vol. 6, No. 2/3, Diciembre de 1995,
pp. 4-7.
42. Allen R. Mayerson, ``Monsanto Paying Delta Farmers, to Settle
Genetic Seed Complaints,'' New York Times, 24 de Febrero de
1998, p. D9; ``Monsanto to Pay Cotton Farmers,'' Financial
Times (US Edition), 25 de Febrero de 1998; Union of Concerned
Scientists, ``Mississippi Seed Arbitration Council Rules Against
Monsanto,'' The Gene Exchange, Verano de 1998, p. 1.
43. Union of Concerned Scientists, ``Bt Cotton Fails to Control
Bollworm,'' The Gene Exchange, Vol. 7, No. 1, Diciembre de
1996, p. 1; Susan Benson, Mark Arax y Rachel Burstein, ``A Growing
Concern,'' Mother Jones, Enero/Febrero de 1997; Anne Reifenberg
y Rhonda L. Lundle, ``Buggy Cotton May Cast Doubt on New Seeds,''
Wall Street Journal, 23 de Julio de 1996.
44. Union of Concerned Scientists, ``Unexpected Boll Drop in
Glyphosate-Resistant Cotton,'' The Gene Exchange, Otoño de
1997, p. 1; Pesticide Action Network North America, ``Problems with
Herbicide Tolerant Cotton in US,'' 7 de Octubre de 1997.
45. Comunicado RAFI, The Life Industry 1997: The Global
Enterprises that Dominate Commercial Agriculture, Food and Health,
Rural Advancement Foundation International, Noviembre/Diciembre de
1997; El comentario acerca de Asgrow fué citado por Brewster Kneen en
The Ram's Horn, No. 160 Junio de 1998, p. 2.
46. Monsanto Company, Informe Anual 1997, p. 17; Comunicado RAFI,
cit.; Union of Concerned Scientists, ``Expanding in New Dimensions:
Monsanto and the Food System,'' The Gene Exchange, Vol. 7,
No. 1, Diciembre de 1996, p. 11;
47. Edward Hammond, Pat Mooney y Hope Shand, ``Monsanto Takes
Terminator,'' Rural Advancement Foundation International, 14 de Mayo
de 1998.
48. Comunicado RAFI, cit.
49. ``Investigation: Police Close Circle Around Illegal Cultivation
of Soybeans,'' Correio Braziliense, 31 de Enero de 1998.
50. Peter Montague, ``Genetic Engineering Error,'' Rachel's
Environment and Health Weekly, 5 de Junio de 1997.
51. Beth Burrows, ``Government Workers Go Biotech,'' Edmonds
Institute, 19 de Mayo de 1997.
52. Ver por ejemplo, Senador Al Gore, ``Planning a New
Biotechnology Policy,'' Harvard Journal of Law and Technology,
Vol. 5, Otoño de 1991, pp. 19-30.
53. ``Genentech Names Moore New Head of Government Affairs Office
Based in Washington, DC,'' comunicado de presnsa de la compañía
Genentech.
54. Página de Monsanto en la World Wide Web: www.monsanto.com/MonPub/NewMonsanto/Offices/BioShapiro.html
55. Mary Scott, ``Interview: Robert Shapiro - Can We Trust the
Maker of Agent Orange to Genetically Engineer Our Food?,'' Business
Ethics, Enero/Febrero de 1996, p. 49
56. Joan Magretta, ``Growth Through Sustainability: An Interview
with Monsanto's CEO, Robert Shapiro,'' Harvard Business Review,
Enero/Febrero de 1997, pp. 80-1.
57. Monsanto Company, Informe Anual 1997, p. 10.
58. Ver, por ejemplo, Vandana Shiva, ``The Violence of Green
Revolution: Third World Agriculture, Ecology and Politics,'' Londres,
Zed Books, 1991.
Copyright © The Ecologist 1998
Ultima revisión Julio
1, 2003. Esta iniciativa no es fruto del trabajo
directo de PanNatura y de Fundación Sangay, sino más bien del
esfuerzo enorme y desinteresado de un sinnúmero de
voluntarios y voluntarias que han traducido al castellano los
artículos de la revista original, ``The Ecologist'', decana
de la prensa ecologista mundial, después de que la primera
tirada de 14.000 ejemplares del Vol. 28, No 5, Sept/Oct 1998
original en inglés - conocido como THE MONSANTO FILES - fue
destruida por la imprenta Penwells antes el temor de
problemas con la multinacional, y con ello, igualmente
destruida la libertad de expresión, sin la cual no es
concebible la democracia. A todos ellos y ellas: GRACIAS.
PanNatura y Fundación Sangay reiteran además aquí los
agradecimientos a Acció Ecologista-Agro, ACSUR-Las Segovias,
Alternativa Verda, Amigos de la Tierra, Asociación Vida Sana,
Bakeaz, CC.OO., Daphnia, Ecología Política, Ecologistas en
Acción, El Viejo Topo, Entrepueblos, Este de Madrid, Fondo
Patrimonio Natural Europeo, Gaia, Greenpeace, Grup de
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Editorial, Integral, Izquierda Unida, Liberación, Los Verdes,
Página Abierta, Papeles de la FIM, Plataforma Rural, Viento
Sur, WorldWatch, Sodepaz y a todos los miembros del comité
editorial y consultivo de ``The Ecologist''. Todas estas
personas y organizaciones se aliaron e hicieron los esfuerzos
necesarios para que este numero finalmente sí saliera a la
luz. Con ello la campaña anti-transgénicos en el Estado
Español cobró un nuevo impulso, que se mantiene hasta hoy, si
atendemos a las cuatro ediciones que suman 160.000
ejemplares publicados hasta la fecha, engendrando conciencia
crítica y el debate social. Desde PanNatura tan sólo nos
conformaríamos con que la difusión de esta literatura además
de valiosa herramienta de campaña, reproduzca logros
similares en todo el mundo de habla hispana, Estados Unidos
inclusive. Un agradecimiento muy especial a Fernando García
Dory de Plataforma Rural, por su incondicionada asistencia,
gracias a la cual esta iniciativa ha sido posible.
www.sangay.org